A pesar de que su cáncer estaba en una fase muy avanzada, Kate McGarrigle se subió por última vez a un escenario el pasado diciembre en el Royal Albert Hall de Londres en la tradicional reunión navideña del clan Wainwright-McGarrigle y dedicó una emotiva canción nueva a su hija y recién estrenada madre Martha Wainwright; “Proserpina”, basada en el mito de Perséfone, simbolizaba el regreso de los infiernos de su hija desorientada. Mandarse mensajes a través de canciones (a veces, dardos envenenados) era también casi una tradición en esta familia de artistas que en los últimos años adquirió una mayor repercusión popular gracias al éxito del hijo de Kate, Rufus Wainwright.
Pero el dúo que formó juntó a su hermana, Anna McGarrigle, merecería de todas formas una página individual en la historia de la música por méritos propios. Tras foguearse en la escena folk canadiense de finales de los sesenta, el dúo edita el seminal “Kate & Anna McGarrigle” (1975), producido por Joe Boyd y grabado por John Wood. En él encontramos ya sus características y dulces armonías vocales y una concepción urbana (e incluso humorística) del folk que entronca con cantautoras “diferentes” como Laura Nyro. Tras su tormentoso divorcio al año siguiente del también cantautor Loudon Wainwright III y la publicación de tres discos más, llega en 1980 “French Record”, su primera colaboración completamente en francés con el poeta quebequés Philippe Tatartcheff (que retomarían en 2003 en su último álbum de estudio, “La vache qui pleure”).
Poco después abandonarían temporalmente la música hasta regresar en la década de los noventa con “Heartbeats Accelerating” (1990), “Matapédia” (1996) y, especialmente, “The McGarrigle Hour” (1998), disco colectivo que reunió a familia e invitados. Kate McGarrigle murió el pasado 18 de enero en la ciudad de Montreal, donde nació 63 años atrás. ![]()























