Las notas necrológicas sirven normalmente para que el lector diga: “¡Ah!, vale, ya veo quién quieres decir”. O bien: “¡Joder! ¿Ha muerto?”. En el caso de George Harrison, ya sabes que fue él quien creó el riff de “Ticket To Ride” y “I Feel Fine”, ¿no? Y también sabes que ha muerto, ¿no? Además, ya sabes que tenía 58 años y que el cáncer acabó con su vida el 29 de noviembre. Sabes dónde, cómo y con quién murió... La verdad es que sabes tanto como yo, porque si estás leyendo esto es que te interesa la música pop, y por tanto su muerte te importa. Y si quieres más detalles, ya los habrás conseguido consultando las páginas web o tal vez hojeando, por ejemplo, el suplemento de quince páginas del ‘¡Hola!’ inglés. La verdad es que Harrison era carne para ‘¡Hola!’ –dinero, fama, english country house y familia feliz–; incluso la reina Isabel II comentó su muerte en público mucho antes que cuando falleció Lady Di. Y el primer ministro Tony Blair dijo: “Creo que la gente va a sentirse muy triste por su pérdida”; sin duda, su comentario más inteligente, honesto y profundo de las últimas semanas. Pero, bueno, basta de política. Al final parece que hemos perdido un nice guy.
A pesar de todas las proclamaciones de su genio, del hecho de que “Something” fuese la única cancion de The Beatles que cantó Frank Sinatra en concierto, de que la producción de Phil Spector para “All Things Must Pass” (1970) nos diese el primer número uno de un ex Beatle, de que sus conciertos para Bangla Desh fuesen los prototipos de todos los (pocos, francamente) macroconciertos benéficos tipo Live Aid... a pesar de todo eso, la impresión que te dan casi todas las necrológicas es que fue un tío sencillo a quien le molestaba mucho su papel de pop megastar. Precisamente aquello que creíamos que le definía, a él le resultaba del todo irrelevante, lo cual es alentador.























