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JENNY HVAL, La fascinación por el tabú

La bruja exploradora.

 
 

ENTREVISTA (2016)

JENNY HVAL La fascinación por el tabú

Para la noruega Jenny Hval nada es incuestionable y no hay terreno vedado. Sin parpadear, con sus discos explora los límites del pop y abre caminos al debate. Cada uno de sus directos es una improvisada performance. Por eso la han invitado a sus giras Perfume Genius y St. Vincent. Aïda Camprubí la entrevistó.

"Siempre creí que sería escritora y no música. Empecé mi primer libro, ‘Perlebryggeriet’, en 2004 –publicado en 2009–, antes de que hubiese grabado un álbum o tocado en solitario. Por aquel entonces, escribir era algo real y tangible, mientras que la música era solo otro campo por explorar. Eso también significaba que tenía, y me permitía, una mayor libertad en mis composiciones. Era mi faceta más liberadora”. Los límites entre las distintas inquietudes artísticas de Jenny Hval siempre han tenido una calidad elástica, desde su tesis sobre Kate Bush y “la voz cantada como parte de la literatura” hasta su concepción de los directos como una performance.

“Trato de interrogar a la audiencia sobre la jerarquía que hay entre ellos y yo: ¿tengo que parecer poderosa porque estoy cantando sobre el escenario?, ¿debo afinar bien?, ¿debo impresionarlos? Prefiero parecer humana”

Presentarla como una artista noruega sería menospreciar su recorrido por el globo (y su fascinación por imitar acentos), si contabilizamos su estancia como estudiante en Australia –donde formó parte de las bandas iPanic y Folding For Air– y sus constantes viajes a Estados Unidos, sede de Sacred Bones, discográfica que le ha publicado dos de los cuatro álbumes editados a su nombre – “Apocalypse, Girl” (2015) y “Blood Bitch” (2016; distribuido en España por Popstock!), tras los primeros “Viscera” (Rune Grammofon, 2011) e “Innocence Is Kinky” (Rune Grammofon, 2013)–, después de su aventura bajo el alias de Rockettothesky. “Me he sentido como una ‘outsider’ total en mi país, y las personas con las que elijo colaborar también tienen una relación ambivalente con el hecho de ser noruego. Susanna Wallumrød escapa de las medidas espacio-tiempo, pertenece al mundo entero, y Lasse Marhaug, mi productor, es una de las personas más internacionales que conozco; tiene colegas de la escena noise en casi todas las partes del mundo”.

Su forma de transgredir no se conforma solo con las barreras geográficas: sus actuaciones en directo hasta la fecha eran más una invitación a la reflexión que un concierto a rajatabla. “Durante 2015 sentí que quería ser ‘más’ que música, dar otra ‘cosa’. Cargué una bola de yoga y varias pelucas en mi maleta durante dieciocho meses porque necesitaba un apoyo. Me encantaba eso, pero ahora quiero dedicarme un poco más a la música, porque este último álbum es introvertido. Aun así, continúo ofreciendo una gran variedad de espectáculos: recreo en el escenario desde un ritual mortuorio hasta una fiesta de aniversario. Juego con las ideas y tengo muchísimos sueños”.

“Cuando en escena llevo una peluca, queda maravilloso. Nunca he sentido que pudiera ser femenina de esa manera, así que llevar símbolos impuestos por la supremacía y utilizarlos mal me hace feliz. Me gusta fallar en el intento. También trato de interrogar a la audiencia sobre la jerarquía que hay entre ellos y yo: ¿tengo que parecer poderosa porque estoy cantando sobre el escenario?, ¿debo afinar bien?, ¿debo impresionarlos? Prefiero parecer humana”.

Clip de “Female Vampire”, de “Blood Bitch” (2016), dirigido por Jenny Berger Myhre. “Orlando es un personaje vampírico, porque cambia de género y evoluciona con los tiempos; vive creativamente”.

Jenny es una exploradora de los tabús, porque lo que es prohibido suele ser fascinante: “Ser capaz de trabajar con el arte es poder ver más allá de lo políticamente correcto, porque si observas desde un punto de vista político, entonces tu cerebro empezará rápidamente a aplicar la censura en aspectos que pueden tener mucho valor artístico”. Siguiendo la estela de salirse de la ley con sus asociaciones imprevistas, en su último álbum, “Blood Bitch” –que nada tiene que ver con la canción de Cocteau Twins–, relaciona las películas de Jesús Franco (“Female Vampire”) con uno de los hitos de Virginia Woolf: “La historia de Orlando es increíblemente importante para mí, como si se tratase de una visión alternativa del mundo. Es un personaje vampírico, porque viaja por múltiples períodos históricos, cambia de género y evoluciona con los tiempos; vive creativamente”.

“Ser capaz de trabajar con el arte es poder ver más allá de lo políticamente correcto, porque si observas desde un punto de vista político, entonces tu cerebro empezará rápidamente a aplicar la censura en aspectos que pueden tener mucho valor artístico”

En este disco dice del amor que está más capitalizado que el sexo –en “Conceptual Romance”, su carta a Chris Kraus–, en “Lorna” reflexiona sobre el deseo (“¿existe un lenguaje apropiado para comunicarlo?”), y también plantea preguntas sobre las distintas connotaciones de la sangre y sobre la muerte, porque para congraciarnos con nuestro destino no hay nada más lícito que morir en escena. “Un vampiro está muerto, pero misteriosamente vivo. La sangre menstrual es muerte, una oportunidad fallida de concebir. Las mujeres siempre se han visto como hacedoras de vida. ¿Puede ‘Blood Bitch’ ser una celebración de las mujeres dando muerte? O quizá no... La vida eterna es terriblemente aburrida, creo. No tienes nada por lo que vivir, porque con el tiempo te das cuenta de que la única razón de ser de la humanidad es morir”.

Cuando Caitlin White, en una entrevista en ´Brooklyn Magazine’, le preguntó qué le inspiraba para tratar estos temas en la música, contestó que “como la sangre menstrual, se derramaron a través de mí”. ¿Y por qué no tratarlos? ¿Desde cuándo la música es un soporte elitista? ¿Son estas ideas tan alarmantes? “Parece tan moderno ser radical que no entiendo lo que significa. Ahora cualquier cosa puede ser experimental. No es algo que eres, es algo que haces. Así que, para mí, es muy extraño tener que decir siempre que hago música pop, que mis canciones tienen coros y dos estribillos”.

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