Día 6: Dormimos las seis horas de vuelo y llegamos a LA. Cambio horario: tres horas menos. Nos reciben Carlos y Gil de Metropoli y nos llevan a un hotel de Chinatown. Comemos en El Pueblo (el primer asentamiento español). Es muy temprano, no sabemos si es desayuno o comida. Tomamos burritos y margaritas. Nos llevan a un parking en Santa Mónica, donde tenemos que cerrar un trato con un dealer de sintetizadores. Tocamos en The Airliner, el típico local americano con la barra abajo, sala de baile arriba, un patio detrás y letrero iluminado en la calle con nuestro nombre. Nuestros amigos japoneses Masa y Kaoru llegan de México D.F., así como nuestro telonero. Compartimos cena con unos y micro con el otro. No nos da miedo la gripe. El concierto es, quizás, el mejor de todos. Vendemos discos (180 dólares) y nos pagan los beneficios (300 dólares).
Día 7: Nos recogen y nos pasean en coche por LA: Sunset Blvd., Echo Park, Silverlake, Amoeba Music, el teatro Kodak, Santa Mónica Pier, Venice Beach, Beverly Hills, Melrose... Paramos para desayunar, comer y cenar. Da igual, siempre se come lo mismo. En el aeropuerto sentimos un temblor que sacude la terminal. Cae polvo del techo. Nadie se inmuta. Solo un señor, que no es de LA, se asusta como nosotros. A las 22.15 (PST) sale el avión a NY.
Día 8: Llegamos al aeropuerto JFK muy temprano. Cambio horario: tres horas más. Taxi a Brooklyn (35 dólares). Desayunamos a la europea en una Bakery (9 dólares) haciendo tiempo hasta que sea una hora razonable para despertar a Claudia. Es la única persona con la que hemos hablado en inglés en toda la semana. Quedamos en pasar nuestro último día en América con ella. Paseamos por Park Slope, que es muy inglés, con sus casas de ladrillo (brownstones). Comemos en un vegetariano (30 dólares). Nos lleva en coche al aeropuerto de Newark, pasando por Staten Island. Vemos de lejos Manhattan y, por primera vez, la estatua de la libertad. Nos despedimos en el aeropuerto y subimos al avión, que sale a las 19.15 (EST). 