×

USO DE COOKIES

Este sitio web utiliza Cookies propias y de terceros, para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios, para mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias, así como analizar sus hábitos de navegación. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web.

Aceptar Cómo configurar

Cargando...
JOAN MIQUEL OLIVER, Veo amor en sus hábitos

Los cantos de Neptuno.
Foto: Óscar García

 
 

FIRMA INVITADA (2017)

JOAN MIQUEL OLIVER Veo amor en sus hábitos

Además de ser una de las mejores jugadoras europeas de baloncesto –internacional absoluta con la selección española desde 2002, con la que se proclamó campeona de Europa en 2013 y 2017, subcampeona del mundo en 2014 y subcampeona olímpica en 2016, así como ganadora de dos Euroligas–, Laia Palau (Barcelona, 1979) es una gran admiradora de Joan Miquel Oliver. En esta entrevista, realizada en varias etapas, el cantautor mallorquín le desveló los secretos de su proceso creativo y de su último disco, “Atlantis”.

Nos conocemos en una terraza del aeropuerto de Barcelona. Yo me acerco como una fan quinceañera, sin trenzas pero con pecas. No soy muy dada a las adulaciones, aunque parece que hay una fuerte corriente submarina que me empuja a las costas mediterráneas de Joan Miquel Oliver. Este tipo de ojos profundos y cálidos encierra, como si de un bonito acuario se tratase, uno de los mundos más coloridos y anestesiantes que se haya podido desear detrás de un cristal.

Empezamos a hablar. Es un hombre tranquilo que disfruta de las cosas sencillas. Se sabe protegido por su ejército de... ¿De qué? ¿Marcianitos? ¿Algas? ¿Oleajes? ¿Puntos de fuga? ¿Constelaciones? ¿Artefactos estrambóticos? ¿Puestas de sol? ¿Cambios de luz? Toda una cascada natural que le rodea y le impulsa.

“Las canciones se organizan en tres grupos de cuatro. El primero son los personajes relacionados con el mundo, el segundo bloque describe relaciones directas, y en el último encontramos la visión desde fuera del fenómeno ‘personas’. Esto es gradual y no siempre se cumple de forma estricta. O también podríamos decir que hablo de las personas desde un punto de vista más caliente o subjetivo al principio y luego voy derivando hacia una visión más fría o exterior hacia el final”

Lo invito a Praga, que es donde vivo y juego hará ya cuatro temporadas. Kafka le pega como una pegatina Volcom a mi furgoneta. No viene, porque la ciudad es bohemia, pero no tiene mar.

Seguimos en contacto. Él, con sus bolos, sus promos, sus encierros en el estudio. Yo, con mis entrenamientos, partidos y viajes. Hablamos porque compartimos la soledad de los aeropuertos y los hoteles. Y porque nos descubrimos mundos diferentes con denominadores comunes: la presión del escenario, la repetición insaciable, exigirse cada día, el miedo al fracaso, la euforia del triunfo...

Antes de que acabe 2015 consigo verlo en un concierto en un teatro con solera de L’Hospitalet de Llobregat. Está de gira con “Pegasus” (Sony, 2015) y ya va con su formato de trío y su kimono negro. Mis sobrinas lo flipan, porque yo creo que las canciones de Joan Miquel son como pequeñas dosis de conocimiento. Como esas píldoras de colores que contenían las materias del colegio y que engullían con avidez los niños de un planeta lejano del fantástico mundo de Gianni Rodari. Hoy toca metafísica, después mitología, mañana geografía y, con el de Sóller, siempre poesía.

El siguiente verano asisto a un espectáculo poderoso desde el faro de Sant Pol de Mar. El gran azul extendiéndose a los pies de las canciones, como una continuación, como un manto, como un derrame natural, con la música cabalgando el unicornio dorado por encima de olas y estrellas. La menta de los mojitos y la brisa es el atrezo cuando me cuenta que tiene el nuevo disco ya casi acabado y aún está promocionando su “Pegasus”. ¡Este tío es tan incombustible como los satélites que orbitan en sus canciones!

El álbum que se presentó en el festival Strenes de Girona el 7 de abril se llama “Atlantis” (Sony, 2017) y es la segunda entrega de la “Trilogía Pinya”, como bautiza él la relación con Albert Pinya, culpable de la dirección artística. “Cuando lo escuchamos, él pensó que ‘Atlantis’ era la clara continuación de ‘Pegasus’, con lo cual la estética del CD también tenía que ser continuista. Y decidí que, si seguíamos la línea, había que hacer tres, no dos. Una trilogía se forma en tres momentos: tesis, antítesis y síntesis”.

“A nivel temático también hay un contraste, a grandes trazos. En ‘Pegasus’ creé escenarios vacíos, espacios determinados, un mundo exterior inhabitado. En ‘Atlantis’ asistimos a la entrada de las personas, el tema principal del disco”. Así lo vemos ya en la primera canción, “Nins a tobogans”, que nos sitúa en un espacio con las divagaciones propias de la antesala del sueño. Algo que también podría esconder la trampa de creer que todo el álbum es un viaje en fase R.E.M., pero donde ya aparecen esos personajes.

En “Atlantis” consigue anudar conceptos de historia, literatura, oceanografía, mitología... “A nivel musical, lo de siempre: mezcla loca al servicio del mensaje y pasotismo total hacia las categorías de estilo”.

A partir de aquí, enlazamos con “Agricultors ingràvids”, que sigue describiéndonos espacios lunares, minimalistas (porque él no sabe hacerlo de otra manera), pero nos coloca otra vez a esas personas desarrollando una acción. Agricultores que desempeñan su trabajo con amor y desafiando las leyes de Newton, ni más ni menos. Todo esto cantado sobre un teclado electropop bien futurista que me hace imaginar meteoritos pasando veloces cerca de mí, pero, a la vez, en absoluta paz.

“Atlantis”, que da nombre al disco, me parece un gran ejemplo de lo que es el mundo complejo y completo de Oliver. En esta pieza consigue anudar conceptos de historia, literatura, oceanografía, mitología y, si me apuras, destellos de visiones vanguardistas. Todo engarzado con un pianito house muy de los noventa. O, como dice él, “a nivel musical, lo de siempre: mezcla loca al servicio del mensaje y pasotismo total hacia las categorías de estilo. Al estilo se llega; en ningún caso es una intención”.

Empezamos la segunda parte del álbum, porque el balear lo ve así. “Las canciones se organizan en tres grupos de cuatro. El primero son los personajes relacionados con el mundo, el segundo bloque describe relaciones directas, y en el último encontramos la visión desde fuera del fenómeno ‘personas’. Esto es gradual y no siempre se cumple de forma estricta. O también podríamos decir que hablo de las personas desde un punto de vista más caliente o subjetivo al principio y luego voy derivando hacia una visión más fría o exterior hacia el final”.

“Este es un momento oscuro, muy nostálgico, pero también es la realidad que tenemos. Cuando hago un disco intento atrapar unas ideas. Una de ellas es la de estas personas que ven el mundo un poco con estupor. Este concepto lo he atacado desde distintos puntos de vista en diferentes canciones”

“Rumba del temps” es el extremo más orgánico de “Atlantis”, con una batería acústica, un bajo antiguo y un guitarro mallorquín. Pero la sofisticación nos golpea a través del mensaje. Nos explica, acompañado por Stephen Hawking o Albert Einstein, la relación entre la velocidad de la luz y el tiempo. ¡Ahí va otra pildorita de conocimiento!

En “Cançó de contacte” sigue la línea de la calidez oliendo a madera y cuerda áspera, y nos bañamos con “Posidònia”. Cuando Joan Miquel se decide a descubrirnos su isla es cuando el corazón le late a tempo perfecto. Son sus dominios. Su salitre, sus aguas, sus vientos, incluso el turisteo exagerado que echaría de su patria si tuviera una metralleta en la mano. Llegados a este punto, nos enzarzamos en una divagación sobre el progreso, la clase política, el estado (precario) de las cosas. “El turismo lo despersonaliza todo y, sobre todo, cuando no está regulado. Los mallorquines no pintamos una mierda en Mallorca y esto no puede ser. Hay que mejorar en dignidad, tener trabajo, dinero para poder vivir, tener un techo donde no te mojes. No puede ser el negocio a cualquier precio. Vivimos con miedo, y yo, en esto, no creo”. Cuando le pregunto si opina que Mallorca podría ser Atlantis, resopla. “La verdad es que en el momento en que empiezo a contar lo de la ciudad sumergida, lo de la civilización perdida, no puedo dejar de pensar que lo fácil es que todo se vaya al carajo. De todos modos, yo vivo de hacer canciones y tú de meter canastas. Son los políticos los que tienen el poder, y además están cobrando por ello; son los que tienen que dar soluciones”.

En “Ses persones” encontramos un poco más de esta mirada crítica. Nos retrata unas personas desde el color gris. Hombres apestosos, locos chillando, viejos aburridos, mujeres ordenando. Qué visión más pesimista, ¿no? “Este es un momento oscuro, muy nostálgico, pero también es la realidad que tenemos. Cuando hago un disco intento atrapar unas ideas. Una de ellas es la de estas personas que ven el mundo un poco con estupor. Este concepto lo he atacado desde distintos puntos de vista en diferentes canciones. Hago ‘Ses persones’ y me dejo cosas por decir; entonces tengo que seguir con ‘Torneig amistós’. Son dos intentos fracasados de hacer la misma canción. Si juntamos las dos, encontramos la buena”, y se ríe. “En ‘Disseny de producte’ y ‘Ses coses’ también pasa. Voy creando apéndices de una misma idea”.

 
JOAN MIQUEL OLIVER, Veo amor en sus hábitos

“Escribo palabras, escribo versos, pero ya con ritmo y melodía. La poesía juega con la sonoridad de las palabras; tú no puedes luchar contra la música que ya llevan intrínseca. Aunque, a veces, la música te sugiere el texto”.

Foto: Óscar García

 

Es en el casco antiguo de Palma donde todo se cuece. Le pregunto por la producción del disco. Tú te lo haces todo, tú, tuyo, solo, tú, ¿no? Se ríe con el sí y se explaya... “Yo tengo un estudio, como si fuese un laboratorio, y voy cada día a probar cositas. Lo que nace allí ya va con la producción hecha, no voy por pasos. Aplico una perspectiva holística en todo lo que hago. Cada pista, cada nota que grabo está relacionada con el conjunto de todas las canciones que he compuesto, de todos los álbumes que he sacado y de los que están por venir. Para que te hagas una idea, yo no tengo ninguna canción que no se haya publicado. Me gusta construir y levantar el disco todo a la vez”.

Y seguimos ahondando en el proceso creativo. “Escribo palabras, escribo versos, pero ya con ritmo y melodía. La poesía juega con la sonoridad de las palabras; tú no puedes luchar contra la música que ya llevan intrínseca. Aunque, a veces, la música te sugiere el texto. Hay que estar atento y tener la sensibilidad disponible para cazar ese momento y no dejar que se enfríe”. Me da la sensación de que disfruta mucho haciendo lo que hace. “Bueno, cuando sale bien, sí”.

“Lo más parecido a una medalla podría ser que ‘Pegasus’ fue el disco nacional más vendido en iTunes España la semana que se publicó. La medalla que me falta sería conseguir el mismo nivel en Europa o en el mundo. Yo creo que ya estoy preparado para irme a jugar a otras ligas. Sé que lo que hago no puede gustar a todo el mundo, porque entonces debería ser otro tipo de música”

Tengo ganas de ver cómo van a defenderlo encima del escenario. Me pregunto si va a convocar el mismo equipo para los conciertos. “Repito formación otra vez. A mí lo que me motiva del trío es que se puede improvisar mucho más. No te aburres nunca, siempre hay espacio para hacer cosas diferentes. Las canciones empiezan como en el disco, pero luego acaban que ni las reconoces. La mayoría de las veces terminamos acelerando los tiempos. A veces, cuando hemos hecho un concierto tipo ‘robot’, pensamos: ‘¡Joder, lo hemos clavado!’. Pero en realidad allí no ha pasado nada”.

Para mí, ganar un metal olímpico –plata en Río de Janeiro en 2016– fue la culminación de un trabajo de años. Le mando un WhatsApp y le insto a contestar qué medallas ha ganado y cuáles le faltan por conseguir. “Lo más parecido a una medalla podría ser que ‘Pegasus’ fue el disco nacional más vendido en iTunes España la semana que se publicó. La medalla que me falta sería conseguir el mismo nivel en Europa o en el mundo. Yo creo que ya estoy preparado para irme a jugar a otras ligas. Sé que lo que hago no puede gustar a todo el mundo, porque entonces debería ser otro tipo de música. En nuestra profesión no se triunfa a cualquier precio. Los artistas somos tozudos y queremos ser aceptados con nuestras rarezas, o con esto o nada, y así es difícil avanzar. De todos modos, nuestros objetivos no están nada definidos, al contrario de como pueden estarlo los de los deportistas o los de las discográficas. Los artistas no culminamos nunca, vamos haciendo y, a menudo, estamos bastante perdidos. Hago discos para saber cómo es la música que me gusta. Mira, un objetivo muy claro sería la perfección, solo que está a kilómetros de distancia y con cada álbum avanzamos dos o tres centímetros. Sí, un disco perfecto sería mi medalla olímpica”, sentencia.

Esta entrevista se ha ido desarrollando en formato audios de voz, WhatsApps a horas intempestivas, e-mails a bocajarro y algún Skype infructuoso. El señor Oliver me mandaría palomas mensajeras si pudiera, porque él hace música como podría estar cosiendo una red o puliendo el suelo de la cubierta de su llaüt mallorquín. Lo veo buscando la mejor madera, la mejor aguja, imprimiendo amor en cada gesto. Lo veo destilando artesanía en todos sus hábitos.

SURFIN' BICHOS, El regreso de los hermanos carnales
Por Fernando Alfaro
MANEL, Antihéroes románticos

FIRMA INVITADA (2013)

MANEL

Antihéroes románticos

Por Nacho Vegas
LA CASA AZUL, Confesiones del eneatipo cuatro
Por Guille Milkyway
MARIA ARNAL, La ronda de Promethea

FIRMA INVITADA (2017)

MARIA ARNAL

La ronda de Promethea

Por David Carabén
ANTÒNIA FONT, Islas Baleares

FIRMA INVITADA (2011)

ANTÒNIA FONT

Islas Baleares

Por Guillem Gisbert
NACHO VEGAS, Me, myself & I

FIRMA INVITADA (2011)

NACHO VEGAS

Me, myself & I

Por Nacho Vegas
LA MODE, Aquella canción

FIRMA INVITADA (1994)

LA MODE

Aquella canción

Por Mario Pacheco
ÉL MATÓ A UN POLICÍA MOTORIZADO, De viaje
Por J Planetas
CHRISTINA ROSENVINGE, El hada de los dulces
Por Raül Fernandez
Arriba