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KEITH RICHARDS, Veterano de las guerras químicas

El riff y la vida, en una memorias muy suculentas.
Foto: Peter Lindbergh

 
 

ENTREVISTA (2010)

KEITH RICHARDS Veterano de las guerras químicas

Además de ser una fábrica de riffs y canciones memorables, Keith Richards siempre ha sido una fuente inagotable de frases lapidarias y anecdotario. No fue sorprendente, pues, la expectación que levantó “Vida” en 2010, jugoso tocho autobiográfico (redactado por el escritor James Fox) en el que el viejo pirata exprimió hasta la última neurona y ajustó cuentas con Mick Jagger y su época disoluta. Pero sobre todo expuso con luz y taquígrafos el proceso creativo de los Rolling Stones. Ricard Martín fue uno de los pocos periodistas que pudo entrevistarlo a raíz de la publicación del libro.

Ocho periodistas de toda Europa estamos sentados en una mesa del muy céntrico y lujoso Hotel Le Meurice, en París, a la espera de que Keith Richards haga su aparición para acribillarlo a preguntas con motivo de la publicación de “Vida” (Global Rhythm, 2010). Pasan los minutos, y el retraso es casi de dos horas. “Es que se reprogramó una entrevista con un periodista muy amigo suyo y va con retraso”, nos informa la relaciones públicas. Al día siguiente, supimos que Richards en realidad estuvo a un tris de llegar a las manos con un periodista sueco.

Durante nuestra entrevista –fue imposible no quedar hipnotizado mirando sus manos, más raíces nudosas que extremidades humanas– se mostró franco, distendido, y con ganas de hablar de todo. Normal. Si es que después de intentar zurrar a un periodista uno se queda a gusto...

Los primeros capítulos del libro están construidos en base a materiales de tu infancia y adolescencia, cartas y diarios. ¿Fue sorprendente recuperar este material? Fue un “shock”. No tenía ni idea de que estas cartas se conservaban. Pero una vez que las vi, recordé haberlas escrito. Quería mantener el contacto con mi tía en América y hacerle pasar el rato.

En “Vida” se incluyen muchas entrevistas con músicos, amigos y familia, pero no aparece ningún componente de los Rolling Stones. ¿Por qué? Es una tradición de los Stones no contar nada de los demás miembros de la banda en los libros.

“Escuchaba sonidos en mi cabeza y no podía figurarme cómo pasarlos al estudio. Ninguno era convencional, así que tuve que usar la imaginación. Soy un hombre de sonido, no un virtuoso, y ciertamente no soy Andrés Segovia. Soy un poco como Phil Spector, siempre busco el sonido y no la exhibición”

En los primeros capítulos das mucha importancia a las palizas que te dieron los matones de la escuela y cómo lo resolviste. ¿Esa experiencia influyó en tu música? En cierto modo, sí. Pero a todos nos han zurrado en la escuela. ¿Acaso no todos encontramos una forma de escabullirnos? Y cuando crecimos supimos lidiar con ello. Solo quería decir que a mí también me pasó.

La relación con Mick Jagger es una constante de amor y odio en todo el libro. Hay un poco de esto. Debes tener en cuenta el contexto de los episodios del libro. Hubo algunos muy duros que no podía resolver sin contar toda la historia. Pero de ningún modo refleja la manera en que Mick y yo funcionamos ahora. Está bien. El amor es más espeso que el agua (se descojona).

¿Leyó lo que dijiste de él antes de su publicación? ¡Por supuesto! Se leyó todo el maldito libro, cuidadosamente. Al César lo que es del César. Las pasamos canutas con James –se refiere a James Fox, el coautor del libro–, decidiendo qué poner y qué quitar.

Te extiendes mucho hablando sobre la afinación de guitarra que inventaste, sol abierto con cinco cuerdas. ¿Quisiste exponer tu filosofía como guitarrista? No, solo me di cuenta de que la guitarra tenía muchas posibilidades aparte de la afinación normal. Para mí es un medio de expresar ritmo, energía y sugerir cosas, más que para exponerlas o dejarlas escritas en la piedra.

Pero da la impresión, cuando hablas de tu forma de tocar, que quieres dar al músico joven algo con lo que poder trabajar. ¿No eres celoso de tus trucos musicales? Solo quiero pasarlos y que todo el mundo disfrute tanto como lo hice yo. La base de los Rolling Stones era hacer que la gente se interesara por Muddy Waters y el blues. No tengo secretos. Ike Turner, a finales de los sesenta, me metió a punta de pistola en un camerino y me pidió que le enseñara mi afinación de cinco cuerdas. Fue un orgullo para mí. Seis meses después, compré su nuevo disco y era todo a mi manera. ¡Lo pilló en diez minutos!

Para sacar la base de estandartes como “Jumpin’ Jack Flash” o “Street Fighting Man”, utilizaste métodos muy primitivos, hasta cutres: una acústica distorsionada enchufada a una grabadora de cinta. Escuchaba sonidos en mi cabeza y no podía figurarme cómo pasarlos al estudio. Ninguno era convencional, así que tuve que usar la imaginación. Soy un hombre de sonido, no un virtuoso, y ciertamente no soy Andrés Segovia. Soy un poco como Phil Spector, siempre busco el sonido y no la exhibición.

¿Te gustaría volver a trabajar en condiciones tan primitivas? Sí, pero es complicado. Ya no se encuentra este tipo de maquinaria. Con el paso de los años, la tecnología ha dificultado el poder hacer grandes discos de rock’n’roll. Porque el rock’n’roll se basa en poner a un puñado de tipos en una habitación y capturar el sonido. Ahora, la guitarra, el bajo y la batería se graban aisladamente y se dispersa todo.

 
KEITH RICHARDS, Veterano de las guerras químicas

“Me di cuenta de que la guitarra tenía muchas posibilidades aparte de la afinación normal. Para mí es un medio de expresar ritmo, energía y sugerir cosas”.

Foto: Sante Dorazio

 

¿Esto facilitó tu manera de trabajar con Mick? Sí. Mi trabajo es darle a Mick una idea básica. Soy el carnicero, corto y entrego la carne. Mi principal objetivo era conseguir que Mick se girara y se fijase en lo que estaba haciendo. ¡Dejé grandes “riffs” en la basura porque Mick no estaba prestando atención! Hay algo electromagnético que nos atravesó cuando nos conocimos. Creamos un campo energético entre los dos, nos guste o no. Y lo que nos reunió mediante coincidencias también nos ha mantenido juntos. Lo trabajamos lo mejor que podemos. Y todavía estamos en ello.

En muchas bandas legendarias el odio y el amor entre dos tipos parece ser el motor de la música. ¿Es necesario? No sé si es necesario, ¡pero lo que dices es cierto! Hielo y fuego, bien agarrados. Me encantaría contarte que todo ha sido como Ricitos de Oro y los Tres Osos, pero mentiría. Ha habido peleas muy serias, otras veces tan solo rabietas. Pero puedo trabajar con ese tipo. Si quiero dar un ejemplo de lo que Mick y yo hacemos, diría “Midnight Rambler”. No hay posibilidad de que ningún otro par de tipos se saquen una como esa de la chistera. Y todo salió de nuestros tiras y aflojas.

¿Habrá disco nuevo y gira? No puedo confirmar ni desmentir nada (risas). Hay indicios de que algo pasará el año que viene. No puedo decir más.

“Mi trabajo es darle a Mick una idea básica. Soy el carnicero, corto y entrego la carne. Mi principal objetivo era conseguir que Mick se girara y se fijase en lo que estaba haciendo. ¡Dejé grandes ‘riffs’ en la basura porque Mick no estaba prestando atención! Hay algo electromagnético que nos atravesó cuando nos conocimos. Creamos un campo energético entre los dos, nos guste o no”

Hablemos de drogas. ¿En esa época te protegieron de la industria y el star system? Ya me estaba metiendo. Podría ser una excusa, pero me dieron un rato de descanso en medio de esa desorbitada fama y publicidad. Fue muy difícil lidiar con eso. Cuando pasó, pude tirar adelante sin las drogas. Pero me tomó mi tiempo deshacerme de ellas. Fue un experimento que duró demasiado.

¿Te hizo algún bien la heroína? Cuando te hace falta, te hace mucho bien. Pero no diría que me fuera útil meterme a yonqui. Ya sabes que dicen que muchos saxofonistas tomaban heroína porque Charlie Parker era un gran yonqui. Que basaba su inspiración en la heroína. No creo que la heroína beneficie u obstaculice la creatividad.

El libro está lleno de severas advertencias sobre las consecuencias de la drogadicción. Sí, muchos capítulos tratan sobre “no lo intentes en casa”.

¿Fue muy duro sentarte y recordar esos años de drogadicción, la muerte de tu hija y de tus amigos? Sí, fue durísimo, sobre todo pasar por la muerte de mi hija Tara. Tenía que revivir todas estas cosas para hacer el libro. Y al mismo tiempo, si voy a hacerlo, tengo que contarlo todo tal como fue. Que Dios bendiga su alma... Pero no quiero pasar toda la entrevista hablando de drogas.

¿Y Gram Parsons? Un gran amigo mío, fue una pérdida muy importante y triste. Personalmente, creo que Gram forjó el devenir de la música country. Muy poco antes de su muerte, ya había creado un nuevo camino para el country que muchos pisaron después.

Según explicas, en los sesenta todo fue un griterío. Nadie nos podía oír tocar. No había sistema de sonido, no había manera de que una banda pop pudiera competir con diez mil tipas chillando. No tenía sentido. A veces tocábamos “Popeye el marino” y esperábamos a que el escenario se colapsara. Y era increíblemente peligroso. Una vez me giré y donde debiera haber estado Ian Stewart, en el piano, había una mancha de sangre enorme. Le había golpeado una silla voladora, y otro de los tíos se había electrocutado.

En el libro quieres dejar las cosas claras sobre la relación entre Rolling Stones y Beatles, las supuestas proezas sexuales, las drogas... ¿Has leído mucha mierda sobre esa época? (risas). Eran tiempos muy locos, era muy famoso y ganaba mucha pasta. Pero todo lo que hacía era estar de pie mientras me gritaban. ¡Nadie escuchaba!

¿Pero has leído el libro que escribió sobre ti Victor Bockris? ¿Victor quién? No leo la mierda de otra gente sobre mí. Es su versión de los hechos. Hay un montón de libros sobre mí ahí fuera.

MAURICE LOUCA, Buenos tiempos para la lírica
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CAPULLO DE JEREZ, Persiguiendo la onda
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