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I AM DIVE, Entre los hipsters texanos y los hippies de Chicago

José A. Pérez y Esteban Ruiz: greetings from Chicago, Illinois.

 
 

EN LA CARRETERA (2013)

I AM DIVE Entre los hipsters texanos y los hippies de Chicago

El dúo sevillano I Am Dive se embarcó, del 14 al 23 de marzo de 2013, en su primera gira norteamericana: participó en el prestigioso festival South By Southwest y actuó en ciudades como Iowa City, Cincinnatti y Chicago, para terminar en Nueva York. Esteban Ruiz, que forma el grupo junto con José A. Pérez, nos contó aquí su aventura norteamericana, desde el calor de Austin y sus hipsters hasta las carreteras nevadas de la América profunda.

No era la primera vez que cruzábamos el Atlántico hacia el Oeste, y tanto José como yo habíamos estado antes en Estados Unidos, pero esta vez era muy distinto: ir de gira tan lejos, qué acontecimiento.

Creo que es algo con lo que todos los jóvenes sueñan en algún momento al montar una banda: viajar lejos con la guitarra, ser un músico de rock de verdad. Yo soñaba con eso con 14 años, pensaba en eso cuando era un crío y solo yo había escuchado mis canciones, afortunadamente. Tengo 34 años y, de pronto, me vi en un avión enorme, rodeado de adolescentes norteamericanos que volvían a casa por las vacaciones de primavera, pensando en el montón de horas que había pasado hacía veinte años preguntándome en cómo demonios podía uno montar un grupo, editar discos y, finalmente, viajar lejos para tocar sus canciones. Allí estaba, asumiendo que, a fin de cuentas, nada es tan brillante y tan bonito como pensaba, sino mucho más difícil y duro, pero mucho más gratificante de lo que pude imaginar de cachorro y, sin lugar a dudas, exactamente igual de emocionante. No pude dormir durante el vuelo.

“Lo primero que comprendí al comprobar en persona las dimensiones del South By Southwest es que España, como escena, es un sitio muy pequeño. Creo que todos aquellos que pretendan dedicarse a esto de la música deberían acudir a este festival con los ojos muy abiertos al menos una vez, aunque solo sea para darse un baño de humildad”

Nos encontramos con Corey, nuestro tour manager, en el aeropuerto de Austin, y en minutos estábamos recorriendo autovías enormes llenas de todoterrenos enormes en la furgoneta que sería prácticamente nuestra casa en las dos semanas siguientes. Unos tacos en la calle al lado del motel de carretera a las afueras de Austin, unas horas de descanso y empezaría todo. La ciudad estaba completamente en ebullición y, mirases donde mirases, veías hordas de hipsters estrenando modelitos de primavera-verano, músicos cargando amplificadores y guitarras de aquí para allá o profesionales acreditados en el festival, badge holders, miles de ellos.

Lo primero que comprendí al comprobar en persona las dimensiones del South By Southwest es que España, como escena, es un sitio muy pequeño. Creo que todos aquellos que pretendan dedicarse a esto de la música deberían acudir a este festival con los ojos muy abiertos al menos una vez, aunque solo sea para darse un baño de humildad. Pasamos unos días estupendos (y totalmente agotadores) en Austin, dimos dos conciertos en el festival, vimos decenas de actuaciones de bandas conocidas y desconocidas y comimos demasiadas cosas picantes. Casi sin darnos cuenta, el SXSW había terminado para nosotros y nos disponíamos a adentrarnos en la América Profunda... Teníamos muchos miles de kilómetros que recorrer hasta llegar a Nueva York y no teníamos ni un momento que perder.

Lo primero que notamos al alejarnos de Texas hacia el norte fue cómo las temperaturas bajaban en caída libre, de los 30º que disfrutábamos en Austin a los 10º en Norman, Oklahoma. Mirar la predicción y observar cómo nos adentrábamos en el Frigorífico de América no podía parecernos más seductor, pero la actitud sombría de Corey al comprobar que se esperaban tormentas de nieve en la zona por la que cruzaba nuestra interestatal hizo que empezásemos a preocuparnos. De hecho, llegamos a -10º en Iowa City y la nieve y los lagos helados se convirtieron en algo normal durante la mayor parte de la gira; pintoresco y romántico para nosotros, el larguísimo final del invierno para el bueno de Corey.

 
  • Nadie vive la experiencia norteamericana del todo si no pasa por una lavandería.

  • 16 grados por debajo de cero.

  • What a gang of three: con Corey, el tour manager.

  • Carreteras, carreteras, carreteras.

  • El mejor final de gira posible, en NYC.

 

Pasamos por muchas ciudades en el Medio Oeste americano, tocamos en sitios de toda clase y con público de dimensiones diversas, disfrutamos de todo tipo de acogedores alojamientos. Fueron muchos conciertos en los que compartimos escenario con artistas que nos impresionaron por su talento y su humildad, como Sarah Reid, Magnificent Bird, The Heligoats, Chaircrusher o Happy Chichester. Personalmente, aún no me he quitado de la cabeza a Sarah, una jovencita de 20 años que me fascinó desde el primer acorde de su primera canción. Bueno, y qué decir de Magnificent Bird, que usaban un amplificador de la marca Esteban, cuyo fabricante del mismo nombre es una especie de gurú de la teletienda nocturna que vende un método para aprender a tocar la guitarra… Qué cosas.

“Pasamos por muchas ciudades en el Medio Oeste americano, tocamos en sitios de toda clase y con público de dimensiones diversas, disfrutamos de todo tipo de acogedores alojamientos. Fueron muchos conciertos en los que compartimos escenario con artistas que nos impresionaron por su talento y su humildad, como Sarah Reid, Magnificent Bird, The Heligoats, Chaircrusher o Happy Chichester. Personalmente, aún no me he quitado de la cabeza a Sarah, una jovencita de 20 años que me fascinó”

El primer atasco serio en toda la gira nos sorprendió a la entrada de Chicago. Es una ciudad enorme. Atravesar las afueras a la velocidad de una retención de tráfico al estilo norteamericano, con la Torre Sears siempre de fondo y siendo uno muy fan de Sufjan Stevens, es toda una experiencia: todo me sonaba, no podía dejar de ver nombres de sitios, barrios y edificios que él menciona en sus canciones. Nos acercábamos a la recta final de la gira: Chicago era el principio del fin, y esa noche tocábamos en una casa hippy donde fuimos recibidos con abrazos e intercambios de energía y preguntas sobre si estábamos a favor del encuentro interespiritual al que la Humanidad se dirigía irremediablemente. Vino muchísima gente al concierto y, aunque no todos eran hippies, muchos se pasaron la actuación cogidos de la mano o tocando el suelo de madera al ritmo de las canciones. También había un perro entre el público que, a pesar de ser hippy, no estaba nada de acuerdo con los subgraves que emitían los altavoces.

Después llegó el momento de las jam sessions, todo muy espiritual (y un poco cacofónico para oídos no químicamente alterados). En algún momento alguien me pasó una guitarra y durante un buen rato formé parte de una banda cósmica en la que Jeva, una posadolescente de aspecto élfico, tocaba una flauta tradicional de los nativos norteamericanos; Kristia, una hispter de manual, tocaba una especie de calabaza china; Josh y otros dos tipos cuyos nombres no llegué a conocer hacían ritmos varios. Y Janelle, una especie de animadora de instituto muy bonita y muy rubia, que parecía acabar de descubrir un jardín lisérgico tan grande como Barcelona, tocaba las palmas con el peor compás que recuerdo y a veces me daba las gracias por compartir mi luz. Mientras tanto, José y Corey dormían en sendos sofás. Espero que no haya ningún vídeo de este momento. Aún teníamos algunos conciertos después de Chicago antes de volver a casa, pero tengo que reconocer que el Lago Michigan me dejó realmente impresionado y juré volver cuanto antes.

Nieve, lagos helados, granjas, praderas interminables y viento, muchísimo viento fueron la constante entre Chicago y Nueva York, pasando por Cincinnati y Columbus, donde pasó de todo (desde intentos de atraco a punta de pistola hasta tocar ante más de doscientas personas)… Y, por fin, Manhattan. José y yo ya habíamos estado en Nueva York antes varias veces por separado, pero me atrevo a decir que no podríamos haber tenido mejor final para esta gira que volver allí como partes de un todo distinto. Exhaustos y con una perspectiva totalmente diferente sobre lo que significa I Am Dive y esto de hacer canciones, grabar discos y viajar lejos, pasamos la última noche en Estados Unidos en un apartamento en un piso altísimo sin ascensor en el Barrio Chino de Manhattan. Ojalá volvamos pronto. Esa noche, definitivamente, sí pude dormir.

Publicado en la web de Rockdelux el 11/7/2013
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