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JAVIER DÍEZ ENA, La ceremonia del éter

El hombre theremin.
Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2017)

JAVIER DÍEZ ENA La ceremonia del éter

Subrayemos: “Theremonial. Dark & Exotic Theremin Music”, el primer álbum de theremin grabado por Javier Díez Ena, es excepcional en sentido estricto. La determinación, el talento y el esfuerzo del músico zaragozano cristalizan en este trabajo novedoso y sorprendente, que desbarata prejuicios y abre nuevas vías de expresión para un instrumento también extraordinario. César Luquero habló con él.

Entramos en el estudio casero donde Javier Díez Ena concibió “Theremonial. Dark & Exotic Theremin Music” (Alehop!-Beat Generation, 2017). Uno de los paños del mismo está ocupado por una amplísima estantería atiborrada de CDs. Habrá media docena de contrabajos y varios bajos eléctricos. También un saz. Y unos cuantos monopatines. En el centro de la habitación está su theremin Moog Etherwave Pro. Lo compró hace diez años tirando de ahorros, al enterarse de que la icónica compañía estadounidense iba a dejar de fabricarlo. No fue el primero, pero sí es el más preciado.

“Empecé a hablar con gente que estaba metida en el rollo de pillarse Minimoogs. Lo mandaban por correo para montarlo en casa, pero me pareció muy difícil y lo dejé. En 2004 compré uno australiano de juguete, con una antena de radio desplegable. Era de coña, el cacharrín. Me quedé toda la noche con él, trasteando”

Su fascinación por el sugestivo instrumento inventado por Léon Theremin (1896-1993) en los albores del período de entreguerras viene de lejos. Creyó escucharlo por primera vez en “Mysterons”, la canción que abría “Dummy” (1994), el debut de Portishead. Y se puso a buscar. “Ellos lo acreditan como ‘thereman’, pero Adrian Utley reconoció que es un sintetizador monofónico perfectamente afinado”, aclara. “Empecé a hablar con gente que estaba metida en el rollo de pillarse (sintetizadores) Minimoogs. Lo mandaban por correo para montarlo en casa, pero me pareció muy difícil y lo dejé. En 2004 compré uno australiano de juguete, con una antena de radio desplegable. Era de coña, el cacharrín. Me quedé toda la noche con él, trasteando. Me veía reflejado en la tele, que estaba apagada, moviendo las manos así. Pensaba que era de locos, pero que molaba muchísimo; así que empecé a practicar con él”.

Díez Ena es un músico consumado. Le conocemos por ser el contrabajista de Forastero, Dead Capo y Ginferno. Ha formado parte de las bandas de Ainara LeGardon y Aaron Thomas. Y ha colaborado con Standstill, Corcobado, Damo Suzuki y Toundra, entre otros muchos. Para avanzar técnicamente con el theremin –un proceso de años– tuvo que lidiar con su condición de diestro. En el theremin las melodías se activan con la mano derecha, mientras que en el contrabajo se pulsan con la izquierda. Menuda movida. En 2006 recibió una clase magistral de Pamelia Kurstin, quien le aconsejó que diera la vuelta al instrumento, porque así evolucionaría más rápido. Por eso lo abraza por la espalda. Y ha conseguido dominarlo. “Me ha costado mucho”, reconoce. “Mi historia con el theremin es lanzarme al vacío. En cuanto me compré este –un Moog Etherwave Standard que adquirió en 2005–, empecé a tocar en eventos, a dar alguna charla en Medialab... Con Ainara también lo llevé. He aprendido en casa y en los conciertos. Y en directo ha habido grandes momentos y grandes desastres”.

Visuales creados para el tema “Mai Tai Break”, realizados por El Problema (María Gallardo).

 

 



“Hawái es precioso, pero ¿dónde han quedado la cultura tiki y la exótica como música? Recuerdo que fuimos a buscar el Shell Bar, que es donde Martin Denny creó ese sonido, y ahora es la tienda de souvenirs del Hilton. El origen de la exótica convertido en eso. Hawái es un paraíso artificial que tú te creas”

En verano de 2014, tras acumular la destreza y experiencia necesarias, Javier decidió poner en marcha el ambicioso proyecto que ha desembocado en “Theremonial”, álbum prologado por la inclusión de dos de sus temas en “Puente aéreo Vol. 5” (LaFonoteca, 2017), el split single compartido con Diego García. Se trataba de componer y grabar un álbum donde el theremin “asumiera todos los roles”. La californiana Pamelia Kurstin volvió a ser clave en su decisión. “Es mi mayor influencia”, asume. “Fue la primera que vi que usaba pedales, hacía ‘loops’ e improvisaba. La primera que llevaba el theremin a otro nivel. Es capaz de tocar todo perfectamente afinado, de hacer un ‘walking bass’ de jazz. Es maravillosa”. También resultó fundamental su amigo Jorge Ramírez-Escudero, Hyperpotamus: “Me influyó en la decisión de adoptar uno mismo, con un solo instrumento, todos los roles musicales: ritmo, bajo, armonía, melodía... Fue como un proceso de ida y vuelta. Le recomendé utilizar la pedalera de ‘loop’ que yo tenía, pero, al ver el partido que le sacaba y la autogestión y modus operandi que exhibía en directo, me acabó por influir mucho más que otra gente que hacía ‘loops’, como Matt Elliott o Manyfingers”.

Grabado en casa durante casi dos años, mezclado y coproducido por Luca Petricca, “Theremonial” cumple con creces los objetivos marcados por Díez Ena. Es un álbum en el que el theremin trasciende el papel subalterno que se le suele adjudicar en el ámbito pop para entrar en la dimensión de la pura creatividad. Es una colección de canciones que bascula entre lo oscuro y lo accesible y que compendia de forma brillante la devoción que su autor profesa a la música industrial, el score, el space age pop, la paleoelectrónica y, especialmente, la exótica de filiación polinesia. “A través de Cristina, mi mujer, empezamos a interesarnos por la cultura tiki. Ella comenzó a investigar, estudió hawaiano y viajamos allí. Es una influencia muy espiritual. ‘Waikiki Spleen’ habla de nuestro viaje a Hawái. Llegas allí y te das una hostia con la realidad. Hawái es precioso, pero ¿dónde han quedado la cultura tiki y la exótica como música? Recuerdo que fuimos a buscar el Shell Bar, que es donde Martin Denny creó ese sonido, y ahora es la tienda de souvenirs del Hilton. El origen de la exótica convertido en eso. Hawái es un paraíso artificial que tú te creas, pero del que ya prácticamente no queda nada”.

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