Viendo cómo está el patio, ¿ha merecido la pena vivir esta vida? Es difícil mirar el mundo como está ahora, sin una certeza, sin seriedad. Es un mundo de apariencia e imagen, no de sustancia. Me causa desasosiego, pero hay algo más importante: la esperanza, el optimismo. Ahora existe un horizonte que puede ser y que espero que sea, que haya un futuro, un mañana. Escribo ahora, como siempre he escrito, para hablar de lo que es importante. Y, por encima de todo, está la sustancia y después, la emoción. La emoción es preguntarse cómo, por qué; es la pregunta más importante. Son las cosas más importantes para un escritor, las madres de lo que uno escribe. Y se escribe no para contentar, sino para enriquecer a los otros. Quizá hoy la esperanza somos los supervivientes.
Y en tiempos de mucha respuesta y poca pregunta, ¿qué aporta un músico? La respuesta es siempre un dogma, una certeza, y yo no creo en las certezas. Las preguntas provocan otras preguntas, pero jamás una respuesta. La respuesta es definitiva, es un dogma. Las preguntas sirven para provocar otras preguntas, para ampliar tu visión. La gente ansía respuestas siempre y la primera respuesta que desea la sociedad es la religión, es la vida eterna, una vida sin muerte. Es la respuesta principal que la gente busca para conseguir tranquilidad. Tener una respuesta sin lógica es lo que pretende la gente. Todas las respuestas que proyectan un beneficio para la humanidad las corta la religión. ¿El mundo es el centro del universo? No, no es el centro.
Quizá porque esas preguntas sin respuestas generan miedo... El miedo lo crea la religión cuando tiene respuestas para todo. Todas las reglas, como los Diez Mandamientos, son “no, no, no”... No robar porque tienes miedo a que te roben, no matar porque tienes miedo a que te asesinen. Siempre está el miedo. La única regla, que no es regla, del hombre como yo lo entiendo es el honor. Yo no golpeo a un hombre cuando me apoyan otros diez porque va contra mi honor; no pego a un niño porque va contra mi honor. No hago cosas porque tengo vergüenza de esas cosas: eso es el honor. No es que tenga miedo, sino que no quiero ir contra mi honor. Esa es mi única regla en la vida.
Esos valores intangibles son ahora mercancía de segunda mano... Ahora parece que tú no haces algo no porque vaya contra tu honor, sino porque tienes miedo de que te penalicen, pero no es así. Yo no hago cosas que no quiero no por la penalización, sino porque van contra mi honor. Y se acabó. Hay un problema enorme que se llama racismo, negación del otro, y es un problema biológico. Si un animal tiene un territorio para vivir, siempre habrá otro animal que quiera ese espacio. Todo lo que sucede ahora está relacionado con el espacio vital. Y después hay otro problema: el hombre tiene la necesidad de ser aprobado por los demás, como si el valor solo existiera si es aprobado por los demás. Así se llega al momento en el que solo la imagen es lo importante, parece que solo importa que los demás te vean. Es una búsqueda del éxito como única forma de existir: si no te ven, no existes. Puedo entender que un niño vea así la vida, pero cuando eres adulto tú vales lo que vales y no lo que los demás dicen que vales. Es el muro de la pura imagen, porque parece que solo la imagen es lo importante y no la sustancia. Es un mundo de mierda.
¿Y qué puede hacer una canción? La canción es una patada en el culo de tu pensamiento. Es una manera de provocar tu pensamiento. La misión del artista es crear para hacer reaccionar tu pensamiento.