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Foehn, La resistencia silenciosa

Balago: el principio.

 
 

INFORME (2010)

Foehn La resistencia silenciosa

El catálogo de Foehn tiene más de una década de vida, un montón de selectas referencias y un claro objetivo: convertirse en una plataforma de lanzamiento para músicos atrevidos y empeñados en ir a contracorriente. Puede que la historia del sello barcelonés Foehn parezca la de cualquier otro sello indie, pero, en su caso, la independencia más absoluta y el amor al arte cobran una nueva dimensión. Al habla con Marc Campillo, el jefe de Foehn y el hombre que ha mantenido a flote la marca desde sus inicios en 2001. Una generosa muestra de su catálogo está disponible en el CD que acompañaba este informe de Rockdelux, publicado cuando Foehn estaba a punto de celebrar sus diez primeros años de singladura. Siguen con el mismo espíritu.

Si nos olvidamos por un momento del amor al arte, del romanticismo pelín suicida y de la pasión desaforada por la música, una discográfica, por muy independiente que sea, no deja de ser un negocio. Deficitario y ruinoso en la mayoría de casos, pero negocio al fin y al cabo. Y un negocio que, según cómo se mire, puede esconder mil y una trampas. “Hay mucha gente que vive de esto cuando los verdaderos protagonistas, los músicos, casi nunca pueden vivir exclusivamente de su música”, explica Marc Campillo, el hombre que actualmente mueve los hillos de Foehn, sello nacido en Barcelona hace diez años.

“Hay mucha gente que vive de esto cuando los verdaderos protagonistas, los músicos, casi nunca pueden vivir exclusivamente de su música” (Marc Campillo)

Ni que decir tiene que para Campillo los grupos son lo primero, por lo que si ellos no consiguen vivir de su música, mucho menos los responsables del sello. O, mejor dicho, el responsable, ya que, tras casi una década surcando las aguas más experimentales de la música independiente estatal y arrimándose progresivamente al folk, el sello barcelonés se ha convertido en la experiencia de un único hombre. “Tengo 35 años, una hija y, cuando voy a una tienda de discos, me gusta comprar vinilos, por lo que el sello es un hobby. Te agobias por los grupos, sí, pero ellos también están aquí un poco por amor al arte; no hay interés económico”, explica antes de añadir que, aunque él sea quien toma las decisiones, a su lado siempre están Toni Ulled, director de la revista ‘Fotogramas’, y David Crespo, cabecilla de Balago.

Quizás suene exagerado hablar de una discográfica como un hobby. Máxime si de lo que hablamos es de una iniciativa que aterrizó en el underground barcelonés como un ovni y con las músicas imposibles de Balago, Úrsula y Apeiron como bandera; pero lo cierto es que, para Campillo, esa es la única manera de conseguir que Foehn siga existiendo. “Está claro: la música empaquetada tiene fecha de caducidad, y si no tienes dependencia económica no solo puedes trabajar con total libertad, sino que además te ahorras ciertas preocupaciones”, explica. Sin embargo, no siempre ha sido así, y basta con echar la vista diez años atrás, al verano de 2001, para ver que Foehn nació con vocación de sello tradicional. Por lo menos en lo relativo a las formas. “Cuando empezamos éramos seis personas, y tres incluso llegaron a intentar vivir de esto, pero con el tiempo se vio que era insostenible –reconoce Marc–. Los grupos y los discos tenían mucha repercusión, pero el proyecto era insostenible a nivel económico. Hicimos mucho ruido en nuestros inicios, pero la cosa no podía seguir asi”.

 
Foehn, La resistencia silenciosa

El misterio Apeiron.

 

Marc confiesa que, más o menos hacia la mitad del trayecto, la compañía estuvo a punto de desaparecer, por lo que se hacía necesario un cambio de rumbo y de mentalidad. ¿La nueva filosofía? Apostar por los grupos antes que por la promoción y olvidarse de los balances de gastos y las cifras de ventas. “Fue uno de los motivos para que yo continuase con el sello. No me quería preocupar si vendía tres o tres mil copias de un disco”, explica mientras, una vez más, se deshace en elogios hacia sus grupos. “Ellos son los principales artífices de todo esto. Las ganas que le ponen, cómo se promocionan...”.

“Que sean grupos con sensibilidad y buen gusto. Sé que nunca voy a sacar un grupo ‘clásico’ de pop o de rock. De hecho, no puedo sacar todo lo que me gustaría, pero no es lo mismo trabajar con un grupo de pop que necesita grabar en un estudio que con Balago o Emilio José, que se lo graban en casa con el ordenador” (Marc Campillo)

Y echando un vistazo a un catálogo en que conviven las brumas atmosféricas de Balago, el pop artesanal y chatarrero de Emilio José, el slowcore a cámara lentísima de Úrsula, la retorcida canción de autor de Marina Gallardo y el pop oscuro de Blacanova, uno se pregunta qué diablos debe tener un grupo, más allá de hacer música fuera de la norma, para llamar la atención de la discográfica. O, mejor dicho, de Campillo, que es quien decide lo que entra y lo que no. “Simplemente, que sean grupos con sensibilidad y buen gusto –aclara–. Sé que nunca voy a sacar un grupo ‘clásico’ de pop o de rock. De hecho, no puedo sacar todo lo que me gustaría, pero no es lo mismo trabajar con un grupo de pop que necesita grabar en un estudio que con Balago o Emilio José, que se lo graban en casa con el ordenador”.

“Más que como sello, me veo como una plataforma para grupos que suelen ser los últimos de la cola”, apunta Marc. Se ve tan poco como un sello al uso que confiesa no tener contrato discográfico con sus grupos. “Quizás suene demasiado romántico, pero es así”. Lo que sí que tiene es contrato editorial, en el que, asegura, está gran parte del negocio de la industria musical. “La música empaquetada está muerta –insiste–, por lo que ahora todo el mundo tira hacia el ‘management’ o los derechos editoriales”.

Siguiendo esa filosofía y tras publicar algo más de una treintena de referencias, sus grupos parecen haberse especializado en abrirse huecos en el mercado audiovisual –“rara vez estamos en festivales, por lo que las películas y los documentales nos sirven de plataforma”, explica–. Ese es el camino, y por lo que respecta a Campillo sobre el futuro, él mismo arroja la idea de que no será de los que lloren el día que la industra discográfica se vaya definitivamente a pique. “Tal y como lo tengo montado, la industria me da lo mismo. Parece que ahora la gente lo quiere todo cuanto más masticado mejor, que todo sea McDonald's y H&M, por lo que me da bastante igual lo que pase a nuestro alrededor”, asegura.

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