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GEKO JONES, Fiesta global

“Organizando Qué Bajo?! hemos descubierto que existe un público interesado en la música latina que mira más allá de géneros clásicos como el reggaetón, la salsa, el merengue y la bachata. Es un público latino urbano que pide más riesgo y variedad”.

 
 

ENTREVISTA (2014)

GEKO JONES Fiesta global

Roberto Fernández es Geko Jones, DJ de origen puertorriqueño instalado en Nueva York. Asociado con Uproot Andy en las legendarias fiestas del club neoyorquino Que Bajo?!, es un espeleólogo de los ritmos latinos y un guardián de las reliquias tropicales: bullerengue, cumbia y otros muchos estilos pasan por sus manos para transformar la música en una experiencia global apta para todos. Víctor Lenore lo entrevistó para la antigua sección de Rockdelux Truco o Trato.

“Me llamo Roberto Fernández y mi nombre artístico es Geko Jones. Acabo de cumplir 34 años. Crecí en Puerto Rico y me mudé a Nueva York a los 6 años. La música en mi casa era horrible. A mi madre le gustaban las baladas tipo Paul Anka y Roberto Carlos. No me crié con mi papá, lo conocí a los 13 años. Es colombiano y, cuando nos encontramos, me puso cumbia por primera vez. Me gustó mucho, con ese ritmo y ese bombo. En realidad, yo era medio rockerito, pero la idea de tener un gringo gritándome una letra no me acababa de convencer”.

“Me costó entrar en estilos latinos tipo salsa y esas cosas. Como chamaco gordito, bailaba bastante mal, no aprendí hasta mayor. Mi sitio lo encontré en la escena drum’n’bass. Un momento importante fue la noche en que, haciendo maldades, me metí en un carro para robar. Me llevé una colección entera de casetes de Bob Marley. Esas letras me convirtieron en una persona más cuidadosa y responsable. Se puede decir que la música me apartó del camino de la delincuencia”.

“Hace diez años comencé a pensar en hacerme DJ en Nueva York. Pasé un tiempo buscando una fiesta que mezclase electrónica con músicas de raíz de todo el mundo.

Como no la encontré, me puse a organizarla. Así surgieron las noches Qué Bajo?! con Uproot Andy. Nosotros somos de Brooklyn, pero la mayoría de las fiestas las hacemos en Manhattan. Hablamos de un barrio caro, imposible para la mayoría, pero es conveniente porque la población latina de Nueva York está dispersa. Viven en Queens, Bronx, New Jersey, Washington Heights y Brooklyn, así que el bajo Manhattan les viene bien a todos. Estamos contentos, pero Manhattan no es un barrio que nos guste, así que estamos pensando en trasladarnos a Queens. Brooklyn no está mal, pero la gentrificación lo ha cambiado mucho”.

“Me interesa lo que llamo ‘música descalza’. Me refiero a sonidos con mucha tambora y raíces afrocaribeñas. Son esas fiestas en la calle o en la playa donde se baila tanto que los hombres se desabrochan botones de la camisa y las mujeres se quitan los tacones. Organizando Qué Bajo?! hemos descubierto que existe un público interesado en la música latina que mira más allá de géneros clásicos como el reggaetón, la salsa, el merengue y la bachata. Es un público latino urbano que pide más riesgo y variedad”.

 
 
GEKO JONES, Fiesta global

“Tienen razón los que dicen que tengo una ‘pose anciana’: me interesa lo mismo hacer bailar a las abuelas que a las tías o a las nietas. La mayoría de disc-jockeys solo piensan en las chicas de veintipico años. Cuando yo monto una fiesta quiero hacer bailar al pueblo entero”.

 

¿Cómo definirías tu enfoque de una fiesta? Hay muchas opciones. Cuando pincho en una discoteca, tengo claro que es una vaina donde unos adultos van a conocer a otros, a embriagarse y ver qué pasa. Siempre he pensado que también tengo capacidad para otro tipo de eventos: me refiero a festivales, fiestas en la playa y hasta cosas familiares. Por ejemplo, trato de ser cuidadoso con las letras de las canciones que uso en mis sesiones. Además de bailar, quiero que el mensaje de mi música no sea violento de ninguna manera. Supongo que tiene que ver con las letras fraternales de la música jamaicana. También me interesa mucho el “doble entender” que se usa en la música tradicional. De eso hay mucho en Colombia: viejitos que se juntan para beber ron y pasarlo bien con bailes, recuerdos y juegos de palabras.  

Obviamente, los músicos de Londres o Nueva York que usáis este tipo de ritmos tradicionales tenéis ventaja comercial respecto a las comunidades donde surgen. Cuando estás en un punto neurálgico del capitalismo hay mayor acceso a la industria, además de que tenéis un pasaporte que os abre las puertas de casi todo el mundo. Recuerdo un artículo de la web Okayafrica donde Chief Boima (con quien has colaborado) ponía contra las cuerdas a Diplo. ¿Cómo te sitúas en este debate? Pasa demasiadas veces. Diplo cae mal a mucha gente y puedo entenderlo. Ha ocurrido varias veces que se ha apropiado de una producción. La canción “Watch Out For This (Bumaye)”, con Busy Signal, la pusieron a nombre de Major Lazer sin haberla escrito. Lo sé porque nosotros estuvimos pinchando esa base instrumental un año antes de que la sacaran. Lo único que hizo Diplo fue meter un vocalista encima. Ese tipo de actitudes las evito a toda costa. Te pongo un ejemplo: yo fui el primer productor que escribió fuera de México sobre el tribal guarachero. Podría haberlo convertido en mi marca, pero no tendría sentido porque no soy mexicano ni tengo ninguna conexión humana real con ese sonido. Lo que hago es poner una o dos canciones de vez en cuando. Me interesa más un enfoque panlatino. Trato de no jalar en una sola dirección. 

Otro conflicto relacionado con el anterior es el de las marcas comerciales que patrocinan fiestas del llamado global bass. Me parece evidente que prefieren encargar sus proyectos a alguien blanco como Diplo antes que a músicos latinos o afroamericanos. ¿Qué experiencias has tenido con esto? Vivimos en un mercado donde tener pelo rubio y ojos azules todavía supone un gran valor. Es imposible negar eso. Yo lo he sentido en muchas ocasiones. Lo único que puedo decir es que no es culpa de Diplo, sino de las marcas. La industria prefiere entretenedores de piel clarita. El sector de la música siempre ha hecho más ruido por los blancos que por los negros o marrones.

¿Dirías que ese problema va a más o a menos? Lo que a mí me pone triste es que vivimos en la generación del “I don’t give a fuck”. O, como decimos nosotros, “me vale verga”. Le dan promoción a los artistas que tienen ese mensaje. Solo hay que escuchar a Miley Cyrus. Ahora triunfan las estrellas que machacan con lo mismo: “Mientras yo tenga mi éxtasis o la droga que me guste, me da igual todo lo que pase en el mundo exterior”. Como oyente, estaría bien tener la opción de escuchar voces que aporten enfoques distintos, pero a estos nadie los promociona. Hay artistas a los que les importa el racismo, el deterioro social y cosas por el estilo, pero la industria los ignora. El pop que se hace ahora no es muy interesante. Me hace pensar en la frase “no se puede mascar chicle y mantener una conversación inteligente al mismo tiempo”.

¿Qué música estás escuchando ahora? En los dos últimos años me he metido bastante en sonidos de Nigeria, Ghana y Angola. Encuentro mucha melodía y mucha síntesis con la música urbana. Los cantantes son musicales, tienen “flow” y son bailables. Usan los mismos efectos que la EDM, la música electrónica de baile que arrasa en Estados Unidos. La diferencia está en que esas canciones no son tan subidosas, sino mucho más sutiles. Tienen otro contenido. Por ejemplo, hablan mucho del amor.

Citas la EDM, que es una música donde triunfan sobre todo disc-jockeys blancos. ¿Crees que esta corriente os perjudica, os beneficia o es indiferente? Lo que nos separa del sonido EDM es que estos artistas no tienen educación musical. Tampoco yo he estudiado formalmente, pero tengo un amor por la melodía; también por los registros de la voz humana, la gente que sabe cantar afinado, sin perder la nota. Uproot Andy estudió Teoría Musical en la universidad. La música EDM son solo “clics y cuts” reforzados por sintetizadores ruidosos. Ellos intentan hacer que la gente salte, nosotros aspiramos a que baile. Además está el asunto de la variedad. En las fiestas Qué Bajo?!, Uproot Andy pone música balcánica y no hay ningún problema. A mí, como te he dicho, me gustan los ritmos de Angola, donde se canta en portugués. Se oyen varios idiomas en nuestras sesiones. El que domina nunca es el gringo. Las sesiones EDM, en cambio, son cien por cien en inglés.

¿Qué opinas del emporio de la música latina de Miami? Es fascinante. Uno piensa que un colectivo como el nuestro, con fuerte base latina, tendría en Miami una de sus ciudades fuertes para montar fiestas. En realidad, nunca me he sentido cómodo ni bien recibido allí. Es un lugar muy pop. Hace poco empezamos una sesión y se me acercó alguien del público a pedir que le pusiera una de Black Eyed Peas. Eso me duele en el corazón. Carajo: si pagas entrada para ir a una fiesta tienes que acudir abierto a lo que van a ofrecerte. Quien necesite Black Eyed Peas solo tiene que encender la radio o coger un taxi porque en esos sitios suenan de manera constante. Que no vengan a joderme la paz ni la existencia.

Resumiendo tu mensaje: prefieres que la música popular sea menos individualista y más comunitaria, ¿no? Tienen razón los que dicen que tengo una “pose anciana”: me interesa lo mismo hacer bailar a las abuelas que a las tías o a las nietas. La mayoría de disc-jockeys solo piensan en las chicas de veintipico años. Cuando yo monto una fiesta quiero hacer bailar al pueblo entero.

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