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JUSTIN TOWNES EARLE, Su vida es suya y solo suya

Lleva tatuado en su brazo derecho la hoz y el martillo.

 
 

ENTREVISTA (2008)

JUSTIN TOWNES EARLE Su vida es suya y solo suya

Documento Rockdelux. Nando Cruz nos presentó en esta entrevista los primeros pasos de un artista con, aparentemente, una difícil misión: merecerse, musicalmente, el apellido de su padre. De Steve Earle ha heredado muchos de los valores que han convertido en leyenda a su progenitor, a los que Justin añade una fuerte personalidad para moverse con soltura por los parámetros de una americana en proyección.

Justin es demasiado joven para haber crecido con Nirvana; pertenece a esa generación de fans post mórtem que se enganchó al grupo cuando Cobain murió. Un día vio aquel concierto ‘unplugged’ que dieron para la MTV en el que cantaban ‘Where Did You Sleep Last Night?’, que en realidad era una canción de Lead Belly titulada ‘In The Pines’, y fue corriendo a por mis discos de Lead Belly”. La anécdota me la contaba Steve Earle el año pasado, riendo orgulloso, y explica cómo su hijo se metió en el blues acústico, el folk y el fingerpicking.

“Decidí que quería dedicarme al blues, pero yo era el típico chaval que solo había tonteado con opiáceos en Nashville, donde son tan caros y difíciles de obtener como la heroína, y al llegar a Chicago, donde las drogas son más fuertes, baratas y fáciles de conseguir, me metí en un follón mucho mayor”

Justin Townes Earle la confirma ahora desde un teléfono móvil en cuyo buzón de voz suena “Only The Lonely”, de Roy Orbison. “La verdad es que me interesó mucho el disco original. Estaba muy enganchado a Kurt Cobain y quería conocer sus fuentes de inspiración. Aún hoy pienso que es muy importante para los compositores conocer el origen de las cosas. En caso contrario, no escribirás más que sandeces”.

Entonces tenía 14 años, pero acababa de dejar el colegio y alternaba con músicos treintañeros que le enseñaban todo lo que, como buen adolescente, no quería aprender de su padre. Por ejemplo, que “debes instruirte con los pioneros, leer mucho y si aun así no te sale una buena canción es que no eres buen compositor y has de dedicarte a otra cosa”. A los 15 se enroló en un grupo, pero por si acaso también aprendió a ganarse la vida trabajando de albañil y, su especialidad, pintor de brocha gorda.

Hay apellidos que parecen atraer los problemas. Y Justin Townes ya tiene en su currículo una experiencia carcelaria. Pasó seis meses de trabajos forzados por robar una pistola. Cuesta creer que se castigue con presidio la posesión de armas en su país, pero aclara que “lo ilegal es que te cojan con un arma a los 13 años”. Vale. El día que salía de prisión le esperaba su padre. Le dio un traje limpio y se lo llevó al entierro de Townes van Zandt. Fue su único contacto con el cantautor de quien hereda su segundo nombre.

Precoz compositor y “buscalíos”, se mudó a Chicago con 17 años: “Decidí que quería dedicarme al blues, pero yo era el típico chaval que solo había tonteado con opiáceos en Nashville, donde son tan caros y difíciles de obtener como la heroína, y al llegar a Chicago, donde las drogas son más fuertes, baratas y fáciles de conseguir, me metí en un follón mucho mayor”. Total, que tocó mucho, bebió mucho, pintó muchas más casas y volvió a Nashville sin blanca y sin ninguna composición nueva.

 
JUSTIN TOWNES EARLE, Su vida es suya y solo suya

Hay apellidos que parecen atraer los problemas. Y Justin Townes ya tiene en su currículo una experiencia carcelaria. Pasó seis meses de trabajos forzados por robar una pistola.

 

A quienes lo descubrieran en su gira española de octubre de 2007 (ver Rockdelux 256) les costará vincular tantas desventuras con aquel chaval espigado y lleno de energía que cantaba como si el sueldo le fuese en ello. El cambio de actitud llegó a los 22 años, tras catorce días salvajes: ingresó de urgencias en un hospital con colapso respiratorio y lo salvaron por los pelos. “Ya llevo cuatro años limpio y eso se nota en mi forma de actuar”, aclara. Que se lo digan a Jubal Lee Young (hijo de Steve Young), ensombrecido noche tras noche por su torrencial compañero de gira. Aun así, Earle no guarda solo buenos recuerdos del tour conjunto de “hijos de cantantes de country”. “Cuando una persona está vendiendo claramente más entradas que la otra pero hay que repartir ingresos al cincuenta por ciento surgen problemas. Yo vendía unos cuarenta discos por noche y él, cinco. Al final de la gira Jubal Lee estaba algo frustrado, pero también es molesto volver con la mitad del dinero que has generado”.

“Mi idea de la diversión no es recordar que el mundo está en recesión por culpa de un cateto de Texas. Por ahora, mi trabajo es asegurarme de que durante la hora y media que estoy encima del escenario la gente ni siquiera se acuerde de que George W. Bush existe. Esa es mi aportación política”

El abismo entre ambos era evidente. Cuando Justin Townes llegó a España llevaba más de una década tocando. A punto había estado de grabar un disco en 2000; “entonces tomaba muchas drogas y la jodí”, dice. Ocho años después, “The Good Life” (Bloodshot-Junk, 2008) es, además de un borrón y cuenta nueva respecto a su turbio pasado, un viaje por la música estadounidense de raíz: country, bluegrass, ragtime, folk historicista, honky-tonk... “South Georgia Sugar Babe”, “Hard Livin'”, “Turn Out My Lights”, “Lonesome And You” y “Far Away In Another Town” las compuso antes de cumplir 18 años. Pero las mejores son las otras cinco, cuya riqueza instrumental y madurez expositiva completan un álbum sabio y serio. Vamos a oír hablar mucho del hijo de Steve Earle.

Él dice haber entendido que dos de las peores cosas que puede intentar alguien es vivir como Townes van Zandt y componer como Townes van Zandt. Pero tampoco se le ve interesado en seguir los pasos de su padre. Apenas le interesa el rock y aunque en varias de estas canciones sobre sus problemas con las mujeres está hablando veladamente sobre sus problemas con las drogas, no cree que sea el momento de abordar el tema abiertamente. Tampoco piensa que a tan tierna edad deba escribir canciones políticas. “Todavía necesito tiempo para procesar todo lo que estoy aprendiendo. Y, por otro lado, mi idea de la diversión no es recordar que el mundo está en recesión por culpa de un cateto de Texas. Por ahora, mi trabajo es asegurarme de que durante la hora y media que estoy encima del escenario la gente ni siquiera se acuerde de que George W. Bush existe. Esa es mi aportación política”.

Lo dice un chaval de 27 años que abría y cerraba el EP de seis canciones “Yuma” (autoeditado, 2007) con la melodía de “La Internacional” –tomada de una caja de música que robó a su padre; todo sea dicho– y que lleva tatuado en su brazo derecho la hoz y el martillo. Contra lo que se pueda sospechar, el símbolo comunista aún no le ha traído problemas con las autoridades de su país. “Muchos no lo ven, otros no saben qué significa y alguno me ha venido a decir que odia a Hitler. Ya ves, ¡en mi país mucha gente no sabe ni distinguir entre la hoz y el martillo y una puta esvástica!”.

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