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JOSH T. PEARSON, Maldito amor, gloriosa obsesión

Oraciones de amor y dolor.

Foto: Steve Gullick

 
 

ENTREVISTA (2011)

JOSH T. PEARSON Maldito amor, gloriosa obsesión

Josh T. Pearson es el tipo que saboreó las mieles del (relativo) éxito con “The Texas-Jerusalem Crossroads” (2001), el disco doble que firmó como Lift To Experience, una obra que, con el paso del tiempo, ha alcanzado el rango de pieza de culto. Pero, sobre todo, Josh T. Pearson es el hombre que, diez años después, sorprendió a propios y extraños con su primer trabajo en solitario, el confesional “Last Of The Country Gentlemen”, uno de los álbumes más atormentados y demoledores que pueden escucharse sobre rupturas amorosas. Ramón Fernández Escobar lo entrevistó en 2011 tras su paso por Barcelona, donde debutó entre nosotros con un concierto memorable en la sala Sidecar.

El músico más atormentado de los últimos tiempos no desconoce el humor. Pregunta: ¿Qué tal fue tu concierto en Barcelona? (Sidecar, 28 de abril, escaso público). Respuesta: “No murió nadie, todos ilesos”.

Josh T. Pearson enseguida recupera el perfil doliente: “Me planteé acudir en mayo como espectador al Primavera Sound, pero estaba cansado...”. Y esa fatiga es la que demuestra, bajando el volumen, entrecortando la voz, cada vez que le toca remover algo penoso. Aunque hable sin perder la afabilidad. Y en sus 37 años, a este texano de turbulencias existenciales nada parece haberle causado tanta aflicción como parir “Last Of The Country Gentlemen” (Mute-[PIAS] Spain, 2011), glorioso estreno en solitario, una década después de entregar al frente de Lift To Experience su único disco, el también memorable “The Texas-Jerusalem Crossroads” (Bella Union, 2001).

“Y lo que me decidió a grabarlo fue ver cómo estas canciones, tocadas en directo, conmovían a personas del público, quizás porque habían vivido cosas parecidas a las de mi matrimonio y su ruptura. Bueno, eso y creer que eran suficientemente buenas”

Si el de entonces era un doble conceptual sobre un supuesto Apocalipsis en Texas, lleno de distorsión, el de ahora es un álbum de divorcio, solo voz y acústica, brutalmente descarnado. “Y lo que me decidió a grabarlo fue ver cómo estas canciones, tocadas en directo, conmovían a personas del público, quizás porque habían vivido cosas parecidas a las de mi matrimonio y su ruptura. Bueno, eso y creer que eran suficientemente buenas”. El control de calidad desborda en Pearson los márgenes de la obsesión. “No sin motivo. Había hecho un disco perfecto y no quería hacer otro hasta estar plenamente convencido de que también lo era”.

Momento para ahondar en el laboratorio Pearson circa 1999: “Trabajé mucho en el disco de Lift To Experience, entre dos y tres años, y luego tardó dos años más en salir, así que tuve margen para seguir procesándolo –lo regrabó entero–: empleé otros doce meses en quedarme satisfecho”. ¿Y desde entonces? “Habré escrito unas dos mil canciones, aunque sin rematar nada hasta ‘Last Of The Country Gentlemen’”.

Tras la inopinada disolución de la banda por varias tragedias (el batería se hundió con la muerte de su padre, falleció por sobredosis la mujer del bajista), los dos últimos lustros comenzaron para Josh con un retiro de tres años en un minúsculo pueblo texano, Tehuacana. “Ahora alberga menos de trescientos habitantes, pero en el siglo XIX se quedó a dos votos de suceder a Houston como capital de Texas”. Allí lidió con una depresión y solo firmó shows anuales en el SXSW de Austin. Salió de su letargo y dio el salto en 2005 a Berlín para participar, no es coña, en el Campeonato Mundial de la Barba. Una propuesta de gira con Dirty Three (Warren Ellis aporta su violín en un par de cortes del nuevo disco) le llevó a quedarse después en Europa pateando pequeños garitos. “Warren y compañía son unos auténticos caballeros, me animaron mucho. Y verles tocar treinta días seguidos fue el colmo: lo suyo es arte”, enfatiza Pearson.

 
JOSH T. PEARSON, Maldito amor, gloriosa obsesión

“Cuento chistes malos entre tema y tema. Lástima que también los tenga que escuchar el público”. Foto: Steve Gullick

 

Arte y supervivencia, en su caso. Afincado en Berlín, donde se emparejó con una alemana. Más tarde, en París, marco para la ruptura. Y de ahí, los lodos en forma de exorcismos cantados, desnudos, interminables: “Don’t cry for me, baby / I’ll learn to live without you”, entona en la apertura del álbum. Más cruda es la segunda canción: “I ain’t your Saviour or your Christ or your goddam sacrifice / And when I said I’d give my life I ain’t talking suicide”. Desgarro alcohólico y violento en la tercera: “Woman, when I’ve raised hell you’re gonna know it / don’t make me rule this home with the back of my hand / Honestly, why can’t you just let it be / and let me quietly drink myself to sleep”... Hasta un total de siete cortes (ocho en vinilo).“Me gustaría pensar que he mejorado como letrista, para los textos empleo horas y horas de encierro; no me ocurre como con la guitarra: llevaba quince años tocándola antes de grabar ningún disco. Después de Lift To Experience regresé al afinado estándar, y mi reto ahora es componer así”.

“Me gustaría pensar que he mejorado como letrista, para los textos empleo horas y horas de encierro; no me ocurre como con la guitarra: llevaba quince años tocándola antes de grabar ningún disco. Después de Lift To Experience regresé al afinado estándar, y mi reto ahora es componer así”

Las canciones del nuevo álbum nacieron más fluidas: “Cuatro meses de trabajo diario, aunque algunos fragmentos e inicios se remontaban a tres o cuatro años”. El trago llegó en la grabación, dos sesiones en Berlín, con un par de semanas en medio: “Un día entero concentrado en algo tan doloroso me dejaba para el arrastre. Y luego me pasé seis meses, de vuelta en París, sin apenas salir de la cama”. Pearson no soporta escuchar el álbum y tira de placebos para poder tocarlo en vivo: “Cuento chistes malos entre tema y tema. Lástima que también los tenga que escuchar el público”.

Josh asegura que estas letras, además, reflejan “la muerte de Dios” en su interior: “En realidad, tengo una relación de tipo off/on con el Todopoderoso”, musita. Y no bromea: es hijo de un predicador capaz de abandonar a la prole en su afán de fundar iglesias. Así que considera “un segundo padre” a Jim Parker, responsable del Trinity Institute de Tehuacana, el centro cristiano donde se refugia cada vez que pierde la fe. “Aunque siempre he creído mejor llamarle tío”, ironiza.

Un título de imaginería religiosa, “Angels & Devils”, estuvo a punto de convertirse en su debut como solista en 2002, pero Josh se echó atrás. “En 2008 registré versiones eléctricas de esa colección con el batería de Lift To Experience, Andy Young, pero aquello quedó de nuevo inconcluso por mi traslado a París y mi crisis posterior. No sé qué pasará con esas canciones: son increíbles”. La emoción acústica del disco actual obedece en parte a su funcionalidad en directo: “Con una banda country también quedaría bien, pero sería como hacer ‘covers’ de mí mismo”. Covers de otros, Depeche Mode entre ellos, interpretó en el reciente aniversario de Mute. “Canciones de hace veinte años, cuando accedí a los discos; el rock en la radio no lo escuché hasta los 11 o 12. Rechazaba el country o el gospel que me rodeaban entonces, pero luego comprendes lo importante de su influencia”.

Etiquetas: 2011, Estados Unidos, folk
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