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FUCKED UP, Pero jodiendo

La caída del imperio americano. Foto: David Waldman

 
 

ENTREVISTA (2009)

FUCKED UP Pero jodiendo

Sus directos son verdaderas celebraciones de rock convulso, carnal y sudoroso. Pura vida. Desde Ontario, el sexteto canadiense desborda las acequias del hardcore convencional para hervir rock enfadado y vitalista. Ruben Pujol los entrevistó cuando editaron “The Chemistry Of Common Life” (2008), la primera referencia dentro de Matador Records y segundo peldaño en estudio de una carrera que sube como la espuma.

La sutileza no es un artículo común en el mercado del hardcore. Porque, claro, no es fácil mostrarse grácil y fino cuando uno está cabreado. Ustedes me comprenderán porque han estado allí. Cuando Fucked Up comenzó su jodida trayectoria en 2001, era, en palabras de Pink Eyes, su inmenso –en términos reales y figurados– vocalista, “una banda con una postura muy negativa, bastante pesimista”. Y aunque el tiempo haya suavizado algo ese nihilista punto de partida, lo cierto es que el mundo sigue siendo un lugar terriblemente jodido, “a terrible fucked up place”, como ustedes también reconocerán porque ahí es donde se encuentran.

“Somos seis personas distintas y es obvio que no pensamos exactamente igual, pero sí es cierto que todos nos inclinamos políticamente en la misma dirección: somos de izquierdas, algunos somos más extremistas, y otros, más moderados”
(Pink Eyes)

Fucked Up nació como la prolongación de ‘Quick’ –lo rápido suele ser enemigo de lo sutil, ¿no creen?–, un fanzine de tendencia anarquista en lo político y situacionista en lo artístico –o tal vez fuera a la inversa– que 10,000 Marbles (Mike Haliechuk, guitarra) y Gulag (Josh Zucker, antes conocido como Concentration Camp, también guitarra) editaban en Toronto. Cuando la indignación saltó del papel para escoger los decibelios como canal de expresión, se les unieron Mustard Gas (Sandy Miranda) al bajo, Guinea Beat (Jonah Falco) a la batería, Young Governor (Ben Cook) como tercer guitarrista y nuestro interlocutor, Damian Abraham, el significado de cuyo alias (Pink Eyes) preferiría no tener que detallar.

Como la indignación, aunque difícil de controlar, es un excelente motor para la creatividad, pronto la banda canadiense fue estructurando su discografía como una bomba de racimo: desde “No pasarán”(Deranged, 2002), su primer siete pulgadas, han acumulado cerca de cuarenta incendiarias referencias en singles, casetes y demás mecanismos en edición limitada, pero pensados para hacer mucho daño. Entre ellas, solo dos álbumes, “Hidden World” (Deranged-Jade Tree, 2006) y “The Chemistry Of Common Life” (Matador-Popstock!, 2008), el artefacto de gran calibre que por fin ha reclamado la atención mediática.

Tras declararse “en shock” por la repercusión y atribuirla “a la suerte”, Pink Eyes recurre a una metáfora pictórica para explicar la evolución musical que los ha conducido a ese extraño puerto, tan desconocido para los puretas del género, que es el éxito de crítica y público: “Hacer un disco es como pintar un cuadro. Puedes conseguir una imagen muy potente usando solo el blanco y el negro, pero en esta ocasión queríamos añadir cosas nuevas que no habíamos usado antes, como vientos y órganos, más vocalistas y muchas capas de guitarras. A riesgo de llevar la metáfora demasiado lejos y sonar pretencioso, te diré que ya habíamos pintado de una forma y queríamos probar algo nuevo. Creo que en una banda lo primero que debes hacer es luchar contra el tedio y la rutina, que es lo que puede acabar robándote toda la alegría de hacer música”.

 
FUCKED UP, Pero jodiendo

Fucked Up es al hardcore de hoy lo que El Bosco a la pintura religiosa del Renacimiento.

Foto: David Waldman

 

El cuadro en cuestión es al hardcore de hoy lo que El Bosco a la pintura religiosa del Renacimiento: un (jodidamente) complejo fresco donde se dan cita referencias cruzadas como Black Flag y My Bloody Valentine, toneladas de overdub y cornetas con una dialéctica de redención y condena encriptada en un seudomisticismo que se expresa a través de unas letras muy politizadas pero nada evidentes. “Somos seis personas distintas y es obvio que no pensamos exactamente igual, pero sí es cierto que todos nos inclinamos políticamente en la misma dirección: somos de izquierdas, algunos somos más extremistas, y otros, más moderados”.

“Nuestra ideología es intentar vivir la vida de manera que tenga el menor impacto negativo posible sobre los demás. No intentamos predicar sobre el escenario, por la sencilla razón de que estamos tan confundidos como el que más. No tenemos la solución para arreglar el mundo, simplemente intentamos vivir el día a día de la manera más honesta posible”
(Pink Eyes)

Y a pesar de que la química cotidiana tiende claramente a manifestarse de manera explosiva, Pink Eyes tiene muy claro que su objetivo no debe ser elaborar fórmulas dogmáticas con las que aleccionar a nadie: “Nuestra ideología es intentar vivir la vida de manera que tenga el menor impacto negativo posible sobre los demás. No intentamos predicar sobre el escenario, por la sencilla razón de que estamos tan confundidos como el que más. No tenemos la solución para arreglar el mundo, simplemente intentamos vivir el día a día de la manera más honesta posible”.

Pero, si estar más o menos jodido parece un requisito indispensable para hacer hardcore, no es lo mismo, como bien dijo Camilo José Cela, que estar jodiendo. Para fastidiar, para irritar debidamente el colon colectivo, hace falta un mínimo de ambición, otra mercancía que escasea en la escena, pero de la que Fucked Up andan sobrados. Lo demuestra el faraónico proyecto de sesenta EPs inspirado en el ciclo de sesenta años del zodíaco chino, que pretende “tomarle el pulso a la actualidad política desde nuestra perspectiva particular”.

De momento, el grupo acaba de finalizar la tercera entrega de la serie, formada por progresivas pero explosivas canciones de más de un cuarto de hora de hardcore físico y mental. “El primero, ‘Year Of The Dog’ –publicado por Blocks Recording Club en 2006–, trataba sobre la manera en que las guerras y las revoluciones no son más que una forma de marketing ideada para venderle a la gente ideas falsas. En el segundo, ‘Year Of The Pig’ –editado por What’s Your Rupture? en 2007–, tomamos como referencia la historia de Robert Pickton, un asesino en serie que mató a cerca de treinta mujeres, en su mayoría aborígenes canadienses, y a partir de allí intentamos abordar la explotación y la violencia que sufren las mujeres utilizando la prostitución como símbolo principal. Por su parte, ‘Year Of The Rat’ –cuya aparición es inminente– trata del derrumbe de un sistema económico que se ha construido fundamentalmente sobre mentiras, sobre la falacia de que puedes tenerlo todo y continuar consumiendo sin límite y creer que así alcanzarás tus sueños”.

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