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HOLLY HERNDON, Mundo conectado

En red. Foto: Bennet Perez

 
 

ENTREVISTA (2015)

HOLLY HERNDON Mundo conectado

Holly Herndon sueña con un mundo libre de barreras, donde la industria pop, el arte y la academia encuentren verdaderas sinergias. En su segundo álbum, “Platform”, unificó lenguajes y ámbitos en compañía de un creciente flujo de colaboradores. Es un disco desafiante a la par que pop, complejo a la vez que fácilmente disfrutable: fue una de las claras revelaciones de 2015. Juan Manuel Freire habló con su autora.

En solo cuatro años, Holly Herndon ha conseguido lo que muchos no logran en una vida. Es decir, solidificar un proyecto artístico ambicioso, reconocido en todo el mundo y, además, en diversos ámbitos: la industria pop, las bellas artes, la academia. “Todavía me piden que componga cierto tipo de pieza para cierto ambiente específico –dice esta californiana de currículo abultado, casi mareante–, pero estoy buscando una forma holística de trabajar, de modo que no deba sacrificar cierto aspecto de mí misma a la hora de enfocar nada. Ciertamente, la actitud general está en un proceso de cambio; los límites entre campos se emborronan, lo que solo puede ser bueno”.

Herndon me habla, por supuesto, vía Skype, no a través de un auricular al uso. Ella ha declarado abiertamente su amor al portátil, herramienta con la que desafía cánones genéricos, busca nuevas formas sonoras y, en realidad, vive gran parte de su vida. Si “Movement” (RVNG Intl., 2012) era el relato de un romance entre autora y laptop, “Platform” (4AD-Popstock!, 2015) constata la consolidación del matrimonio: para Herndon no existe distinción entre nuestro yo más íntimo y esa extensión digital. “El vídeo que hice para ‘Chorus’ con Akihiko Taniguchi habla de cómo el ordenador es algo emocionalmente integrado en nuestras vidas. Cuando recibes un mensaje de texto de alguien con quien tienes una relación física, visceral y emocional, tu corazón se acelera. La gente mira vídeos ‘online’ que pueden tener efectos terapéuticos; les sirven para calmarse o conectarse a la gente. Para mí, esto es una relación física”.

“Cuando recibes un mensaje de texto de alguien con quien tienes una relación física, visceral y emocional, tu corazón se acelera. La gente mira vídeos ‘online’ que pueden tener efectos terapéuticos; les sirven para calmarse o conectarse a la gente. Para mí, esto es una relación física”

La sola mención del debate sobre qué es música real –si se puede hablar del laptop como instrumento al uso– enciende a una Holly hasta entonces afable. “Creo que es un argumento absurdo y pasado de moda. Honestamente, creo que en 2015 debemos trascender esa conversación. Las máquinas analógicas son geniales, las máquinas digitales son geniales; tienen diferentes fortalezas y diferentes debilidades. ¿Por qué tenemos que escoger? Deberíamos abrazarlo todo. Ciertamente, no soy una purista. No puedo suscribir que solo la música analógica es verdadera. Es muy absurdo, hoy en día, tener esta idea”.

Lo suscribo y, de hecho, si algo necesitamos es menos música, digamos, real: la que parte de instrumentos reconocibles que producen sonidos reconocibles. “Lo que no sé es cómo podemos tildar fácilmente a algo de real. La definición cambia. Lo que entendemos como físico, corpóreo y natural... Esas ideas cambian todo el tiempo. Un sintetizador analógico podía ser muy extraño para alguien en los sesenta, no parecía real, no como un violín; de modo que la gente tuvo que tener esa conversación. Hemos hecho lo mismo con el mundo digital, y la siguiente cosa que aparezca también tendrá que luchar por ese reconocimiento”.

Lejos del solipsismo, “Platform” habla del portátil como ventana no solo a uno mismo, sino también al mundo: su título alude a una teoría del diseñador, escritor y académico Benedict Singleton sobre la construcción de plataformas donde la gente se comunique de formas nuevas. El disco no se entiende sin la comunicación: por primera vez, Herndon ha ampliado su red de colaboradores –hasta ahora, su mano derecha era, sobre todo, Mat Dryhurst, su marido– para incluir a gente tan diversa como Claire Tolan, presentadora de un programa de radio sobre la RSMA o Respuesta Sensorial Meridiana Autónoma; Colin Self, del grupo post-drag Chez Deep, o el artista especializado en “esculturas de Twitter” Spencer Longo. Ellos nutren un repertorio basado siempre en ideas conceptuales.

O casi siempre. A veces, también una estrategia de producción puede disparar una composición de Herndon, quien nos intenta explicar su método: “Gran parte del trabajo se basa en procesos, en experimentos de software. Hago un nuevo parche, u organizo una serie de parches existentes, o busco una nueva clase de sistema para crear un puñado de material. A veces, empleo algo creado por mi compañero Mat Dryhurst. Generas un montón de material y después pones el oído para encontrar lo que te interesa. Mucho de lo que hago es buscar felices accidentes, pero también existe un plan. Me gusta que el proceso de la pieza esté ligado al concepto sobre el que gira. Si hago una pieza sobre vigilancia, puedo vigilarme a mí misma, por ejemplo. Quiero que todo esté ligado”.

 
HOLLY HERNDON, Mundo conectado

“La voz es un mecanismo poderoso para comunicar al público que estáis compartiendo el mismo tiempo y espacio, respirando el mismo aire”.

Foto: Bennet Perez

 

En el caso de la canción “Home” –también una reflexión sobre los efectos de la vigilancia gubernamental–, todo empezó con el sonido de una pelota cayendo, pero a menudo el germen es una parte vocal. “Siempre sale algo de eso”, afirma Herndon. Desde pequeña metida en coros, para ella ese enfoque es algo natural. “La voz es el instrumento que siempre me ha resultado más familiar. Empecé a combinarla con música de ordenador cuando pasé por el Mills College de Oakland y escribí mi tesis sobre la ‘performance’ de música electrónica como algo corpóreo. La voz es un mecanismo poderoso para comunicar al público que está compartiendo el mismo tiempo y espacio, respirando el mismo aire”.

El uso de la voz y la experimentación con ella pueden ser un antídoto al estatismo expresivo del directo de laptop. “La música electrónica es, a menudo, no gestual. Todo partió de esa preocupación, en cierto modo. Y aunque cada instrumento es único, la voz lo es en particular. El timbre vocal está unido a los cuerpos de las personas; por tanto, cada voz es única, y creo que eso es fascinante”.

“La música electrónica es, a menudo, no gestual. Todo partió de esa preocupación, en cierto modo. Y aunque cada instrumento es único, la voz lo es en particular. El timbre vocal está unido a los cuerpos de las personas; por tanto, cada voz es única, y creo que eso es fascinante”

 

En el principio, como decíamos antes, fue la música coral. “Soy del norte de Tennessee; es todo bastante hippy, por allí. Uno de mis primeros recuerdos es estar en la iglesia, aprendiendo a hacer armonías y cantando canciones religiosas. Todavía me encantan las progresiones de acordes del country; aunque sean realmente sencillas, son muy emocionales en diversas formas”. “Platform”, más emotivo que “Movement”, parece retrotraerse a ese pasado a la altura de una “Morning Sun” no tan difícil de imaginar en Low. “¿Oh, Low? ¿En serio? Nunca lo había pensado, pero, ahora que lo dices, tiene cierto sentido. Hay una especie de vibración country primitiva en ella”.

La iglesia fue el campamento base, pero después Herndon siguió su ruta personal y creativa por caminos algo más alejados de Dios. Tras el instituto, pasó un tiempo en Berlín, donde se dejó influenciar por su escena techno. Tocó con el grupo Electrocute, del que pocos se acuerdan. Si le preguntas por algún momento de revelación, duda y al final no se decide: “No recuerdo ningún momento en que el cielo se abriera y un rayo de luz saliera por el centro y... (risas). Solo algún momento químicamente inducido de ese estilo (más risas)”.

Recuerda, sobre todo, un clima general liberador, de ética DIY y clubes sin colas estrictas. “Al contrario, en Berlín podías ir de un club a otro en bici. Te cansabas de uno, cogías la bici y entrabas al siguiente. La gente se pasaba horas arreglándose para salir, pero no en plan moda de alta gama, sino creándose sus propias prendas. El clubbing era algo casual”. Si se hubiese adentrado seriamente en el techno en Estados Unidos, Herndon no sería la artista que hoy en día conocemos. Igual ni siquiera la conoceríamos. “Es una escena reglamentada. Te registran a la entrada, etcétera. Otro estilo”.

Sea como sea, sus estudios serios en la materia los ha hecho en su país de origen. Primero cursó un máster en el Mills College, y ahora está en el cuarto año de un doctorado del Center For Computer Research In Music And Acoustics (CCRMA) de la Universidad Stanford. Entre la búsqueda del tema de disertación –así funciona en los doctorados yanquis; esto se busca al final– y los encargos diversos, no sabemos cuándo encontrará Herndon tiempo para preparar otro álbum. De momento, no parece que vaya a ser el año próximo, porque ya acaba de organizárselo entero. “Mi equipo y yo estamos tratando de hacerlo, como mínimo. Es una locura, pero así es: se arregla todo un año por adelantado. No sé cómo será el disco que venga ahora. De momento, solo gesto, leo y absorbo. Y todavía estoy aprendiendo sobre el anterior”. Nosotros, oyentes, también.

 

EL CAMINO HACIA “PLATFORM”

HOLLY HERNDON, Mundo conectado

Para Holly Herndon internet es un instrumento en el que inspirarse. Y el ordenador portátil es la herramienta para concretar en sonido la información que flota en la red. Lo suyo es una clase maestra en collage electrónico y cut-up político presentado en una especie de dream pop digital. Es la Laurie Anderson de esta generación, como demuestra su línea de composición electroacústica, que mezcla con ritmos rotos y experimentos de vanguardia que no se salen del pop.

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“Car”
(Thirdsex, 2011)

Hablamos de “Movement” como primer álbum oficial, pero antes apareció “Car”, pieza de 48 minutos en dos partes ideada para la escucha en el coche. Solo salió en casete, 102 copias en el sello ThirdSex, pero se puede localizar en el SoundCloud de Holly Herndon. Experimentación en estado (bastante) bruto, construida sobre todo a base de zumbidos creados con algoritmos y fragmentos de sonido encontrado.

 
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“Movement”
(RVNG Intl., 2012)

Interesante pero frío en exceso, como si la artista tuviera miedo a mostrarse emocional o a perseguir la poesía sonora. Experimentos vocales más fáciles de admirar que de disfrutar. Tan solo “Movement” y “Fade” –curiosamente, los dos cortes que Herndon dudó en incorporar por su alto componente pop– son un avance de la fusión sin altibajos de cerebralismo y accesibilidad que lograría luego en el sorprendente “Platform”.

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“Chorus”
(RVNG Intl., 2014)

¿Saben ese momento en que escuchan un tema por primera vez y, golpeados y trastornados, sueñan con una (imposible) discoteca llena de música igual? Sucede en raras ocasiones. Recuerdo esa sensación con el “Mysterons” de Portishead y también con “Chorus”, cruce inexplicable de pop y vanguardia, songwriting y sound art, impulsado con energía de club music. En la cara B d este EP, la más académica “Solo Voice”.

 
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