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JONATHAN WILSON, El espíritu del Cañón

Reviviendo la magia de Laurel Canyon. Foto: Óscar García

 
 

ENTREVISTA (2011)

JONATHAN WILSON El espíritu del Cañón

“Gentle Spirit” (2011) es un álbum que recupera el mejor sabor de cierto “rock suave” de los años setenta: el espíritu de Laurel Canyon y sus cantautores, reformulado en canciones extensas que buscan fascinar al oyente con terciopelo acústico y electricidad atenuada. Ferran Llauradó entrevistó al responsable del disco en julio de 2011, cuando nos visitó acompañando a Dawes y Jackson Browne, pero Jonathan Wilson no era un recién llegado: discreto pasado en Muscadine y colaboraciones en infinidad de créditos de artistas como Dawes, Mia Doi Todd, Autumn Defense, Vetiver, Elvis Costello...

Nunca he estado en el Laurel Canyon de Los Ángeles, pero, especialmente desde que leí “Hotel California” (Barney Hoskyns, 2005), imagino las fiestas, las piscinas y las jams interminables que solían organizarse y disfruto más con los discos que allí se crearon en los setenta. Veo a David Geffen distante y con mirada aviesa, a James Taylor permanentemente colocado, a Jackson Browne ligando, a Don Henley contando billetes... ¿Encaja Jonathan Wilson, norteamericano de 38 años, bregado en los noventa en los olvidados Muscadine, reputado productor y multinstrumentista, en esta película de atardeceres dopados y guitarras acústicas? ¿Se puede recuperar algo de esa magia con cuarenta años de retraso? Escuchando “Gentle Spirit” (Bella Union-Music As Usual, 2011) se podría jurar que sí, pues parece anclado en el crepúsculo hippie de 1969-1974: si “Desert Raven” podría ser un “Dark Star” (Grateful Dead) para la generación ansiolítica, “The Way I Feel” parece del Gene Clark post-Byrds... Y así podríamos seguir desmenuzando las trece pistas de un álbum doble de producción orgánica y detallista que tal vez adolece de un registro vocal demasiado tímido.

“Me decanté por la escena bluegrass y empecé a tocar el contrabajo y el banjo. Hasta que me mudé a Laurel Canyon, monté mi estudio y me dediqué al cien por cien a la producción”

Cuando empezaste con Muscadine en los noventa, vuestro sonido tampoco era demasiado de su momento. ¿Qué recuerdos tienes de aquella época? Fue la edad de oro –afirma desde Barcelona, donde acompañó el pasado julio a Jackson Browne en la sala Luz de Gas–, justo en el final de la industria musical, cuando las bandas recibían enormes adelantos. Nos fichó Seymour Stein, el descubridor de Talking Heads, y nos comparaban con Big Star y Pink Floyd, pero todo se fue a la porra rápidamente y me desilusioné. Fue un golpe duro. Entonces me dediqué a perfeccionar mis conocimientos de producción en estudio y en 2003 me fui a Nueva York, pero la escena de entonces, The Strokes y el rock de aquella época, no me interesaba. Así que me decanté por la escena bluegrass y empecé a tocar el contrabajo y el banjo. Hasta que me mudé a Laurel Canyon, monté mi estudio y me dediqué al cien por cien a la producción.

¿Cómo fue la experiencia, teniendo en cuenta la historia de Laurel Canyon? Es un poco como lo que tenéis aquí en el Tibidabo, estás en el bosque, pero encima de la ciudad. Hoy en día es muy caro vivir allí, es extremadamente pijo. Mi caso y el de Fleet Foxes se deben a que pudimos encontrar una ganga, pero no hay muchas. Aunque tiene su historia. Cuando llegué allí empezaron a decirme: “Esta era la casa de The Doors”, “Jimi Hendrix estuvo aquí” o “Por allá estaba la casa de Graham Nash”. Lo bueno es que la casa que yo tenía era perfecta; el sonido se diluía por todo el cañón y se podían hacer “jams” toda la noche. La policía solo se presentó dos veces. La gente llegaba con toda la información del pasado en su mochila particular y se ponían como locos: “¡Esto es la hostia en verso!”. Fue divertido. Pero es imposible que el “canyon sound” resurja por lo que te digo, es demasiado caro.

 
JONATHAN WILSON, El espíritu del Cañón

“Creo que lo único que se puede hacer es intentar inyectar ideas positivas en el mundo”.

Foto: Óscar García

 

¿Cómo decidiste dar el paso a grabar en solitario? Hice un disco con Elvis Costello, “Momofuku” –publicado en 2008–, y le pasé algunas de las maquetas que tenía. Y me respondió con gran entusiasmo: “Tío, tienes que grabar esto”, me decía. Y con Jackson Browne, lo mismo. Entonces supe que había llegado el momento.

¿Qué crees que ven en ti estos músicos consagrados cuando te piden que les produzcas? Es una cuestión estética; supongo que saben que me niego a utilizar ordenadores para la creación del sonido y la composición. Saben que siempre trabajo con cinta analógica. Es una cuestión también de tener unos intereses parecidos, y de confianza.

“Me encantan Alan Parsons y Leon Russell como productores. O Denny Cordell, que trabajó en los primeros discos de Tom Petty. También la producción de los primeros discos de Jackson Browne y, por supuesto, la de los Beach Boys”

Muchas veces, estos artistas, como puede ser el caso de Jackson Browne, tras años de trabajar con músicos de sesión y con sonido digital, han perdido la noción del sonido que tenían originalmente, más allá de que sus nuevas canciones sean mejores o peores. Sí, y yo suelo ser el tipo encargado de explicárselo y hacer que se fijen en ello.

¿Cómo se lo toman? Es delicado. Lo mejor suele ser volver a lo básico. Ten en cuenta que en los setenta las producciones eran enormes, y los presupuestos también.

¿Quiénes son tus productores favoritos? Me encantan Alan Parsons y Leon Russell como productores. O Denny Cordell, que trabajó en los primeros discos de Tom Petty. También la producción de los primeros discos de Jackson Browne y, por supuesto, la de los Beach Boys.

En las letras de “Gentle Spirit” parece haber una queja sobre la velocidad del mundo moderno, así como una invocación de la naturaleza. ¿Qué te motivó realmente a escribir tus propias canciones? Fue la primera vez que tuve la sensación de escribir canciones abiertamente políticas, viniendo del largo período de la presidencia de George Bush y todo eso. Surgieron de la frustración de lo que ves cada día. Incluso había una canción que se llamaba “Peace Population”, que se quedó fuera del disco. Mucha gente me ha criticado porque escribo sobre temas como la paz.

Me imagino que te habrán llamado hippie un montón de veces. Sí, me llaman hippie porque hablo sobre la paz. Pero creo que lo único que se puede hacer es intentar inyectar ideas positivas en el mundo.

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