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GREGORY PORTER, Be water, my friend

Amor y compromiso.

Foto: Ismael Llopis

 
 

ENTREVISTA (2013)

GREGORY PORTER Be water, my friend

Gregory Porter fusiona el jazz y el soul mejor que ningún otro cantante actualmente. “Water” (2010) fue su carta de presentación. “Be Good” (2012), la reafirmación de su talento: jazz sedoso con envolventes motas de rhythm’n’blues y soul, extremadamente elegante, tremendamente sugerente. Y “Liquid Spirit” (2013), obra aparecida bajo la legendaria impronta de Blue Note, su consagración. El norteamericano Gregory Porter necesitó poco más de tres años y tres discos para postularse como una de las voces más significativas de la black american music. Oriol Rodríguez lo entrevistó.

Tiene aspecto de gigantón bonachón. Sonriente, me estrecha la mano y se sienta en uno de los sofás que rodean el hall del hotel donde se hospeda durante su visita a Barcelona. Pero ni así, en un ambiente relativamente íntimo, es posible verlo sin su curiosa y perenne gorra negra, que le cubre la cabeza y envuelve las orejas. Gregory Porter ríe de nuevo y le resta trascendencia al asunto. “No tiene ningún significado especial, aunque algunos hayan empezado a inventarse teorías. Es como Thelonious Monk, que siempre llevaba unos sombreros formidables; forma parte de mi estilo, de mi imagen pública”.

“Puedes ser un gran artista, grabar un buen disco y, por las razones que sea, pasar totalmente desapercibido. Desafortunadamente, hace falta algo más que talento para llegar a estar sentado en un hotel de Barcelona hablando sobre tu música”

¿Qué es para ti el jazz? El jazz es vida. El jazz es libertad, casi un reflejo de la propia condición humana.

El título de tu último disco, “Liquid Spirit” (Blue Note-Universal, 2013), puede esconder una lectura parecida. Totalmente. Con “Liquid Spirit” intento significar la liberación de la cultura, de la energía, del alma. Puedes encauzar un río, pero el espíritu de las personas es libre, no lo puedes canalizar.

El agua, como elemento metafórico, tiene una presencia destacada en toda tu obra. El agua es algo orgánico, puro. Una figura que utilizo para referirme a la música, al amor, a la cultura. Es una referencia a esa sed que nos impulsa y lleva hasta donde deseemos llegar.

Ibas para jugador de fútbol americano, no para cantante de jazz. Cierto, aunque la música siempre fue muy importante para mí. Tenía mi vida medio solucionada en el mundo del fútbol americano. Fui con una beca deportiva a la Universidad de San Diego State. Y era bueno, pero me lesioné y tuve que dejarlo. Siempre había cantado, era una de mis grandes pasiones, pero creía sumamente complicado poderme dedicar a la música. Tenía la certeza, y lo sigo creyendo, de que para dedicarte a esto has de tener un público que te siga, y entonces no sabía cómo llegar hasta él. Puedes ser un gran artista, grabar un buen disco y, por las razones que sea, pasar totalmente desapercibido. Desafortunadamente, hace falta algo más que talento para llegar a estar sentado en un hotel de Barcelona hablando sobre tu música.

Precisamente, no te escondes para confesar que uno de tus mayores miedos es tener que actuar en una sala vacía. De hecho, es bonito actuar en una sala vacía porque gozas de una acústica maravillosa (ríe). Aun así, mi mayor miedo no es actuar frente a una audiencia inexistente, sino no ser capaz de conectar con el público.

En “Be Good (Lion's Song)”, clip dirigido por Pierre Bennu, se demuestra la elegancia de Gregory Porter. Coloso de voz prodigiosa y sutil (jazz, soul, góspel). Apabullante nivel superior.

Aquí entra el eterno debate de si el músico crea para su público o para él mismo. Si no hay público, por mucho que actúes en una gran sala, simplemente estás ensayando. Soy de la opinión de que son dos brazos de una balanza que debe estar equilibrada. Sé que hay músicos de jazz que se preocupan sobre todo por mantener la teórica pureza del género. Pero el jazz también tiene un poderoso elemento social.

¿En qué piensas cuando estás cantando? En materializar mis pensamientos. En verbalizar mis ideas, ya sean mensajes de protesta o de amor. Quiero comunicarme con la gente que ha pagado por verme. No voy a cambiar el mundo con mi música, pero tal vez pueda cargar de positivismo a los que me escuchan. Solo con eso, ya habría valido la pena. 

“Lo de estar en Blue Note sí que aún no me lo acabo de creer. Me resulta casi irreal formar parte de un catálogo tan relevante en la historia del jazz, de la cultura afroamericana. Me acuerdo de cuando era un crío, mirando las portadas de sus discos... y ahora aparezco yo en una de ellas. ¡Increíble!”

¿Es por eso que, cuando se te compara constantemente con Nat “King” Cole, también sacas a relucir la influencia de Gil Scott-Heron? Y la de Donny Hathaway o Marvin Gaye. Lo mejor de todos ellos es que, cada uno en su época, aportaron un nuevo mensaje. Incluso alguien tan aparentemente almibarado como Nat “King” Cole tenía su mensaje y era extraordinario: recibe amor y ama. Esa era su conciencia. Y eso, en la época en que vivió, me parece igual de revolucionario que lo que posteriormente hicieron Gil Scott-Heron, Donny Hathaway o Marvin Gaye.

¿Cuál es tu mensaje? Soy fruto de la unión de todas esas conciencias, de sus mensajes de amor y de sus preocupaciones sociales y políticas. La música es cultura y es vida. En Barcelona he actuado en el Jamboree, una sala que se transforma en discoteca cuando finalizan los conciertos. Es eso. Hay que tener conciencia, pero hay que comunicarse con los demás y disfrutar del momento.

La voz de una generación, el mejor cantante de jazz del momento... Son algunas de las frases más recurrentes que se están utilizando al hablar de ti. Más allá de que son exageraciones, no siento ningún tipo de presión al ser tratado en estos términos. Son halagos y los agradezco, pero ya sea en disco o en el escenario solo puedo ser yo, nada más. De ninguna manera puedo ser la voz de una generación.

Pero, en tu caso, todo está yendo al alza y a una velocidad vertiginosa. En tres años has publicado tres discos –los anteriores, “Water” (Motéma, 2010) y “Be Good” (Motéma, 2012)– y cada uno de ellos suma más elogios que el anterior. A lo que hay que añadir que “Liquid Spirit” lo ha publicado un sello tan emblemático como Blue Note. Está siendo un período extraordinario: girando sin parar, actuando en lugares que jamás pensé que llegaría a visitar. Aun así, tengo la sensación de que todo ha fluido de una forma muy orgánica, natural. Lo de estar en Blue Note sí que aún no me lo acabo de creer. Me resulta casi irreal formar parte de un catálogo tan relevante en la historia del jazz, de la cultura afroamericana. Me acuerdo de cuando era un crío, mirando las portadas de sus discos... y ahora aparezco yo en una de ellas. ¡Increíble!

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