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IGGY POP vs. THE WHITE STRIPES, Memorias de Detroit

Jack White e Iggy Pop.

Foto: Mick Hutson

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 214)

IGGY POP vs. THE WHITE STRIPES Memorias de Detroit

Entrevista entre Iggy Pop y Jack White, entonces en The White Stripes. Es una larga e intensa conversación supervisada por Keith Cameron en la que se debatió sobre los cimientos del rock en Detroit, el principio de The Stooges y, también, la carrera en solitario de Iggy. Esta charla se produjo en la época posterior a la edición del exitoso “Elephant” (2003), el cuarto álbum de The White Stripes, cuando con sus canciones y sus apasionados conciertos el grupo se confirmó como una de las propuestas más representativas del retrorock de los últimos años. Es, definitivamente, un documento excepcional –fue tema de portada del Rockdelux 214 (enero 2004)– que nos permite recuperar las impresiones del compositor, guitarrista y cantante del dúo rojiblanco, Jack White, y del incombustible Iggy Pop, uno de sus ídolos de juventud y máximo exponente del rock crudo de Detroit, ciudad que los hermana.

Iggy: ¿Qué tal, Jack?

Jack: Voy haciendo, Iggy. ¿Y tú?

Iggy: Bien. Me han dicho que te rompiste el dedo. Lo siento.

Jack: Ah, no es nada. Gajes del oficio, ja, ja.

Iggy: Sí, ja, ja. Me gustó tu “Death Letter”, Jack, de aquel disco, no sé cómo pronunciarlo, “De Stijl” (2000).

Jack: ¿Sí? Gracias. Bueno, te quiero hacer unas preguntas. Hace poco me recordaron que cuando trabajaba de cocinero en Detroit hablaba con mi jefe sobre The Stooges. Hacía poco que los conocía, tenía unos 16 años, y había encontrado el primer disco en un contenedor del callejón de detrás de mi casa.

Iggy: Me dijiste que tu hermano lo había tirado. ¡Vaya gilipollas!

Jack: Sí, ya te lo conté. Me gustaba mucho, y mi jefe me decía: “Pues yo los vi en el Grande Ballroom, los veía cada semana, los vi tantas veces que me harté”. Le tenía tanta envidia... Pero, bueno, ¿qué reacción tenía la gente entonces al veros? Cuando empezasteis con The Psychedelic Stooges tocabais con batidoras. Al principio hacíais toda esa historia vanguardista. ¿Cuándo pasasteis de aquella forma de hacer música, vanguardista y dadá, al rock’n’roll primario?

“Solía quedarme mucho en casa de los MC5. Después de los disturbios aún no había dinero suficiente para tener una casa para el grupo –esto era incluso antes de nuestros primeros conciertos–, de forma que un día tomé un montón de mescalina, cogí una pala e intenté vaciar una de esas casas quemadas para The Stooges. Quité como la mitad de los escombros, pero entonces todos me dijeron: ‘¿Estás loco, Pop? No vamos a vivir en una casa quemada, sin tejado, en este barrio’”
(Iggy Pop)

Iggy: Bueno, te cuento la historia del grupo. Tocamos por primera vez en Halloween de 1967, en el salón de la casa de un tipo que vivía al lado de un depósito de chatarra. Nos presentábamos a la gente de la zona que pensábamos que nos podía ayudar. Entonces ya era algo primario, pero yo tocaba una guitarra hawaiana con todas las cuerdas afinadas en m, y Scotty (Asheton), el batería, solo tocaba con bidones de petróleo y mazas grandes, y Ron (Asheton) tocaba el bajo. Vaciamos la habitación rapidísimo y todo el mundo se avergonzó de nosotros. Así que pensamos que aquello no nos iba a llevar a ninguna parte y durante el invierno fuimos haciendo un sonido un poco más rock. En marzo de 1968, tocamos en el Grande, de teloneros de Blood, Sweat & Tears. Fue la primera aparición pública del grupo. Teníamos cuatro o cinco riffs repetitivos que sonaban entre orientales o tribales y un hard rock muy simple, y después había otras cosas superpuestas que otros no tenían, cinco o seis instrumentos inventados por mí. Yo llevaba zapatos de golf y marcaba con ellos ritmos de percusión sobre una plancha metálica con unos micrófonos. Ya éramos un poco más rockistas. Scotty seguía con los bidones de petróleo, pero los tocaba como dos bombos. La verdad es que se podría poner un pedal de bombo normal justo en el borde de un bidón de 55 galones: tiene el tamaño justo. Tocaba timbales en vez de tam-tams, con varas de majorette en vez de baquetas normales. Mandamos pintar la batería de un blanco reluciente y añadimos eslóganes, una combinación de símbolos de la paz hippies hindúes y grafitis groseros como “¡tetas!”, “¡coño!”, “¡culo!”. Cosas así. Teníamos otro instrumento que sonaba realmente bien. Llenábamos una batidora con tres dedos de agua de forma que al dejar caer un micrófono dentro, y con un buen equipo de sonido, sonaba como una cascada. Teníamos una cosa llamada Jim-o-phone, que era un artilugio que generaba feedback, fabricado con un cono que encontré en un depósito de chatarra, etc. Aquel fue el primer concierto. Ah, y yo llevaba un vestido de premamá. En el segundo concierto dejamos el vestido y los zapatos de golf. Yo seguía llevando la cara pintada de blanco; eso lo mantuvimos. Al tipo que tocaba los instrumentos vanguardistas lo pusimos al bajo, yo me puse al frente del grupo y Ron empezó a tocar la guitarra. Y sonaba más rock, pero seguía teniendo un aire extraño.

Jack: ¿Así que las cosas cambiaron ya en el segundo concierto?

Iggy: Sí. Creo que vimos nuestra oportunidad: mierda, podíamos tener un grupo de rock (risas). Yo siempre pensaba que había que calar hondo. En aquella época había mucha gente en la zona que quería tener grupos y todos imitaban lo que hacía la gente de fuera, ¿sabes? Y yo me dije: “Bueno, cuando un perro quiere pasar por debajo de una valla y meterse en el gallinero tiene que cavar muy hondo”. Siempre creí que teníamos que hacer algo propio y que, una vez lo tuviéramos y la gente estuviera dispuesta a darnos una segunda oportunidad, entonces estaría bien echarse un poco atrás. Así que hicimos más o menos eso, pero mantuvimos igualmente algunos elementos del principio. Por ejemplo, cada dos o tres conciertos yo podía aparecer con una sirena de barco, y también tenía un compresor de aire y una aspiradora con la que imitaba el ruido del viento. La tuve durante casi todo el primer año del grupo.

Jack: Déjame que te haga unas preguntas sobre cosas más triviales. Por ejemplo, ¿volvíais a Ann Arbor después de los conciertos u os quedabais en Detroit un par de días?

Iggy: Siempre volvíamos a Ann Arbor. Era nuestro sitio. Los hermanos Asheton tenían amigos en Detroit y después yo también hice amigos allí. Si pasé un par de noches en Detroit, lo cual es muy posible, no me acuerdo exactamente, ¿me entiendes? Solía quedarme mucho en casa de los MC5. Después de los disturbios aún no había dinero suficiente para tener una casa para el grupo –esto era incluso antes de nuestros primeros conciertos–, de forma que un día tomé un montón de mescalina, cogí una pala e intenté vaciar una de esas casas quemadas para The Stooges. Quité como la mitad de los escombros, pero entonces todos me dijeron: “¿Estás loco, Pop? No vamos a vivir en una casa quemada, sin tejado, en este barrio”. En aquella época también estaba todo eso de... Bueno, ahora tenéis algo así también, eso de que nadie quiere subir a un escenario vestido de forma ridícula, aunque tampoco quiere llevar puesto lo que lleva todo el mundo por la calle. Estaba la idea de cambiarse para tocar y ponerse algo un poco más llamativo o más molón. Y los MC5 tenían todo un cuartito de costura, con todas sus chicas...

Jack: ¿Las chicas les hacían la ropa?

Iggy: Y tanto. Y también a John Sinclair y a los roadies. Había toda una versión de Detroit de la escena Acid Test de Ken Kesey. Yo solía ir por allí y me hacían trajes.

 
IGGY POP vs. THE WHITE STRIPES, Memorias de Detroit

La Iguana y su aprendiz.

Foto: Mick Hutson

 

Jack: ¿Cuándo estuviste en Chicago viendo conciertos de blues? ¿Antes de The Stooges?

Iggy: Sí, antes de que tuviera este grupo. Cuando dejé el instituto tocaba la batería en un grupo de blues...

Jack: ¿Prime Movers?

Iggy: Sí, los Prime Movers. Me encontré con la Butterfield Band cuando estaban probando sonido para tocar en una sala de Detroit. Mi ídolo de entonces era Sam Lay; sale en la portada del primer disco de la Butterfield. No estaba con ellos cuando pasaron por la ciudad; le habían pegado un tiro en la entrepierna o algo así. Pero yo había conseguido su número en Chicago y se me había metido en la cabeza... También tenía más números, y me fui a Chicago para intentar tocar blues con aquellos viejos bluesmen negros. ¡En cierto modo, era una locura! Pero los discos transmitían tantas cosas... No me refiero a los de la Butterfield. En aquel momento escuchaba a Magic Sam, Junior Wells, Little Milton, Walter Shakey Horton, Johnny Young, J.B. Hutto... Little Walter creo que todavía estaba vivo, y Otis Spann a lo mejor no lo estaba. Freddie Below, que había tocado la batería en el grupo de Muddy... Todos esos estaban por ahí y yo también tenía que ir. La verdad es que no acabé tocando demasiado con ellos, pero conseguí un par de conciertos y me pagaron 5 o 10 dólares. Y asistí a otros muchos. ¡Me cagué de miedo en algunos barrios con un ambiente bastante exótico! Aquello fue antes de estar con The Stooges: yo no era más que un puto blanco pobre que vivía en una caravana; nunca había visto bien un barrio negro ameriano. Un día fui a casa de Sam Lay, un sitio bastante alejado en el lado oeste de Chicago. Cogí el tren y cuando me bajé estaba en un barrio muy diferente. El ambiente se parecía mucho al que puede haber ahora en Trinidad o en África Oriental o algo así... Era guay, ¿sabes? Se oían muchos ruidos y había muchos colores y mucha animación. Y yo estaba un poco nervioso porque, ya sabes, te adoctrinan de tal forma para que les tengas miedo a los negros... Pero nadie se metió conmigo. Cuando subí a su casa, su mujer me miró como si estuviera loco y me dijo: “Bueno, Sam no está, ¡pero entra y cómete un trozo de pollo frito!”. Una vez sí que conseguí tocar con Walter Shakey Horton y le pegué dos o tres palizas a Johnny Young. Siempre te sacaban la navaja, ya sabes, en plan: “Oye, hijo de puta, si no sabes tocar, te rajo. Más vale que sepas... ¿Quieres un trago?”. Entonces no tomaba muchas drogas, pero alguien de Ann Arbor me había metido un porro en la maleta antes de marcharme y una noche me senté junto al río de Chicago, me lo fumé y decidí que tenía que intentar hacer el mismo tipo de música que oía en aquellos bares, el Turner’s Blues Lounge, el Curly’s y el Silvio’s; probar a hacer lo mismo con chavales blancos. Aquella era mi idea, más o menos.

“En todos y cada uno de los primeros veinte conciertos de The Stooges fuimos teloneros de algún grupo que o era la hostia de bueno o era famoso y estábamos a punto de verlo y descubrir que no valía una mierda. Los primeros fueron Blood, Sweat & Tears, que no valían una mierda, pero los segundos fueron The Mothers, que eran buenos”
(Iggy Pop)

Jack: Yo siempre he pensado que The Stooges tenían más influencia del blues que MC5. ¿A los MC5 les gustaba mucho el jazz?

Iggy: Y tanto. Sí, los MC5, cuando los vi por primera vez, antes de que tuvieran canciones propias, o puede que antes de que conocieran a John Sinclair, no eran más que un grupo de versiones cojonudo, típico de ciudad, y básicamente las hacían de The Rolling Stones, Jimi Hendrix, The Who... Y también sabían tocar algo de Ray Charles y tal. A medida que evolucionaron, metieron algo de jazz, pero muchos de sus valores musicales eran propios del hard rock, no especialmente del blues.

Jack: Tus orígenes me parecen muy estimulantes. Las salas de blues de Chicago, aquellos músicos, tú tocando con ellos... Y tu sitio de Ann Arbor... Parece una fuente de inspiración estupenda para que los blancos se acercaran al blues. ¿Qué importancia tiene ahora para ti el entorno cuando compones?

Iggy: Es muy importante. Ahora mismo estoy en una habitación que es como la habitación donde compuse muchas canciones de los primeros dos discos de The Stooges. Estoy en un cuarto alto que parece un desván; nunca se limpia y hay árboles por todas partes al otro lado de la ventana. No llego a ver la calle, imagínatelo. Nunca podría componer en una habitación con una bonita mesa de centro. Tiene que ser un sitio bastante hecho polvo. También es importante, para hacerte reaccionar, que haya gente de tu época que como mínimo te pueda estimular. En todos y cada uno de los primeros veinte conciertos de The Stooges fuimos teloneros de algún grupo que o era la hostia de bueno o era famoso y estábamos a punto de verlo y descubrir que no valía una mierda. Los primeros fueron Blood, Sweat & Tears, que no valían una mierda, pero los segundos fueron The Mothers, que eran buenos; aquel fue nuestro segundo concierto. Estás sentado en el backstage cagado de miedo... ¡Van a tocar The Mothers! Y eso también está muy bien, que llegáramos a ver tocar a todos esos putos grupos. Fuimos teloneros de The Mothers, The Who, Cream, Love... No teloneamos a Sly, pero lo vi en el mismo sitio donde vi tocar a todos esos grupos, en el escenario de una sala de baile de three-foot, en vez de verlos en algún estadio cuando ya eran grandes. Cuando Ron y yo tocamos en Nueva York hace poco con The Stooges estuvimos hablando de eso. Vimos tocar a Jimi Hendrix para cien personas en una bolera reformada de nuestro pueblo. Todo ese rollo es la hostia de importante. Me acuerdo de que un día tomé mogollón de ácido y me fui al taller de los MC5, cuando vivían en el centro. Me senté en un paso elevado de una autopista y simplemente me quedé sentado allí oyendo pasar los coches: “¡Zuum, zuum, zuum!”. Meter aquel ruido en nuestra música era muy importante para nosotros. Hay rollos así que son muy importantes. Leí un libro de John Cage donde decía que él hacía lo mismo.

Jack: ¿Cuando componías entonces, tenías a veces la sensación de que las circunstancias os limitaban, de que todo el mundo estaba perezoso o apático, de que se montaban demasiadas fiestas cuando tú hubieras preferido ponerte a componer algo, o ya estabas satisfecho así?

Iggy: No, no lo estaba. Con el tiempo me acabó deprimiendo. Y entonces pensé: “¡Bueno, si no los puedo vencer, me uniré a ellos!” (risas). Y eso no me fue bien. Fue un flaco favor. Pero, bueno... No pasa nada. Mira, te recuperas. La mayor parte de las cosas acababan haciéndose de todos modos y éramos una gente de lo más rara. Pero sí que me sentía así; a veces era muy desalentador. Me sentía muy frustrado.

 
IGGY POP vs. THE WHITE STRIPES, Memorias de Detroit

Rockdelux 214 (Enero 2004)

Foto: Mick Hutson

Diseño: Nacho Antolín

 

Jack: Cuéntame algo del tipo que tocó el bajo un tiempo con The Stooges, Zeke Zettner. No sé nada de él.

Iggy: Oh, Zeke. Dios. Bueno, en aquella época en Detroit era típico que los chicos de cierta edad, entre 18 y 25, que querían hacer algo un poco importante en su vida se acoplaran a un grupo e hicieran de roadies y tal. No es como ahora, que hay profesionales. Era más bien algo como: ¿quién va a venir a montarte el equipo para que no lo tengas que montar tú? Aprendía sobre la marcha y vivía en tu casa; era un rollo familiar. Y también se convirtió en un rollo de imagen. El grupo más duro tenía los roadies más duros y hacían de guardaespaldas y todo tipo de historias. Te pillaban las drogas... O se las pillabas tú a ellos. Zeke fue un roadie muy majo de los muchos que tuvimos. Era un tipo encantador, alto, guapo y con muy buen carácter. Tenía pinta de músico, pero no lo era.

Jack: En las fotos que he visto tiene un aspecto fantástico.

Iggy: Sí, tenía pinta de estar en un grupo inglés de la época. Tenía la misma silueta alta, delgada, proporcionada pero un poco alargada, como un cuadro de Modigliani, y una buena mata de pelo. Además, era encantador. Y como nuestro grupo empezaba a desintegrarse un poco, después de “Fun House” (1970), antes de transformarse en la banda que hizo “Raw Power” (1973), no recuerdo cómo ocurrió, pero él fue uno de los que entraron en el grupo. Creo que fue idea mía meter a Zeke al bajo y a otros tipos para reforzar la formación. Le gustaba tocar con nosotros; todo lo que te puede gustar tocar con un grupo que se está desintegrando y va en varias direcciones. Desgraciadamente, él y yo acabamos viviendo juntos, los dos yonquis. No fue nada bueno. Yo conseguí salir, llegó un momento en que conseguí huir. Al final, Zeke llamó a mi madre, muchísimo después de que yo me hubiera marchado. Y estaba preocupado; dijo que necesitaba ayuda y quería hablar con mi madre sobre su adicción a las drogas. Me acuerdo de haber hablado con ella desde no sé qué país... y, resumiendo, se cortó la llamada y Zeke falleció poco después. Falleció. Una historia muy triste, la verdad.

Jack: Vaya, no sabía que la cosa había ido así. Siento traerte malos recuerdos.

Iggy: Bueno, no pasa nada. Mira, cuando has empezado a hablar de él, me ha venido a la cabeza y ya está.

“Los productores de los dos primeros álbumes eran canguros que estuvieron allí porque quiso la discográfica. Bueno, el primero, John Cale, porque era de The Velvet Underground. Ahí estaba: un simple grupo de rock apoyado por otro grupo del mismo palo. Rechazamos la mayoría de sus ideas, aunque creó un ambiente estimulante para nosotros. Pero rechazamos sus ideas y su mezcla; yo lo volví a mezclar...”
(Iggy Pop)

Jack: En mi opinión, “Fun House” es el mejor disco de rock’n’roll de la historia, y siempre lo creeré. Todo el álbum es para mí como una explosión gigantesca, es tan potente... Tiene los mejores gritos que se pueden escuchar en cualquier disco. Suena absolutamente loco. He oído decir que el productor quería reflejar el sonido de los conciertos de The Stooges de la época, de principio a fin...

Iggy: ¡Era yo quien quería reflejar el sonido de los conciertos de The Stooges! Básicamente, los productores de los dos primeros álbumes eran canguros que estuvieron allí porque quiso la discográfica. Bueno, el primero, John Cale, porque era de The Velvet Underground. Ahí estaba: un simple grupo de rock apoyado por otro grupo del mismo palo. Rechazamos la mayoría de sus ideas, aunque creó un ambiente estimulante para nosotros. Pero rechazamos sus ideas y su mezcla; yo lo volví a mezclar... Bueno, me salto esto y voy directo a “Fun House”. Se escogió a Don Gallucci porque había hecho “Louie Louie”. Don y John eran tipos que, cuando les conocí, me parecieron inteligentes y sensibles. No eran productores nazis. Pensé que podría trabajar con ellos. Y que podría colaborar con ellos para que nos hicieran caso. Y Don era bastante receptivo. Lo que hicimos en “Fun House” fue lo siguiente: si hubieras visto al grupo una semana antes de grabar el disco, hubieras oído el disco en directo. Era nuestro repertorio de directo, las mismas canciones en el mismo orden. Lo primero que hicimos fue llevar nuestro equipo de sonido de directo porque yo quería apartarme del sonido cercano del primer disco. Utilizamos la mitad del equipo que usábamos en directo. Y lo montamos de forma que mi voz se grabara dos veces, una a través de la mesa y otra por el equipo del directo. Y la mezcla de las dos hace que la voz suene un poco más cruda y extraña, y yo diría también que le da aquel “zuum” de los coches al pasar. Teníamos un ingeniero cojonudo. ¿A que no sabes de qué país? ¡De Inglaterra, tío! Siempre es un tipo inglés. Eran muy buenos en algunos aspectos, en la forma de organizar o captar un sonido. Se llamaba Brian Ross-Myring. Grababa con una mesa Neve. Yo sabía muy poco de estas cosas entonces, pero él utilizaba aquella mesa y supo crear un paisaje sonoro que reflejara el momento. Casi suena como la música de un western de Sergio Leone; se crea un paisaje con la forma en que utiliza el eco. Dormíamos en un hotel, el Tropicana, a unos dos edificios del estudio. Cada tarde a primera hora íbamos andando al estudio, juntos, con nuestros instrumentos, y cada día grabábamos una canción. Por eso hay tantas tomas. Le sacábamos todo el puto jugo a cada canción. Los demás fumaban mucho hachís y yo tomaba un montón de LSD, psilocibina y cosas así, pero no todos los días. Siempre grabábamos de día. Además, lo único que no se grabó en directo fueron un par de guitarras. Después hubo también unos días en que se añadieron voces, porque yo estaba bastante ido de la olla –bueno, digamos que mi cuerpo era más grande de lo normal– y había momentos en que quería conseguir esos sonidos a los que te referías, los gritos. Pensé: “Un momento, aquí no hay ningún ‘zuum’, no suena lo bastante cinético”. Había que meter gritos, cosas así, y eso se añadió después. Y ya está. Del principio al final, me parece recordar que fueron dos semanas.

Jack: Es un disco magnífico, magnífico. No creo que se supere nunca.

Iggy: Bueno, gracias, te lo agradezco.

 
IGGY POP vs. THE WHITE STRIPES, Memorias de Detroit

Detroit Rock en acción.

Foto: Mick Hutson

 

Jack: Cuando tenía 19 años estaba en California, andando por Melrose, y entré en una librería. Allí estaba tu libro, “I Need More”, pero no tenía dinero para comprarlo. Solo tenía un par de pavos, así que salí y me compré un helado. Y cuando volvía a casa, una casa que compartía con otros tíos, me encontré justo enfrente de una tienda de discos un billete de cien dólares doblado por la mitad. Me agaché, lo cogí, entré en la librería y compré el libro.

Iggy: ¡Joder, qué guay!

Jack: Estaba flipando. ¡Fue toda una inspiración! Estaba que daba volteretas por el jardín de delante de la casa. Los demás me decían: “Mira qué contento está Jack. Se ha encontrado un montón de dinero”. No sabían por qué estaba tan emocionado, ¿sabes? No conocían el libro que acababa de leer.

Iggy: Hostia, es estupendo.

Jack: Me encantaba el espíritu del rock’n’roll que reflejaba. ¿Por qué el rock’n’roll actual no expresa el espíritu del rock’n’roll?

Iggy: Dios mío, no lo sé. Hay algunas teorías por ahí. Veamos. Yo diría que lo principal es el dinero. Ahora hay mucho más dinero y se gana mucho más rápido. Eso tiene que ser una parte importante; cambia mucho las cosas. Yo tengo un padre estupendo, un buen hombre. Es un hombre fuerte, físicamente. Cuando le dije que quería ser músico, se levantó y me dijo: “Jim, si te quieres arruinar la vida, vas a tener que pasar por encima de mí. Voy a bloquear la puerta y vas a tener que pasar por encima de mí”. Fue una gran crisis familiar. Pero ahora... ¡Mierda! Sería algo así como: “¡Hijo, estupendo! ¡Llámame en un par de años, a ver cómo te van las inversiones!”.

Jack: Yo siempre he creído que la sangre que corre por tus venas es mucho más espesa que la de la gente normal y que nada la puede contaminar. Eso es lo que me transmites.

Iggy: Bueno, yo creo que sí que está un poco contaminada, pero... (risas) estas cosas son relativas, ¿me entiendes? Son relativas. ¡Yo pienso mucho en este rollo, tío!

Jack: Pensaba también en el sentimiento de la envidia, que a veces veo que expresas, por ejemplo en la canción “Jealousy” de “American Caesar” (1993), que me encanta y me parece genial, pero quería saber: ¿es una idea que te ayuda a ir tirando? ¿Te nutres de la envidia? ¿O puedes pasar de los demás?

“Cuando se tienen unos orígenes como los tuyos y se piensa en el duro trabajo que costó hacer las cosas, lo que hubo que luchar, debe de ser molesto ver que ahora hay grupos que llegan, ganan un montón de dinero y se llevan todo el reconocimiento de buenas a primeras, sin habérselo merecido”
(Jack White)

Iggy: Más bien son cosas que van y vienen. No siempre me siento así, pero, a veces, la envidia es fantástica, te puede estimular, te da energía, créeme. ¡Diablos, se puede tener envidia de una canción! Cuando yo empezaba me atormentaba escuchar a The Beatles, The Rolling Stones y The Doors. Eran las tres grandes bandas pandémicas de la época. ¡Y eran mucho mejores que nosotros! Otros pensarán que eso es una chorrada. ¡Para mí no lo era! ¡Me ponía triste! ¡Tenía tanta envidia de ellos! Y me ayudó a ir más allá para mejorar un poco.

Jack: Cuando se tienen unos orígenes como los tuyos y se piensa en el duro trabajo que costó hacer las cosas, lo que hubo que luchar, debe de ser molesto ver que ahora hay grupos que llegan, ganan un montón de dinero y se llevan todo el reconocimiento de buenas a primeras, sin habérselo merecido.

Iggy: Bueno, mira... Sí. ¡Pero uno de mis consuelos es que yo ya sé qué van a hacer con el dinero antes de que lo tengan! Van a engancharse a las drogas o al alcohol, van a liarse con una novia que no les conviene y van a estar bien jodidos. O se les llevará el dinero la chica o algún mánager, se comprarán una casa en un acantilado lleno de barro o algo así... Así que siempre está ese consuelo. Puede que hayan ganado muy rápido esos millones, pero míralo así: solo tienen 28 años y van a tener que mantenerse durante cincuenta años más. ¡Yo ya tengo 56 y solo voy a durar otros veinticinco! No está tan mal, ¿no?

Jack: Me gustaría saber qué piensas del orgullo. ¿Cuál es el momento adecuado para sentirse orgulloso de algo?

Iggy: Ahhh. Sí, leí algo sobre ti donde alguien te citaba diciendo: “Quiero estar orgulloso de todo lo que haga”. Bueno, sí, uno quiere estarlo. Y es una puta pesadilla. Básicamente, lo mejor es poder estar orgulloso de todo tu trabajo y después, desgraciadamente, puede que tengas que hacer otras cosas de las que no estás tan orgulloso; por ejemplo, seguramente hay gente en este negocio que llega a un punto en que toma una decisión y dice: “Bueno, voy a hacer esta porquería que la discográfica quiere que haga porque simplemente tengo un hijo y quiero estar seguro de poder pagar la hipoteca...”. ¿Sabes a qué me refiero? A veces las decisiones que se tienen que tomar a lo largo de la vida entran en conflicto y, entonces, claro, intentas hacer lo que puedes.

Jack: ¿Qué conciencia tenías de la existencia de Dios cuando eras más joven y vivías en un ambiente de rock’n’roll?

Iggy: Bueno, no creía en la existencia de un Dios supremo que decidiera sobre el bien y el mal. Mi principal conciencia de Dios era cuando tomaba alguna droga y me ponía ¡uuuh! Y veía que la tierra se movía y los árboles vibraban, y a las personas desagradables y con mala salud les veía una piel horrible, y a las que eran lo contrario las veía relucientes... Supongo que viví la típica experiencia alucinante de los adolescentes en los años sesenta, y eso fue lo más cerca que estuve de Dios.

Jack: ¿Y qué piensas ahora?

Iggy: Seguramente lo mismo. Creo que mi versión es: “¡Intenta ser majo!” (risas). Y aparte de eso, todavía me gustan las flores y los árboles y las piedras y el agua y todo ese rollo. Aparte de eso, pues... no sé.

 
IGGY POP vs. THE WHITE STRIPES, Memorias de Detroit

“No es como si tocaras con un batería cualquiera. ¿Sabes lo que te digo, Jack?”... Meg, imponiendo su presencia entre Jack e Iggy. Foto: Mick Hutson

 

Jack: Cuando empezaste a grabar discos en solitario, ¿te gustaba lo que estaba pasando? ¿Tenías muchas cosas que decir o te aconsejaron que siguieras grabando discos?

Iggy: Estaba triste. Me sentía abandonado, perdido, solo. Y, cómo se dice... nostálgico. Me encontraba fatal. Y la razón por la cual finalmente dejé el grupo es que miraba lo que estaba haciendo, miraba quién era, y sabía que, si seguía intentando hacer aquello, estaba a punto de ir hacia atrás. Recuerdo que Johnny Thunders quería hacer algo y me dije: “Esto no saldrá tan bien como The Stooges, y ahora estoy más viejo. Últimamente, cuando estoy una semana metiéndome drogas, tengo un aspecto mucho peor que antes. He cometido todos los errores que necesitaba cometer una vez y no necesito volver a cometerlos...”. David Bowie me dio la oportunidad de grabar discos en solitario. Y en la época en que me dio esa oportunidad, él era un gran talento de la música blanca. Y yo me daba cuenta de eso. Siempre he sabido verlo, con Ron Asheton, con James (Williamson)... Siempre he sido un gran fan de la música y sé cuándo encuentro al tipo que me conviene. Fue un camino difícil en muchos sentidos, pero los LPs que hice con él son muy buenos y plasmaron un lado suyo que no podía sacar a la luz por culpa de las presiones comerciales que tenía con el éxito. En el plano artístico, me gustan mucho esos discos, “The Idiot” (1977) y “Lust For Life” (1977), pero personalmente yo estaba muy triste. Cuando oí que salían The Damned y Sex Pistols, me sentí tan nostálgico y raro, y tan... ¡No envidioso, pero algo parecido! Aquellos tipos tenían grupos, y yo no.

Jack: ¡Pero estaban enamorados de ti! ¡Hacían versiones de “No Fun”!

Iggy: Vale, eran como yo, más tarde.

Jack: Te hacían un homenaje.

Iggy: Vale, y yo me sentía abandonado.

Jack: ¿Pero por qué te sentías abandonado, Iggy? ¿Por qué no te sentías más inspirado?

Iggy: Porque la formación básica de mi vida había sido la siguiente: yo era un niño solitario que vivía en una caravana pequeña y se había inventado mogollón de historias raras. Después me monté una casa con unos tipos que eran un poco diferentes de mí, The Stooges, y vivimos todos juntos, cómodos, o perezosos o en letargo, llámalo como quieras: es lo que se tiene cuando unos tíos salen juntos y viven las mismas experiencias. Y eso tiene algo de romántico, pero también implica una pereza terrible y una especie de engaño. Y se hace más difícil estar solo. Con aquellos tipos encontré una familia, y nunca he vuelto a tener algo así.

“David Bowie me dio la oportunidad de grabar discos en solitario. Y en la época en que me dio esa oportunidad, él era un gran talento de la música blanca. Y yo me daba cuenta de eso. Siempre he sabido verlo, con Ron Asheton, con James Williamson... Siempre he sido un gran fan de la música y sé cuándo encuentro al tipo que me conviene”
(Iggy Pop)

Jack: ¿Ni siquiera con los hermanos Sales ni con David Bowie?

Iggy: No, no. No eran chavales inocentes del Medio Oeste que tocaban la guitarra, sino profesionales, una gente estupenda. David fue un muy buen amigo en muchos sentidos, pero, de todos modos, era una cosa distinta; tenía toda una historia propia montada y un grupo de gente a su alrededor, y problemas que debía asumir. Viví en una habitación al lado de él durante más de un año y éramos buenos amigos, pero no era igual que estar en un grupo. Además, cuando sacas las cosas con tu nombre... ¡Uf! ¡Es la hostia de solitario! Es diferente.

Jack: Recuerdo que Ringo Starr dijo una vez que Elvis le daba pena porque The Beatles por lo menos se tenían unos a otros, pero Elvis estaba solo.

Iggy: Es absolutamente cierto. Estar en grupo es un gran consuelo. Pero también tiene algunas desventajas. Ahora esto no me preocupa. Me siento muy bien siendo yo mismo.

Jack: Pero esa sensación de formar parte de una familia es muy estimulante. En los últimos años, cuando empezamos con The White Stripes, había grupos en Detroit, como Rocket 455, The Demolition Doll Rods, The Dirtbombs... Tocábamos juntos en todos los conciertos...

Iggy: Sí. Me gustan los Doll Rods.

Jack: En cierto modo, ahí teníamos una historia de familia, esa misma sensación. Aún sigue ahí. Cuando vuelvo a casa después de las giras, esa familia sigue ahí. Ahora tocamos en el Masonic Temple en vez del Paychecks, pero sigue siendo la misma familia.

Iggy: Supongo que, seguramente, tienes un poco de eso también dentro de tu propio grupo, aunque no es que quiera insistir demasiado en eso, ¿sabes?

Jack: Sí, sí, claro.

Iggy: No es como si tocaras con un batería cualquiera. ¿Sabes lo que te digo?

Jack: ¡Ja, ja, ja!

Iggy: Es una historia curiosa. ¿Me entiendes, eh, Jack?

Jack: Sí. ¡Te entiendo!

Iggy: ¡Ja, ja, ja! 

Jack: Bueno, podría estar todo el día haciéndote preguntas, pero lo voy a dejar aquí. Solo quería decirte lo importante que eres para Detroit. Lo que transmitíais tú y la gente con que estuviste sigue ahí y todavía está ahí en las salas cuando tocan los grupos.

Iggy: Genial.

Jack: Sin lo que tú has hecho por Detroit, habría un vacío enorme en el rock’n’roll de mi ciudad. Sé que no hubiese sentido muchas de las cosas que he sentido en los últimos años sin lo que tú has aportado.

Iggy: Mola, tío. Joder, eso es genial.

Jack: Muchas gracias, Iggy, nos vemos.

Iggy: Vale, chaval, adiós.

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Por Nando Cruz
EELS, Cosas que deberías saber

PORTADA ROCKDELUX (RDL 287)

EELS

Cosas que deberías saber

Por Pablo Gil
NICK CAVE, La búsqueda interminable

PORTADA ROCKDELUX (RDL 133)

NICK CAVE

La búsqueda interminable

Por Jordi Bianciotto
12TWELVE, Nuevo cuarteto catártico

PORTADA ROCKDELUX (RDL 238)

12TWELVE

Nuevo cuarteto catártico

Por Adrián de Alfonso
DOMINIQUE A, ¡Luz, más luz!

PORTADA ROCKDELUX (RDL 307)

DOMINIQUE A

¡Luz, más luz!

Por Gerard Casau
ROSALÍA, Baile, pop y palos

PORTADA ROCKDELUX (RDL 374)

ROSALÍA

Baile, pop y palos

Por Silvia Cruz Lapeña
LOS PUNSETES, Los buenos salvajes

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LOS PUNSETES

Los buenos salvajes

Por Pablo Gil
LEONARD COHEN, Un hombre de verdad

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LEONARD COHEN

Un hombre de verdad

Por Alberto Manzano
MANEL, Sabotaje a la “gent normal”

PORTADA ROCKDELUX (RDL 349)

MANEL

Sabotaje a la “gent normal”

Por David Morán
HERMAN DUNE, La vida es guay

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HERMAN DUNE

La vida es guay

Por Juan Manuel Freire
NIÑO DE ELCHE, El equilibrio es la muerte

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El equilibrio es la muerte

Por David Saavedra
ARCTIC MONKEYS, Chúpate esa

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ARCTIC MONKEYS

Chúpate esa

Por Pablo Gil
PRINCE, Revolución púrpura

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PRINCE

Revolución púrpura

Por Luis Lles
M.I.A., El orgullo del Tercer Mundo

PORTADA ROCKDELUX (RDL 232)

M.I.A.

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Por Víctor Lenore
ARCADE FIRE, Cantando después del entierro

PORTADA ROCKDELUX (RDL 228)

ARCADE FIRE

Cantando después del entierro

Por David S. Mordoh
U2, Eno-rabuena

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U2

Eno-rabuena

Por Ricard Robles
PONY BRAVO, Porque su rumba está buena

PORTADA ROCKDELUX (RDL 316)

PONY BRAVO

Porque su rumba está buena

Por Joan Pons
VIC CHESNUTT, El filósofo del porche trasero

PORTADA ROCKDELUX (RDL 281)

VIC CHESNUTT

El filósofo del porche trasero

Por Nando Cruz
KANYE WEST, Todo sobre mi ego

PORTADA ROCKDELUX (RDL 320)

KANYE WEST

Todo sobre mi ego

Por Luis Lles
LEE RANALDO, El tercer nombre

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El tercer nombre

Por Jesús Llorente
LA BUENA VIDA, En mi jardín

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LA BUENA VIDA

En mi jardín

Por Laura Sales
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