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GEORGE MICHAEL, Estrella con doble fondo

Sexo, fe, madurez y crepúsculo.

 
 

ARTÍCULO (2017)

GEORGE MICHAEL Estrella con doble fondo

El cantante británico murió el 25 de diciembre de 2016 a los 53 años, dejando atrás una trayectoria que viajó del hit efervescente a la oscuridad adulta y que desafió a quienes se quedaron solo con su envoltorio fotogénico y su bonita voz. Su legado discográfico, breve y espaciado en el tiempo, muestra a un crooner moderno que quiso dar trascendencia a un formato de canción pop tejido con fibras negras. Jordi Bianciotto lo recorrió en este artículo de despedida.

De acuerdo, George Michael (1963-2016) no era David Bowie, ni Leonard Cohen, ni Prince, y su obra no revolucionó lenguajes sonoros ni alumbró profundidades filosóficas, pero su trayectoria, extraña en el contexto de la música comercial, con giros bruscos, conflictos industriales, y duradera pese a sus largos silencios, deja un legado que merece atención. En él tenemos al ídolo teenager que se rebela ante su destino y muestra gestos de carácter que creíamos reservados a los artistas con halo alternativo, al astro pop con tinieblas interiores.

Que brillaba por encima de la media del pop de batalla es algo que se pudo apreciar ya en los mismos orígenes de Wham!, el desigual dúo que formó con Andrew Ridgeley, compañero de la escuela con quien había coincidido en un grupo de ska llamado The Executive. Aún no había cumplido Michael los 20 años (nació en East Finchley, Londres, el 25 de junio de 1963) cuando disfrutaba de una incipiente posición de icono del pop adolescente a lomos de cancioncillas como “Young Guns (Go For It!)”, su primer hit, integrado en el primer álbum del tándem, “Fantastic” (Innervision, 1983). Elásticas bases funk, sintetizadores con el modernísimo sonido del momento, injertos de rap y estribillos volantes, todo ello envuelto en un rumor de palmas y aullidos, como si la canción hubiera sido grabada en un afterhours ibicenco. Bien, en la isla balear, en el hotel Pikes, grabó Wham! el vídeo de una de las canciones del disco, la más o menos caribeña “Club Tropicana”: piscina, copas de cóctel,  seducciones frugales y hedonismo en estado puro.

No parece claro que George tuviera ya entonces agenda propia, pero es cierto que sus talentos se hacían notar, no solo la fotogenia natural y esa voz frondosa, sino también su fertilidad como compositor. “Make It Big” (Epic, 1984) expandió sus poderes con canciones de estética tan diversa como “Wake Me Up Before You Go-Go” y “Careless Whisper”. Extrañamente, si bien este último tema estaba firmado a medias con Ridgeley, fue lanzado como single en solitario en una época en que su perfil iba al alza. Así lo sugería su participación, a título individual, en el tema colectivo benéfico “Do They Know It’s Christmas?” (número uno británico en la Navidad de 1984, un puesto por delante de “Last Christmas”, de Wham!) y el concierto que se derivó, Live Aid (1985), donde cantó “Don’t Let The Sun Go Down On Me” con su autor, Elton John, mientras Ridgeley se integraba en el equipo de coristas.

Wham! expandió mercados (fueron los primeros artistas pop occidentales en actuar en China), pero la sociedad quedó finiquitada tras un tercer disco menos lucido, “Music From The Edge Of Heaven” (Columbia, 1986; portada diseñada por el frío esteta de Factory, Peter Saville, como antes la del sencillo “Wake Me Up Before You Go-Go”), un álbum publicado solo en Estados Unidos y Japón, en paralelo a la antología “The Final” (Epic, 1986), que incluía cuatro de sus canciones y que vio la luz en Europa. En enero de 1987, su dueto con Aretha Franklin en la electro-funk “I Knew You Were Waiting (For Me)” asfaltó el camino a su inminente despegue en solitario.

Sí, George Michael lo tenía todo para ser una estrella, como si la deidad del pop se hubiera esmerado en transferirle los dones justos y precisos. No le dio, sin embargo, la capacidad para convivir en plenitud con sus logros, para disfrutar de su dimensión popular y acomodarse en ella. Eso explica que su fulminante estreno como solista, con “Faith” (Epic-Sony, 1987), a golpe de acorde de guitarra seco y sexy, luciendo un renovado aspecto de chico malo, tuviera una vigencia efímera y no estableciera un referente artístico a seguir en su carrera más allá del pelotazo comercial, con veinticinco millones de copias vendidas. Los videoclips, ya fuera el del tema estrella como el de “I Want Your Sex”, donde el cantante escribía las palabras “explore” y “monogamy” en la piel de la que entonces fue presentada como su novia, la modelo Kathy Jeung, jugaron un papel determinante. Y más que lo jugarían en el futuro, a medida que espaciara sus apariciones y sus giras (la primera de las cuales le hizo debutar en España en 1989 con conciertos en Madrid, Málaga y Barcelona).

 
GEORGE MICHAEL, Estrella con doble fondo

Luciendo su aspecto de chico malo, tuvo una vigencia efímera y no estableció un referente artístico a seguir más allá del pelotazo comercial.

 

Luego, el gran golpe de volante. Es posible interpretar “Listen Without Prejudice Vol. 1” (Epic-Sony, 1990) como una expiación de culpas o quizá es que Michael sencillamente se deleitaba haciéndose el misterioso. De repente, se negó a aparecer en la portada y en los vídeos, y el álbum reposaba en piezas más bien oscuras y de intenciones trascendentes, con excepciones como la explosiva “Freedom 90” (clip con las top models de la época: Evangelista, Campbell, Crawford...), más tarde adoptada por Robbie Williams para celebrar su liberación de Take That. Asumía que había ejercido de muñeco pop y retaba al mundo a escucharle sin aprensión, esbozando un nuevo personaje, un neo-crooner de masas no manipulable, divo de un incierto pop comercial de autor. Maniobra de riesgo acompañada de encontronazos con Sony Music. “Listen Without Prejudice Vol. 1” no fue la deslumbrante obra de madurez que su autor hubiera deseado y el giro podía parecer forzado, pero contenía un material que, atendiendo al título, expresaba una inquietud y dejaba para la historia algunas canciones intensas. El disco estableció su perfil artístico más duradero en torno a canciones que fundían mística y voluptuosidad, un afán de profundidad lírica y sensibilidad social cruzado con ambientaciones sofisticadas y ritmos libidinosos. Imaginario poco compatible con la tentación de convertirse en cantante de Queen, pese a los aplausos que se le dispensaron cuando interpretó “Somebody To Love” en el homenaje a Freddie Mercury en el estadio de Wembley, en 1992.

Se atribuyó a su batalla legal con Sony la tardanza en publicar el siguiente disco, “Older” (Virgin, 1996), pero la lentitud editorial sería, a partir de entonces, el patrón de conducta. El trabajo desarrollaba el interiorismo estético del anterior y permitía disfrutar de su esplendor vocal a través de piezas de elegantes contornos melódicos como “Jesus To A Child” y “The Strangest Thing”, solo compensadas, en el lado dance de la balanza, por la agitada “Fastlove”. Un George Michael que se asentaba en esa identidad sobria, mejor recibida en Europa que en Estados Unidos. Y todo pareció saltar por los aires cuando, en 1998, trascendió a la prensa su detención en unos lavabos públicos de Los Ángeles cuando practicaba “actos lascivos”. Un escándalo que hoy suena extemporáneo y que él se tomó con humor parodiándolo en el vídeo de “Outside”, lujuriosa canción de estreno integrada en la doble antología “Ladies & Gentlemen. The Best Of George Michael” (Epic-Sony, 1998).

En adelante le vemos en modo paulatinamente crepuscular, cultivando una refinada nostalgia en el álbum de versiones “Songs From The Last Century” (Aegean-Virgin, 1999; de los estándares norteamericanos a “Roxanne” de The Police) y limitando su creatividad como compositor a un único disco, el agradable “Patience” (Aegean-Sony Music, 2004). Apartado de las giras durante tres lustros, regresó parapetado en el recopilatorio de éxitos “Twenty Five” (Aegean-Sony BMG, 2006), con una segunda visita a España, repetida cinco años después, en 2011, con el abrumador, y un poco aburrido, formato orquestal de “Symphonica Tour”, inmortalizado en disco en 2014.

Michael cruzaba la cincuentena transmitiendo la sensación de que, más allá de su estrellato, su carrera acababa sabiendo a poco, que se diluía lentamente entre largas esperas discográficas, producto de su celo perfeccionista, y la indiferencia de quienes seguían viendo en él a una cara bonita y una voz bella pero desaprovechada. Su muerte, el día de Navidad de 2016, pone un prematuro, poético, epílogo a su vida e invita a recorrer su peripecia artística como él hubiera querido, sin prejuicios, sin castigarle por el terrible pecado de haber sido un cantante de éxito comercial.

 

 

UNA VIDA EN CUATRO ESTACIONES

GEORGE MICHAEL, Estrella con doble fondo

Wham!
“Make It Big”

(Epic-Sony, 1984)

El juguete Wham!, en el segundo y más logrado de sus tres álbumes. Lo abre la tontorrona “Wake Me Up Before You Go-Go”, con ecos sesenteros que se hacen extensivos a la spectoriana “Heartbeat” y a ese “Freedom” con tempo de The Supremes. Menos sintetizadores caducados que en el debut, rasgos de soul-pop línea clara y esa extemporánea balada muzak, “Careless Whisper”, con el saxo más radiado desde el “Baker Street” de Gerry Rafferty.

GEORGE MICHAEL, Estrella con doble fondo

George Michael
“Faith”

(Epic-Sony, 1987)

En su estreno individual, Michael construye un Frankenstein pop que camina con firmeza pese a su teórica dispersión: coros góspel en “Father Figure” y funk electrónico en “Hard Day”, sensualidad de crooner jazzístico en “Kissing A Fool” y la pegada rockabilly, digna de Bo Diddley, del tema estrella, “Faith”. Y esquinas llenas de nocturnidad y lujuria en “Hand To Mouth” y ese “I Want Your Sex” salido de madre. Pisando fuerte.

 
GEORGE MICHAEL, Estrella con doble fondo

George Michael
“Listen Without Prejudice Vol. 1”

(Epic-Sony, 1990)

Se le podrá acusar de cínico, pero su drástico giro adulto dejó un rastro de canciones perdurables más allá de cierta aura pretenciosa. Desde la solemne “Praying For Time”, que lo abre con alusiones al dolor colectivo, hasta, en el otro extremo, el festín house de “Freedom 90”, a través de piezas templadas, aromas acústicos y grooves con aliento jazzístico. Brilla la cálida “Heal The Pain”, bajo el influjo confeso de Paul McCartney.

GEORGE MICHAEL, Estrella con doble fondo

George Michael
“Patience”

(Aegean-Sony, 2004)

Ocho años después del cargado “Older” (Virgin, 1996), se diría que Michael volvía a liberarse, esta vez, regresando a un canon sonoro más liviano y pop, entre el medio tiempo acogedor y un disco-soul de diseño, producto de obsesivas sesiones de estudio. Álbum de ambientes más que de estribillos, y de ritmos sensuales estirados a veces en minutajes excesivos, con tensión en la política “Shoot The Dog” y con la inclusión de un bonito hit llamado “Amazing”.

 
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