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FRANKIE COSMOS, Universo en expansión

Lauren Martin, Luke Pyenson, David Maine y Greta Kline: menos (siempre) es más.
Foto: Loroto Productions

 
 

ENTREVISTA (2018)

FRANKIE COSMOS Universo en expansión

El proyecto de Greta Kline, Frankie Cosmos, empezó unipersonal y algo tímido, para acabar abrazando en “Vessel” las partes de segunda guitarra. Pero su indie pop crece, progresa adecuadamente, sin perder personalidad compositiva ni amor por las pequeñeces cotidianas. Kline nos explica cómo hace sus canciones, de dónde vienen y en qué se 
acaban convirtiendo.

Si nos guiamos por su Bandcamp, “Vessel” (Sub Pop-Popstock!, 2018)  es el lanzamiento nº 52 de Frankie Cosmos, la artista antes conocida como Ingrid Superstar, Greta o The Ingrates. ¿Hemos dicho artista? Desde “Next Thing” (Bayonet, 2016), esto es definitivamente un grupo, completado ahora por David Maine (bajo, voces), Luke Pyenson (batería) y Lauren Martin (teclista, voces, segunda guitarrista ocasional); han cambiado un par de miembros, pero no el sistema de trabajo. “Una vez la canción está compuesta, me la llevo a los ensayos. ¡A partir de ahí, el proceso de arreglos es muy democrático y divertido!”, explica Greta Kline.

“A veces uso una estructura tradicional de canción, pero habitualmente prefiero escribir letras nuevas para cada vez que llega el estribillo. Creo que repetir letras es, a menudo, innecesario”
(Greta Kline)

“Vessel” suena casi “grande”, sobre todo en relación a lo que Frankie Cosmos era en 2011-2012: tan personal, tan ultra lo-fi. ¡Incluso hay segundas guitarras! “Nunca imaginé que llegaría a sonar así –admite Kline–, sobre todo porque lo mío es la guitarra rítmica y nunca pensé en añadir otra guitarra en directo. Sin embargo, ahora tenemos un puñado de temas con segundas guitarras. Es bastante divertido”.

Las canciones pueden sonar más “grandes”, pero siguen siendo bastante breves, con buenos estribillos que pueden no volver a repetirse. Si hay algo que Kline detesta, son las constricciones estructurales: “A veces uso una estructura tradicional de canción, pero habitualmente prefiero escribir letras nuevas para cada vez que llega el estribillo. Creo que repetir letras es, a menudo, innecesario”. Y, lo dicho, incluso estribillos: “Apathy” y la trotona “Being Alive” suenan, en esencia, como colecciones de grandes giros.

Las letras tampoco cambian: no busquen Grandes Temas, intentos oportunistas de pulsar alguna tecla política o búsqueda de la emoción a través de tópicos ramplones. Ella es mejor que todo eso. Sigue tirando de pequeños momentos cazados al vuelo en el curso de su vida diaria. ¿Cómo empezó a componer así? A través de los cómics de James Kochalka, curiosamente. “Solía dibujar una tira cómica cada día, durante muchos años, sobre un solo momento de su jornada. Eso me inspiró y empecé a tratar de darme cuenta de las pequeñas cosas que pasaban a mi alrededor. También hacía lo mismo el poeta Frank O’Hara. Me encanta su libro ‘Poemas a la hora de comer’ (1964), que se compone de poemas que escribía día a día en su descanso para comer”.

Vídeo de Daniel Martin para “Being Alive”.

Lanzo al vuelo el ejemplo de “Dublineses” (1914) de James Joyce: la posibilidad de una historia que sea, sobre todo, centro, sin necesidad clara de principio o fin. “Recuerdo haberme entusiasmado también con esa idea de ‘Dublineses’. Me gustó mucho aprender sobre la historia de la novela –quizá como asignatura optativa cuando hizo Poesía en la Universidad de Nueva York– y estudiar cómo diferentes escritores subvertían la forma o la analizaban dentro de sus propias novelas. Los símbolos también me interesan: por ejemplo, que no puedas escribir una historia sobre fruta sin pensar en Adán y Eva. Siempre he sido consciente de estos juegos con el lenguaje cuando he hecho música”.

“Creo que todo el mundo tiene una relación complicada con su propio caparazón. He pasado bastante tiempo intentando creer que no tengo forma física y tratando de llevarme bien con mi propio cuerpo”
(Greta Kline)

Bajo la inspiración de Kochalka, Kline empezó, desde muy joven, a “comisariar” su propia vida. Lo archivaba todo sobre ella misma. “Pensaba que era algo que hacía todo el mundo –asegura–, pero al parecer no. Llevaba un diario a rastras e iba haciendo un registro de los momentos de mi vida”. Llevaba y lleva. “Si no tengo el diario conmigo, si no escribo cada día, las emociones empiezan a bullir dentro de mí y empiezo a sentirme muy mal”.

Si nos guiamos por el último repertorio, ha debido escribir mucho en los últimos meses sobre la relación cuerpo-personalidad, caparazón-contenido. “Creo que todo el mundo tiene una relación complicada con su propio caparazón. He pasado bastante tiempo intentando creer que no tengo forma física y tratando de llevarme bien con mi propio cuerpo”. Otro hilo importante es la desazón amorosa: “Solo quiero saber que sabré alejarme de lo que está mal”, canta en “I’m Fried”, escarmentada por haberse expuesto a situaciones con potencial dañino. “Para mí, esta canción trata sobre sentirme demasiado cansada para dar amor a otro ser humano, y esperar no estar demasiado cansada para dármelo a mí misma”, señala, de nuevo arrojando luz sobre sus procesos y sus emociones. Así da gusto hacer preguntas.

Uno de los músicos que ya no toca con ella es Aaron Maine, alias Porches, su exnovio, para más señas. Canciones como “Ballad Of R & J” y, sobre todo, “The End”, de título y letra explícitos, suenan a catarsis. No cree que vaya a interpretar “The End” en directo: “Porque no suelo tocar temas conmigo como única instrumentista”. Quizá también por temor a volver a según qué momentos. Decía Björk en estas páginas que incluso las canciones de divorcio acaban siendo solo eso: canciones. ¿Está Kline de acuerdo? “Hasta cierto punto, sí. Con el tiempo empiezan a parecer compuestas por otras personas, y puedes conectar con ellas desde otras perspectivas, no necesariamente la que tenías cuando la compusiste”.

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