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JOAQUÍN PASCUAL, Una cierta mirada

En un mundo nuevo.

 
 

ENTREVISTA (2015)

JOAQUÍN PASCUAL Una cierta mirada

Aún no se habían apagado los ecos de la reunión de Mercromina, y Joaquín Pascual volvió a esa carretera secundaria que, en realidad, es la principal por donde transita. “Una nueva psicodelia” (2015), su tercer álbum en solitario (además del instrumental “La frontera Scores” 2013), se envolvió en paisajes electrónicos densos e hipnóticos para reivindicar la extrañeza y la diferencia como modos de alcanzar la paz con uno mismo. Sobre esto y otras cosas charló con David Saavedra una tarde de domingo en Albacete.

“En este disco quería hablar del valor de la propia identidad. Cada uno tiene su visión personal de las cosas, y ahora parece que, si no estás conectado o asociado a los demás de alguna manera, no eres nada. Hay esa necesidad de formar parte de algo, que es casi una zona de confort. Creo que es bueno no tener miedo a sentirte diferente. No es grave no querer ser como los demás o, simplemente, no querer opinar. Ver como todo va volando alrededor y que eso te parezca bonito o que te tranquilice”.

“Cuando compongo es como crear una especie de ventana que puedes mover y mirar a través de ella... No es exactamente una labor de evasión, pero tal vez sí de relajación o pequeña terapia, esta forma de ver las cosas con un poco de magia o de un modo que te haga sentir bien ante lo que es tan absurdo o alejado de ti... Haces canciones para darte una oportunidad, la de sentir que tú eres tú

De Joaquín Pascual se puede decir que tiene la apariencia de un tipo normal (un buen hombre, como titulaba una de las canciones de Travolta, el proyecto que emprendió entre la primera disolución de Mercromina y sus discos en solitario). Mientras me acompaña en un breve paseo por las calles de Albacete en un domingo de otoño, “El Membri”, como popularmente se le conoce entre sus amigos, es saludado cordialmente por parte de la gente que nos cruzamos en el camino. Al tiempo, me cuenta que se ha pedido una excedencia en el colegio donde imparte clases de música y que está escribiendo un manual para niños con otros profesores. Me habla de ello con tanto entusiasmo y franqueza como de sus propios discos, de las sensaciones vividas en la gira de reunión de Mercromina que acaba de finalizar o de su colaboración con Anari, con quien había tocado en directo solo unos días antes en el Monkey Week (lo ha hecho en otras ocasiones y, además, él ha grabado los teclados en los dos últimos álbumes de la guipuzcoana, integrado como un miembro más de su banda).

Ahora estamos sentados en una terraza en la céntrica Plaza del Altozano, junto al Cine Capitol, donde se celebra una nueva edición del festival Abycine. Se acerca una de las integrantes de Musikfreunde, un colectivo de la ciudad dedicado a la promoción de la música entre la juventud. Le saluda y charlamos brevemente con ella antes de adentrarnos en la entrevista en sí.

Pese a la sensación de sociabilidad extrema y de vorágine de trabajo que se pueda desprender de lo leído hasta el momento, lo expuesto en “Una nueva psicodelia” (Subterfuge, 2015), así como en los anteriores álbumes en solitario de Joaquín Pascual –“El ritmo de los acontecimientos” (Autoeditado, 2009; El Genio Equivocado, 2010) y “La frontera” (Grabaciones En El Mar, 2012)–, es una idea de calma, la espera a que surja ese chispazo o revelación que lo ponga todo en marcha, la creación desde el aislamiento. Y un concepto de las canciones como celebraciones de la extrañeza y, al tiempo, antídotos contra el miedo y la soledad. “Cuando compongo es como crear una especie de ventana que puedes mover y mirar a través de ella”, reflexiona. “No es exactamente una labor de evasión, pero tal vez sí de relajación o pequeña terapia, esta forma de ver las cosas con un poco de magia o de un modo que te haga sentir bien ante lo que es tan absurdo o alejado de ti. A veces no sé si soy yo quien se aleja o son las cosas, y el intento de tener tu propia mirada te ayuda a sentirte menos desplazado. Haces canciones para darte una oportunidad, la de sentir que tú eres tú”.

“Alguien tiene que hacer algo”: psicodelia, abstracción y retrofuturismo según el clip de DORI&GREY.

El proceso de llegada a esta nueva psicodelia fue lento pero no tortuoso: “Cuando acabé ‘La frontera’ estuve un montón de tiempo sin hacer nada, que es lo que me sucede siempre. Cada vez que finalizo un disco, me quedo ultravacío y con pocas ganas de tocar y de componer. Luego empiezo un poco a toquetear, hasta que van saliendo cosas. Como me pasó con el álbum anterior –prosigue–, me puse el objetivo de tener un leitmotiv. No es demasiado preciso el cuándo ni el cómo, pero al final siempre llega. En este caso exploré la idea de hacer un disco sobre la mirada exterior, cómo mirar el mundo, cómo alejarte de lo que no te gusta y quedarte con lo que sí, y todas esas ideas que te estaba contando. Esta vez ya tenía mucho almacén de piezas instrumentales que había grabado, ya que me había comprado varios cacharros, teclados, cajas de ritmos… Lo grabé en casa todo, con mucha tranquilidad, sin ninguna presión, y luego me llevé las pistas al estudio de Paco Loco para mezclarlas”.

“Hay discos que escucho en la cama y los tengo que quitar porque no me dejan dormir, me hacen ir a terrenos pantanosos y extraños que a veces me gustan y otras me sobrepasan, pero la sensación de que la música consiga eso a mí me parece increíble. Por ejemplo, el último álbum de Sufjan Stevens tiene unos desarrollos instrumentales impresionantes, que te hacen volar. No me gustaría que mi disco pareciese demasiado trascendental, pero sí que te generase una sensación poderosa”

Dice Fernando Alfaro, su amigo y excompañero en Surfin’ Bichos, que Joaquín Pascual ya es un estilo en sí mismo. Cada uno de sus discos en solitario (y los dos que grabó con Travolta también) parten de conceptos sonoros diferentes, pero comparten un carácter similar a la hora de enfocar una canción, esa mirada personal hacia el mundo de la que él habla. “Yo intento escribir cada vez sobre algo distinto –afirma al respecto–, algo sobre lo que expresarme y que me resulte interesante, que me motive a profundizar sobre mí mismo y lo que nos rodea. Quiero pensar que eso hace diferente cada disco. En este sí que hay, de forma consciente, un intento de buscar otra sonoridad, no repetir una fórmula, aunque es complicado; es normal que alguien te reconozca. A mí me gusta mucho, por ejemplo, hacer un desarrollo instrumental porque la canción te dice algo y luego te deja un tiempo para que tú reflexiones sobre lo que has escuchado, y a mí es algo que me fascina, me parece genial; por eso lo uso tanto. También me atrae introducir las canciones con calma y naturalidad. Hay ciertos detalles del lenguaje y la construcción que ni puedo camuflar ni lo quiero hacer. Pero sí tengo cierta intención cuando hago un disco nuevo de que para mí, por dentro, también sea nuevo”.

Una sensación personal es que, frente a ese ímpetu de lo inmediato y la canción un tanto destartalada de “El ritmo de los acontecimientos”, “Una nueva psicodelia” suena como más importante, incluso trascendente. “No es la idea, no me gusta ese rollo –matiza–, pero sí que la música haga que tu mente e incluso tu cuerpo se dispersen de tal manera que prácticamente dices: ‘¡Coño! ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy, de repente?’. Hay discos que escucho en la cama y los tengo que quitar porque no me dejan dormir, me hacen ir a terrenos pantanosos y extraños que a veces me gustan y otras me sobrepasan, pero la sensación de que la música consiga eso a mí me parece increíble. Por ejemplo, el último álbum de Sufjan Stevens tiene unos desarrollos instrumentales impresionantes, que te hacen volar. No me gustaría que mi disco pareciese demasiado trascendental, pero sí que te generase una sensación poderosa”.

Al hilo de lo de Sufjan, le pregunto si alguna vez se deja guiar por influencias musicales externas. Disiente. “No, sencillamente me dejo llevar. Cuando alguien viene a casa y me dice ‘esto me suena a tal’, no me gusta nada. Ojalá consiguiera lo de ser un género en mí mismo como opina Fernando, pero me resulta muy difícil. No me gusta reconocer en mi música influencias de forma muy evidente. A veces me lo dicen como un halago y para mí es todo lo contrario”, indica. Y, al tiempo, asume toda su juventud musical como algo que le hace sentir bien, de lo que no renegará nunca. “Reconozco que hay canciones de Mercromina que tocamos ahora y no significan tanto”, matiza. “Hay composiciones, formas de tocar y estructuras que hacíamos, riesgos que asumíamos, que no me importa recuperar, y también había bastante irresponsabilidad a la hora de escribir. Incluso eso me gusta. Nunca me he sentido incómodo o desplazado con respecto a mi repertorio más antiguo”, concluye.

 

Chaqueta de pana de herencia familiar

Mercromina, el grupo que Joaquín Pascual formó tras la disolución de Surfin’ Bichos junto a Carlos Cuevas (batería), José Manuel Mora (bajo) y Carlos Sánchez (guitarra), dijo adiós por primera vez en verano de 2005. En junio de 2014 volvieron a los escenarios como parte del festival de 25º aniversario de Subterfuge en el Matadero de Madrid. Salió tan bien que decidieron “montar unos cuantos conciertos, pero sin estirar la cuerda”, explica el vocalista y guitarrista de la banda. Pascual pone especial énfasis en haber recuperado el placer de volver a tocar juntos, sumergirse de nuevo en aquel sonido y rendir homenaje a su propio repertorio, sin mayor motivación que la sentimental. “Estoy muy satisfecho. Buscábamos que fuese interesante para nosotros, que nos aportase algo, llegar al máximo de lo que nos pudiéramos marcar. Todos nos hemos exigido mucho y ha salido muy bien”, afirma.

El 3 de octubre dijeron adiós por segunda vez (¿definitiva?) en la sala OchoyMedio, también en Madrid. Hubo colaboraciones especiales como las de Rodrigo Caamaño (Triángulo de Amor Bizarro) y Raúl Santos, pero la más emotiva fue la aparición de Ángela Pascual, la hija de Joaquín, para cantar con él “En un mundo tan pequeño”. Ángela, de 25 años, ya aparecía, como bebé, en una de las fotos promocionales más conocidas de Surfin’ Bichos, y también toca en directo con su padre desde la gira de “La frontera”. Ha sido la única persona, aparte del autor, que ha participado en el proceso de grabación de “Una nueva psicodelia”, y, de cara al futuro inmediato, Joaquín Pascual se plantea que los directos los hagan ellos dos, “en formato padre e hija”, bromea.

En realidad, nada de esto le resulta extraño, sino que forma parte de una tradición. “Mi abuelo es director de banda y mi padre tocó con él desde pequeño –informa–. Luego él se hizo director de banda también y yo toqué con él desde los 12 años. De hecho, mi padre me obligó a dedicarme a la música, me sentaba al piano a estudiar desde pequeño, cosa que le tengo que agradecer. Supongo que a mi hija yo se lo puse a huevo también”. Actualmente, Ángela Pascual toca el bajo con Ramírez y ha formado el grupo Pink Frost junto a Jordi Sapena (Tórtel, La Habitación Roja). Hay presente y futuro en el pequeño mundo de los Pascual.

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