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JANELLE MONÁE, Ha nacido una estrella

“Soy una alienígena del espacio exterior / Una ciberchica sin rostro”.

 
 

ENTREVISTA (2010)

JANELLE MONÁE Ha nacido una estrella

¿Janelle Monáe? Showtime con fundamento, banda precisa, sonido perfecto y, sobre todo, una voz para el futuro. “Un híbrido entre Josephine Baker y James Brown es lo mejor que le podía pasar al lánguido universo del R&B actual”, dijo de ella Luis Lles. Casi un objeto musical no identificado, Janelle Monáe es un valor seguro del soul-hip hop-R&B-pop pastoral, por definirla de alguna manera. Ella aspira a ser modelo, no de lencería, sino de conducta: artista total y definitiva, sin miedo al delirio y la locura. Artista en mayúsculas. Fue la revelación de 2010, cuando la entrevistó Juan Manuel Freire antes de que se produjese el que iba a ser el estreno en nuestros escenarios de esta diva galáctica, después pospuesto hasta febrero de 2011, momento en el que debutó por fin en España y... arrasó.

Lo de Janelle Monáe no es normal. En tiempos de culto al modo aleatorio, canciones sueltas y demás, ella va y se marca un progresivo, futurista álbum de “concepto”, “The ArchAndroid” (Bad Boy-Atlantic-Warner, 2010), que para ser comprendido a la perfección debe escucharse de una sentada. Ella lo define como una “emotion-music experience”: una sinfonía, o una producción de Cecil B. DeMille, que defiende al individuo sobre la masa y, si uno se deja, puede llegar a tener efectos transformadores. Así de grande piensa esta chica, con solo 24 años, en unos tiempos en que la ambición se observa casi menos como una virtud que como una contrariedad.

Y la rareza de su ambición se extiende, por supuesto, al diseño sonoro de esta odisea espacial retroactual en la que cabe casi de todo: la base es un soul ensoñador y psicodélico, pero se encuentran rastros de scores disneyanos y de John Williams, los musicales de Rodgers & Hammerstein, el funk de James Brown –ese increíble single “Tightrope”, cuyo vídeo asegura Monáe que grabó en el imaginario Palacio de los Perros, sanatorio que acogió también, presuntamente, a Charlie Parker y Jimi Hendrix–, el P-funk de Parliament-Funkadelic –quienes, además, despertaron con una de sus actuaciones el sentido teatral de nuestra heroína–, la Grace Jones de “Nightclubbing” (1981), la emocionante Lauryn Hill del unplugged de MTV y hasta The Mamas & The Papas. ¿O acaso no parece “Oh, Maker” una versión de estos últimos? Pura locura musical que, en otras manos, habría devenido pastiche indigesto, pero que en Monáe no deja de apabullar. Cuestión de aplomo, de convicción.

“Tightrope” (clip de Wendy Morgan, 2010): Janelle Monáe, con la ayuda de Big Boi, busca los fantasmas de Charlie Parker y Jimi Hendrix en el sanatorio mental con más ritmo.


Si no parece un debut, es porque, en cierto modo, no lo es. Janelle puede tener solo 24 años, pero guarda una gran experiencia a sus espaldas. Experiencia vital: creció en un vecindario pobre de Kansas City y con un padre alcohólico; creció difícilmente, como se adivina del despliegue asociativo del tema “Many Moons”: “Hood rat, crack whore / Outcast, weirdo / Stepchild, freak show / Black girl, bad hair / Broad nose, cold stare”. Y experiencia artística: buscando un poco en la red puede localizarse un álbum suyo de 2003 que nunca llegó a publicarse, el acústico, crudo “The Audition”, grabado con sus amigos de la Universidad de Atlanta BOF (Best Of Friends) y Nate “Rocket” Wonder y Chuck Lightning, de su propio equipo de productores Wondaland Productions. Le pregunto por qué no existe edición oficial. “Todo tiene que ver mucho con el ‘timing’, quizás yo no estaba preparada para que saliese, o no lo estaba el mundo, o simplemente no debía ser”, comenta ella en unas respuestas por correo electrónico algo escuetas; pero qué se le va a hacer.

“Big Boi ha estado en el negocio de la música durante mucho tiempo y tiene muchos grandes consejos y mucha inspiración para prestar; es decir, su opinión realmente me importa. Él quiere que mi música siga siendo verdadera para mí, y yo, para mi música... Y eso significa el mundo”

Y ese mismo timing quiso que Big Boi viera su actuación en Justin’s (el restaurante de Diddy), en la noche “Lip Service” de Kim Porter (antigua novia de Diddy). Al salir del escenario, la agarró del brazo y le dijo: “Quiero ficharte, eres increíble y fenomenal”. Poco después, aparecía en la mixtape de Purple Ribbon All-Stars “Got Purp? Vol. 2” (2005) con un original, “Lettin' Go”, y un cover del “Time Will Reveal” de DeBarge, ambos rescatados de su disco inédito. Y al año siguiente, la teníamos en dos temas de la banda sonora de “Idlewild” (2006): “Call The Law” e “In Your Dreams”. A Monáe se le llena la boca de amor al hablar de Big Boi, quien ahora pasará a la historia no solo como visionario del pop negro, sino también como descubridor de la artista. “Big Boi ha estado en el negocio de la música durante mucho tiempo y tiene muchos grandes consejos y mucha inspiración para prestar; es decir, su opinión realmente me importa”, dice ella. “Él quiere que mi música siga siendo verdadera para mí, y yo, para mi música... Y eso significa el mundo”. Otros de sus mentores incluyen a P. Diddy, quien la fichó para Bad Boy y le dio plena libertad a la hora de hacer su primer álbum oficial; y Prince, quien quedó deslumbrado tras ver el show de Monáe en Los Ángeles en 2008 y la invitó junto a su banda a hacer una jam session esa misma noche.

Pero, como ya ha quedado insinuado, Monáe no es una artista definida por sus padrinos, como una Lady Gaga al uso. Es una artista que viene moldeando su propia visión del arte pop desde que pasó por la Academia Americana de Arte Dramático de Nueva York. En su música se presenta no como una persona, sino como un personaje: un androide. En su primer EP oficial, “Metropolis: Suite I. The Chase” (Bad Boy, 2007), primer capítulo de la saga continuada con “The ArchAndroid” (con las Suites II y III), se anunciaba así: “Soy una alienígena del espacio exterior / Una ciberchica sin rostro”. “Sí, ella es lo que soy como artista”, confirma. “Todo debe ser perfecto... Casi como si de una ciencia se tratase”. Maria, las esposas de Stepford, la Mujer Biónica, Pris y Rachael, y ahora, Cindi.

 
JANELLE MONÁE, Ha nacido una estrella

La “emotion-music experience” de Janelle Monáe.

 

El escenario de su película de ciencia ficción no es tanto Atlanta, conocida por su larga historia de hip hop futurista –“estar en un lugar que bullía de cultura hip hop tan solo ayudó a mi arte”–, como la “Metrópolis” (1927) de Fritz Lang. El clásico del cine mudo ha sido, más allá de cualquier música, la principal influencia para Monáe y sus colaboradores. “La película ha sido una gran influencia, desde mi estilo a mi sonido, pasando por la portada del disco”. Su ciberchica es Cindi Mayweather, la elegida para restaurar la unidad y el equilibrio en una sociedad rota por la lucha entre propietarios y trabajadores. Según ella, los androides serán pronto los nuevos “otros” en la sociedad estadounidense, como los mutantes en la sociedad de “Futurama”. Mayweather, al parecer, es un personaje fuertemente influido por el Neo de la saga “Matrix”, un ídolo de esta joven necesitada desde pequeña de crearse otros mundos para escapar del auténtico. Otra referencia importante del proyecto es “Un mundo feliz” (1932), de Aldous Huxley; Monáe reconoce ser adicta del audiolibro.

“Soy una persona muy natural. Canto desde mi corazón, desde mi alma; no hay necesidad de mejorar la verdad”

“The ArchAndroid” es futurista en el sonido –y en toda la imagen que lo envuelve–, pero clásico en las voces. No sé si lo he dicho, pero Monáe tiene una voz dúctil, elástica, expresiva, en fin, maravillosa. Y por ello no le hacen falta Auto-Tune, vocoder ni efectos demasiado obvios. Por ese lado el disco apuesta en los poderes naturales. “Soy una persona muy natural”, dice ella. “Canto desde mi corazón, desde mi alma; no hay necesidad de mejorar la verdad”. No hace falta en absoluto: la nueva diosa del neosoul, la hija intensa de Erykah Badu, convence en cualquiera de sus fases, ya tire hacia Lauryn Hill, Judy Garland o, en “Oh, Maker”, The Carpenters o The Mamas & The Papas. “Posiblemente sea el tema más sorprendente”, reconoce ella misma. Y añade unos apuntes sobre su colección de discos: “Me encanta toda la música; en realidad, estoy inspirada por todo. En mi colección de discos encontrarás un poco de todo”.

Por si quedaba alguna duda, al arriba firmante le matan los nervios por ver actuar a Monáe en directo, el próximo 6 de octubre en la barcelonesa sala Apolo. Será la primera oportunidad de disfrutar en España de su música multipolar, su peinado experimental y ese esmoquin inspirado por Marlene Dietrich y con algo de homenaje a su madre, que era conserje, y a su padre, conductor de camiones de basura; a todos quienes visten uniforme para trabajar, o lo han vestido, como ella misma, que trabajó en un Blockbuster. Hasta en su vestimenta se distingue de las estrellas pop de hoy. De entrada, lleva vestimenta. Así opina de chicas que dejan caer ropa para subir puestos –Christina Aguilera, Katy Perry, tomen nota– en el tema “Sincerely, Jane”: “Danger / There's danger when you take off your clothes / All your dreams go down the drain”. Lo que equivale decididamente a la muerte para una soñadora. ¿Nos harás soñar en tu directo, Janelle? “Esperad quedar sorprendidos. Preparaos para ser sorprendidos”. Claro.

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