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GRAVENHURST, Sonidos de una cartografía imaginada

Nick Talbot (en el Casino Antiguo de Castelló, febrero 2013): fuera de época. Foto: Óscar García

 
 

ENTREVISTA (2013)

GRAVENHURST Sonidos de una cartografía imaginada

Documento Rockdelux. Gravenhurst, el proyecto personal de Nick Talbot (1977-2014), hibridaba arpegios de guitarra acústica con espacios de melancolía evocados por sintetizadores. Tras cinco años de silencio entre “The Western Lands” (2007) y “The Ghost In Daylight” (2012), Óscar García aprovechó la presencia de Talbot en el festival Tanned Tin 2013 para hacerle reflexionar sobre la repercusión pública de su música, el proceso compositivo como experiencia espiritual y los peligros de prejuzgar. La conversación reflejó las dificultades, frustraciones e inconvenientes que asolan a los músicos en estos tiempos.

El encuentro tiene lugar en el Casino Antiguo de Castelló, un edificio decimonónico, recargado y que transmite a la perfección la sensación de extrañamiento que produce la música de Gravenhurst, fuera de época, difícilmente catalogable, pero reconocible al instante. Nick Talbot explica que nombró su proyecto como una población, quintaesencia de un espacio imaginario, del cual su música sería la banda sonora.

Llueve. Talbot está inquieto porque la prueba de sonido ha sido especialmente breve y tiene una mano inflamada a causa de una infección provocada por una herida que teme le impida tocar. A pesar de ello, escucha atentamente mis preguntas y medita antes de responder.

“Definitivamente querría obtener mayor reconocimiento, vender muchos más discos y lograr unos ingresos mucho mayores de la música. Hay una gran cantidad de música mediocre y aburrida que tiene una gran audiencia y tengo claro que a mucha gente le gustaría mi música si tuviera la oportunidad de escucharla”
(Nick Talbot)

Has afirmado que no querías escribir letras políticas porque ello dataría tus canciones, pero últimamente estos temas tienen mayor presencia en tu música. Siempre he evitado escribir sobre hechos concretos y, cuando los utilizo, me refiero a alguno que sucedió en el pasado, como es el caso de la batalla de Cable Street, que se produjo en los años treinta, o hago referencia a temas más genéricos, como en la canción “The Foundry”, que trata sobre limpieza étnica, los pensamientos de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal y los problemas que genera seguir órdenes ciegamente. De esta manera, puedo referirme a temas que están sucediendo todo el tiempo, que no están fechados y no están fijados a una era concreta. Antes no hablaba de política en mis discos; ahora he descubierto cómo hacerlo.

‘The Guardian’ te definió como “uno de los secretos mejor guardados” de la música actual. ¿Cómo te sientes al respecto? ¿Crees que deberías tener un mayor reconocimiento? Definitivamente querría obtener mayor reconocimiento, vender muchos más discos y lograr unos ingresos mucho mayores de la música. Hay una gran cantidad de música mediocre y aburrida que tiene una gran audiencia y tengo claro que a mucha gente le gustaría mi música si tuviera la oportunidad de escucharla. Algunos de los que me han visto en los últimos conciertos se muestran sorprendidos de que haya editado seis discos y de que no me hayan conocido hasta ahora, y eso es frustrante. He tenido mucha suerte y he podido vivir de la música durante la última década. Mi obra no es comercial, por lo que tengo claro que nunca venderá en grandes cantidades, pero podría vender mucho más de lo que lo hace actualmente.

¿Cómo afecta internet a la difusión de tu música? Es difícil de decir. Concretamente, en el Reino Unido se ha llegado a un punto de saturación en el que encuentras demasiadas bandas que son basura. La escena inglesa trata mal a sus músicos, con salas horribles, y todo ello es debido a que el número de bandas supera en gran medida a la demanda. Cuando miras la gran era del rock’n’roll, a grupos como Fleetwood Mac en los setenta, el número de discos que vendían era enorme. Si analizas lo obvio, entonces no había juegos de ordenador; las actividades de ocio de los jóvenes eran ir al cine o comprar discos. Ahora existen tantas demandas sobre el tiempo libre de los jóvenes que la música es solo una más de las muchas formas en que puedes gastarte el dinero, y el problema, claro, es que mis mayores fans siempre comprarán mis discos, pero hay bastante gente a la que le puede gustar mi música lo suficiente para escucharla, pero no la comprarán, la descargarán. Es muy difícil calcularlo, pero sabemos que desde el momento en que el Reino Unido dispuso de conexiones de internet rápidas las ventas disminuyeron dramáticamente.

 
GRAVENHURST, Sonidos de una cartografía imaginada

“Para mí, la música es como una vía de escape, algo meditativo. Coger una guitarra y componer una canción es lo más cerca que puedo estar de una experiencia espiritual”. Foto: Óscar García

 


A eso se contrapone la opinión de que los grupos no ganarán dinero de sus álbumes porque estos son la carta de presentación para los conciertos, que son los que aportan los ingresos. ¿Quién afirma eso? Quien lo diga es muy inocente y no tiene ni idea de gestión económica de los conciertos. Escuchas comentarios como ese a menudo, a gente diciendo: “De acuerdo, las ventas están disminuyendo, pero la música en directo está funcionando muy bien”. El tipo de gente que piensa eso es aquella cuya idea de música en directo es un inmenso concierto de los Rolling Stones en un estadio. La gente no tiene ni idea de lo que representa estar en el otro extremo del negocio musical. Si eres una banda, no lograrás un beneficio en las giras hasta que te presentes en escenarios como la Brixton Academy. Tienes que vender miles de entradas para que los costes asociados a la gira se paguen, y cuanto más grande es la gira, más infraestructura necesitas. La industria de la música es un misterio para mucha gente: piensan que es un mundo mágico donde todos nos metemos coca y somos millonarios, y es todo lo contrario, está jodido. Un promotor al que conozco no lo llama “industria musical”, sino “hobby musical”, porque apenas es ya una industria.

“Si eres una banda, no lograrás un beneficio en las giras hasta que te presentes en escenarios como la Brixton Academy. Tienes que vender miles de entradas para que los costes asociados a la gira se paguen, y cuanto más grande es la gira, más infraestructura necesitas. La industria de la música es un misterio para mucha gente: piensan que es un mundo mágico donde todos nos metemos coca y somos millonarios, y es todo lo contrario, está jodido”
(Nick Talbot)

¿Cómo te sientes tocando ante una audiencia? La mayor parte del tiempo que estoy actuando lo disfruto. Hay algunas variables: a veces el sonido es estupendo y el concierto va muy bien, pero no te sientes a gusto. Hemos hecho conciertos en los que la prueba de sonido ha sido horrible, todo parece condenado, y resulta que finalizamos muy contentos. Realizar una gira es una actividad en sí misma. El concierto dura algo más de una hora, pero girar te ocupa el resto del tiempo. Normalmente lo odio, por lo que mi lucha es conseguir mantenerme cuerdo mientras giro, y la gran diferencia es contar con Claire y RachelClaire Adams, batería y voces; Rachel Lancaster, voces, bajo y sintetizador–. Los grupos con los que giraba antes eran muy buenos. Dave –Dave Collingwood–, mi batería durante muchos años, es una gran persona, pero ha dejado la música para dedicarse a su familia y a trabajar como ingeniero eléctrico. La mayoría de músicos, si tienen una familia, no pueden continuar. Como decía, he encontrado personas con las que puedo compartir mucho tiempo, por lo que mis giras de ahora son las mejores, aunque solo duran dos o tres semanas porque sufro cambios de humor muy fuertes y puedo llegar a ser muy malo. He realizado conciertos en solitario para recuperar dinero que la audiencia disfrutó, pero para mí fueron deprimentes. Acostumbrado a hacer armonías vocales con Rachel y Claire, las canciones sonaban tan vacías que era horrible.

¿Sigues sintiendo todos los álbumes que has editado como parte de esa geografía imaginada que denominas Gravenhurst, a pesar de sus diferencias de sonido y producción? Sí, todos ellos me siguen pareciendo parte del mismo mundo. Recientemente he participado en un proyecto con Mike Paradinas y Lara Rix-Martin denominado Heterotic –su álbum, “Love & Devotion”, lo ha editado Planet Mu–. Es la primera vez que he escrito letras y compuesto armonías vocales para la música de otros y ha sido un experimento muy interesante, porque no es Gravenhurst, pero continúan siendo mis letras, tratan temas similares y muestran que puedo escribir con otra voz.

Te ha llevado cinco años publicar tu último disco, “The Ghost In Daylight” (Warp, 2012). ¿Cómo es tu proceso de creación? Me ocupó cinco años porque tuve que decidir qué hacer, me había quedado completamente sin ideas; así que me llevó mucho tiempo diseñar cómo podía hacer mi mundo un poco más grande. De hecho, no he vuelto a escribir más canciones de Gravenhurst desde que compuse la que cierra el álbum, “Three Fires”, entre 2010 y 2011. No me siento a componer. Quizá tendría que hacer como Richard Thompson, que se comporta como si estuviera en una oficina y es muy prolífico, pero no lo hago. De hecho, dedico mucho más tiempo a leer sobre política que a cualquier otra cosa. Si dedicara más tiempo a la creación musical, disfrutaría menos. Para mí, la música es como una vía de escape, algo meditativo. Coger una guitarra y componer una canción es lo más cerca que puedo estar de una experiencia espiritual. Para mantener la magia, Gravenhurst tiene que ser algo que no haga muy a menudo.

 

“Folk al estilo Gravenhurst”

Con respuestas que incluyen comentarios mordaces, Nick Talbot no es esa figura a lo Nick Drake que, reconoce, algunos buscan en él cuando lo entrevistan. Tampoco es un amante del folk, como se evidencia a la que se escuchen temas como “Islands”, todo un tratado de aplicación de electrónica al sonido.

Durante nuestra conversación, me explica cómo le propusieron programar un festival con grupos “al estilo Gravenhurst”. El resultado fue un ejemplo perfecto de ruptura de expectativas: “Aparentemente me dieron carta blanca para programar y les propuse grupos como Trans Am, Zombi, Spectrum y Whitehouse. Me respondieron que esperaban algo más ‘al estilo folk de Gravenhurst’. ¡Pero si la música folk no me interesa! Cuando la gente se refiere al folk, imagina a un joven con una acústica, y yo encuentro la mayoría de estas propuestas tremendamente aburridas. Si te defino los álbumes que me han gustado más últimamente, verás que la mayoría son de electrónica, que es donde creo que se están haciendo cosas más interesantes. Supongo que sí pasa eso de que la gente se pone a imaginar cómo soy y cuáles serán mis intereses antes de conocerme”.

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