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KANYE WEST, Todo sobre mi ego

King West: “Cuando era un párvulo, ya me seguían todos los niños y el maestro me dijo que era un líder natural. Soy una persona extraordinaria”.

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 320)

KANYE WEST Todo sobre mi ego

Por Luis Lles

Megalómano, misógino, narcisista, provocador, arrogante, contradictorio, definitivamente ególatra. Una joyita, vaya. Pero Kanye West es, además, uno de los artistas más creativos y brillantes del siglo XXI. Su trayectoria, surcada por continuos saltos al vacío, se vio rubricada en 2013 por un disco sorprendente y salvaje, “Yeezus” (escogido el mejor del año en el resumen publicado en el Rockdelux 324), que volvió a marcar un nuevo punto de inflexión en un género, el hip hop, siempre necesitado de revulsivos. Un trabajo que magnificó su ego y reafirmó a Kanye West como mesías salvador. Luis Lles repasó su trayectoria en este artículo que fue portada en el Rockdelux 320 (septiembre 2013).

La vida de cada persona está hecha de anhelos y decepciones, de expectativas y frustraciones. Habría que averiguar cuántos deseos incumplidos y sueños rotos hubo en la vida del pequeño Kanye Omari West (Atlanta, Georgia, 1977) para que su personalidad se forjara en el narcisismo más extenuante y grotesco. Hijo de un excomponente de los Panteras Negras y de una profesora universitaria, con la que se mudó a Chicago cuando solo tenía 3 años tras la ruptura matrimonial de sus padres, según sus propias palabras, “cuando era un párvulo, ya me seguían todos los niños y el maestro me dijo que era un líder natural. Soy una persona extraordinaria”. Vamos, que era chulo y fanfarrón ya desde pequeño. Tampoco se sabe muy bien qué pasaría por su cabeza cuando, siendo un niño de 10 años, vivió una temporada en Nanking (China), en cuya universidad daba clases de inglés su madre: era el único occidental (y negro, claro) de su clase. Lo que sí es conocido es que no tardó en colgar sus estudios en la American Academy Of Art de Chicago porque tenía prisa por convertirse en una estrella de la música y no había tiempo que perder. El productor y disc-jockey No I.D. se convirtió en su padrino. Y, tras formar parte del desconocido grupo de rap Go-Getters, con los que grabó un solo disco, en el año 2000 comenzó a trabajar como productor de Roc-A-Fella Records, el sello de Jay-Z, quien más tarde sería su gran colega y al que produciría varios cortes de su obra maestra, “The Blueprint” (2001).

“Yo siempre lucho por la justicia. Como el Michael Jordan de la música que soy, estoy en mi derecho de decir que algo está mal... Soy tan influyente, tan relevante y tengo tanta credibilidad que puedo contribuir a cambiar las cosas”

En esa época también trabajó para muchos otros artistas, como Alicia Keys, Janet Jackson, Talib Kweli y Dilated Peoples, lo que unido a un accidente de coche que en 2002 estuvo a punto de costarle la vida hizo que su anhelado disco de debut se retrasara hasta el año 2004. Entonces todavía parecía humano, y ese accidente inspiró en gran medida su primer álbum, “The College Dropout” (Roc-A-Fella/Def Jam, 2004), y sobre todo canciones como “Through The Wire” y “Jesus Walks”. Ya en la portada de ese primer trabajo aparecía Dropout Bear, la mascota que lo identificaría en todos sus primeros trabajos. Un osito de peluche que es (o era), en cierta forma, su álter ego. El disco no es en sí rupturista, como sí lo han sido otros de sus trabajos posteriores, sino que continúa la estela del hip hop más groovy practicado por grupos como De La Soul, en cuya actuación del año 2005 en el Sónar de Barcelona apareció como invitado estelar y casi de incógnito el propio Kanye West. Y aunque no los suele citar como fuentes de inspiración, lo cierto es que los abanderados del daisy rap influyeron mucho en sus primeros trabajos, tanto a nivel de sonido como en las letras de sus temas o en la forma de utilizar samples de las más distintas procedencias: jazz, soul, rock. 


UN CRISTO NEGRO

Ese mismo año lanza “Late Registration” (Roc-A-Fella/Def Jam, 2005), su segundo álbum, en el que empieza ya a dar muestras de su inquieto talento musical y de su enorme capacidad para la autopromoción y el autobombo. Es entonces, por otro lado, cuando empieza también a labrarse su fama de provocador y amante de las controversias. El videoclip de “Touch The Sky”, que se enmarca de lleno en la estética blaxploitation, fue acusado de machista e irrespetuoso. Y en el transcurso de un concierto a beneficio de las víctimas del huracán Katrina, apunta directamente al Presidente de la nación y dispara: “A George Bush Jr. no le importa en absoluto la población negra”. Hay quien cree, sin embargo, que sus declaraciones políticas y las letras supuestamente comprometidas de algunas de sus canciones, por mucho que su padre perteneciera a los Panteras Negras, son una simple pose, una excentricidad más con la que alimentar su ego, y que en realidad es algo que se la trae al pairo. En todo caso, siempre tiene tiempo para hacer declaraciones como esta: “Yo siempre lucho por la justicia. Como el Michael Jordan de la música que soy, estoy en mi derecho de decir que algo está mal... Soy tan influyente, tan relevante y tengo tanta credibilidad que puedo contribuir a cambiar las cosas”. Desde luego, la modestia no es una de sus virtudes. Por otro lado, tras salir de gira mundial con U2 y tomar buena nota de los entresijos del megalómano stadium rock, en enero de 2006 decide jugar al mismo juego que antes han practicado John Lennon y otros (ya saben, aquello de que “los Beatles somos más famosos que Jesucristo” y cosas por el estilo), apareciendo en la portada de ‘Rolling Stone’ con una corona de espinas, como si fuera un Cristo negro, presuntamente flagelado por un muy cabreado Presidente Bush. Que hablen de uno, aunque sea bien.

 
KANYE WEST, Todo sobre mi ego

Rockdelux 320 (Septiembre 2013)

Diseño: Nacho Antolín

 

Su tercer disco, “Graduation” (Roc-A-Fella/Def Jam, 2007), constituye, tal como sugiere su título, su graduación como artista ortodoxo de hip hop. A partir de allí va a hacer lo que le venga en gana, sin tener que rendir cuentas a nadie sobre su tendencia a la aventura musical. El disco marca también el clímax de su técnica apropiacionista y su abuso de los samples, que hacen que a menudo sus canciones parezcan más bien versiones rapeadas de temas conocidos. Su capacidad para la rapiña no conoce límites, pero hay que admitir que es una rapiña muy creativa. Al igual que sucede con Madonna, habrá quien diga que solo es un expoliador listo, un vampiro capaz de fagocitar los hallazgos de los demás. Pero lo cierto es que siempre lo ha sabido llevar a su terreno. A raíz de la edición de este disco, y haciendo honor a su incipiente fama de fanfarrón y su personalidad extremadamente competitiva, hizo una apuesta con 50 Cent por la que este se comprometía a que, si vendía menos discos de su álbum “Curtis” (2007) que West de su “Graduation”, se retiraba de la industria discográfica. Kanye West ganó la batalla en Estados Unidos, pero perdió la guerra a nivel mundial.


NUEVO REY DEL POP

“La muerte de mi madre fue para mí como si hubiera perdido un brazo y una pierna, e intentara caminar a pesar de ello”

La muerte de su madre, Donda West, en noviembre de 2007 en el transcurso de una operación de cirugía estética, le afectó profundamente y, sin duda, influyó directamente en el tono entre sombrío y melancólico de su siguiente álbum, “808s & Heartbreak” (Roc-A-Fella/Def Jam, 2008). “La muerte de mi madre fue para mí como si hubiera perdido un brazo y una pierna, e intentara caminar a pesar de ello”, confesaría más tarde. Amor y soledad son los principios que guían una obra que significa un giro de 180 grados en su carrera. “Hubo gente que me dijo que tenía que haberlo publicado con otro nombre, debido a lo diferente que era al resto de mis discos”, señala West. Efectivamente, parecía como si quisiera apartarse del universo del hip hop en aras a lograr conquistar el mercado del pop global. Con Michael Jackson todavía vivo, pretendía usurpar el trono del Rey del Pop. En una reciente entrevista con ‘The New York Times’, decía: “Es cierto, he ganado veintiún Grammys, más que nadie de mi edad, pero ninguno compitiendo contra un blanco”. Una espina que sigue llevando clavada alguien que se ha declarado fan de Franz Ferdinand, Keane, Radiohead, U2, The Killers y Led Zeppelin. El disco, muy influido por la corriente electropop y plagado de melodías y efectos Auto-Tune a mansalva, desconcertó a sus seguidores y creó división de opiniones, pero en perspectiva se percibe como una obra crucial, arriesgada y tremendamente creativa, que influyó de forma definitiva en el futuro de la escena de la urban music y redefinió el sonido de los hits radiofónicos. El mismo West lo define como “el primer disco de new wave negra. Yo no había escuchado new wave, pero soy un artista de new wave negra”.

2009 podría haber sido un año de transición en su trayectoria, pero estuvo marcado por la polémica causada por su aparición en la ceremonia de los MTV Video Music Awards, cuando le arrebató el micro a la premiada Taylor Swift para decirle que ese premio, en realidad, le correspondía a “Single Ladies (Put A Ring On It)” de Beyoncé. Y aunque después se disculpó, el incidente hizo que se cancelara su prevista gira junto a Lady Gaga, otro personaje hambriento de controversia y celebridad. Por otro lado, convertido en un icono de la moda, ese mismo año cierra su firma de ropa Pastelle Clothing, que había creado en 2006, y lanza a través de Nike sus propias zapatillas, las Air Yeezys, además de iniciar su idilio con la Fashion Week de París, donde presenta su línea de zapatillas para Louis Vuitton. Después ha seguido participando en esa famosa pasarela con distintas colecciones, incluidas las de ropa de mujer, con críticas más bien tirando a negativas.

El inquietante vídeo de “Black Skinhead”, con sus amenazantes dóbermans y su estética expresionista.

Los años siguientes marcan el retorno de Kanye West al redil del hip hop. Pero lo hace como solo él sabe hacerlo, con una nueva vuelta de tuerca y con una imaginación sin límites que lo llevan a crear una obra maestra, “My Beautiful Dark Twisted Fantasy” (Roc-A-Fella/Def Jam, 2010). Un disco tan extraño como exuberante y excesivo, que además estuvo trufado de unos vídeos asombrosos, como la fantasía megalómana de “Power” o las devoradoras y descuartizadas mujeres-monstruo de “Monster”, del que el propio Kanye West tuvo que salir en su defensa, arguyendo que no era misoginia, sino arte en estado puro. Lo que no estaba muy lejos de la realidad. Es también probablemente el trabajo en que se muestra más vulnerable y reflexivo. Sin embargo, el de Atlanta no coincide con las apreciaciones de mucha gente acerca de que es su mejor disco. “Yo no tengo una relación romántica con mi público, y puedo decir que en ese disco le di a la gente lo que ellos querían. Y es que incluso alguien como Kanye West tiene que asumir ciertos compromisos”. Lo de hablar de sí mismo en tercera persona es también, por cierto, un claro indicativo de su irreductible narcisismo.

“Algún día seré el líder de una corporación valorada en billones de dólares, porque yo tengo las respuestas. Yo entiendo la cultura. Yo soy el núcleo... Mis planes futuros incluyen óperas, tiendas, películas, parques temáticos y, posiblemente, ciudades enteras”

Al año siguiente llegó uno de esos momentos que mucha gente estaba esperando, el encuentro en la cumbre entre Kanye West y su mentor y amigo Jay-Z. Pero, pese a lo que podría esperarse, “Watch The Throne” (Roc-A-Fella/Def Jam, 2011) no es un combate por ver quién logra el trono del negro más poderoso de la industria musical, sino un excelente trabajo conjunto, una equilibrada entente a la que, en palabras de West, “yo aporto el lado más oscuro... posiblemente porque creo que en el noventa por ciento de mi vida no me divierto”. 

 
YEEZUSCHRIST SUPERSTAR

El año pasado se publicó la recopilación “Cruel Summer” de su sello G.O.O.D. Music (creado en 2004), con artistas del mismo como Pusha T, John Legend, Kid Cudi o Common, junto a invitados como Jay-Z, R. Kelly o The-Dream. Es el mismo título de la película que West dirigió, también en 2012, y que presentó en el Festival de Cannes de ese año. Por otro lado, de su relación sentimental con la celebrity Kim Kardashian ha nacido en junio su primera hija, North “Nori” West, y ya ha trascendido la cuenta de muchos miles de dólares que la pareja se ha gastado en comprarle ropa de Lanvin y Hermès a la bebé. Pero, sin duda, además del nacimiento de su hija y de una nueva trifulca con los paparazzi en el aeropuerto de Los Ángeles (en 2008 ya le costó un arresto un incidente similar), el gran acontecimiento de este año es la edición de su nuevo disco, “Yeezus” (Roc-A-Fella/Def Jam/Universal, 2013), un título en el que vuelve a mostrar su megalomanía galopante: Yeezy es su conocido apodo, así que su comparación con Jesucristo es inevitable. Es una obra musicalmente apasionante, que vuelve a descolocar a todo el mundo con sus atmósferas oscuras, su acercamiento al rock industrial y la bass music, su regocijante locura sonora. El inquietante vídeo del primer single, “Black Skinhead”, con sus amenazantes dóbermans y su estética expresionista, ha sido la perfecta carta de presentación de un disco absolutamente excepcional, que es casi una obra de creación colectiva: aunque finalmente no colaboran ni Skrillex ni The Weeknd, hay aportaciones de Daft Punk, Hudson Mohawke, Bon Iver, Frank Ocean, Kid Cudi y Assassin. Y si bien ha sido muy criticada su utilización del sample del trágico “Strange Fruit” (versión de Nina Simone) con intenciones mucho más frívolas en el tema “Blood On The Leaves”, la salida del álbum también ha sido la excusa para las declaraciones más explosivas y ególatras de su carrera a la revista ‘W’ y a ‘The New York Times’. Como esta: “Algún día seré el líder de una corporación valorada en billones de dólares, porque yo tengo las respuestas. Yo entiendo la cultura. Yo soy el núcleo”. O esta otra: “Mis planes futuros incluyen óperas, tiendas, películas, parques temáticos y, posiblemente, ciudades enteras”. O esta: “Ahora hago exactamente lo que quiero, cuando lo quiero y como jodidamente lo quiero. ‘Fuck you!’ es mi mensaje”. ¿Hace falta añadir algo más?

 

GOLPE A GOLPE, DISCO A DISCO

KANYE WEST, Todo sobre mi ego

El hip hop ha demostrado ampliamente su permanente capacidad de exploración sonora, su constante búsqueda de nuevas vías, sus múltiples hallazgos como laboratorio musical. A esa estirpe de artistas audaces pertenece Kanye West, siempre dispuesto a dar un golpe de efecto y a asumir cualquier reto que se le plantee. Su carácter voluble y arriesgado nos permite pensar que le quedan todavía muchas excitantes etapas que cubrir en su larga marcha hacia la revolución musical.

KANYE WEST, Todo sobre mi ego

“The College Dropout”
(Roc-A-Fella/Def Jam, 2004)

Kanye West debutó con buen pie, entrando por la puerta grande. Su primer disco fue ya todo un éxito comercial y de crítica, muy personal a nivel de textos (marcado por su accidente de coche) y con un sonido muy groovy y una fuerte influencia del soul y el R&B. El gospel heterodoxo de “Jesus Walks”, el freaky rap a lo Digital Underground de “The New Workout Plan” o el groove soleado de “Slow Jamz” (junto a Jamie Foxx) marcan los puntos álgidos.

 
KANYE WEST, Todo sobre mi ego

“Late Registration”
(Roc-A-Fella/Def Jam, 2005)

Jon Brion, productor de Fiona Apple y compositor de bandas sonoras, produce varios temas de un álbum muy influido por los arreglos de cuerdas del disco en directo de Portishead. Su sonido es verdaderamente sofisticado (le valió a West el calificativo de Brian Wilson del hip hop) y, entre efluvios jazz y samples de Curtis Mayfield y Ray Charles, incluye piezas de orfebrería black como “Touch The Sky”, “Gold Digger”, “Crack Music” o la brutal “Diamonds From Sierra Leone”.

KANYE WEST, Todo sobre mi ego

“Graduation”
(Roc-A-Fella/Def Jam, 2007)

La portada, del japonés Takashi Murakami, envuelve uno de los discos más eclécticos de Kanye West. El carácter más introspectivo de las letras no se corresponde con el tono abierto y desenfadado de una música que se aproxima al pop en “Homecoming” (con Chris Martin de Coldplay), al ambiente inquietante en “Drunk And Hot Girls” (junto a Mos Def y con sample de Can), al g-funk de verano perfecto en “Good Life” o al expolio de Daft Punk en “Stronger”.

 
KANYE WEST, Todo sobre mi ego

“808s & Heartbreak”
(Roc-A-Fella/Def Jam, 2008)

El sonido de la caja de ritmos TR-808 (tan ochentera ella) marca a sangre y fuego un disco cautivador, que habla de amor, desamor y soledad, y con el que intenta alcanzar el trono de Rey del Pop. Glacial y espectral, el cuarto álbum de West posee un tono crepuscular que contrasta con la sobredosis de Auto-Tune que es en sí todo el disco. “Love Lockdown”, “Bad News”, “Heartless”, “Amazing” o esa joya del synthpop que es “Coldest Winter” son sus hitos.

KANYE WEST, Todo sobre mi ego

“My Beautiful Dark Twisted Fantasy”
(Roc-A-Fella/Def Jam, 2010)

Y tras el minimalismo de su disco anterior, llega el maximalismo del que muchos consideran su obra maestra. Un compendio de toda su carrera. En todo caso, es su disco más ideológico y, ¡ejem!, filosófico, con sus reflexiones sobre drogas, sexo, consumismo o el sueño americano. Barroco y excesivo, sus atractivos son muchos: samples de King Crimson, Black Sabbath, Aphex Twin y Gil Scott-Heron, cameos de Bon Iver y Raekwon, rock y psicodelia a raudales. Una loca fantasía.

 
KANYE WEST, Todo sobre mi ego

“Watch The Throne”
(Roc-A-Fella/Def Jam, 2011)

Cuando se juntan dos egos como los de Jay-Z y Kanye West, solo puede salir un disco tan fanfarrón como este, en el que se habla de fama, dinero, poder y gloria. Por fortuna, también se habla del sentido de la vida en el apocalíptico y genial “No Church In The Wild”, con un Frank Ocean magistral. El exuberante R&B de “Lift Off” (con Beyoncé, la mujer de Jay-Z), el delicioso homenaje a Otis Redding o los guiños a la bass music de “H-A-M” y “Niggas In Paris” son otros de sus aciertos.

KANYE WEST, Todo sobre mi ego

“Yeezus”
(Roc-A-Fella/Def Jam, 2013)

Nuevo golpe de mano, como lo fue “808s & Heartbreak”. Muy influido, según sus palabras, por el house de Chicago, en realidad suena a puro 2013. Lleno de giros audaces y cambios de ritmo, es una combinación abrasiva de bass music, rock industrial a lo NIN, chisporroteos electrónicos y rimas duras. En “Black Skinhead” parece un Gary Glitter del siglo XXI. “I Am A God” podría competir en la misma liga que Death Grips. Y “New Slaves”, con Frank Ocean, es una gema viscosa. Una radical obra maestra.

 
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