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GAS, Efectos narcóticos

Explorando los sentidos.

 
 

ENTREVISTA (2017)

GAS Efectos narcóticos

Casi veinte años después de la publicación de “Pop”, Wolfgang Voigt reactivó el proyecto Gas y volvió a sumirnos en la niebla de un bosque resonante y psicodélico, repleto de sonidos orquestales y ritmos evanescentes, con su quinto álbum: “Narkopop” (2017). Arnau Horta lo entrevistó justo antes de la visita de Voigt al Primavera Sound 2017, donde presentó su nuevo espectáculo audiovisual.

Hace un par de meses aparecía en estas páginas la reseña de “Box” (Kompakt, 2016), la caja en la que Wolfgang Voigt ha reunido las reediciones en vinilo de los tres últimos álbumes de Gas y del preciado EP “Oktember” (Mille Plateaux, 1999). Decíamos entonces que nada hacía presagiar una reactivación inmediata del proyecto, pero nos equivocábamos. Pocos días después de que el número de marzo llegara a los kioscos, se anunciaba el lanzamiento de “Narkopop” (Kompakt, 2017), el quinto álbum de Gas y el primero tras un paréntesis de casi dos décadas. “En 2000, después del cuarto disco de Gas –explica Voigt–, decidí poner el proyecto en pausa. En 2008, coincidiendo con la publicación de la primera recopilación de todo el material incluido en los cuatro primeros álbumes“Nah Und Fern” (Kompakt, 2008)–, me pareció que tal vez había llegado el momento de reactivarlo, pero la música que estaba haciendo entonces terminó materializándose en otros proyectos como Mohn –realizado junto con Jörg Burger, alias The Modernist– o la serie Rückverzauberung. La idea de retomar Gas siempre ha estado presente, pero estaba esperando el momento y el estado de ánimo apropiados para hacerlo”.

“Esta metodología se ha mantenido inalterada desde el principio y es lo que confiere una coherencia sonora a todo el proyecto, del primer al último disco. Este tipo de tratamiento es también la clave para crear una música donde lo importante no es un determinado punto de llegada, sino el tránsito, el viaje a través del sonido” (Wolfgang Voigt)

La trayectoria discográfica de Gas comenzó con el EP “Modern” (Profan,1995). Ubicados en unas coordenadas no muy alejadas de las de algunos proyectos de ascendencia dub que por aquel entonces salían de la factoría Basic Channel, los cuatro temas de aquel primer 12” parecían ser la contribución de Voigt al corpus sonoro del minimal techno más ambiental. Pero, más allá de ciertos aires de familia con las propuestas del sello de Moritz Von Oswald y Mark Ernestus, el debut de Gas era la puerta de entrada a un universo sonoro propio; un microcosmos sumido en la humedad vaporosa de un bosque frondoso e inexplorado. Bajo su enésimo alias, y sin saberlo, Voigt estaba inaugurando uno de los proyectos más influyentes en el terreno de la electrónica y el ambient. “En realidad –puntualiza Voigt–, el sonido de Gas empezó a fraguarse a finales de los ochenta, pero no puse en marcha el proyecto hasta asegurarme de que ocupaba un espacio en mi cabeza tan importante como el resto de ideas y conceptos con los que había estado trabajando hasta entonces”.

Apenas un año después de aquel primer EP se publicó el debut en formato largo de Gas, el homónimo “Gas” (Mille Plateaux,1996), al que iban a seguir dos discos más (uno por año): “Zauberberg” (Mille Plateaux, 1997) y “Königsforst” (Mille Plateaux,1998). El título del primero, “montaña mágica” en alemán, es una referencia a la obra de Thomas Mann, y el segundo lleva el nombre de un bosque cercano a Colonia donde Voigt tuvo sus primeras experiencias con el LSD. Puestos en continuidad, aquellos tres primeros álbumes de Gas configuraban un tríptico musical de resonancias fantasmales; una grandiosa sinfonía electrónica extendida a lo largo de tres horas y veinte movimientos donde las cadencias del techno se escuchaban, difuminadas y somnolientas, a través de una densa capa de drones gaseosos y de resonancias sinfónicas. Lo más parecido a aquello eran las composiciones de consistencia espectral que William Basinski creaba con cintas magnéticas en descomposición, aunque por aquel entonces el neoyorquino todavía no había publicado (aunque sí realizado) “Shortwavemusic” (1998). El sonido de Gas, cuenta Voigt, “tiene su origen en una forma muy especial, podría decirse que casi virtuosa, de utilizar el sampler. Esta metodología se ha mantenido inalterada desde el principio y es lo que confiere una coherencia sonora a todo el proyecto, del primer al último disco. Este tipo de tratamiento es también la clave para crear una música donde lo importante no es un determinado punto de llegada, sino el tránsito, el viaje a través del sonido”.

El tráiler del anuncio de salida de “Narkopop” encaja con esto: “El bosque y las montañas han alimentado mi imaginación desde los días de mi infancia, cuando iba de excursión con mis padres. Los entornos naturales siempre me han parecido lugares que invitan a liberar la mente y a perderse en los pensamientos”.








“En ‘Narkopop’ mi objetivo era condensar diversos aspectos de los cuatro anteriores en un conjunto sonoro más amplio, más brillante y menos hermético. Esta vez el título hace referencia de forma explícita al carácter narcótico de la música de Gas. Me gusta pensar que es una música apropiada para ser escuchada bajo los efectos de sustancias narcóticas, pero todavía me gusta más pensar que puede funcionar como una especie de droga en sí misma”
(Wolfgang Voigt)

La publicación de “Pop” (Mille Plateaux, 2000) supuso una metamorfosis en el sonido de Gas. Si los tres anteriores se caracterizaban por su densidad atmosférica, aquel cuarto álbum destacaba inmediatamente por su ligereza y su luminosidad. Esta transformación sugería un cambio meteorológico: una ráfaga de aire cálido arrastraba la niebla plomiza del bosque y las sonoridades antes gaseosas se convertían en una especie de burbujeo. La primavera había llegado. La imagen de la portada, más nítida, colorida y luminosa que las anteriores (todas ellas tomadas por Voigt), y el título parecían ofrecer pistas sobre el contenido sonoro del disco: “Después de la publicación de ‘Zauberberg’ y ‘Königsforst’ me di cuenta de que mucha gente estaba malinterpretando mi interés por la música clásica y dándole demasiada importancia en relación al sonido de Gas. El título de aquel cuarto álbum quería hacer énfasis en el hecho de que mis raíces musicales y artísticas se hunden en el pop de los setenta y los ochenta y también en el pop art. Más o menos por aquella misma época, desde Kompakt poníamos en marcha la serie de recopilaciones anuales Pop Ambient. De un modo similar, este nombre pretendía identificar un determinado tipo de música electrónica basada en metodologías experimentales, pero influenciada por el pop; una influencia, si se quiere, más o menos sofisticada, psicodélica o incluso narcótica”.

El título del quinto álbum de Gas, “Narkopop”, condensa en una sola palabra esta idea extraña y sugerente de un elixir pop de efectos narcóticos que intoxica los circuitos del sampler con sonoridades lisérgicas y de procedencia desconocida. A lo largo de estas diez nuevas composiciones, Voigt vuelve a sumirnos en la espesura de un bosque resonante y psicodélico, plagado de sonidos orquestales y ritmos de bombo evanescentes. Aunque la atmósfera ya no es exactamente primaveral como en el anterior disco, la luz todavía se filtra entre el follaje, y los sonidos se escuchan más nítidos y cercanos que en los tres primeros largos de Gas. Voigt, sin embargo, evita establecer diferencias entre álbumes: “Prefiero considerar la discografía de Gas en su totalidad. En ‘Narkopop’ mi objetivo era condensar diversos aspectos de los cuatro anteriores en un conjunto sonoro más amplio, más brillante y menos hermético. Esta vez el título hace referencia de forma explícita al carácter narcótico de la música de Gas. Me gusta pensar que es una música apropiada para ser escuchada bajo los efectos de sustancias narcóticas, pero todavía me gusta más pensar que puede funcionar como una especie de droga en sí misma”.

Una vez más, la portada de “Narkopop” parece darnos pistas sobre su contenido sonoro. En la fotografía, tomada de nuevo entre los árboles, se distingue algo parecido a un claro en el bosque, y, en medio de este, una tímida estructura arquitectónica similar a un puente o una pasarela. Parecería que, después de andar perdidos entre la densa vegetación, estuviéramos llegando a algun sitio habitado. Pero ¿es así? “Todos mis trabajos, y los discos de Gas en particular, giran alrededor de la contradicción, el antagonismo y el contraste. Me gusta creer que en la música de Gas se establece algo así como una equidistancia y una simultaneidad entre la acción de mostrar y ocultar una misma cosa. Cuando parecía que la primavera había llegado, el bosque vuelve a sumirse en la niebla; cuando creías que estabas perdido para siempre en medio de la naturaleza, de repente crees distinguir algo parecido a una construcción extraña y desconocida, pero tampoco puedes asegurar de qué se trata exactamente. Igual que la fotografía que ilustra la portada de ‘Narkopop’, la música de Gas pretende ser concreta y abstracta al mismo tiempo”, señala Voigt.

 

Bosques de la mente

La imagen del bosque es un elemento central en el imaginario de Gas. En realidad, y para ser exactos, el universo que Voigt ha venido construyendo a lo largo de estos últimos veinticinco años no es exclusivamente sonoro, sino también audiovisual, y sus sonidos no deberían considerarse al margen de las portadas de sus discos, de sus libros de fotografías (“Gas”, publicado en Raster-Noton en 2008, o la colección de imágenes incluida en “Box”) o de las espectaculares puestas en escena de sus actuaciones en directo. En este sentido, la experiencia que Voigt pretende crear a través de Gas no es solo temporal; también es espacial. Gas es un dispositivo que produce espacios mentales inspirados en la experiencia auditiva (pero también visual, táctil y olfativa) de pasear a través de un bosque y perderse en él.

Voigt recuerda que este influjo es muy anterior a sus primeras experiencias lisérgicas en Königsforst, el bosque que da título al tercer álbum de Gas: “El bosque y las montañas han alimentado mi imaginación desde los días de mi infancia, cuando iba de excursión con mis padres. Los entornos naturales siempre me han parecido lugares que invitan a liberar la mente y a perderse en los pensamientos. Durante mi adolescencia expandí en diversas ocasiones esta sensación tomando ciertas sustancias, pero el bosque es en sí mismo un lugar profundamente mágico y psicodélico. Además, está muy presente en la cultura popular alemana, en la música de Wagner o Bruckner, en la literatura de Thomas Mann y los cuentos de los Hermanos Grimm. Gas recupera diversos aspectos de este sustrato cultural romántico y los reinterpreta desde la perspectiva del pop art y la cultura psicodélica para crear un nuevo universo multisensorial”.

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