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HERMAN DUNE, La vida es guay

David-Ivar: entre Jonathan Richman y Daniel Johnston.

Foto: Paco y Manolo

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 266)

HERMAN DUNE La vida es guay

La música de Herman Dune es un cúmulo intoxicante de humor, romanticismo, cierta tristeza y, sobre todo, alegría, una alegría necesaria. Con su marcha, André se llevó definitivamente la diéresis y algo de gratificante melancolía, pero sigue habiendo mucho por disfrutar con las canciones de los Dune. Si su vecino lo observa con esa mirada torva, ponga “Next Year In Zion” bien alto y ofrézcale una cerveza bien fría. Todo se arreglará en un periquete. Con este disco, Juan Manuel Freire entrevistó a David-Ivar y Herman Dune consiguieron ser portada en el Rockdelux 266 (octubre 2008).

El mundo sería un lugar mejor de existir más gente como André y David-Ivar Herman Dune, con fobia al “workaholismo”, sin reloj en la muñeca y con tiempo para detenerse a ver los pájaros construyendo sus nidos como si fueran pequeños arquitectos. La radio sería un remedio mejor si tuviera espacio para sus canciones: grandes himnos de folk-pop slacker (o surf-folk-grunge, según su Myspace), entre Jonathan Richman y Daniel Johnston, con melodías absolutamente mágicas y letras únicas en pro de la comprensión entre todas las especies del mundo; del amor en todas las formas posibles.

Que estos dos hermanos nómadas neohippies decidieran tomar caminos separados resulta tan incomprensible como que David Foster Wallace decidiera un día quitarse la vida. Nada hacía preverlo. La triste realidad parecía irreal. André se exilió en Berlín y dejó en París a David-Ivar y al batería Néman, quienes se las han sabido arreglar bien para tirar adelante con el proyecto. El adiós de André significa la definitiva instalación del grupo en la idea perseguida por David-Ivar: una destilación encantadoramente excéntrica del pop clásico y el rock’n’roll más primitivo, de los girl groups de los cincuenta, de los Beatles y de Chuck Berry; con un sonido lejos del lo-fi que caracterizara al combo franco-suizo hasta el enorme “Not On Top” (Track & Field, 2005) y cerca de la alta fidelidad de la música popular más canónica.

“California transmite muchos pensamientos positivos. Te hace ser positivo con el mundo y creo que eso se refleja en el disco. En California puedes conducir por vastos paisajes, ir al océano, al desierto, estar en contacto con la naturaleza... Así que cuesta convertirse en una persona amargada. En cierto modo me recuerda a España”
(David-Ivar)

“Next Year In Zion” (Source Etc-City Slang-Nuevos Medios, 2008) no hará a Herman Dune codearse en las ondas con La Oreja de Van Gogh o El Canto del Loco, pero debería. Es infeccioso, mágico e intenso, a su relajada manera. Sí, de acuerdo, se echan un poco en falta las armonías nasales y la química entre la gravedad de André y la ligereza de David-Ivar. Pero es una perfecta colección de canciones-calmante, de aquellas que sirven no solo para enmascarar el silencio sino para ser algo más felices. “Que digas eso me alegra”, dice David-Ivar por teléfono, en un inglés tan entrañable como el de sus canciones. “Es lo que yo busco en las canciones de otros: una curación. Aunque las canciones sirven para muchas cosas: para bailar, para decirle algo a tus amigos, para conducir, para dárselas a tus padres como regalo”.

¿Definirías “Next Year In Zion” como el disco más redondo de Herman Dune? Hay una unidad y una coherencia que no se encontraban en “Giant” (Source Etc, 2006), por ejemplo. Yo fui la única persona encargada de pelear con todas las canciones divertidas de “Next Year In Zion”. Esa unidad a la que te refieres se debe un poco a mi soledad como compositor, aunque también a que están todas escritas en un mismo sitio con un mismo estado mental. Las escribí en California, en una época raramente estable de mi vida reciente.

California parece un buen sitio para ser feliz; es un lugar que gracias al pop identificamos con rayos de sol inspiradores y buenas vibraciones. California transmite muchos pensamientos positivos. Te hace ser positivo con el mundo y creo que eso se refleja en el disco. En California puedes conducir por vastos paisajes, ir al océano, al desierto, estar en contacto con la naturaleza... Así que cuesta convertirse en una persona amargada. El aire fresco llega a tus pulmones. En cierto modo me recuerda a España: desierto, ciudad, mar, gente feliz. Por cierto, ¿sabías que mi padre es de la parte española de Marruecos?

Siempre había pensado que vuestros padres eran suecos. No, no, tan solo mi madre. Tengo dos pasaportes: uno sueco, el otro francés. Y viví una temporada en Estados Unidos a principios de esta década, en la ciudad de Nueva York. Soy un poco de todas partes.

 
HERMAN DUNE, La vida es guay

Rockdelux 266 (Octubre 2008)

Foto: Peter Boesch

Diseño: Nacho Antolín

 

Ese nomadismo se aprecia en títulos de álbumes y EPs: “Switzerland Heritage” (Prohibited, 2001), “Más cambios” (Track & Field, 2003), “Jackson Heights” (Track & Field, 2005), “Next Year In Zion”... ¿Te veremos el año que viene por Jamaica? Quiero ir allí. Y a Israel. Y un amigo me ha dicho que Tailandia es un lugar precioso con gente maravillosa. Viajar es necesario porque puede abrir tu mente de muchas maneras. Tienes que ver la montaña, el océano... Hay algo que me atrae de quedarme solo en una isla, pero eso es imposible para mí. Necesito viajar mucho.

Viajar es bueno pero no sirve para arreglarlo todo. O al menos eso dejas entrever en el tema que abre el último disco: “My Home Is Nowhere Without You”. La letra dice: “Conocí a los nativos y me estrecharon la mano / en un almacén de Providence, Rhode Island / Me dijeron que tenían una habitación para mí con una vista increíble / Pero mi casa no está en ningún sitio sin ti”. Es una letra triste.

“Mucha gente habla de ‘Blood On The Tracks’, de Bob Dylan, diciendo, ‘oh, vaya, es sobre Sara, uhm, qué interesante’, pero yo creo que ese disco me gustaría todavía más si no supiera sobre qué persona habla. O la canción ‘Chelsea Hotel #2’, de Leonard Cohen... Desde que sé que habla sobre Janis Joplin, me parece una anécdota
(David-Ivar)

Casi todo el disco gira en torno al amor. Y más en concreto, como refugio privado a espaldas del mundo feroz. Es cierto. Es mi visión del amor. El amor te protege de lo que no te gusta. Y te hace más feliz porque ves el mundo a través del amor que tienes a la persona amada. Te pone en un lugar donde no estarías. Como la letra de “When The Sun Rose Up This Morning”: “Me mordió una serpiente y me picó una abeja / Pero cuando el sol salió esta mañana mi nena cantó una canción para m”. Si tienes a alguien a tu lado, todo lo que pueda pasarte te da igual.

Te muestras vulnerable pero también protector, como en “My Baby Is Afraid Of Sharks”: “Mi nena tiene miedo de la oscuridad / Dice que la noche está llena de monstruos / Pero cuando aprieto mi cuerpo contra el suyo / Le doy un beso de buenas noches y cuento hasta cuatro / Mi nena ya no tiene miedo de la oscuridad”. Igual alguien la considera una idea demasiado tradicional, pero si eres un hombre capaz de proteger a tu chica, te sientes poderoso. Sentirse protector es guay.

Pregunta indiscreta: ¿has escrito las canciones pensando en alguien en particular o en una oyente ideal? En una oyente ideal. Las mejores canciones son aquellas que no sabes bien a quién están dirigidas; las que están dirigidas a las mujeres en abstracto. Mucha gente habla de “Blood On The Tracks”, de Bob Dylan, diciendo, “oh, vaya, es sobre Sara, uhm, qué interesante”, pero yo creo que ese disco me gustaría todavía más si no supiera sobre qué persona habla. O la canción “Chelsea Hotel #2”, de Leonard Cohen... Desde que sé que habla sobre Janis Joplin, me parece una anécdota.

También hay letras sobre la amistad, o, para ser más precisos, la amistad perdida: “When We Were Still Friends”, “Next Year In Zion”. Esta última podría parecer dirigida a André. Para mí, la amistad es lo más importante. Cuando tienes un amigo crees que va a ser para siempre, y de repente se va y... No sé, estas canciones no van dirigidas a nadie en concreto, aunque supongo que todos los artistas ponen sus sentimientos en lo que escriben de un modo u otro. Si tuviera que componer una canción sobre alguien, como, por ejemplo, André, podría grabarla, pero no la publicaría.

 
HERMAN DUNE, La vida es guay

David-Ivar y Néman: un nuevo equipo para dos.

Foto: Peter Boesch

 

¿Qué tal le va a tu hermano en Berlín? (Silencio sepulcral. El primero en un diálogo fluido, sin altibajos extraños ni malentendidos.) Para serte honesto, no me gusta hablar sobre esta clase de cosas. Cuando se separaron The Moldy Peaches, Kimya Dawson vino a verme y yo nunca le pregunté qué había pasado con su amigo. Así que no puedo entender cómo alguien a quien no conozco...

En realidad no quiero conocer el porqué de la discusión. He leído en ‘Les Inrockuptibles’ que este verano habías estado con él en Berlín y pensaba que podrías contarme algo sobre su vida allí. Ah, bueno, entonces he entendido mal. En realidad solo estuvimos comiendo patatas fritas y mirando a los patos nadar. ¡Estuvo muy bien!

“Me encantan los grupos vocales de los cincuenta y los sesenta, me conmueven muchísimo. Los compositores, gente como Carole King y Gerry Goffin, eran tan buenos en términos de composición... Ellos me hicieron entrar en el mundo de las armonías vocales, los arreglos...”
(David-Ivar)

Y ya que estamos con la familia, ¿qué hay de tu hermana Lisa? ¿Por qué no aparece en este disco como corista? Esta vez las canciones estaban hechas pensando solo en The Baby Skins. Me encantan los grupos vocales de los cincuenta y los sesenta, me conmueven muchísimo. Los compositores, gente como Carole King y Gerry Goffin, eran tan buenos en términos de composición... Ellos me hicieron entrar en el mundo de las armonías vocales, los arreglos... Oh, ¡The Dixie Cups y “Chapel Of Love”!

En este disco se escuchan más influencias distintas que en cualquier otro de vuestra carrera: hay también rastros de soul, música yiddish, bandas sonoras de Morricone... Y mucho ska y reggae. Neman escucha ska sin parar. Al final me lo ha contagiado. Es una música que no había oído mucho con anterioridad y ahora me apasiona. También me ha influido la música de Nueva Orleans. O The Doors.

Por sus ritmos saltarines, su sensibilidad excéntrica, creo que vuestra música quedaría bien en alguna película de Wes Anderson. ¿Qué te parece? Wes Anderson, guau, es un gran director. Si lo ves, dile que me gustaría estar en sus películas. Suenan temas de clásicos incontestables como The Kinks, The Rolling Stones... Usa canciones tan buenas que muchas veces me cuesta un poco fijarme en lo que pasa en las escenas.

¿O quizá preferirías salir en alguna de los hermanos Farrelly y emular a tu querido Jonathan Richman en “Algo pasa con Mary”? Bueno, ese es directamente mi sueño. Quiero estar en un grupo que toque dentro de una película. Y si pudiera hacer algo como lo de Jonathan Richman, ya sería increíble. Esa actuación de Richman es lo mejor del mundo; es algo superior.

También eres artista (con el seudónimo de Yaya). Hasta el 25 de octubre puede visitarse una exposición en la galería parisina Lucile Corty con el nombre de “The Blue Bigfoot Of The Negev”. ¿Qué dirías para recomendárnosla? Es una gran exposición, creo. Hay dibujos de los álbumes. Y en la muestra se incluye una bonita serie de colaboraciones con Mayon. Es mejor que ver la televisión.

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