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KANYE WEST, Yes, Sir

El cronista universitario y su personal estética para el hip hop.

 
 

ARTÍCULO (2005)

KANYE WEST Yes, Sir

Kanye West tras su segunda gran obra, la que confirmó su talento y disparó su fama y su ego, el de un rapero que no conduce, que lleva la ropa de su misma talla, que no tiene ningún miedo a señalar con el dedo a los homófobos del circo rap norteamericano ni, incluso, a colaborar con el vocalista de Maroon 5 o con Nas en uno de los temas de su segundo largo, un “Late Registration” (2005) pagado del bolsillo de Jay-Z. ¿Alienígena? ¿Geniecillo? ¿Un poco de ambos? Roc Jiménez de Cisneros lo explicó aquí.

Con 50 Cent comparte récord de fracturas de mandíbula. Con Ludacris, lugar de nacimiento: la tumultuosa Atlanta. Con Jamie Foxx, un cierto aire pijo/sofisticado que le ha valido el sobrenombre de “The Louis Vuitton Don”. Y con Chuck D, una conciencia política a prueba de AK-47. Pero no hay que ser muy avispado para darse cuenta de que, pese a compartir estas y muchas otras cualidades con estas y muchas otras personalidades del universo del rap, Kanye West, nacido en 1977, pertenece a otro mundo. Puede que juegue en la misma liga que los demás, pero su personalidad, su destreza (no solo al micro, sino también como genio de la producción) y su talante de hombre común le permiten jugar sus cartas de un modo distinto y, encima, meterse en el bolsillo a escena, público y crítica. Nada fácil. Igual que la historia de su trayectoria: nada fácil. Una conjunción de pequeñas casualidades, encontronazos multinacionales (una larga partida de póquer con Capitol Records que acabó en farol) y esa proverbial justicia divina para proporcionar el final feliz que ya todos conocemos.


Now, was Kanye the most overlooked? Yes, sir

Chicago, la ciudad adoptiva de Kanye Omari West desde los 3 años, nunca ha sido la mayor cuna del hip hop del globo. Pero si uno tiene ganas y una buena dosis de talento, factores como el entorno no tienen por qué ser un obstáculo. O sí... Porque según cuenta la leyenda, que puedes repasar tantas veces como gustes en la interminable canción “Last Call” de su primer álbum, “The College Dropout” (Roc-A-Fella, 2004), uno de los caminos más difíciles de sus tiempos de aspirante a estrella del micro fue precisamente la letal combinación de origen sin pedigrí (los suburbios de Chicago nunca tendrán el caché de zona de guerra de Brooklyn) y aspecto de golfista de rebajas que le puso las cosas todavía más difíciles a West, por ese entonces un “simple” productor al alza que trataba de convencer a los capos de Roc-A-Fella de sus dotes de rapero.

“Mi estética era muy poco Roc-A-Fella. Llevaba mis zapatos italianos y mis camisetas de la talla M. Suelo vestirme así, como el típico productor. Imagínate la escena: yo soltando rimas de lo más duro embutido en una camiseta apretada codo a codo con Jay-Z, uno de los más grandes y más gangsta de los raperos de todos los tiempos, quien me miraba como diciendo: ‘Creo que esto no va a salir bien, tío...’”

Como él mismo confesaba entre risas al programa de MTV ‘All Eyes On’ hace solo unos meses, “mi estética era muy poco Roc-A-Fella. Llevaba mis zapatos italianos y mis camisetas de la talla M. Suelo vestirme así, como el típico productor. Imagínate la escena: yo soltando rimas de lo más duro embutido en una camiseta apretada codo a codo con Jay-Z, uno de los más grandes y más gangsta de los raperos de todos los tiempos, quien me miraba como diciendo: ‘Creo que esto no va a salir bien, tío...’”.

Por aquel entonces, este ahijado de No ID (leyenda y padrino del hip hop de Chicago) era ya uno de los productores en la nómina de Roc-A-Fella, el sello de Damon Dash y Jay-Z, y, junto a ese otro monstruo llamado Just Blaze, ostentaba sin problemas el título de chico/mina de oro de la familia Roc. Así lo acreditaban piezas clave del rap del cambio de siglo como “This Can’t Be Life”, en “The Dynasty: Roc La Familia” (2000) de Jay-Z; “Izzo (H.O.V.A.)”, reciclando el “I Want You Back” de The Jackson 5 para todo un clásico, de nuevo en mano de Jay-Z, en “The Blueprint” (2001); “Nothing Like It”, en “The Reason” (2001) de Beanie Sigel; el chispeante “BR Right”, en “Diamond Princess” (2002) de Trina; o “‘03 Bonnie & Clyde”, el single de 2003 con la declaración de amor gangsta entre Jay-Z y Beyoncé. “Pero todavía no me miraban como a un rapero –decía West–. Y entonces Damon Dash pensó: ‘Bueno, si graba un disco entero y resulta que su rap es una basura, todavía podemos meter a Cam’ron en todos los temas y salvar el álbum, ¿no?’”.

Claro que todo eso –tanto las dudas del sello como su currículo de producciones– iba a quedar en poco tras la eclosión en 2004 de “The College Dropout”: obra maestra del hip hop contemporáneo donde las haya y una efectiva suma de factores (frescura, pasión, sentido del humor, producciones impagables...) que le brindó la oportunidad de abandonar de una vez por todas el “anonimato”. Fue un derroche de inteligencia aplaudido por el respetable (doble platino), la industria (lluvia de Grammys) y la prensa (no faltó en ninguna lista de lo mejor de 2004) que lanzaba su nombre al estrellato de la noche a la mañana. El famoso “fake it till you make it” (algo así como “hasta que no lo consigas, finge”) que West promulgaba en pos de su modesta economía desaparecía de un plumazo. En su lugar, aviones privados, un Mercedes Benz CLK para su adorada madre, trajes caros para galas absurdas, diamantes de los de verdad (de Sierra Leona, o no) y una más que notable presión de cara a la secuela: eso que hoy conocemos como “Late Registration” (Roc-A-Fella/Universal, 2005).

 
KANYE WEST, Yes, Sir

“George Bush doesn’t care about black people” fue el fragmento más incendiario de su censurada intervención televisiva en la gala benéfica para las víctimas del huracán Katrina el 2 de septiembre de 2005.

 

Now, is Kanye the most overbooked? Yes, sir

“Antes de que me mandéis a buscar un trabajo, ¿podríais aumentarme el salario mínimo? / Y ya sé que fue el gobierno quien administró el sida”. Así de peleona y contestataria, dispuesta a seguir reventando tabúes en el rap y fuera de él, arranca la segunda parte de la saga universitaria de Kanye (de la que ya hay dos entregas más en preparación). Más chulo, ambicioso y descarado, con una manga repleta de ases para pasar con nota el reto del temido segundo álbum, solo un año y medio más tarde.

“Diamonds From Sierra Leone”, el primer single, abre camino sin problemas con una perfecta combinación de entretenimiento (un verdadero hit), auto-guiño (el gesto del diamante es el saludo oficial de Roc-A-Fella) y mensaje, levantando ampollas al señalar la conexión entre el culto al diamante del rap y el baño de sangre que Sierra Leona vive desde hace más de una década. Todo sobre una muestra del clásico de James Bond “Diamonds Are Forever” compuesto por John Barry e interpretado por Shirley Bassey. Un magnífico ejemplo del poder de síntesis y de la astucia de un hombre que sabe cómo esquivar los clichés sin caer en la arrogancia underground del poeta maldito donde quedan atrapados buena parte de los que intentan eludir el tópico del champán, las pistolas y las llantas de veintiséis pulgadas. 

“Todo el mundo en la escena hip hop discrimina a la comunidad gay. De hecho, creo que la cosa ha llegado hasta el punto en que se puede afirmar que el perfecto antónimo de ‘hip hop’ es la palabra ‘gay’. Si pones un disco y resulta ser una mierda, dices: ‘¡Qué gay!’. Por eso le pido a todos mis amigos, a todos los raperos, que dejen de hacerlo”

West, por ejemplo, nunca ha escondido su pavor hacia los coches, fruto del accidente que tuvo tras quedarse dormido al volante de su Lexus. Y tampoco ha querido ocultar su vasto gusto musical, jamás restringido al hip hop, tal como ha demostrado eligiendo a Jon Brion como coproductor de su segundo álbum (tras fijarse en su trabajo para Fiona Apple en “When The Pawn...”) o añadiendo a la fórmula violines, chelos y clarinetes, o la batería de Michel Gondry. “Mi intención era cambiar el sonido de la música”, soltó en ‘Billboard’ para resumir la ambición de “Late Registration”.

Su rencor hacia la clase política del mundo, y en particular hacia la administración Bush-Cheney, tampoco ha quedado nunca en el armario. La frase “a George Bush no le importan los negros”, el fragmento más incendiario de su censurada intervención televisiva en la gala benéfica para las víctimas del huracán Katrina el pasado 2 de septiembre, cuando West decidió pasarse por el culo el guión para susto de su compañero de pantalla, el actor Mike Myers, ya es todo un meme, hábilmente reciclado en la remezcla –clandestina, por supuesto– que The Legendary K.O. hizo de “Gold Digger” al día siguiente, batiendo récords de descargas y pulverizando servidores. El eslogan involuntario (“George Bush doesn’t care about black people”) tardaría solo un par de días más en convertirse en una camiseta superventas.

Por atreverse, la lengua viperina de Kanye se atreve incluso con la homofobia. “Todo el mundo en la escena hip hop discrimina a la comunidad gay. De hecho, creo que la cosa ha llegado hasta el punto en que se puede afirmar que el perfecto antónimo de ‘hip hop’ es la palabra ‘gay’. Si pones un disco y resulta ser una mierda, dices: ‘¡Qué gay!’. Por eso le pido a todos mis amigos, a todos los raperos, que dejen de hacerlo”. “Yo, stop it!”, sentenciaba ante las cámaras de MTV para sorpresa de muchos de sus compañeros y deleite de las asociaciones de gays y lesbianas de Norteamérica.

Y es que aunque no hace falta que lo demuestre de nuevo, Kanye West seguirá probando día a día, disco a disco, traje a traje –la próxima primavera llega a los escaparates la primera colección de su línea de ropa, Pastelle Clothing–, que hay más de una forma de ver e interpretar el manual del usuario del hip hop. Que ser el alumno aventajado de la promoción no está reñido con el reconocimiento. Y que el futuro de la música negra no pasa necesariamente por los chalecos de kevlar, sino que se puede esculpir a golpes de creatividad. Por el momento, “Graduation”, previsto para 2006, y “A Good Ass Job”, todavía sin fecha fija, se cuentan entre sus mejores esperanzas. 

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