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Fundación Robo, La revolución será musicada

Joseba Irazoki, Nacho Vegas y Roberto Herreros durante la grabación de “Esta tierra es nuestra”.

 
 

INFORME (2013)

Fundación Robo La revolución será musicada

En mayo de 2011, paralelamente al asalto indignado a las plazas que estaba aconteciendo en el país, el colectivo de músicos de la Fundación Robo comenzó a colgar en la red canciones de contenido político bajo un seudoanonimato en el que se ocultaban artistas como Nacho Vegas o Roberto Herreros (Grande-Marlaska) y que fue contando con la colaboración de cada vez más adeptos. Los primeros treinta y dos temas se recopilaron en junio de 2013 en “Fundación Robo”, un doble CD acompañado de un DVD. David Saavedra informó del proyecto hablando con tres de los músicos más implicados en él. Debajo, siete “ladrones” nos explicaron sus temas, que puedes escuchar aquí.

Dos individuos con guitarras y un grupo de personas sosteniendo una pancarta con el lema “Este coro mata fascistas” sale de la barcelonesa sala Apolo y toma la Avinguda del Paral·lel acompañados por el público que estaba en el concierto. A viva voz todos cantan: “Esta es tu tierra, esta es mi tierra / Desde Calahorra hasta Formentera / De los Bufones a la Albufera / Esta tierra de todos es”, una adaptación al castellano del emblemático “This Land Is Your Land” de Woody Guthrie.

“Estamos tan acostumbrados a que se pervierta el lenguaje para hacer pasar por atractivas ideas políticas miserables que nos parece bien la idea de restituir el significado original de términos como ‘populista’. Las canciones a las que nos referimos hablan de la gente y, por tanto, le tienen que pertenecer a la gente. Creemos en la música como un bien común”
(Nacho Vegas)

Esta escena se puede ver en el documental “Populismo musical. Películas caseras de la Fundación Robo” (Jordi Castells, 2013), un resumen del primer año de vida de este colectivo y que acompaña a “Fundación Robo” (Autoeditado, 2013), un doble álbum recopilatorio con las canciones que voluntariamente les ha cedido gente como Albert Pla, Tarántula, Wild Honey, Aries, Fernando Alfaro, Xavier Baró, Oscar Mulero, Mar Álvarez, Refree & Sílvia Pérez Cruz, Triángulo de Amor Bizarro y Fiera, entre otros. Roberto Herreros, excomponente de Grande-Marlaska y también fundador del colectivo artístico-social Ladinamo responde a nuestra entrevista acompañado de dos de los músicos que más implicación han tenido en el proyecto: Nacho Vegas y Marc Balfagón (Nisei).

¿Cómo surge la Fundación Robo? (Roberto): Recuerdo una visita a Nacho en Gijón, a principios de 2011, en la que ya empezamos a hablar de algunas de las cuestiones que poco a poco han ido tomando forma en Robo. Nacho me decía que las canciones, en mayor o menor medida, siempre cuestionan lo que tienes delante, pero que cuando haces de ello un oficio tienes que tomar más conciencia de ello. Estoy de acuerdo con él. Tienes que saber qué es lo que supone hacer canciones, porque, si no, te puedes meter en algo que es todo lo contrario: buscar estribillos, sacar discos y llenar salas. Me habló también de un tema que había empezado a escribir, “Cómo hacer crac”, del que solo tenía una estrofa. Después empezamos a comentar el clima político. Yo le decía que esta crisis era también una crisis de los partidos y que se iba a montar una gorda. Nacho era más pesimista y me respondía que no creía que fuera a pasar nada. Pronto aparcó “Cómo hacer crac” porque no fluía. Varias semanas después quedamos en Donosti y le hablé de una idea muy difusa que tenía en la cabeza. No era exactamente Robo, pero estaba cerca. Al poco estalló el 15-M y todo empezó a ordenarse solo: con la urgencia del momento salieron las primeras canciones y Nacho terminó “Cómo hacer crac”. Creo que todos estábamos deseando que pasara algo así. No tardamos en decidir que Robo tenía que ser una plataforma colectiva.

La utilización de términos como “Robo” o “Canción populista” me parece muy interesante. El término “populismo” se suele utilizar de forma peyorativa. ¿Qué significado le dais vosotros a la hora de adaptarlo a vuestra música? (Roberto): Cualquier política destinada a mejorar las condiciones de vida de las clases más desfavorecidas es despachada por nuestros dirigentes con el adjetivo de “populista”, así que nos pareció buena idea apropiarnos del término y resignificarlo. Empezamos a hacer esto en Ladinamo. Recuerdo una pinchada del colectivo en el Patio Maravillas, centro social okupado de Madrid, que se llamaba Discoteca Populista Ladinamo. (Nacho): Estamos tan acostumbrados a que se pervierta el lenguaje para hacer pasar por atractivas ideas políticas miserables que nos parece bien la idea de restituir el significado original de términos como “populista”. Las canciones a las que nos referimos hablan de la gente y, por tanto, le tienen que pertenecer a la gente. Creemos en la música como un bien común.

 
Fundación Robo, La revolución será musicada

Frente a la sede del BBVA en Bilbao en enero de 2013.

Foto: Guillermo Urkijo

 

Soléis comentar que en la Fundación hay una especie de “politburó” que decide, de entre los temas que os ofrecen, los que entran y los que no. ¿Os ha creado esto muchos conflictos? (Nacho): Una de las cosas que no nos gustan es esa costumbre tan extendida, en la que todos hemos caído alguna vez, de zanjar cualquier conversación sobre música con frases como “es cuestión de gustos”. A cada uno de nosotros nos gustan los temas que vamos incorporando en diferente medida, y por eso no nos detenemos demasiado en el hecho de que una canción guste más o menos. Las mayores disquisiciones que tenemos tienen que ver con el contenido o la dimensión política de los temas. Nos interesan aquellos que le dan la vuelta al discurso hegemónico que tan cómodamente se ha instalado en la mayoría de las canciones, tanto de amor como de contenido social. (Roberto): La clave es decidir entre todos si una canción encaja o no en Robo. Los criterios son variados, pero solemos ser bastante flexibles: siempre que no haya un rechazo frontal por parte de ningún integrante de la plataforma, publicamos prácticamente todas las aportaciones que nos llegan.

“En un primer momento, nuestro interés estaba más centrado en las letras de las canciones: qué universos retratan o por qué el pop y el rock tienden tanto a lo personal y tan poco a lo colectivo. Pero enseguida vimos que, aunque fuera un poco paradójico, la carga política de un grupo no se mide tanto por lo que dicen sus letras, sino por cómo construye su proyecto: su modelo de funcionamiento, cómo distribuye y licencia su música”
(Marc Balfagón)

Muchos de los temas elegidos son versiones/adaptaciones de canciones ajenas, o contienen “préstamos”, “robos”... Percibo un cuestionamiento de la autoría y una crítica sobre la propiedad de las canciones. ¿Es así? (Roberto): Toda la música popular es una creación colectiva que bebe de un repertorio común. No existe ningún artista en el mundo que se libre de copiar, entre otras cosas porque es imposible no hacerlo. En una mesa redonda en la que participamos hace poco le comentamos en broma a Sabino Méndez que si quería que siguiésemos el modelo que defiende la SGAE, por nosotros no habría problema, pero que entonces las canciones no podrían parecerse tanto. (Nacho): Hay una cosa innegable: la música crece más cuanto más se comparte. Cuando sentimos que un tema ajeno nos está hablando directamente a nosotros, también significa que estamos entrando en un sentimiento de comunión con un montón de oyentes que lo perciben de la misma manera. Aunque parezca una contradicción, esa es una de las grandezas de la música. Por eso es sano cuestionarse el concepto de propiedad, tanto de la música como de las grabaciones musicales concretas, atendiendo a su valor de uso. La música no es diferente a la gastronomía, en realidad: para crear temas nuevos, como para las recetas de cocina, se usan elementos conocidos, el saber popular, el intercambio de ideas... La creación individual es solo una parte.

También veo un compromiso en la formas de difusión o distribución, y no solo en el mensaje más o menos explícito de la canción. (Marc): En un primer momento, nuestro interés estaba más centrado en las letras de las canciones: qué universos retratan o por qué el pop y el rock tienden tanto a lo personal y tan poco a lo colectivo. Pero enseguida vimos que, aunque fuera un poco paradójico, la carga política de un grupo no se mide tanto por lo que dicen sus letras, sino por cómo construye su proyecto: su modelo de funcionamiento, cómo distribuye y licencia su música... Además, nos interesan un montón de estilos donde no hay letra, o donde esta no tiene una carga política explícita, como el techno o la cumbia, así como espacios de socialización de la música tales como las raves, los “sound systems” o los sonideros. Por otro lado, no concebimos unas letras críticas sin unas prácticas críticas. (Roberto): A mí me resultan particularmente antipáticos los artistas “comprometidos” que editan sus canciones con un copyright restrictivo. Eso no tiene nada de político, por lo menos en un sentido de política antagonista. Más bien es una persona soltando sus opiniones ante un público pasivo. Lo que la música hace es más importante que lo que la música dice. No es en las letras donde se refleja la dimensión política de un grupo, por lo que ningún músico pop se libra de una cierta acusación de ineficacia comunicativa. Somos muy conscientes de estos límites. Si al principio pusimos más el foco en las letras fue por señalar la espiral narcisista que todavía domina las canciones populares, pero tenemos claro que la música solo se acerca a la política cuando se acercan las prácticas colectivas que se articulan con ella o en ella.

 
Fundación Robo, La revolución será musicada

En el Hika Ateneo de Bilbao, el 18 de enero de 2013.

Foto: Guillermo Urkijo

 

¿Qué es lo que más se ha criticado a la Fundación Robo? (Nacho): Cosas como apelar demasiado a la canción de autor o la falta de ruidismo, en el sentido de rabia, en las apariciones en directo. Tomamos nota de todas las críticas. (Roberto): También nos han dicho, con razón, que hay pocas mujeres en la Fundación Robo. Pedimos canciones a mujeres y hombres indistintamente, pero ocurrió que las primeras, por diversas circunstancias, tardaron más en entregar. Con todo, estamos haciendo lo posible para que haya más en el futuro. Es un tema que nos preocupa especialmente.

“En las apariciones en directo de Robo ha habido de todo: conciertos emocionantes, pequeños desastres y experiencias muy divertidas. En los conciertos nunca anunciamos la formación. Pueden aparecer uno o varios miembros de la plataforma, no se sabe hasta que empieza la actuación. Es otra manera de diluir la autoría en beneficio de la obra”
(Roberto Herreros)

Se ha hablado bastante de las canciones que ibais colgando periódicamente en internet, pero menos de los directos. ¿Cuál es la filosofía de los conciertos, cómo los habéis ido concibiendo y cómo valoráis la respuesta por parte del público? (Roberto): En las apariciones en directo de Robo ha habido de todo: conciertos emocionantes, pequeños desastres y experiencias muy divertidas. En los conciertos nunca anunciamos la formación. Pueden aparecer uno o varios miembros de la plataforma, no se sabe hasta que empieza la actuación. Es otra manera de diluir la autoría en beneficio de la obra y de evitar que nadie se acerque a un concierto de Robo solo por sus caras más conocidas. Suele haber un núcleo más o menos fijo de dos o tres personas y luego nos juntamos en cada ciudad con músicos locales que participan en la plataforma. Hasta no hace mucho los conciertos se dividían en partes y eran más abruptos, con menos continuidad, lo cual no terminaba de convencernos. Pero nuestras dos últimas actuaciones en el País Vasco, donde nos hemos mezclado mucho más, han sido mucho más fluidas. Nos gustaría seguir explorando esa vía.

Tenéis también una facción literaria, Asalto. ¿Me habláis un poco de ella? (Roberto): Asalto intenta con textos literarios lo que Robo intentamos con la música: convertir la frustración en energía política. Cada cierto tiempo publicamos uno con varios textos. Son piezas cortas. Al final de cada Asalto hay una lista con los nombres de las personas que han participado, por aquello de no esconderse, pero los textos no vienen firmados. Con la literatura es más sencillo mantener el anonimato; en la música la voz determina bastante quién está detrás de cada aportación.

¿Cuál es el futuro inmediato de la Fundación Robo? ¿Va a tener continuidad? (Marc): Sí, a partir de este mes volveremos a publicar canciones periódicamente. (Según figura en uno de los textos que acompaña al disco, ya hay aportaciones de Anari, Tachenko, Julieta Venegas y El Hijo de la Cumbia). A partir de ahí, ya veremos.

 

Siete ladrones hablan de sus canciones

“Qué bonito es el mundo piramidal”

Miren Iza (Tulsa): “Qué bonito es el mundo piramidal”. “En el momento de escribirla estaba en Estados Unidos y allí lo que más apesta, por lo menos a mí, es el supernegocio de la sanidad. Como aquí ya hay algún tonto a las tres que fantasea con copiar ese modelo, fue inevitable que apareciera en la canción. Y, por otro lado, quería reírme del nuevo triunfador, el homo liberalis, ese fulano engominado y fanfarrón, forrado de pasta, sin fondo, frecuentemente sin cultura, y sin más intereses ni interés que superar algún rabioso complejo enraizado en el epicentro de su minúscula estructura cerebral”.


“Es un crimen”

Daniel Granados (Tarántula): “Es un crimen” (original de Eskorbuto). “Es la canción destituyente por antonomasia. Su actualidad es brutal. Más ahora, que parece demostrado que el Presidente del Gobierno español es un criminal. Pues eso, que es un crimen”.

 

“No vuelvo a hablar contigo”

Carolina León: “No vuelvo a hablar contigo” (adaptación de “Never Talking To You Again”, de Hüsker Dü). “Soy muy fan de Hüsker Dü, y esa canción me gusta especialmente; se la propuse a la gente de Robo porque me gusta cantar y me apetecía horrores convertir una canción de desamor en una de desafección: sobre todas esas personas que no parecen sentirse afectadas por la realidad que los circunda y sobre qué estrategias continúan utilizando cuando no quieren escucharte. Que el robo y el recorte y la estafa nos pasa a todos”.


“La revolución no será televisada”

Mar Álvarez (Pauline en la Playa): “La revolución no será televisada” (adaptación de “The Revolution Will Not Be Televised”, de Gil Scott-Heron). “Este temazo es absolutamente icónico, pero el contenido es deudor de una época y un lugar lejanos para nosotros. Quise quedarme con el mensaje esencial, que es lo que ha mantenido esta canción tan viva durante tantos años, y, al mismo tiempo, adaptar la letra haciéndola más neutra, sin nombres ni referencias históricas como la original. Musicalmente es más pop, con piano y violines, instrumentos que utilizo habitualmente”.

 

“Fuego”

Garbanzo (Diploide): “Fuego”. “La compusimos expresamente para Robo. Queríamos que sonara más oscura de lo que en nosotros es habitual y que fuera muy explícita en la letra, panfletaria. También quería introducir de alguna manera que no creo en el concepto de autoría; por eso cogí una frase que se repite mucho en las manifestaciones surgidas en torno al 15-M, otra de una canción de Eskorbuto y parte de otra de autoría popular, adaptada por Camarón, para, a su vez, volverla a adaptar nosotros. Como si utilizáramos un sampler de letras. Esta es otra dimensión política de la música que me interesa enormemente: no puedo estar contra las patentes farmacéuticas, de software, científicas o de lo que sea y aceptar sin ningún reparo la propiedad intelectual”.

 

“Sukarra ehizatu”

Maite Arroitajauregi (Mursego): “Sukarra ehizatu” (adaptación de “Traquer la fièvre massacrer l’ennui”, de Expérience). “En esa temporada escuchaba mucho el ‘Notre silence’ (2011) de Michel Cloup (Duo), un disco tremendo. Eso me llevó a Expérience y a la carga política que tienen muchas de sus canciones, y esta refleja muy bien la situación extrema que estamos viviendo. Se lo propuse a Ibonrg, le pareció bien y empezamos a pensar en cómo podíamos abordarla”.


“Londres”

Pablo Peña (Fiera): “Londres”. “La letra de la canción está inspirada en los acontecimientos que ocurrieron en Londres en verano de 2011. Aquellas imágenes seudoapocalípticas me resultaron muy reveladoras del momento social, político e incluso antropológico que estamos viviendo desde hace unos años. La gente salió a la calle, sí, desesperada, sí, pero no asaltaron las tiendas de comida ni de productos de primera necesidad. Asaltaron tiendas de videoconsolas y pantallas de televisión último modelo. El pueblo ha perdido la conciencia como tal, no se lucha por la sociedad ni por el vecino, se lucha por uno mismo, y eso es muy peligroso y facilita la tarea a los de arriba. Creo que antes de lanzarnos a una revolución, de salir a la calle a protestar y a exigir, debemos plantearnos qué es lo que realmente queremos, qué es lo que realmente necesitamos, por qué y para qué. Y si somos tan fáciles de comprar”.

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