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FRANK OCEAN, Striptease emocional

“Tenía 19 años y él también. Pasamos ese verano y el siguiente juntos. Casi cada día. Y el tiempo que estuvimos juntos transcurría tan rápido... entonces me di cuenta de que estaba enamorado”.

 
 

ARTÍCULO (2012)

FRANK OCEAN Striptease emocional

Por Luis Lles

Atención: Frank Ocean, anunciado como uno de los cabezas de cartel del Primavera Sound 2017 (ver aquí). El trono del neosoul anda sobrado de aspirantes femeninas, pero cuenta con pocos contendientes varones. Entre divas anda el juego. Sin embargo, aquí está Frank Ocean, con toda probabilidad la figura masculina más sobresaliente del siglo XXI en este terreno, dispuesto a cambiar las reglas. Ya con su primer álbum, un auténtico laberinto de pasiones, no hizo sino confirmar la gran talla de quien pasará a la historia como el primer gay en un mundo de machos alfa. Luis Lles nos lo explicó en este artículo.

La publicitada salida del armario de Frank Ocean no pasaría de la mera anécdota si no fuera por el enorme valor testimonial que supone esa decisión en un universo tan homófobo como el del hip hop, que al fin y al cabo es el suyo. Si no fuera porque ese paso adelante es casi una declaración de guerra, además de un arriesgado acto de valentía, se podría pensar que se trata de una treta promocional. Porque lo cierto es que hace unos meses era uno más en el pelotón de los nuevos delfines del R&B y ahora mismo es la estrella que todos veneran, el espejo en el que todos aspiran a mirarse. Parece una jugada perfecta. Pero podría llegar a ser también su tumba como artista, cuando solo acaba de cumplir 25 años.

Nacido Christopher Breaux en Long Beach (California) en 1987, se trasladó a los 5 años a Nueva Orleans, ciudad que no parece haber influido demasiado en su música, por lo general exenta de ese tumbao groovy (llamémosle gumbo) típico de la pantanosa perla de Louisiana. En 2005 el huracán Katrina arrasó su hogar y sus posibilidades de grabar allí, así que se trasladó a Los Ángeles y comenzó a escribir canciones para Brandy, John Legend y Justin Bieber. Más tarde lo haría para Beyoncé y Nas. “Podría haber seguido disfrutando del anonimato”, señala, “pero no era esa la razón por la cual había dejado la escuela y la familia”. Estaba claro que aspiraba a algo más.

“Don Henley me amenazó con demandarme si volvía a cantar ‘American Wedding’... Quería que yo sacara un comunicado manifestando mi admiración por él. Pero ¿no es alguien jodidamente rico? ¿Por qué perseguir a alguien joven? No he ganado ni un solo centavo con esa canción, la saqué porque quise, y en todo caso era un homenaje”.

Unos años después se uniría al revoltoso colectivo angelino OFWGKTA, más conocido como Odd Future. De cómo personalidades tan dispares como la del aguerrido y pendenciero Tyler, The Creator y la del pulido y bien educado Breaux llegaron a hacer tan buenas migas resulta difícil conocer la razón, pero quizá sirva para validar la famosa teoría de que los extremos opuestos se atraen. En el año 2010, en medio ya del fragor oddfuturista, decidió cambiar su nombre por el de Christopher Francis Ocean, al parecer bajo el influjo del filme “Ocean’s Eleven”.

En todo caso, Odd Future tampoco era la panacea. Y así llegó febrero de 2011, momento en el que se lanza su primer trabajo en solitario, la mixtape autoeditada “Nostalgia, ULTRA.”, una colección de canciones en las que el comentario social se entrelaza con las relaciones personales y abundantes dosis de melancolía, un sentimiento axial en la obra de Frank Ocean. Desde el reconocimiento de su homo/bisexualidad se han prodigado los “investigadores”, quienes, para sus tesis doctorales sobre comportamientos erráticos, parecen andar buscando claves ocultas en la letra de cada una de sus canciones. Y así, se ha querido ver en “We All Try” un alegato contra la homofobia, al mismo tiempo que una defensa, un tanto ambigua, del derecho de la mujer a su propio cuerpo. “Hay gente que cree que una canción tiene que ser el diario de tu vida”, señalaba Ocean entonces, “pero no: es solo imaginería y un poco de sátira”.

De lo que no cabe duda es de que en ese disco ya estableció las claves de su personal manera de hacer música. Basta con escuchar el folk-soul spacey de “Strawberry Swing” y, sobre todo, “Novacane”, con su atmósfera lenta y pesada, su melodía arrastrada y su rítmica sincopada, un poco a lo Massive Attack, sin la testosterona habitual y bañada en considerables dosis de codeína. El disco, que profundiza en esa obsesión tan propia de los artistas de soul como es la intersección (a veces culpable, a veces gozosa) entre sexualidad y espiritualidad, incluye numerosos guiños a la película “Eyes Wide Shut” (1999) de Stanley Kubrick, sampleos de grupos como Radiohead, Coldplay o MGMT, y un remake del “Hotel California” de los Eagles, titulado “American Wedding” y reconvertido en una reflexión sobre el divorcio con tono autobiográfico, que despertó la ira del Eagle Don Henley. “Él me amenazó con demandarme si la volvía a cantar”, comenta Ocean, “quería que yo sacara un comunicado manifestando mi admiración por él. Pero ¿no es alguien jodidamente rico? ¿Por qué perseguir a alguien joven? No he ganado ni un solo centavo con esa canción, la saqué porque quise, y en todo caso era un homenaje”. Quizá es que el bueno de Frank no se había percatado de que los Eagles son ya solamente una máquina de hacer dinero.

 
FRANK OCEAN, Striptease emocional

“Hay gente que cree que una canción tiene que ser el diario de tu vida”.

 

Al mismo tiempo, no descuidaba sus obligaciones para con Odd Future, y tenía un importante papel en “She”, uno de los temas de “Goblin” (2011), segundo álbum de Tyler, The Creator. Una refulgente gema del hip hop más experimental que se beneficia de la sedosa voz de Frank Ocean. El contraste entre lo crudo y lo cocido es realmente sublime. Por otro lado, el eco de su mixtape llegó hasta Jay-Z y Kanye West, fans confesos del californiano, que lo ficharon para que colaborara con ellos en su disco conjunto “Watch The Throne” (2011).

Y así llegamos a julio de este mismo año. Al mismo tiempo que se edita su primer álbum, “Channel ORANGE” (Def Jam-Universal, 2012), se hace pública a través de Tumblr la carta que escribió en diciembre del año pasado, que se supone que iba a ser incluida en la portada de su disco y en la que reconoce que su primer amor fue alguien de su mismo sexo. “Tenía 19 años y él también. Pasamos ese verano y el siguiente juntos. Casi cada día. Y el tiempo que estuvimos juntos transcurría tan rápido... entonces me di cuenta de que estaba enamorado”. Un amor, en todo caso, no correspondido. Una bomba de relojería en su universo más cercano, ese en el que su colega Tyler, The Creator llama insistente y despectivamente faggots a los homosexuales. Curiosamente Tyler ha sido uno de los primeros en defender el derecho de su compañero a amar a quien quiera, como también lo han hecho Russell Simmons (Def Jam), Beyoncé, Jay-Z o 50 Cent, entre otros muchos. Así que su salida del armario, contrariamente a lo que se podría pensar, no ha sido un inquisitorial auto de fe, sino que más bien ha servido de revulsivo en una escena acogotada por la ley del silencio, en la que se dice una cosa y se piensa otra. Bueno, no es el caso de todos, porque Lil Wayne ya se ha desmarcado con su dardo de “no soy Frank Ocean, soy heterosexual”. En fin...

“Quiero ofrecer las mejores actuaciones posibles para poder dar lo mejor de mí, y si eso significa que tengo que limitar mi número de apariciones, así lo haré”

El álbum, que debe su título a que el naranja es el color que relaciona con el verano en que se enamoró por primera vez, es el fruto de su buena conexión con su fiel escudero Malay (responsable en gran parte de la estructura musical) e incluye la colaboración de músicos tan diversos como Pharrell Williams, el más bien prescindible John Mayer, el guitarrista Charlie Hunter, la diva de culto Lalah Hathaway, su amigo Tyler y André 3000 (OutKast), que canta y toca la guitarra en “Pink Matter”.

En algunos de los temas Ocean no oculta el género del destinatario masculino de sus misivas y en otros simplemente desaparece, dando un tono confesional a un disco que constituye todo un striptease emocional. Y aunque el soul sigue siendo la llama principal que ilumina su música, esta se abastece también de reflejos psicodélicos, texturas ambient, ritmos electrofunk y ecos cósmicos. Una combinación de sonidos que lo distancian claramente de los ídolos del R&B más comercial que lo han precedido como Ginuwine, Chris Brown o Usher y que, a través de esa voz en la que se conjugan el falsete y las maneras de tenor, lo conectan con una cadena que podría empezar en Marvin Gaye y Stevie Wonder, seguir con Prince, Maxwell, D’Angelo, R. Kelly, Bilal, John Legend e incluso Montell Jordan, y terminar en Drake y The Weeknd. Aunque también puede pasar que recuerde más bien a un cruce entre Luther Vandross y Prince, como sucede en uno de sus singles, el meloso “Thinkin Bout You”, inicialmente compuesto para que lo cantara Bridget Kelly. Mucho menos previsible resulta en “Sierra Leone”, donde se entrecruzan de forma heterodoxa diamantes, guerra y sexo, o en ese tórrido “Monks”, de alto voltaje sexual, o sobre todo en esa joya que es “Pyramids”, una enrevesada historia con imaginería egipcia y citas a Cleopatra, envuelta en una atmósfera onírica y con una alambicada estructura musical, que se ve sublimada en un videoclip con escenas que parecen sacadas de la película “Exotica” (1994) de Atom Egoyan y su enfermizo e inquietante erotismo. 

Como les sucede a muchos cantantes contemporáneos de soul y R&B, el directo es una asignatura pendiente para Frank Ocean. Después de participar este verano en importantes festivales norteamericanos como Coachella y Lollapalooza, anuló sin muchas explicaciones los conciertos que tenía que ofrecer como invitado de Coldplay en su Mylo Xyloto Tour. “Quiero ofrecer las mejores actuaciones posibles para poder dar lo mejor de mí, y si eso significa que tengo que limitar mi número de apariciones, así lo haré”.

Pues vale, pero esa declaración no impide que sigamos pensando que un repertorio tan brillante merece una puesta en escena a su altura. Janelle Monáe te podría enseñar muchos trucos, Frankie.

 

A quién le importa

Hay quien ha dicho que Frank Ocean es el Rosa Parks del movimiento del hip hop gay. Rosa Parks fue, para los que no están muy duchos en la historia de los derechos civiles, la primera mujer negra que fue arrestada por negarse a dejar su asiento a un blanco en un autobús segregado. La comparación es bastante acertada porque en realidad ella no fue la primera en protagonizar un acto de ese tipo, pero sí fue la primera en alcanzar trascendencia pública. De la misma forma que Ocean no es el primer gay en el universo del hip hop, pero sí el más visible. De hecho, hay un libro de Terrance Dean sobre el tema, “Hiding In Hip Hop” (2009), y existe todo un movimiento al que se ha definido como homo hop, en el que tienen cabida artistas tan diversos como Deadlee, Cazwell, Yo Majesty, Katastrophe, Tori Fixx, QBoy, Caushun, THEESatisfaction o el muy interesante rapero y activista gay Daniel Givens, que actuó en la edición Agit Prop del festival oscense Periferias en 2005.

Pero en casi todos estos casos se trataba del underground, de gente del spoken word y de la heterodoxia del hip hop. Por eso es mucho más ejemplarizante el caso de Frank Ocean, porque es una figura que ya pertenece al mainstream. Él mismo dice que “me habría gustado que cuando yo tenía 13 años alguien a quien yo admirara hubiera dicho algo similar, algo tan transparente como lo que yo he dicho. La gente tiene miedo. Alguien podría atacarme por esto. Pero también lo podrían hacer simplemente porque soy negro. ¿Y por eso no voy a salir de casa? ¿Cuánto estás dispuesto a limitar tu vida a causa del miedo?”. Finalmente, tal como señala el activista y reverendo gay sudafricano Robert V. Taylor, “¿están Odd Future dispuestos, tras las declaraciones de Ocean, a reexaminar su lenguaje homófobo?”. O como diría Alaska, “¿A quién le importa?”.

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