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FUGEES, Hard-Rap Café

“Esta es una banda de hip hop de los setenta que empezó en 1987. Somos hijos de la era de Marvin Gaye que nacieron una generación tarde”.

 
 

ENTREVISTA (1996)

FUGEES Hard-Rap Café

Documento Rockdelux con Fugees en 1996, cuando presentaban su segundo y último álbum en estudio como trío. Gerardo Sanz constató que Wyclef Jean no tenía abuela, pero que tampoco la necesitaba. “Podemos actuar con Aerosmith o Guns N’Roses y robarles el sitio, y Michael Jackson me juró que se cagaría de miedo si tuviera que tocar con nosotros”, decía entonces. Sin productores de relumbrón ni amistades en los clanes, “Clef” llevó a Fugees hasta la cumbre del rap colorista, inteligente y, sobre todo, comercial con su disco “The Score”.

“El hip hop lleva quince años en el ‘mainstream’. Siempre habrá una base ‘underground’, pero esta música es demasiado grande, demasiado comercializable, demasiado todo para dar ese pasito atrás”. Se lo contaba Q-Tip, líder de los excelentes A Tribe Called Quest, a un incrédulo escriba de ‘Muzik’, y venía a decir algo que ya sabíamos y no queríamos asumir: desde el punto de vista creativo, el estado de salud del género puede calificarse de preocupante. Si mantiene sus constantes vitales es gracias a la rama político-militar (Public Enemy, KRS-One, Paris) y a talentos individuales (Nas) que, una vez descubiertos, son rápidamente engullidos por la voracidad de un mercado pantagruélico. Siguen apareciendo, por supuesto, obras de referencia –“First Round Knock Out”, el antológico de Dr. Dre, es una de las cumbres de 1996–, pero no hay que olvidar que tanto el Wu-Tang Clan como los prohombres del G-Funk (Warren G, The Dove Shack) deben superar la reválida. Con Cypress Hill desleídos en su redundancia, con Speech en transmigración permanente, con Ice Cube reabriendo en las páginas de ‘The Source’ la hostilidad entre costas y una evidente inflación de producciones uniformadas, Fugees lo tenían más fácil.

“Esta es una banda de hip hop de los setenta que empezó en 1987. Somos hijos de la era de Marvin Gaye que nacieron una generación tarde. Lo que pretendemos es mantener la credibilidad del hip hop en la calle. Queremos que todo el mundo se entere de que tenemos talento, de que podemos cantar, de que sabemos utilizar nuestros instrumentos. Y eso es lo que hemos hecho en ‘The Score’”. La procacidad de Wyclef “Clef” Jean se atiene a razones. Al fin y al cabo, es el ideólogo de la banda que ha venido a enjugar las lágrimas derramadas por la industria tras la disolución de Arrested Development. Su llegada transformó el dúo que formaban su primo Prazakel “Pras” Michel y la actriz en desarrollo Lauryn “L” Hill –bordado en su currículo un papelito en “Sister Act 2”– en la santísima trinidad del “roots, rap & reggae”. Además, cuando Ruffhouse les obligó a cambiar de nombre –Tranzlator Crew podía conducir a equívocos con otra posse de la compañía– tuvo el gatillo preparado para apocopar, de un disparo conceptual, la palabra Refugees (refugiados): “Le quitamos su matiz negativo y lo tornamos positivo. Es un término creado para que la gente que no es de América y vive allí se sienta a gusto consigo misma. Me refiero a cubanos, asiáticos, toda la nación latina... Es, en definitiva, un estado de ánimo”.

Los gángsteres no hacen hip hop, controlan el hip hop. Los únicos gángsteres que conozco son las compañías de discos, los que tienen la pasta, el tipo que te da tres millones de dólares para que grites ‘kill, kill, kill’ y hagas el trabajo sucio del gobierno"
(Wyclef Jean)

Clef es hijo de un predicador y ha heredado de su padre una oratoria afectada y teatral, como la de un relamido estudiante de interpretación. Solo tiene boca para “The Score” (Ruffhouse-CBS-Sony, 1996), el segundo álbum de Fugees tras “Blunted On Reality” (Ruffhouse-Columbia, 1994), un debut de fresca sintaxis y fonética exuberante. Del freestyle de “Boof Baf” al ragga de “Temple”, del funk candente de “Nappy Heads” al casi folk de “Vocab”, fueron (son) unas memorias de inmigración subrayadas por el verbo acrobático de Pras –también de ascendencia haitiana, aunque educado en Brooklyn– y el “femeninismo” a lo “Esperando un respiro” de Lauryn. “Sí, se empezó a sentir a Fugees, pero en el primer álbum tuvimos mucho menos control; ahora somos nosotros. Diseñamos la línea de producción, queríamos que fuera como uno de esos seriales radiofónicos, como una película que te va trasladando a diferentes estados de ánimo. Cuando escuchaban ‘Blunted On Reality’, decían: ‘¡Humm, buenas ideas!’. Ahora dicen: ‘¡Guau, buen álbum!’”.

Ahora es, por supuesto, “The Score”, una obra de diseño “fordcoppoliano” –la tipografía y las fotos de portada evocan la imaginería de “El Padrino”–, más efectivo que efectista. Los recitados incendiarios dejan sitio a una prosa malabar siempre rematada por estribillos de clara proyección pop (“Ready Or Not”, “Fu-Gee-La”). La conexión jamaicana muere en una insulsa versión de “No Woman, No Cry” (Bob Marley), mientras otra, la de “Killing Me Softly” (Roberta Flack) –texto alterado: la oda a la fecundidad del original convertida en un canto a la creación sonora–, empuja al trío afincado en Nueva Jersey al club de las cifras de seis ceros. ¿Hip hop alternativo? “No tengo ni idea de qué demonios  es eso –su carcajada debería sonar ad eternum en la oreja del mentecato que inventó la etiqueta–. Supongo que es algo que se le ocurrió a algún blanco al pensar: ‘Si tocan instrumentos no pueden ser hip hop’. Debe de querer decir algo así como chicos negros de la calle recogiendo con sus guitarras algo de basura barriobajera... ¡Mmmm! Alternativo, sí, suena bien, tiene sabor y no asusta. Sí, tío, tiene sabor, los blancos lo comprarán”. El retintín en las palabras de Clef hace sospechar que le trae al fresco que el oyente se quede con las covers sin reparar en lo que las circunda: “En realidad, no creo que nadie deba comprar nuestro álbum. Si lo vas a pillar, lo pillarás; yo no te diría que lo pillaras, pero si lo tuvieras dirías: ‘¡Esta mierda es una bomba, tío!’. Tanto ‘Killing Me Softly’ como ‘No Woman, No Cry’ producen en su seno esos estados emocionales que antes te comentaba. Solo los que no aman el hip hop pasarán del resto”.

 
FUGEES, Hard-Rap Café

“El género, en su origen, siempre tuvo una dirección; enseñar, divertir o piropear a las chicas, pero con un mensaje claro: venimos del gueto”.

 


Del resto se encarga Red Alert en un trailer hablado que es también el prólogo de esa irónica diatriba contra el gangsta que inaugura “How Many Mics”, un sainete dedicado a los rappers sin brújula. “El género, en su origen, siempre tuvo una dirección; enseñar, divertir o piropear a las chicas, pero con un mensaje claro: venimos del gueto. Entonces, la cosa fue avanzando y se empezó a hacer dinero. Luego, los niños vieron a Scarface en la tele y se dijeron: ‘¿Por qué no imitarlo?’. Las compañías los oyeron y les contestaron: ‘Fantástico; cualquier chico blanco americano va a comprar vuestro disco porque quieren ser como vosotros, negros; quieren ser duros, quieren ser amados, quieren ser de la calle’. Sabes a lo que me refiero, ¿no? Tenemos a Ice Cube y a un montón de chavales que lo imitan. Pero no es auténtico, tío, es un truco. Cuando te meten una pistola de verdad en la cabeza tu sangre se vuelve púrpura; me entiendes, ¿no?”.  Para Clef, no es una cuestión de estética sino de ética: “Los gángsteres no hacen hip hop, controlan el hip hop. Los únicos gángsteres que conozco son las compañías de discos, los que tienen la pasta, el tipo que te da tres millones de dólares para que grites ‘kill, kill, kill’ y hagas el trabajo sucio del gobierno. Al gángster solo le importa cuándo le vas a devolver lo que ha invertido. Después se deshará de ti”. Acometen su cruzada personal en pos de la autenticidad abordando sin ambages la brutalidad policial (“The Beast”) en una apuesta por el realismo. En “The Mask” descubren esa máscara que nos convierte en corderitos encerrados en el redil de nuestro rol social. Bien, Clef, ¿cuál es el tuyo? “El del tío que no deja que nadie sepa lo que está pensando. Porque si sabes lo que estoy pensando, tendrás una ventaja sobre mí, pero si no lo sabes y yo sí, tengo cierta ventaja sobre ti y eso me hace muchísimo más peligroso”.

“Si todavía estoy trabajando en un Burguer King a media jornada... No, el problema no es tener dinero, sino lo que haces con él. Cuando volvamos a Nueva Jersey, montaremos un Refugee Camp"
(Wyclef Jean)

Sí, Fugees cerraron ayer otra de las fechas de The Road Ahead 96, una gira dedicada a presentar la cuenta de resultados del departamento de Investigación y Desarrollo (Sponge, Dog’s Eye View, Fiona Apple) de Sony Records. Pras y Lauryn pagan en sus alcobas los excesos de anoche, y Clef, rodeado por una guardia pretoriana de músicos, técnicos y personal en la órbita de la banda, apoya sus ojos vidriosos en la sobremesa de un hotel madrileño. Ante tanto dispendio –un equipo completo para interpretar solo ¡tres! temas–, a nadie extrañaría que hubiera olvidado aquel verso de “Some Seek Stardorm”: “La gente llena sus bolsillos, pero sus almas caminan vacías”. “Si todavía estoy trabajando en un Burguer King a media jornada... No, el problema no es tener dinero, sino lo que haces con él. Cuando volvamos a Nueva Jersey, montaremos un Refugee Camp –nuevo subtítulo del trío– en el barrio con los beneficios que arroje nuestra gira. Será un campamento de verano donde los niños podrán aprender desde matemáticas hasta natación. O sea, devolvemos a la comunidad lo que es suyo”. ¿Partidario, tal vez, del Entertainment & Education de KRS-One? “Él va a la suya, ya me entiendes, y hay que ser mucho más realista. Todo el mundo quiere enseñar, o dice que quiere enseñar, pero lo que desean en el fondo es la pasta, embolsarse lo que puedan en nombre de la comunidad”.

Es una pena que Lauryn se encuentre indispuesta. Su dueto con Nas (“If I Ruled The World”) en el “It Was Written” (CBS-Sony, 1996) del neoyorquino contribuye a sostener la teoría de que su futuro a medio-largo plazo pasa por su lanzamiento como soul diva. Dijo una vez que no conocía otra institución con mayor atractivo para el hombre que la calle, y coincide con Clef, al que tampoco cuesta imaginar recorriendo el trazado de una carrera en solitario –“Mista Mista” en el tiralíneas– entre Lenny Kravitz, Ben Harper y Speech. “Mi hermano y yo fuimos a la escuela. Mi hermano se graduó en derecho por la universidad de Boston. Yo fui al instituto y luego a la escuela de verano, tú ya me entiendes. Ahora, mi hermano trabaja para la compañía; él fue educado por los libros y yo, en cierto modo, también por la calle. Necesitas la combinación; necesitas una educación pero también es verdad que no hay mejor educación que la calle. Es como estar en el ejército, tío”.

Clef vio pasar la “Marcha de un millón de hombres” –“un tanto a favor de Farrakhan”– desde la ventana de un estudio (Booga Basement Studio) al que, dada su veneración por Bob Marley, suele relacionar con Tuff Gong. De ahí saldrá, en 1997, la primera recopilación del sello Refugee Camp. “Estarán Fugees y todos nuestros artistas: Forte, Omega –dos de los invitados en “The Score”, junto a Diamond D o Sly & Robbie–, Godfather, Superstar, Spider... Además, estoy diseñando una línea de guitarras especializada en hip-hop con un patrocinio de diez millones de dólares. Y de regreso a Nueva York, voy a montar el Hard-Rap Café”. Apostaría un brazo y la mitad del otro a que a Q-Tip le parece fenomenal, ¿verdad, Clef?

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