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JEFFREY LEWIS & THE JUNKYARD, Producciones animadas

El momento dulce de un loco hiperactivo. Foto: Inma Varandela

 
 

ENTREVISTA (2009)

JEFFREY LEWIS & THE JUNKYARD Producciones animadas

Activista del cómic “underground”, compositor de canciones que beben del jugo loco de Daniel Johnston y abanderado de esa cosa llamada antifolk, Jeffrey Lewis aprendió a grabar discos y se topó casi sin querer con el soberbio “'Em Are I” (2009), magnífico retrato de un artista encantado de haber descubierto la ambición y el olfato melódico, según determinó David Morán en esta entrevista.

A Jeffrey Lewis, como verán, le importa un rábano el antifolk. Sea lo que sea que signifique, no va con él. Y menos ahora que este Miguel Ángel punk, el vivo retrato del outsider silencioso y cultivado, se ha transformado por obra y gracia de “'Em Are I” (Rough Trade-Popstock!, 2009) en un mayúsculo autor de despeinantes y contagiosas canciones pop. ¿Exagerado? Para nada. Basta con pegar la oreja a su último trabajo para darse cuenta de que eso de ver a Lewis como entrañable anomalía del underground neoyorquino es cosa del pasado. Ya no toca, que diría aquel. Así, donde antes encontrábamos a un desastrado dibujante metido a músico casi por casualidad, encontramos hoy a un ambicioso compositor con un renovado olfato melódico y una habilidad especial para cambiar de casilla estilística sin perder el rumbo. Quizá no sean atributos del todo nuevos –el párrafo anterior ya empezó a escribirse con “City & Easter Songs” (Rough Trade, 2005)–, pero sin duda son mejores. Mucho mejores.

“En cierto modo lo veo como una consecuencia lógica de todo lo que he hecho antes. Lo que he aprendido sobre la vida, sobre mis experiencias y sobre estar en una banda, todo eso está aquí. Creo que ahora sé algunas cosas más sobre cómo cantar y tocar que las que sabía cuando hice mi primer disco”

Puestos a buscar el clic definitivo, el kilómetro cero de tamaña metamorfosis, el propio Lewis se agarra al día en que tuvo la ocurrencia de darle un revolcón al repertorio de los airados Crass con “12 Crass Songs” (Rough Trade, 2007). “Me enfrenté al reto de descubrir mi papel en el disco, ya que por primera vez trabajaba con material que no había escrito yo –explica Lewis–. Así que de pronto me vi convertido en productor y arreglista, algo que nunca había hecho con mis propias canciones, ya que siempre intento que sean muy básicas y directas. Experimentar con las canciones de Crass me permitió aprender un montón de cosas que he aplicado ahora a “'Em Are I”. Y, en efecto, en el nuevo disco de Lewis, firmado a medias con su banda The Junkyard, hay un montón de cosas: indie esponjoso y adhesivo, folk demente, canciones de amor de ritmo trotón, pop radiante, unas letras que no tienen desperdicio y, redoble de tambor, un solo de guitarra de J Mascis (Dinosaur Jr.). De todo esto habla un artista que, pasen y vean, parece disfrutar llevándose continuamente la contraria.

Escuchando el disco da la sensación de que unas cuantas cosas han cambiado y de que “'Em Are I” es tu disco más... ¿profesional? Así es. En cierto modo lo veo como una consecuencia lógica de todo lo que he hecho antes. Lo que he aprendido sobre la vida, sobre mis experiencias y sobre estar en una banda, todo eso está aquí. Creo que ahora sé algunas cosas más sobre cómo cantar y tocar que las que sabía cuando hice mi primer disco. Nos hemos desarrollado como banda y, después de “12 Crass Songs”, ya sabemos cómo hacer discos. “'Em Are I” es una muy buena expresión de todo lo que hemos hecho en los últimos años.

¿Te sigues viendo como un dibujante de cómics que se ha convertido en músico casi por casualidad? La verdad es que los últimos dos años he estado tan centrado en la música que no sabría decirte... De hecho, juraría que en todo este tiempo solo he hecho un número de cómic, porque he pasado mucho tiempo en la carretera dando conciertos. Sigo pensando que quizá dibuje mejor de lo que toco la guitarra, pero puede que las dos facetas se estén equilibrando cada vez más.

¿Y no has echado de menos los cómics durante todo este tiempo? En realidad tampoco lo he dejado de lado completamente. Que solo haya publicado un número de cómic no significa que haya dejado de trabajar: hice una historieta para The Cribs coincidiendo con una gira que compartieron con Franz Ferdinand y ahora mismo estoy trabajando en un proyecto de ilustración para la web del History Channel.

Creo que también has estado trabajando con Cornershop. Sí, aunque haciendo algo muy diferente a lo que hago habitualmente, ya que ellos querían una ilustración para la galleta del vinilo, no para la portada. De hecho, también estuve grabando unas cuantas canciones con ellos. Grabamos dos canciones en casa de Tjinder –Singh, el líder la banda–. Espera, creo que en realidad fueron cuatro. Sí, hicimos cuatro canciones en verano, aunque no sé si llegarán a ver la luz algún día. Tjinder es muy perfeccionista, así que no creo que siga trabajando en ellas. Y si las acaba, seguro que aparece un sitar por ahí en medio (se ríe).

 
JEFFREY LEWIS & THE JUNKYARD, Producciones animadas

“Yo no me acerco a las canciones como un músico, sino como una persona creativa que jamás planeó estar en una banda”.

Foto: Inma Varandela

 

Perfeccionista. Lo contrario que tú, vamos. Sí, exactamente (se ríe). Lo último que se podría decir de mí es que soy un perfeccionista.

¿Cómo crees que es la relación entre el Jeffrey Lewis músico y el dibujante de cómics? ¿Podrían existir el uno sin el otro? Es curioso, porque aunque podría seguir haciendo cómics sin necesidad de la música, creo que los cómics hacen que, de algún modo, mis canciones sean más interesantes. Es lo que me diferencia del resto de bandas y artistas del mundo: ellos SOLO tienen banda, y su acercamiento a la música es estrictamente musical. Yo, en cambio, no me acerco a las canciones como un músico, sino como una persona creativa que jamás planeó estar en una banda. Es algo que hace que la música sea más interesante, aunque no creo que suceda lo mismo a la inversa: mis canciones no hacen mejores o más interesantes mis cómics.

¿Sigues sin tener teléfono móvil, como cantas en “To Be Objectified”? No, ahora ya tengo; me estás llamando al móvil ahora mismo. Pero no es oficial (se ríe). ¿Por?

“Creo que es muy difícil escribir una canción política, ya que... No sé, quizá sea porque una canción es entretenimiento. Hay un ritmo y una melodía que lo que buscan es que el oyente disfrute, por lo que me resulta difícil no ver el elemento político como una distracción. En un libro o en un cómic, en cambio, puede ser una experiencia más educacional”

Por curiosidad y por saber hasta qué punto ves tus canciones como una manera de explicarte a ti mismo. Lo cierto es que tengo una relación bastante complicada con mis propias canciones. Es extraño, porque puedo escribir una canción cuando las cosas me están yendo mal y mi vida es un desastre, y la canción seguirá ahí cuando las cosas hayan mejorado. Y como es una buena canción, me gusta seguir tocándola, pero la sensación es extraña. Que yo haya cambiado no significa que la canción no tenga derecho a permanecer, así que por un lado quiero mantener las buenas canciones conmigo, sean cuales sean las situaciones que describan o hablen de buenos o malos momentos, pero por otro lado hay veces que siento la necesidad de cambiar un poco la letra.

Así que tus canciones son algo vivo y cambiante. Algo así. De todos modos, creo que un gran artista, un creador, debería aspirar a tocar en directo únicamente las canciones que ha escrito esa misma semana. Si alguien va a verte tocar en directo y todas las canciones son nuevas, tendrá el perfecto retrato de quién eres en ese momento concreto. En cambio, cuando tocas canciones de hace diez años y alguien te dice que le ha gustado, lo primero que piensas es: “entonces realmente no te gusta Jeffrey Lewis; lo que te gusta es el Jeffrey Lewis de hace diez años, que era alguien diferente”. Es todo un poco contradictorio, ya que a pesar de esto no quieres perder canciones buenas. Y que una canción tenga diez años no quiere decir que ya no sea buena. Eso sí: no creo que nadie pueda considerarse buen artista por haber hecho algo diez o quince años atrás.

¿Cómo recuerdas tu experiencia escribiendo para ‘The New York Times’ en el blog “Measure For Measure”? Fue algo fantástico, porque aunque hago cómics y canciones, no he tenido muchas oportunidades de escribir. Solía escribir mucho cuando estaba en el instituto y estudiaba literatura, así que fue bueno recordar lo bien que lo pasaba. Además, te abre a un público completamente diferente, ya que la gente que te lee no es la gente que va a tus conciertos o compra tus cómics; simplemente son tipos que leen ‘The New York Times’. Y como músico, me sirvió para empezar a pensar en las canciones de otro modo.

En uno de los artículos explicas tu relación con la política y las dificultades que tienes para hablar de política en tus canciones, algo que, sin embargo, no te ocurre con los cómics. Creo que es muy difícil escribir una canción política, ya que... No sé, quizá sea porque una canción es entretenimiento. Hay un ritmo y una melodía que lo que buscan es que el oyente disfrute, por lo que me resulta difícil no ver el elemento político como una distracción. En un libro o en un cómic, en cambio, puede ser una experiencia más educacional. (Se lo piensa un rato). Bueno, no sé, en realidad esto no es del todo cierto, ya que muchas canciones pueden enseñarte... Supongo que lo que quiero decir es que se me da mucho mejor hacer cómics políticos que manejar la política en las canciones.

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