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KEVIN AYERS, El soñador

Kevin, el frutero del amor.

 
 

REVISIÓN (2009)

KEVIN AYERS El soñador

Kevin Ayers (1944-2013) fue una figura fundamental en el fértil campo del rock británico. Su paso por The Wilde Flowers y Soft Machine continuó con una carrera en solitario exquisita que entregó álbumes imprescindibles como “Shooting At The Moon” (1970) o “Bananamour” (1973). Bienvenidos al mundo de un dandi poético y transgresor.

Viendo pasar la vida, entregado a la pereza, alérgico a cualquier obligación, rendido al amor, adicto al buen vino, seducido por las buenas melodías y una filosofía de bolsillo, Kevin Ayers ha resistido a los materialismos de la vida moderna. No es considerado un genio maldito y su carrera ha pasado por momentos erráticos o silencios de hasta quince años. Si alguna vez tuvo ocasión de convertirse en una estrella del pop o del rock, lo rechazó de inmediato: no iban descaminados quienes veían en sus melodías un potencial para todos los públicos, pero la magia de Kevin Ayers se escabulle si no hay intimidad y relajo. Adiós a las ambiciones, viva el dolce far niente.

Junto a esa poética del buen vivir, el austero mundo de Kevin Ayers se ha compuesto de psicodelia, paisajes soleados al borde del mar, ambientes campestres, buen sentido del humor heredado del dadaísmo, seducción y un finísimo sentido de la observación. Algunos de los títulos de sus discos y canciones parecen definir a la perfección su pequeño universo: “Bananamour”, “Toujours la voyage”, “Guru Banana”, “Falling In Love Again”, “Oh! Wot A Dream”, “Caribbean Moon”, “Joy Of A Toy”... Como Nick Drake, arrastra el trasvase de una educación refinada a una juventud bohemia. Pero Ayers, cuya elegancia innata aflora siempre en sus canciones, se decantó por el lado placentero y soñador de la vida: la palabra “dream” (sueño) aparece en muchísimas de sus canciones.

Muchas de esas referencias nacieron en esa amalgama de personalidades extrañas que fueron los iniciales Soft Machine, con el lunático Daevid Allen (máximo gurú de la banana que luego formaría Gong), el jazzístico y melancólico Robert Wyatt y el cerebral Mike Ratledge. Ahí era Kevin Ayers la cara más sensible y pop. Solo participó en el primer álbum homónimo de Soft Machine en 1968 –además de en las maravillosas grabaciones previas publicadas con distintos títulos, como “At The Beginning” (1976)–, pero en aquel ambiente, que abarcaba desde la creación de la psicodelia en los clubs londinenses hasta una estancia veraniega en la Riviera francesa, se forjó el ideario de Kevin Ayers. Incluida la admiración por Syd Barrett y sus fantasías.

Probablemente la incapacidad de Ayers para la constancia y los compromisos lo empujó a dejar Soft Machine, porque su círculo de colaboradores y su derroche creativo permaneció bastante intacto al comienzo de su carrera en solitario: “Joy Of A Toy” (1969) recuperaba una de las canciones que había aportado al grupo, contaba con la colaboración como batería de Robert Wyatt y jugaba con efectos psicodélicos elaborados con la manipulación de la velocidad de la cinta en “Stop This Train”. El rubio angelical se mostraba ya inocente, juguetón, enamoradizo, irónico y observador como siempre lo ha sido. Y fagocitador de géneros clásicos desfigurados por su cálida y grave voz: el blues, el soul, el pop intrascendente, el espíritu lúdico del cabaret y el vodevil, la expresión del cantautor que coge espontánemente la guitarra y arma una canción inaplazable.

 
KEVIN AYERS, El soñador

Kevin, dandi sonoro.
Foto: Claude Gassian

 

En “Shooting At The Moon” (1970) presentaba a su nueva banda The Whole World, efímera pero determinante, con Mike Oldfield, Lol Coxhill y David Bedford. Un disco que contiene desde la dulce y seminal “May I?” al mayor experimentalismo de Ayers en “Pisser dans un violon”, además de una colaboración de Bridget St. John.

Esa dispersión se desvaneció en dos de sus obras mayores: “Whatevershebringswesing” (1972), con el emblemático “Stranger In Blue Suede Shoes”, y la obra maestra “Bananamour” (1973). Esos discos lo colocaron en posición favorable en el catálogo del sello Harvest, pero Chris Blackwell lo fichó para Island en el momento en que podía haber aspirado a coquetear con las listas de éxitos. Él respondió con el muy elaborado, y parcialmente oscuro, “The Confessions Of Dr. Dream And Other Stories” (1974). Y una obra mucho más ligera, “Sweet Deceiver” (1975), ya con Ollie Halsall en la guitarra, antes de volver a Harverst con tres discos menos inspirados, pero dotados de un puñado de grandes canciones: “Yes We Have No Mañanas (So Get Your Mañanas Today)” (1976), “Rainbow Takeaway” (1978) y “That’s What You Get Babe” (1980), que dio paso a unos erráticos y equivocados años ochenta.

Si ya a finales de los sesenta Ayers había pasado temporadas en Deià (Mallorca) junto a otros artistas británicos, a finales de los setenta decidió instalarse allí. Grabó con un grupo comandado por Joan Bibiloni unas maquetas que se editarían cuatro años más tarde como “Deià... vu” (1984), un disco que venía a devolver algo de dignidad a Ayers tras el patético “Diamond Jack And The Queen Of Pain” (1983), que pretendía modernizarlo con sintetizadores y programaciones. “As Close As You Think” (1986) seguía sonando a plasticorro ochentero hasta que el sello madrileño Grabaciones Accidentales lo sacó del pozo artístico con el notable “Falling Up” (1988). “Still Life With Guitar” (1992) parecía confirmar la recuperación total del talento de Ayers, pero tras él solo llegó un largo silencio de década y media.

Nada hacia presagiar el milagro, pero ocurrió: Kevin Ayers reaparecía finalmente en 2007 con uno de sus mejores discos, “The Unfairground”, seguido por la caja recopilatoria “Songs For Insane Times. An Anthology 1969-1980” (2008) –que sacaba por primera vez a la luz su colaboración con Syd Barrett– y la edición en CD de viejas cintas: “Hyde Park Free Concert 1970” (2007) y “What More Can I Say” (2008). Eso sí, se rajó –como era previsible– a la hora de emprender una gira de conciertos. No ha cambiado: nada de compromisos, fuera obligaciones. 

‪Vídeo de “Shouting In A Bucket Blues”, uno de los temas de “Bananamour” (1973)‬.

CRONOLOGÍA

1944. Nace el 16 de agosto en Herne Bay, Kent.

1963. Junto con Robert Wyatt, Hugh Hopper, Brian Hopper y Richard Sinclair, forma The Wilde Flowers.

1965. Visita por primera vez Deià, en Mallorca, donde vivía Robert Graves.

1966. Forma parte de la primera formación de Soft Machine, con Daevid Allen, Robert Wyatt y Mike Ratledge, que graba un solo LP. Los abandona tras una larga gira como teloneros de Jimi Hendrix.

1969. Publica su primer álbum en solitario, “Joy Of A Toy”.

1970. Crea Kevin Ayers & The Whole World, efímera banda con Mike Oldfield, Lol Coxhill y David Bedford.

1974. Después de publicar el emblemático “Bananamour” (1973), deja Harvest para

grabar con Island. Ofrece un legendario concierto en el Rainbow de Londres con John Cale, Nico, Brian Eno, Mike Oldfield y Robert Wyatt.

1976. Abandona Inglaterra y se instala primero en Francia y luego en Deià.

1983. Protagoniza la película “Percusión”, de Josetxo San Mateo.

1988. Mike Oldfield compone para él “Flying Start” cuando ambos se reencuentran en Deià y Ayers la canta en el álbum “Islands” del guitarrista.

1992. Fallece el guitarrista Ollie Halsall y Ayers se retira al sur de Francia. No publica un disco en quince años.

2005. Con el apoyo de Tim Shepard, comienza a preparar las canciones de lo que será su reaparición dos años más tarde con “The Unfairground”.

 

 

TRES DISCOS RECOMENDADOS...

KEVIN AYERS, El soñador

“Bananamour”
(Harvest-EMI, 1973)

Con título-réplica (cómplice) al “Banana Moon” (1970) de Daevid Allen, se asienta el hedonismo romántico y la extravaganza pop ensayada con total acierto en “Whatevershebringswesing” (1972). Un torrencial music hall en el que desfilan todo tipo de géneros: pop-blues vitalista (“Shouting In A Bucket Blues”), soul elegante (“When Your Parents Go To Sleep”), una atmosférica descripción de Nico (“Decadence”) y otra más juguetona de Syd Barrett (“Oh! Wot A Dream”), las preciosas armonías vocales de “Hymn” más el típico haiku humorístico de Ayers (“Beware Of The Dog”). Todo cohesionado por un sentido de la observación refinadísimo, arropado por intervenciones de músicos más o menos afines como Steve Hillage, Mike Ratledge y Robert Wyatt, además de Archie Legget y Eddie Sparrow en la sección rítmica. Un puro placer, un disco atemporal de verdad.

KEVIN AYERS, El soñador

“The Confessions Of Dr. Dream And Other Stories”
(Island, 1974)

El más elaborado y complejo álbum de Ayers se apoya en dos piezas largas. La que daba título al disco ocupaba casi toda una cara del vinilo, un viaje desde esa especie de loop de música repetitiva con guitarra acústica que servía de base para la intervención de Nico en espectral dúo con Ayers (“Irreversible Neural Damage”), pasando por fases psicodélicas y campestres para volver al doctor de pesadilla. “It Begins With A Blessing...” incorporaba en sus tres partes el “Why Are We Sleeping?” de Soft Machine. Además, en plan más luminoso y festivo, dos tótems de su repertorio, “Didn’t Feel Lonely Till I Thought Of You” y “Everybody’s Sometime And Some People’s All The Time Blues”. Y tres deliciosas miniaturas tipo “See You Later”, en la que Ayers ironiza con aquello de “¿Cómo que ya nos veremos / si no quieres verme ahora?”.

 
KEVIN AYERS, El soñador

“The Unfairground”
(Lo-Max, 2007)

Como decía Daevid Allen, Kevin Ayers tiene la más increíble capacidad de rejuvenecerse y resurgir. Parecía que ya nunca más publicaría un disco, y creó uno de los mejores, quizá el más unitario. Con la única decena de canciones acumulada en dos décadas –“Only Heaven Knows” ya fue (mal)grabada en “As Close As You Think” (1986)–, se mostró pleno de voz y sentimiento. Miembros de Teenage Fanclub, Ladybug Transistor y Gorky’s Zigotic Mynci conviven con  viejos amigos: Wyatt, Manzanera, Hopper y un reencuentro emocionante con Bridget St. John en “Baby Come Home”. Extraordinarios arreglos de viento y cuerda, composiciones conmovedoras (“Cold Shoulder”), melodías irresisitibles (“Wide Awake”) y el inefable sentido vitalista del autor componen una obra sin desperdicio, tan adulta como fresca, orgullo de cualquier sesentón.

... Y SU MEJOR CANCIÓN:
“May I?”
(1970)

El pop no tiene por qué ser intrascendente ni efímero: una lección demostrada hace décadas que a menudo se olvida. El pop de alta gama existe gracias a canciones como esta: una melodía de desarmante sencillez, una voz subyugante, un mensaje de amor intimista y discretos arreglos de piano eléctrico, oboe y acordeón de aire parisino que terminan de convertir cuatro acordes clásicos en cuatro minutos sublimes. Ayers pide permiso tímidamente a esa chica que ha visto en un café: “Me gustaría tener la compañía de tu sonrisa / ¿Puedo sentarme y mirarte durante un rato?”. Incansable romántico, infalible seductor. Ayers dice actualmente que ya no puede cantar “May I?” o “Lady Rachel”, que no se sabe las letras ni los acordes. No puede ser, que alguien se los enseñe y que vea lo que es bueno, lo bueno que es.

 
THE FEELIES, Nervio perpetuo

REVISIÓN (2008)

THE FEELIES

Nervio perpetuo

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