Los dos últimos discos que has editado están marcados por referencias a la política actual. Hablas de George W. Bush, Tony Blair, Saddam Hussein, el Vaticano... Me sorprende: creía que introducir estas cosas de manera tan explícita en un disco de rock era algo que la gente evitaba. Es cierto. Soy de los pocos que hablan de lo que ocurre. La mayoría de los artistas actuales no tienen nada que decir o prefieren no hacerlo. En la vida hay que escoger. Por un lado tienes el camino corporativo. Luego está el camino del arte, donde sólo respondes a tus impulsos y responsabilidades. El camino corporativo da más dinero, más comodidad. También mata el hambre, que es algo esencial para cualquier artista. El problema que veo en los músicos, aparte de la ignorancia de muchos, es que están tan absorbidos por sus mundos interiores que no ven lo que pasa fuera.
En el texto promocional de esos discos te refieres a Iggy Pop, Alice Cooper o Johnny Rotten como “artísticamente muertos”. No me gustan las reuniones ni la nostalgia. Ni siquiera las de grupos a los que adoro como MC5. Muchos músicos sagrados se quedan en sombras de lo que eran. El rock’n’roll debe ser un subidón de energía en un momento. Hacerte mayor no tiene por qué frenar tu potencial. La experiencia es tan importante como la inspiración o el trabajo. “Dark Orgasm” también está inspirado en la idea de que si acumulas un cliché sobre otro cliché sobre otro cliché... algo bueno acabará saliendo. En este caso, los referidos al rock. Los clichés siempre contienen algo de verdad y son piezas de información muy valiosas. Mi carrera ha estado muy influida por los clichés. Son una fuente de inspiración.
A veces me da la impresión de que ves el rock como una religión. Como mínimo, es un sucesor o un sustituto. El rock’n’roll no ha muerto. Quizá los muertos son quienes dicen esa frase. El rock tuvo gran impacto en la vida en Occidente. Permitió a mucha gente comunicarse de manera especial, compartir visiones. El líder de un grupo ha de tener algo de chamán y de psicólogo. Jim Morrison fue el primero en verlo. En muchas cosas no hemos cambiado. También son chamanes los porteros de fútbol, concentrando la atención de miles de seguidores en estadios abiertos, como en los templos paganos de la antigüedad. Son guardianes del abismo que hay tras la portería, llevan ropa distinta al resto del equipo y tienen poderes especiales, como tocar la pelota con las manos.
También hablas bastante de feminismo. Tengo dos hijas, de 11 y 13 años. Discuto mucho con su colegio. En Inglaterra aún existe una educación rancia, patriarcal, cromwelliana. Pero más que las normas represivas, lo que me preocupa es la inconsistencia en los límites y reglas que les marcan. De una semana a otra cambian las reglas sobre maquillaje o sobre el tipo de comentarios que les permiten hacer sobre religión. Eso les mina el carácter. En general, creo que el hecho de que el mundo mejore pasa por devolver sus derechos a las mujeres, tanto en Occidente como en el mundo islámico, dos lugares muy tenaces a la hora de negárselos.
Decías en una vieja entrevista que sólo habías votado una vez en tu vida, pero sin especificar cuándo y por qué. Fue a los 18 años, por la novedad. Voté laborista. Ahora veo la política como una cortina de humo, como un montón de nombres y datos innecesarios que nos tapan el cuadro general. No me la tomo en serio. No sé si considerarme de izquierdas. Para mí el socialismo internacionalista siempre acaba por parecerse al comunismo. No creo que funcione. El socialismo nacionalista siempre está cerca del partido nazi. Tampoco creo que se pueda aplicar el mismo sistema político a Europa que a Oriente Medio. Allí son gente más dura, guerreros; no son países de tierra fértil. Creo en una especie de conservadurismo manejable. La humanidad se caracteriza por un proceso continuo de cambio y hay que tener un filtro para adoptar sólo las novedades que sean útiles.
¿Hay algunos intelectuales, artistas o activistas en quienes confíes especialmente para hacerte una idea de cómo está el mundo? La última noticia que hay colgada en mi web es la creación de un portal de Indymedia dedicado al desastre climático (www.climateimc.org). Tal y como están las cosas, podemos considerarnos todos supervivientes. En general, me fío de cualquiera que dedique tiempo a reflexionar sobre lo que pasa a su alrededor y a intentar cambiarlo. Hay cierto heroísmo en eso hoy en día. No acabo de pillar, por ejemplo, a la gente que odia a los hippys. Fueron un movimiento activista muy importante que influyó en la vida de mucha gente. Lo único que no me gusta de ellos es la música. El folk me aburre. Lo encuentro demasiado blando.
Has tenido una carrera bastante accidentada. Me gustaría saber cuál fue para ti el momento más difícil. En 1989 sufrí una especie de iluminación. O un colapso. Demasiado trabajo, demasiados viajes y demasiado desfase. Me sentía aplastado. Me tomé un año libre y empecé a escribir mis memorias, que se publicaron en 1994 como “Head On”. Desde entonces todo cambió por completo. Ahora llevo un estilo de vida muy específico: me levanto muy temprano cada día y con un plan detallado de trabajo y esparcimiento. Mi mujer y yo decidimos los tiempos teniendo muy en cuenta si una actividad encaja con la siguiente. Ese tipo de transiciones son muy importantes para que funcione. Tengo un plan bastante preciso; sé más o menos lo que voy a editar en 2011, pero prefiero no adelantarlo. El momento más complicado creo que está por llegar. Soy un artista cada vez más vivo y el mundo cada vez es más infantil. Con “Dark Orgasm” tuve problemas con dos fábricas de CDs por una frase que decía “Que se joda el Papa”.
He leído que ya has vendido los derechos para convertir “Head On” en una película. ¿Hay fecha de estreno? No creo que se haga, y no me importa mucho. Firmé algo que se llama contrato de desarrollo. Es como darles oportunidad para que demuestren que merece la pena. Dudo que lo consigan. Es algo en lo que no pienso. Y no, no se me ha pasado por la cabeza ningún actor concreto para interpretarme. Si me dejan decidir, pediría a Marianne Faithfull.
Por último: ¿por qué tocas tan poco en España? Porque no me llaman los promotores. 