INDIANA JOHN
El muchacho es de Indianápolis, ciudad que abandonó en 1970, a los 18 años, tras curtirse en grupos asiduos a las fiestas de los colegios católicos tocando versiones de Otis Redding, Marvin Gaye, Mitch Ryder y Young Rascals. Hiatt es un buen guitarrista, aprendió desde los 11 años y no le da miedo la carretera para buscar una oportunidad. Tras una temporada en Milwaukee, acaricia el sueño de Nashville con un contrato de cinco años como compositor para Tree Publishing. Allí graba dos elepés para Epic, “Hangin’ Around The Observatory” (1974) y “Overcoats” (1975) –hace un par de años, publicados aquí en serie barata–, sin ninguna repercusión, volviendo a caer en un ostracismo que le obliga a cambiar de aires en 1976. Atrás quedan los clubes de folk y el partirse el pecho como jefe de filas; John Hiatt está dispuesto a la comodidad de tocar por otros. Pero ya en 1978 las cosas han cambiado. Ahora vive en Los Ángeles, está muy interesado en la movida new wave y tiene gente andando tras sus pasos con contratos jugosos. Al final se decide por MCA en lugar de WEA (ambas compañías no habían pactado su convenio particular), con “Slug Line” como primera oferta, melódica, dura, arrogante, espontánea (también “Look Sharp!”, 1979, de Joe Jackson inspiraba adjetivos similares).
No obstante, el segundo elepé tampoco obtuvo los beneficios previstos. “Two Bit Monsters” (1980) es como una continuación del anterior, con el mismo productor Denny Bruce (auténtico su currículo: Leo Kottke, The Fabulous Thunderbrids, John Fahey) y las mismas directrices. Urgencia relativa (“Pink Bedroom”, “String Pull Job”), pop clásico (“Back To The War”) y la versión simpática de “I Spy (For The FBI)”, una de las canciones más importantes de los clubes ingleses de los 60 –tanto como “Harlem Shuffle” de Bob & Earl o “Rescue Me” de Fontella Bass– que interpretaba Jamo Thomas.
No todo ha sido en vano de todos modos. Ry Cooder se percata de su valía y lo incorpora como guitarrista a los ensayos del elepé “Borderline” (1980). Hiatt le paga el favor componiendo la hermosísima canción “The Way We Make A Broken Heart” (recuperada por Rosanne Cash en el recomendable “King’s Record Shop” de 1987).
Nace una amistad entre ambos que se traducirá en la colaboración de Hiatt en la banda sonora de “The Border” (1980): participa componiendo tres canciones, dos de las cuales también las canta. Como la proyección es optimista, surgen discográficas atrevidas para tomar el relevo a MCA, siendo Geffen la que al final lo ficha. Sólo esta compañía pudo dejar a Neil Young grabar un disco tecno y a John Hiatt dejarse producir por Tony Visconti. “All Of A Sudden” (1982), el producto en cuestión, aparece hiperarreglado con el glamour característico del productor (Bowie 1974-79, T. Rex). La entrada muy duke de “I Look For Love” va dejando paso a arreglos más llevaderos para temas de R&B, aunque no puede evitar echarle el toque slider a un rock & roll clásico como “Doll Hospital”. Otros temas destacables son “My Edge Of The Razor” y “Something Happens”, esta última incluida en el elepé de Dave Edmunds “Twangin’” (1981).
Nuevo cambio de estrategia. Si lo barroco no pega, volvamos al pasado con la ventaja de experiencias acumuladas. “Riding With The King” (1983) se dirige ya concreto al tipo de gente que compra sus discos. En la primera cara le acompaña solamente el batería –ha tocado para muchísimo talento minoritario, como Geoff Muldaur, Amos Garrett, Terry Garhwaite, Durocs, Roky Erickson y hasta Sammy Hagar– y multiinstrumentista Scott Matthews. Salvo la guitarra a cargo de Hiatt, Matthews toca todo lo demás en una ejemplar muestra de pop humano: “She Loves The Jerk” algún día será rescatada por un famoso, “Death By Misadventure” circula trepidante mientras “Say It With Flowers” evoca a Rockpile. Junto a Matthews coproduce Ron Nagle, conocido suyo ya desde 1979 en producción de Durocs. Para la segunda cara, en cambio, va al grano con la producción a cargo del mismísimo Nick Lowe y acompañado por la crema del género, como son Martin Belmont o Paul Carrack. Indudablemente esas seis canciones juntas, que van del R&B pantanoso de “Riding With The King” al Diddley beat de “Falling Up”, donde conviven en armonía lo mejor de Hiatt y lo mejor de Lowe, se convierten en la espina dorsal de su obra.