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KIKO VENENO, Venenoso

“Políticamente, Sevilla es muy conservadora; recoge todos los vicios del señoritismo español; está construida de arriba abajo, con servidumbre y caciquismo. De joven, le tenía odio abierto. Estaba enamorado y ella no me daba nada”; dardo envenenado de un Kiko risueño tras editar “El hombre invivisble”. Foto: Paco Alorda

 
 

ENTREVISTA (2005)

KIKO VENENO Venenoso

Cuando Kiko Veneno editó “El hombre invisible” (2005), Víctor Lenore lo sometió a su test de la verdad en la antigua sección de Rockdelux Truco o Trato. El autor de “Volando voy”, uno de nuestros clásicos más insignes, felizmente recuperado para la causa con sus últimos discos, le habló de la responsabilidad de los artistas, de su querencia por el sentido del humor absurdo, de Sevilla... Veneno en estado puro.

“Soy Kiko Veneno. Tengo 53 años. Vivo en Sevilla. Las cosas por allí han cambiado bien poco. Ya desde la época musulmana, Sevilla era la ciudad de la música y la poesía (que para mí son la misma cosa), mientras que Córdoba era la ciudad de la filosofía y la medicina”.

“Políticamente, Sevilla es muy conservadora; recoge todos los vicios del señoritismo español; está construida de arriba abajo, con servidumbre y caciquismo. De joven, le tenía odio. Estaba enamorado y ella no me daba nada”.

“Luego entendí que Sevilla (como casi toda Andalucía) tiene una cultura milenaria, y eso es parte de su grandeza: no echa cuenta de lo moderno, vive con intensidad todas sus tradiciones, ya sea el flamenco o los toros. Llegó un momento en que ya no esperaba que Sevilla me premiara por intentar innovar. ¿Por qué iba a hacerlo? ¿Quién soy yo al lado de Almutamid, de Bécquer, de La Niña de los Peines o de Manolo Caracol? ¿Quién soy yo al lado de la Torre del Oro? Entonces me reconcilié. Pero,

bueno, políticamente Sevilla va para atrás. Está cada vez más putrefacta y angustiosa. El alcalde es horroroso”.

“Para mí, componer es atrevimiento, salir afuera. Tiene algo de creerse Dios... crear algo que no existe. Las canciones flotan en el inconsciente colectivo. Eso lo sabía Freud y lo explicaron alumnos como Jung, que partían de enfoques más sociales. Las canciones están en el ambiente; solo hay que entrar y cogerlas. Ni duele, ni es traumático ni es grandioso. Son algo tuyo que no es del todo tuyo”.

“Hay que desdramatizar el trabajo de hacer música. Componer es como jugar al fútbol, un arte de la calle, como Zidane y Maradona. Creo que la gente que se inventa canciones de carnaval o de borrachera tiene tanto mérito como el que hizo ‘Let It Be’. Las dos cosas son pop; es decir, soniquetes. Me encanta que en el fútbol argentino las hinchadas tengan una canción para cada momento, desde para tirar un penalti hasta para hablar de la madre del portero”.

 
 
KIKO VENENO, Venenoso

“‘Volando voy’ es una canción de brujas, digamos un aquelarre vasco. Habla de ir volando en escoba. Es un himno de la España perseguida o marginal, que es donde empecé yo, en el hippismo, que en este país fue una minoría muy productiva, pequeñas bacterias que infectaron muchísimo”. Foto: Paco Alorda

 

Alguien puede sorprenderse de que hayas fichado por V2 para editar tu nuevo álbum, “El hombre invisible” (2005). En 2002 escribiste un “Manifiesto de liberación” muy crítico con la industria del disco, apostando por la autoedición. Este disco es mío. Lo he producido de principio a fin. El máster es mío. Durante cinco años V2 lo va a manejar porque yo no soy una persona de comercio ni de marketing. Ellos lo van a saber vender mejor dentro de una política comercial en que estemos de acuerdo. Dicho esto, creo que todos los fenómenos populares han salido en contra de las discográficas. Los ejecutivos de este país no tienen criterio. Por eso quiero hacerlo a mi manera. Yo terminé un disco y V2 vino a mi casa a escucharlo. Eso elimina parte de los problemas. Es la mejor forma, pero esto antes no podía hacerse; tiene que ver con la tecnología barata y con poder hacer discos en casa.

¿Cómo ha sido el proceso de hacer “El hombre invisible”? Me he atrevido con cosas que antes no había hecho. Por ejemplo, “Bilonguis”, que es una canción muy sentimental que podría haberla escrito José Luis Perales, con esas frases en plan “llévatelo todo”. Claro que Perales nunca va a escribir lo de “cucarachas secas en el bolsillo del pantalón”. Eso es más Veneno. Charly Cepeda, como gran productor, me ha sabido orientar. Es una persona que respeta a sus mayores, como yo cuando empezaba, que lo que más me gustaba era la música de los viejos tipo B.B. King. Pero Charly me dice claramente lo que no le gusta. El estribillo de “Mi morena” lo tuve que hacer cuatro veces hasta que le entró. En general, cuando hay desacuerdo al cincuenta por ciento, le doy la razón a él. Hemos tenido muchas peleas. “No cuesta dinero” me la quiso conducir. Sin embargo, en un momento me vino a la mente la solución. Quería un tiempo lento, más pegajoso, que a él le parecía pachanguero. Le dije: “Esta canción se me ocurrió un día muy alterado en que me peleé con mi mujer; me ha venido de un sitio muy profundo”. Así se hizo. Me gusta trabajar así: la lucha es el abono de la música.

¿Quién es ese hombre invisible del que hablas en tu disco? A mí me suena al hombre del puro, al que maneja las cosas entre bastidores sin ser visto. No lo tengo claro. Obviamente, parte de una mitología, la de la novela, las películas y la fantasía popular. Realmente, al escribirlo no sabía el contenido que quería darle. Significa el vacío; es algo para comenzar una conversación. Luego metí lo de “¿Será o no será / el dueño del combustible?”. Puede parecer esa minoría a la que le importa un carajo si sus tataranietos tendrán un mundo donde vivir. El hombre invisible es el hombre interior, ya sea Dios o esos hijos de puta. Me gustaría hacer unas tiras para periódicos con historietas sobre “El hombre invisible”. Me gustaría poner: “Ruiz de Lopera ficha al hombre invisible, un delantero perfecto al que no pueden lesionar”. Son chistes malos... Soy muy partidario de los chistes malos. Creo en la creatividad, válgame la redundancia. ¿Ves?, otro chiste malo. Quiero desarrollar todas las tonterías posibles sobre la vacuidad del mundo. Me niego a creer que el hombre que está destruyendo el planeta sea un hombre real. Debe de ser el hombre invisible. Mi hijo Curro, que tiene 11 años, me dice que pare, que se me va la cabeza. Él está acostumbrado a la Playstation, con sus apocalipsis y tal. Componer también tiene algo de hombre invisible. Miras a tu gato, se mueve una cortina y te llega una canción. ¿Esto lo he compuesto yo o no lo ha compuesto nadie?

Según tú, ¿qué relación tienen música popular y política? Son lo mismo. Andalucía se está destruyendo. Los guiris están comprando los centros históricos de los pueblecitos blancos. Esa gente son los nietos de los románticos europeos que venían a ver la Andalucía salvaje de bandoleros. Tienen la fantasía de la España romántica. Por cosas como esa, el flamenco está desapareciendo, al menos como música popular vinculada a los ciclos de la naturaleza. Se está convirtiendo en un saloncito. A cualquier música a la que quieren dar un poco de sabor le meten una guitarrita. Utilizan el flamenco para adormar. Los flamencos se dedican al flamenquito. Para mí esa desaparición es como la de las playas. Ocurre como con el blues: hay que esperar a que pase de moda para volver a las raíces. También está el tiempo, que ya no es para vivir, sino algo que vale dinero. Hubo una época en España, la Segunda República, en que había un despertar ansiado por el pueblo. Entonces, les machacaron: no es casual que Franco fuese primero a por los poetas: Miguel Hernández, Lorca, Falla. Ese hueco no ha sido recuperado porque hemos entrado en la componenda y los cambalaches. No hemos sabido hacer el puente con esas personas que amaban la vida y el arte y que nos han dejado un legado. Casi todo el mundo tiene cualidades para ser artista, pero vamos por el camino incorrecto. La política no es democrática y el poder no está repartido.

Recuerdo que el crítico Diego A. Manrique dijo que “Volando voy” debería ser el himno nacional de España. No sé si lo verías como un honor o como una desgracia para tu canción. Un honor, un honor. “Volando voy” es una canción de brujas, digamos un aquelarre vasco. Habla de ir volando en escoba. Es un himno de la España perseguida o marginal, que es donde empecé yo, en el hippismo, que en este país fue una minoría muy productiva, pequeñas bacterias que infectaron muchísimo. En Sevilla, el hippismo era Smash y diez amigos, pero tomaron la ciudad como Queipo de Llano. Sirvió para abrir caminos a mucha gente. Fue la primera vez que el pop se convirtió en forma de vida.

¿Te costó meterte? Una de las primeras veces que me subí a un escenario fue en la Universidad de Derecho de Sevilla. Fue un domingo hippy, con Javier García Pelayo y gente de los Smash. Sería hacia 1969 o 1970. Lo pasé fatal; estaba muy nervioso. Soy una persona muy tímida. Siento la responsabilidad, los apuros... tengo muchas dudas. Eso es mejor para componer que para tocar. A mí me marcó mucho Bob Dylan, una persona de gran talento pero sin grandes cualidades rítmicas, ni vocales ni melódicas. Me convenció de que podía hacerlo. Para cantar no hace falta tener medios, sino voluntad. Lo que tenemos en el corazón es la misma angustia todos. No he superado esos nervios de escenario hasta hace cuatro o cinco años. ¿Que cómo lo hice? Supongo que por cansancio. Me aburrí de tener siempre los mismos tics.

¿Qué tienes preparado para el directo? Depende de cómo vayan las ventas. Yo estoy muy contento con mi grupo actual. Si las cosas salen bien, me gustaría meter a alguna mujer, enriquecer el sonido; por ejemplo, me encantan los metales. Aun así, soy de los que se conforman con poco. Estoy contento hasta haciendo acústicos. Me adapto a todo. En mi última actuación en Madrid, en la verbena de San Antonio de la Florida, mi mánager discutió con los de los autos de choque para que bajaran el ruido. No hubo manera. Menos mal que el público llevaba un par de cubatas y no le dio mayor importancia. Pero si el disco va bien, mi prioridad es meter a una mujer para que esto no parezca un equipo de fútbol.

Miras mucho el reloj... ¿Tienes ganas de acabar? No, qué va... Es que me lo acaban de dar y estoy contento. Han tardado un año en arreglarlo. Es un reloj Maurice Lacroix que me regaló mi mujer. Me hacía mucha gracia un número de Faemino y Cansado llamado “Superhéroes de carromato” donde al final del espectáculo siempre aparecía Maurice Lacroix, el hombre impuntual… Esas cosas me hacen una gracia tremenda…

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