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GEORGIA, Hija de la cultura rave

Terapia y optimismo.
Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (RDL 390)

GEORGIA Hija de la cultura rave

La sangre electrónica corre por sus venas. Tras una infancia compartida entre estudios de grabación y campos de fútbol, la londinense Georgia Barnes inició una fulgurante carrera musical de la que ya ha conocido el lado oscuro. Ahora llega “Seeking Thrills”, un segundo disco más accesible y pop con aroma de salto artístico definitivo.

No es raro que si tu padre es Neil Barnes, uno de los factótums de Leftfield, y has crecido rodeada de cajas de ritmos 808 y sintetizadores variados, termines dedicándote a la música electrónica. Es la historia de Georgia Barnes, joven cantante británica que con “Seeking Thrills” (Domino-Music As Usual, 2020), su segundo disco, pretende dar el salto definitivo, tanto artístico como comercial. “Recuerdo que la música fue el epicentro de mi vida familiar desde siempre –desvela–. Nunca pensé que me dedicaría a otra cosa”. Eso sí, durante un tiempo compartió afición con el fútbol. Llegó a militar en las categorías inferiores del Queens Park Rangers y el Arsenal y jugaba de volante derecho.

“Pasé por una etapa personal muy complicadaTras mi primer álbum caí en la clásica vida de excesos de la música. Salir demasiado, transformándote en una alcohólica sin apenas darte cuenta...”

Georgia está en una cafetería del barrio madrileño de La Guindalera, donde está haciendo promoción. Tiene cara de duendecillo, habla con voz risueña y se explica con una franqueza desarmante. “Pasé por una etapa personal muy complicada. Tras mi primer álbum“Georgia” (Domino, 2015)– caí en la clásica vida de excesos de la música. Salir demasiado, transformándote en una alcohólica sin apenas darte cuenta... No me estaba ocupando de mí misma y me convertí en un cliché absoluto. A la vez, mis padres se estaban divorciando, por lo que estaban pasando por su propio infierno”. Ese contexto difícil fue el detonante de su nuevo trabajo, que exuda autoconfianza, valentía y un nuevo tono pop. “Mis amigos me organizaron varias ‘intervenciones’ –reuniones para informar a una persona sobre las consecuencias de una adicción y para pedirle que acepte un tratamiento–, pero supongo que ni yo ni mis padres queríamos creer que era cierto lo que me estaba pasando. Por fin, un día me llevaron a una reunión de Alcohólicos Anónimos y todo cobró un cariz radicalmente real”.

Un nuevo modo de vida para iniciar etapa vital y artística desde su residencia en el barrio londinense de Kensal Rise. “Me levanto muy pronto. Voy al gimnasio y, a la vuelta, me pongo a trabajar. Luego como, me echo la siesta y vuelvo a trabajar”. Casi un horario de oficina del que se siente muy orgullosa. “En directo no es fácil ser creativa, así que tengo que aprovechar todo lo que pueda. En cierto modo, ha sido como volver a convencerme de que a mí lo que me apasiona es la música. Así que me toca currar”. Esa nueva dirección pop tuvo que ver con ese viaje personal, que la llevó a un cambio de hábitos de composición. “Me apetecía conectar más con la gente. Mi primer disco tenía un toque más experimental y, aunque es algo que no deseo abandonar del todo, no quería mostrarme aislada. Esta vez quería partir de estructuras de canción tradicional. Buscar melodías con teclados y sintetizadores”.

Vídeo oficial de “About Work The Dancefloor”, realizado por NYSU.

En cualquier caso, su inspiración principal sigue siendo la electrónica. “He estado estudiando los orígenes e influencias de la música que me gusta. Al final me he dado cuenta de que el techno de Detroit, el house y la primera cultura ‘rave’ son la base de todo. Adoro la energía que se desprende en la pista de baile. Esa particular sensación de hedonismo y de felicidad es la que he intentado encapsular y convertir en canciones”. La experiencia de ir sobria a un club también aporta una nueva perspectiva. “Te das más cuenta de lo que sucede, especialmente en lo musical. Es otro tipo de diversión. Ni peor, ni mejor... diferente”, apunta. También cita a Kate Bush como referencia absoluta: “Su obra es increíble. No solo su voz, que es lo primero que llama la atención, sino también su composición, cómo producía. Últimamente estoy versionando su canción ‘Running Up That Hill’ y nunca dejo de sorprenderme de lo fantástica que es”.

“Otro de los cambios en mi proceso de creación ha consistido en cantar a la vez que tocaba, dejarme llevar y ser más irracional”

Al respecto de Londres, donde siempre ha vivido, Georgia afirma que la escena musical es tan vibrante “como siempre”. Aunque las dificultades económicas no son ajenas a nadie. “Sé que ocurre en España y, en realidad, en toda Europa, pero en Londres los precios de los alquileres son una verdadera locura. Se hace irrespirable para cualquiera que no sea millonario. El centro de la ciudad se está convirtiendo en un verdadero parque temático para los que tienen el 1% de la riqueza”. Todo eso se cuela en las letras de forma inevitable. “Otro de los cambios en mi proceso de creación ha consistido en cantar a la vez que tocaba, dejarme llevar y ser más irracional. Quizá el mensaje central sea el de ser fuerte, de enfrentarse a la adversidad y no tener miedo. De vivir la vida por el lado más vibrante. Como dice el título: ‘Seeking Thrills’ (“buscando emociones”), manifiesta.

Georgia se ha pasado todo 2019 actuando en directo, testando los temas nuevos. “Para mí el directo es un desafío. Podría llevarlo todo pregrabado y dedicarme a bailar, pero creo que no tiene mucho sentido. Prefiero llevar ‘pads’ y elementos de percusión y tratar de crear algo más vivo y orgánico”, dice. Igualmente, rechaza la era de los DJs superestrellas: “Está pasadísimo de moda, ¿no? Es decir, adoro a los DJs, quizá más que a las bandas de guitarras, pero ese rollo VIP... Eso no mola. Como decía antes, a mí me gustan las ‘raves’ originales británicas, en las que la frontera entre músico y público quedaban disueltas”, finaliza.

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