Noventa años dan para mucho. Y más si los vives con la intensidad con que lo hizo Johnny Otis. Músico, compositor, cantante, productor, cazatalentos, disc-jockey radiofónico y presentador de televisión, este hijo de emigrantes griegos (nació como Ioannis Alexandres Veliotes el 28 de diciembre de 1921) libró una polifacética batalla en defensa de la música negra.
Se inició tocando la batería en big bands de jazz de los años cuarenta, pasó al piano cuando estas tuvieron que reducir su tamaño debido a la Segunda Guerra Mundial y aprovechó su momento tomando el liderazgo y escorando su sonido hacia el emergente rhythm’n’blues. De hecho, cuando compuso la célebre “Willie And The Hand Jive” no hizo sino arrimarse al beat negro de Bo Diddley y solo por eso ya debería ingresar en la historia de la música, pues fue uno de los primeros blancos que hizo carrera en territorio negro.
Pero Otis no solo trabajó en su beneficio. Pese a su look de crooner repeinado, se arremangó en favor de la cultura negra asistiendo la sesión en que Big Mama Thornton grabaría “Hound Dog”, descubriendo a Esther Phillips, Jackie Wilson, Little Willie John, Etta James y otros, y llevando el rhythm’n’blues al público blanco desde sus tribunas de radio y televisión. Su ‘The Johnny Otis Show’ estuvo en antena hasta 2006 y en el año 2000 aún grababa discos ayudado por su hijo, Shuggie Otis.
Noventa años dan para mucho y él los exprimió al máximo. Creó una discográfica, abrió un club, dio clases en la universidad, fundó una iglesia, ingresó en política como mano derecha del que sería primer senador negro de California y publicó el libro “Listen To The Lambs” (1968) para dar su versión de los disturbios de Watts. Quizás por todo ello, una noche el Ku Klux Klan quemó una cruz en su jardín. Quizás por todo ello, opina su biógrafo George Lipsitz, su labor nunca ha sido reconocida en toda su extensión. En su caso, el título de “padrino del rhythm’n’blues” suena excesivamente retórico y exiguo. Falleció el 17 de enero de 2012. ![]()























