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HUDSON MOHAWKE, Siguiente pantalla

El coloso sintético.
Foto: Tim Saccenti

 
 

ENTREVISTA (2015)

HUDSON MOHAWKE Siguiente pantalla

Tras convertirse en la mano derecha de Kanye West y en uno de los productores más influyentes del momento, Ross Birchard amplió su catálogo de ritmos colosales y metales iridiscentes con “Lantern” (2015), un álbum copado por las voces de, entre otros, Miguel, Jhené Aiko y Antony (para quien coproduciría, junto con Oneohtrix Point Never, su debut como ANOHNI). Juan Monge lo entrevistó.

Ser uno de los protegidos de la estrella de hip hop más importante del planeta tiene sus ventajas. La principal para Ross Birchard ha sido ver expandirse el círculo de influencia de Hudson Mohawke más allá de lo que jamás hubiera podido imaginar. Kanye West se fijó en el pulso extenuante de sus ritmos y su excentricidad hiperpop y lo reclutó como uno de sus productores de confianza para su sello GOOD Music, usando su trabajo en el recopilatorio “Cruel Summer” (2012) –en “To The World”, “Mercy” y “Bliss”– y el ya mítico “Yeezus” (2013) –en “I Am A God” y “Blood On The Leaves”–, y multiplicando el grado de exposición de Hudson Mohawke.

Desde entonces, Birchard no ha dejado de trabajar para las grandes ligas del hip hop, surtiendo sus ritmos hipertrofiados y esas infecciosas barras de sintetizador en temas como “Jumanji” de Azealia Banks, “Connect” de Drake o “Hold On” y “No Regrets” de Pusha T (además de algún que otro corte en su inminente “King Push”), por no hablar de todo el material en el que ha metido mano y que no ha llegado a ver la luz. Todas esas llamadas acabaron retrasando la entrega de “Lantern” (Warp-Music As Usual, 2015), un segundo álbum de Hudson Mohawke en el que Birchard llevaba trabajando años –incluso antes de entregar el fastuoso EP “Satin Panthers” (Warp, 2011)–, que ha cambiado de forma en múltiples ocasiones y que en principio estaba previsto para 2013.

“A veces una buena idea no es suficiente. Puede haber alguien que sepa complementarla y hacerla crecer de un modo en que jamás serías capaz solo. Para este disco necesitaba dejar de pensar simplemente como un productor y convertirme en un director, en el director de un proyecto”

“Tuve que tomar la decisión de centrarme en el álbum para poder conseguir terminarlo”, reconoce Birchard en una conversación por teléfono en la que se muestra atento y simpático, pero sin decir nunca una palabra de más. “Hubo un momento en el que me di cuenta de que necesitaba mi propio espacio y hacer de mi disco una prioridad. He aprendido muchísimo en los últimos tres años y todo eso ha confluido en ‘Lantern’. Es el disco al que siempre había aspirado. Siento que es mi discurso definitivo”.

La rotundidad, el entusiasmo y el orgullo están más que justificados. En efecto, “Lantern” es un paso de gigante para Hudson Mohawke. Su muestrario de ritmos aplastantes, impresionantes armazones de metales sintetizados y robotizadas voces de agudos estratosféricos ha recibido los epítetos más inverosímiles en un intento por categorizar el ingenio efervescente de Birchard en géneros imposibles (del chiptune al cyborg funk), pero “Lantern” es un intento de trascender esos límites, agrandar su sonido y brillar como una lámpara ultravioleta.

“Mentiría si dijera que no es un disco ambicioso. Quería superarme y sabía que necesitaba alejarme de mi forma habitual de trabajar, y ver estos temas desde otra perspectiva para lograr que sonaran más grandes”, explica Birchard, recordando que hasta ese momento siempre había trabajado en sus producciones encerrado en una habitación, sin despegarse de la pantalla del ordenador. “Fue tan simple como dejar de mirar esos bloques de colores en la pantalla, soltar el ratón, cerrar los ojos y abrir los oídos”, relata Birchard. Fue algo que aprendió de Rick Rubin, el legendario productor de Def Jam, famoso por trabajar tumbado en un sofá chaise longue sin mirar los controles, y a quien Birchard conoció durante la gestación de “Yeezus”.

La figura de Kanye sale a colación constantemente durante nuestra charla. Incluso cuando Ross la omite deliberadamente, flota entre sus palabras como una sombra omnipresente. Por un lado, él se muestra cauto y no quiere hablar de sus encargos –especialmente ahora que el próximo álbum de West está a punto de ver la luz y que se sabe que Kanye confió en él para mezclar “All Day”, uno de los adelantos del disco, en su refugio de Londres–, pero, por otro, no puede evitar reconocer el peso que la experiencia de formar parte de “Yeezus” y trabajar con Kanye asiduamente ha tenido en su propio proceso creativo: “A veces una buena idea no es suficiente. Puede haber alguien que sepa complementarla y hacerla crecer de un modo en que jamás serías capaz solo. Para este disco necesitaba dejar de pensar simplemente como un productor y convertirme en un director, en el director de un proyecto”.

El vídeo de "Very First Breath" fue el primer adelanto de "Lantern". Dirigido por Sam de Jong, el clip muestra la apasionada y accidentada relación entre dos amantes. Urbano, nocturno y violento.

Por eso Birchard contó para “Lantern” con las opiniones y consejos de un séquito que incluyó al propio West y el equipo de GOOD Music, al ubicuo productor Mark Ronson –que ha trabajado para Adele, Amy Winehouse y Bruno Mars, entre muchos otros, que este año se ha encerrado a grabar con Lana del Rey, y que le devolvió el favor a Birchard después de que él le echara una mano con su “Uptown Special” (2015)–, el capo del sello Numbers, el director creativo de LuckyMe, la gente de Warp y los locutores estrella de la BBC Radio 1 Benji B y Zane Lowe. “Fue muy bueno para el disco poder contar con todos esos puntos de vista. Es gente con una visión única y muy influyente sobre la música de hoy. Era justo lo que necesitaba para alcanzar otro nivel porque nunca había trabajado así antes, no de una manera tan consciente y con la determinación de dejar que esos consejos tuvieran un impacto real, de no cerrarme a sus opiniones. Para mí fue un privilegio”, reconoce Birchard sin aclarar el alcance específico de todo aquel apoyo crítico.

“Me di cuenta de que necesitaba trabajar con voces reales. Sé que las voces sintetizadas de registros imposibles son parte de mi sonido, pero sentía que las había agotado, al menos como un elemento clave en mis temas. Además, esas voces ‘apitufadas’ se han convertido en un recurso demasiado utilizado por muchos otros productores. Están por todas partes”

Sin embargo, Birchard sí está dispuesto a entrar en detalles cuando se le pregunta por la decisión más importante que tomó en “Lantern”: “Me di cuenta de que necesitaba trabajar con voces reales. Sé que las voces sintetizadas de registros imposibles son parte de mi sonido, pero sentía que las había agotado, al menos como un elemento clave en mis temas. Además, esas voces ‘apitufadas’ se han convertido en un recurso demasiado utilizado por muchos otros productores. Están por todas partes. Pero lo que fue aún más importante fue cambiar la concepción de mis producciones, dejar de pensar en términos de bases, patrones y sonidos y empezar a entenderlas como verdaderas canciones”.

Birchard encontró esas voces en favoritos personales como Irfane y Ruckazoid y en astros emergentes del R&B como Miguel y Jhené Aiko, pero si hay una aparición que brilla en “Lantern” es la de Antony Hegarty en la emocionante “Indian Steps”. “Siempre había querido hacer algo con Antony”, explica Birchard, “y él me llamó para saber si me interesaría que probáramos a trabajar juntos”.

Antony, que parece haber retomado su romance con los ritmos digitales después de volver a cantar para Björk en “Atom Dance” de “Vulnicura” (2015), acabó tan fascinado con el sonido de Hudson Mohawke que le propuso producir su nuevo álbum junto con Oneohtrix Point Never. “Lo gracioso de todo esto es que Daniel Lopatin y yo llevábamos años hablando de trabajar juntos”, cuenta Birchard, “y al final hemos acabado encontrándonos en este disco para Antony. Y ha sido una experiencia increíble. Creo que hemos logrado conjugar nuestras tres personalidades de un modo muy profundo. Es un disco muy intenso, con un mensaje político muy fuerte. Y ver trabajar a Daniel de cerca, asomarte a su forma de entender el sonido, te cambia irremediablemente”.

Ross tiene otras cartas sin levantar. Entre ellas, un proyecto junto al líder de Foals Yannis Philippakis (del que prefiere no dar detalles). “Me siento mucho más libre ahora que ‘Lantern’ es una realidad”, admite. “Para mí es una declaración y una reafirmación. Creo que parte de eso tiene que ver con el hecho de que nunca he dedicado tanto esfuerzo y tantas horas de preparación a un disco”. De hecho, “Butter” (Warp, 2009), su primer álbum, “era en realidad una especie de recopilatorio con un montón de temas que había ido acumulando durante años. No había necesariamente un nexo en común, al menos no una cohesión consciente”. Aquel disco resultó ser la punta del iceberg de un clan de productores jovencísimos de Glasgow que había cristalizado en la aparición del imprescindible sello LuckyMe y los fichajes de Hudson Mohawke –socio fundador de LuckyMe– y Rustie por parte de Warp, entendidos como un gesto de reconocimiento hacia un sonido maximalista, impertinente, hiperestimulado y anfetamínico, que parecía la trasposición a audio del Síndrome de Atención Dispersa.

 

Otra dimensión

Ross Birchard admite que “Lantern” se asienta sobre un propósito claro: esquivar esa euforia desatada que se esperaba de Hudson Mohawke y recuperar su verdadera identidad para transformar el lenguaje que había construido en los últimos cinco años. “No quería hacer un disco de hip hop. Tampoco quería dejarme llevar por los ‘club bangers’”, aclara, refiriéndose a la locura que desató su alianza junto a Lunice en TNGHT en los festivales de medio mundo hace tres años y a la decisión de dejar fuera del álbum la monumental “Chimes”. “Me parecía importante hacer prevalecer otra dimensión de Hudson Mohawke que creo que refleja mejor quién soy como productor. Al fin y al cabo, mis primeras producciones eran ‘bootlegs’ deformados de R&B y siempre me ha marcado ese impulso pop”.

Si Birchard se está convirtiendo en una cara habitual de las producciones de gran presupuesto del hip hop es por su infalible tratamiento de los ritmos y los graves, pero su talento para las melodías no es menos impresionante. “Lantern” contiene pruebas irrefutables al respecto: “Kettles”, una espectacular sinfonía de proporciones descomunales, aupada sobre una orquesta de vientos sintéticos y campanillas, que suena como si se abrieran las puertas de la Ciudad Prohibida; las portentosas trompetas criogenizadas de “Scud Books” o la impresionante “Ryderz”, construida sobre un sample de D. J. Rogers violentado con todo el arsenal de trucos HudMo. También hay sitio para una extenuante secuencia de drones que sirve de intro al álbum. “El título hace referencia a la idea que subyace en el disco”, confiesa Birchard, “que es la inspiración, ese farolillo que te guía y que para mí fue la brújula en una búsqueda de distintas zonas y posibilidades dentro de mi sonido. ‘Lantern’ es esa historia, ese viaje, y empieza con el día, con el amanecer y la mañana, que son los primeros cortes del álbum, y avanza hacia la tarde, con las canciones con Antony y Miguel, que son los pilares que sostienen el disco, hasta la noche y la madrugada, en la que todo acaba en un club hasta la llegada del alba y un nuevo día”.

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