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JOANNA NEWSOM, Etérea ambición

¿Cinco canciones y un total de cincuenta y cinco minutos para el segundo álbum de una cantautora folk? Foto: Pete Newsom

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 248)

JOANNA NEWSOM Etérea ambición

Quienes veían en ella a uno más de los amiguetes de Devendra Banhart se equivocaban. Tras su prometedor debut de 2004, la cantautora y arpista californiana rompió la banca con “Ys”. El preciosismo de Van Dyke Parks, la solidez de Steve Albini y un experimentador como Jim O’Rourke contribuyeron a su “Astral Weeks” particular. Hercúleo y grácil, fue el mejor álbum internacional de 2006 según el Rockdelux 247. Un mes después, Ramón Fernández Escobar habló con ella, entrevista que fue motivo de portada del Rockdelux 248 (febrero 2007). Otra portada de Joanna Newsom en Rockdelux, aquí.

¿Cinco canciones y un total de cincuenta y cinco minutos para el segundo álbum de una cantautora folk? ¿Salto al vacío? “Habría sido muy vulgar vestir estas historias de corto: en mi mente, la forma más natural era el formato largo. Y no tanto por el hecho de que hablen de cuestiones personales, sino porque las cosas de las que tratan implicaban ideas muy difíciles de expresar de otra manera. Al menos para mí”. La estadounidense Joanna Newsom, nacida en Nevada City (California) en 1982, mezcla amabilidad, discurso serio y cierta risita nerviosa de cuando en cuando. Será por el molesto eco que dice escuchar en la línea telefónica o quizás por una cuestión de rubor veinteañero. Nadie lo diría al ver con quiénes se codea en “Ys” (Drag City-Popstock!, 2006). Sin privaciones. ¿Un ingeniero a mano? Steve Albini. ¿Y para las mezclas? Jim O’Rourke. ¿Ah, pero que queríamos arreglos orquestales? Van Dyke Parks y que, de paso, coproduzca junto a Joanna. Pura timidez, vamos. Aunque lo mejor, en medio de tanto despliegue de prestigio, es escuchar cómo la voz y el arpa de Newsom permanecen sustanciales. Gracias, precisamente, al esfuerzo múltiple. “Fue Van Dyke quien se empeñó en escribir los arreglos sólo a partir de la grabación definitiva de mi instrumento y de mi trabajo vocal. Quería evitar que mi tendencia a improvisar en cada interpretación modificara luego algún matiz”, rememora Newsom. Dicho y hecho: al estudio con Albini y su peculiar entramado de micros para el arpa de la californiana. ¿Dispuestos dónde? “No debo contar sus secretos más recónditos. Lo de los ingenieros de sonido es casi como magia, y no creo que tuviera su permiso para revelarlo”, zanja Joanna Newsom dulcemente.

“Fue Van Dyke quien se empeñó en escribir los arreglos sólo a partir de la grabación definitiva de mi instrumento y de mi trabajo vocal. Quería evitar que mi tendencia a improvisar en cada interpretación modificara luego algún matiz”

¿Y resultaron agrios los ocho meses posteriores de febril correspondencia entre Parks y Newsom, notas van, borrador viene? “Quiso que me implicara como elemento corrector, siempre en pos del objetivo común. Él proponía una idea y yo decía: ‘Esto no funciona’. Y él, a su vez: ‘Muy bien, déjame probar esto otro’. Discutimos poco; sólo cuando Van Dyke se obstinaba en que algo debía ser incluido y yo no estaba de acuerdo. Y a veces sus razones me convencían, como ocurrió por ejemplo con el bajo eléctrico”. El veterano Lee Sklar es ese bajista que participa en el disco por insistencia del hombre de los arreglos. Don Heffington (The Jayhawks, Vic Chesnutt) maneja las baquetas, Grant Geissman (virtuoso del jazz más suave) se encarga de las seis cuerdas y el propio Parks toca el acordeón, además de ser el conductor de la orquesta. No sin antes sufrir un pequeño fracaso, convertido a la postre en virtud: “No fuimos capaces de encontrar el modo de incluir arreglos en ‘Sawdust & Diamonds’. Era uno de los dos temas que yo tenía escritos antes de decidir el uso de la orquesta, y no había dejado nada de espacio. Al final me alegré porque vi que ahí –es el tercer corte del álbum– cobraba sentido dejar ese vacío”. El otro vértice de la cuadrilla del arte, Jim O’Rourke, vía efecto de difuminado al mezclar las innumerables pistas, logra que la instrumentación se perciba a menudo frágil, trémula, “como un halo alucinatorio, no como algo condicionante. Eso era lo que yo buscaba –dice Newsom–. Jim fue incluso más allá: se tiró hasta un día entero con una sola canción...”. Y de paso metió un poco de tijera en los arreglos, siempre por el bien del intimismo requerido por Joanna Newsom.

 
JOANNA NEWSOM, Etérea ambición

¿Salto al vacío?

Foto: Paul O. Valle

 

Ojo: ¡todo “Ys” se grabó en cinta! Tradicional sistema analógico. Iniciativa de Newsom (a Albini y O’Rourke, ya se sabe, también les va cantidad). Eso, unido al retrato de Joanna en la cubierta (posado casi renacentista, con técnicas pictóricas propias del siglo XVI), le confiere al disco una aparente vocación retro. Matiza Newsom: “Quise contar con Benjamin Vierling para ver si lograba una sintonía entre la portada y el contenido musical. Y el hecho de que él, como pintor, recurra a métodos tradicionales resulta coherente con el hecho de que haya una orquesta, con el tempo pausado... pero para mí prescindir de lo digital no es una decisión simbólica. Simplemente, creo que lo analógico suena mejor”.

Alguien le ha debido de decir a Joanna Newsom que como letrista parece tender también a ciertas expresiones arcaizantes, y ella se pone en guardia sin motivo, pero con ternura: “Como escritora de canciones, en mi trabajo en general, no siento la necesidad imperiosa de usar o invocar formas antiguas”. El caso es que la arpista, antigua estudiante de escritura creativa, teje intrincados relatos, llenos de elementos, con verbo torrencial. Tan pronto cruza el espejo a lo Alicia como exprime el fantasma de Edgar Allan Poe o pasa por la derecha de la perversión a Esopo. En la última modalidad, valga el ejemplo de “Monkey & Bear”, mitad fábula, mitad huida romántica, con elementos de gran fantasía, empapada de verismo: acaba mal por el amor condicional y la explotación incluso dentro de la pareja.

“Quise contar con Benjamin Vierling para ver si lograba una sintonía entre la portada y el contenido musical. Y el hecho de que él, como pintor, recurra a métodos tradicionales resulta coherente con el hecho de que haya una orquesta, con el tempo pausado... pero para mí prescindir de lo digital no es una decisión simbólica. Simplemente, creo que lo analógico suena mejor”

Joanna Newsom siempre afirma que las canciones de “Ys” recogen cuatro o cinco hechos importantes en su vida reciente y que muchas partes están dedicadas a una amiga. No da más pistas, pese a que se ha llegado a publicar que “Cosmia” es una elegía a, suponemos, dicha persona. Ella prefiere centrarse en su gusto por la mitología: “Hicieron mucho hincapié en ella durante la escuela elemental. Y no sólo en la griega. Me doy cuenta de que muchos mitos forman ya parte de mis referencias culturales, de mi vocabulario para describir determinadas  ideas”. Verbigracia: el señor Sísifo aparece en la ciclópea “Only Skin” (casi diecisiete minutos). Aunque la palma va para el nombre del álbum, que alude a la legendaria ciudad bretona construida bajo las aguas y, finalmente, inundada por supuesto castigo divino: “El título fue lo último que elegí y ninguna de las canciones está directamente relacionada con Ys. Al terminar observé una serie de coincidencias: agua por todas partes en las letras, la idea de mortalidad también muy prominente... y, encima, luego lo soñé. No sabía qué significaba, pero una noche soñé con esas dos letras. Todo cobró un sentido precioso en mi cabeza”.

¿Y qué pasa con la astronomía, recurrente en el corte inicial, “Emily”? “Se trata de una canción para mi hermana –la propia mencionada hace coros–. Y como es astrofísica, acudí a ese tipo de imágenes”, explica Joanna, miembro de una familia sumergida en música. El padre, gran fomentador de sus aficiones literarias desde niña, domina la guitarra; la madre estudió para ser concertista de piano; el hermano toca la batería y Emily, el chelo. Viven en un lugar minúsculo, Nevada City, en las montañas de la California septentrional. Y allí ha vuelto la songwriter tras varios años en la bahía de San Francisco (un primo suyo lejano, Gavin Newsom, fue elegido alcalde de la ciudad en 2003). Vecino y medio amigo de sus padres es, entre otros músicos, el prestigioso Terry Riley, uno de los adalides del minimalismo, pero Newsom resta hierro a posibles influencias: “Le vi una vez actuar con su piano y fue muy especial, aunque apenas le he conocido”.

 
JOANNA NEWSOM, Etérea ambición

Rockdelux 248 (Febrero 2007)

Foto: Pete Newsom

Diseño: Nacho Antolín

 

Algunas de sus principales inspiradoras, Texas Gladden y Ruth Crawford Seeger, aparecieron en cambio durante la etapa universitaria. “En el caso de la primera, tuve un profesor de música estadounidense que no paraba de hacernos escuchar cintas de folk de los Apalaches. Material poco conocido y muy auténtico. No sé por qué significó tanto para mí, pero fue algo instantáneo, lo sentí en los huesos. Antes de eso, lo que escuchaba era más ‘mainstream’. En cuanto a la segunda, me resulta muy especial por sus piezas orquestales de carácter experimentador y por su posterior implicación en el rescate del folk”. En “Ys” Newsom parece haber querido fundir las dos facetas de su idolatrada Ruth Crawford Seeger. La de vanguardia intentó desarrollarla hace años en el Mills College de Oakland, donde se produjo su epifanía como cantante: “No recuerdo exactamente cuándo, sólo que empecé a frustrarme en mi programa de composición. Tenía problemas para ver dónde encajaba mi música. No lo digo en el sentido de pertenencia, de ser similar a nadie, pero el resto de alumnos compartía ideas, técnicas... Trabajaban todos con ordenadores portátiles y escribían música increíblemente disonante y piezas que ya no implicaban instrumentos. Lo mío era bastante experimental, pero tocado con un arpa. Así que me cambié al programa de escritura y por entonces, más o menos, me atreví a cantar”.

“Me hace gracia que se hable de mis ‘otros grupos’, cuando normalmente todo consiste en pasarme un día por el estudio de amigos que me han pedido grabar una sola idea. Y a Vashti Bunyan, cuya música me encanta, la conocí gracias a Devendra Banhart, ya después de mi primer disco. Antes no sabía ni que existía. Por eso me divierte que se mencione como influencia, pero es que muchos creen que todo lo importante para Devendra también lo es para mí”

En la infancia Joanna Newsom ya recibió estímulo para crear sus propias composiciones por parte de su profesora de arpa: “Era genial, aunque antes, con 4 ó 5 años, me vi abocada a estudiar piano un tiempo. Y lo hice sólo porque ella me prometió enseñarme luego, a los 7 años, el que es ahora mi instrumento. Ya de niña acudía con mi madre a unos campamentos de música folk. Allí conocí el arpa de otras culturas musicales, como la del África Occidental o la venezolana”. Momento de reivindicación: “Muchos compositores, tanto clásicos como modernos, escriben partes para arpa extremadamente simples, digamos atmosféricas. Y yo siento que es capaz de muchas más cosas, de una gama amplia de expresividad. Eso es lo que intento explorar”.

Joanna Newsom aporta su instrumento en diversos discos ajenos, desde los respectivos debuts homónimos de Nervous Cop (2003) y Vetiver (2004) hasta el triunfal “Lookaftering” (2005) de Vashti Bunyan. Y se queja con humor: “Me hace gracia que se hable de mis ‘otros grupos’, cuando normalmente todo consiste en pasarme un día por el estudio de amigos que me han pedido grabar una sola idea. Y a Vashti, cuya música me encanta, la conocí gracias a Devendra Banhart, ya después de mi primer disco. Antes no sabía ni que existía. Por eso me divierte que se la mencione como influencia, pero es que muchos creen que todo lo importante para Devendra también lo es para mí”. Joanna, quien reniega de “la invención mediática del neofolk”, aparecía en “The Golden Apples Of The Sun” (2004), el célebre recopilatorio muñido por Banhart, con uno de los cortes (“Bridges & Balloons”) de su anterior largo, “The Milky-Eyed Mender” (Drag City, 2004): “Aún estoy orgullosa de esas canciones. Y me gusta su sonido. Aunque mi voz –personalísima, entre aguda y rasgada; cierto crítico avieso llegó a hablar de cruce entre Kate Bush y Lisa Simpson– ha cambiado algo con tanta gira”. Y precisamente en una gira compartida conoció a Bill Callahan (Smog), su actual pareja y compañero en Drag City, el sello de Chicago donde la recomendó Will Oldham. Callahan canta en “Only Skin”, pero, más allá de algún teclado tocado por ella para él, no hay proyectos conjuntos, de momento: “Ojalá. Podría pasar”, dice ella. Qué lejos quedan los tiempos pasados junto a su anterior novio, Noah Georgeson, productor de “The Milky-Eyed Mender” y líder de The Pleased, banda donde Newsom ejercía como teclista: “Fue más una experiencia de tipo social. En resumen: toqué las partes de teclado más sencillas del mundo sólo porque quería viajar con él. Lo hice para tratar de encajar en sus planes”.

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