El cantante Álvaro José Arroyo González, nacido en Cartagena de Indias y fallecido en Barranquilla, fue un gran héroe de la música colombiana. Pero todo lo que tenía de éxito le faltaba de salud; unos achaques que perjudicaron su carrera desde que en 1983 un problema de tiroides hizo que le dieran por muerto, aunque según otras fuentes fue un problema de sobredosis. Otro momento delicado lo vivió en Barcelona, en el año 2000, cuando la combinación de su diabetes y una neumonía lo puso de nuevo a las puertas de la muerte. Ayer, 26 de julio, un mes después de estar ingresado en cuidados intensivos, no pudo superar el cóctel de edema pulmonar, hipertensión, insuficiencia renal y diabetes que le provocó un paro cardiorrespiratorio.
Joe Arroyo fue un autodidacta que empezó a forjarse su personalidad alternando el coro de la iglesia con la compañía de marineros y prostitutas. Aún adolescente, hizo en 1971 su primera grabación con la orquesta LA PROTESTA. Fue gracias a ella que su voz recia y negra fue descubierta por Julio Ernesto Estrada, el director de la célebre orquesta FRUKO Y SUS TESOS, que andaba buscando un cantante. Eso le abrirá las puertas de Discos Fuentes, seminal sello de la música colombiana con el que mantuvo una larga y fructífera relación en la que alternó las grabaciones para Fruko y sus Tesos y colaboraciones con otros grupos: LOS LÍDERES, THE LATIN BROTHERS, LOS BESTIALES, LOS TITANES y un largo etcétera.
En 1981, fundó su propia orquesta, LA VERDAD, con la que se dedicó a mezclar salsa, cumbia, porro, soca, reggae y música africana, hasta encontrar un sonido caribeño propio, el “joesón”. Con La Verdad editó grandes éxitos de la música costeña; el mayor de ellos fue “Rebelión” (1986), un tema donde cuenta “un pedacito de la historia negra, de la nuestra”, esa que habla de un pasado de tiranía española, esclavitud africana y de rebelión por amor. Otra célebre canción es “En Barranquilla me quedo”, una oda a su ciudad adoptiva que contribuyó a convertirlo en el rey del famoso carnaval que se celebra en esta ciudad caribeña.
En los años noventa su popularidad se hizo internacional, actuando varias veces en nuestro país, donde el sello Fonomusic distribuyó algunas de sus grabaciones para Discos Fuentes, en compilaciones –“El sonero de América” (1975)– y discos originales –“Echao pa´lante” (1987) o “En acción” (1989)–. Las canciones de esa época también se pueden encontrar en discos de World Circuit, Mango/Island y Arhoolie. Su etapa en Sony empezó con “Toque de clase” (1991) y terminó, nueve álbumes después, con “Marcando terreno” (2002). Luego volvió al redil de Discos Fuentes, donde grabó otros tres discos. En el primero de ellos, “Se armó la moña en el carnaval” (2004), se inicia en el reggaetón, a dúo con el grupo Tres Pesos, en el significativo “Reggaeson son son”. ![]()























