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KIM FOWLEY, Famoso en la sombra

Kim y Snow Mercy: vicios de leyenda. Foto: Alfredo Arias

 
 

ENTREVISTA (2012)

KIM FOWLEY Famoso en la sombra

El hombre de las mil salsas, músico, productor y artista multimedia, protagonizó la presentación de FIB Cinema 2012 en Madrid. Vino con sus cortos, su leyenda y su musa dominatrix. Quizá no me sepa manejar ni en un aeropuerto ni en una oficina de correos. Pero puedo cambiarte la vida con una canción o una película”, declaró entonces. Kim Fowley (1939-2015) nunca necesitó de altavoces en su rol de genio del underground durante más de medio siglo. Ramón Fernández Escobar lo comprobó en esta entrevista.

Domingo cansino. Un metro noventaiséis de septuagenario dormita horas antes de su show en el Matadero madrileño. Solo apariencia: Kim Fowley está muy despierto. “No tengo ni idea de lo que voy a tocar ni con quién –se ha invitado al público a acudir con instrumentos–. Improvisación completa”. Y mientras mordisquea un plátano, busca parangón: “Lo que voy a hacer aquí viene a ser lo de Sinatra en Corea. Fue y dijo: ‘Soy Frank Sinatra, ¿alguien sabe tocar mi música?’. Y una niña contestó: ‘Yo toco con el ukelele canciones de mi país, empiece a cantar’. Como en realidad ella solo conocía una, él se pasó dos horas cantando la misma canción coreana”.

“Soy un genio, un proxeneta, un mago loco, estúpido y viejo. Un guerrero y un visionario... Sabemos lo cómodo que resulta el pasado; de joven te preguntas cómo será la decrepitud: si podrás aún pensar, follar o estrenar cosas. La respuesta es afirmativa

Fowley muestra al charlar la hiperactividad que se le supone en su larga carrera de metomentodo: mánager y productor, compositor y cantante, DJ radiofónico (luce camiseta de su actual programa en Sirius Satellite) y cineasta. “Soy un genio, un proxeneta, un mago loco, estúpido y viejo. Un guerrero y un visionario”, añade. Algo parece cierto: nada habría podido moverse sin él, en los sesenta y setenta, en la escena musical de Los Ángeles. “Sabemos lo cómodo que resulta el pasado; de joven te preguntas cómo será la decrepitud: si podrás aún pensar, follar o estrenar cosas. La respuesta es afirmativa. Tengo tres nuevos trabajos en iTunes –“Now” (2012), “666” (2012) y “Grease” (2011), un disco con los Burning Bones–. Es una banda de gente desfigurada por quemaduras que monté hace poco durante mi estancia en el hospital”. ¿Problemas de salud? “Este de vejiga es el cuarto cáncer distinto que supero en los últimos diecinueve años”.

Internado en un hospital por la polio pasó Fowley parte de su adolescencia. Y en ese ámbito, ya recuperado, afrontó a los 17 uno de sus primeros trabajos: “Follar por dinero con mujeres quemadas o con amputaciones. El médico era como mi proxeneta. Y yo cobraba por orgasmos”. Para entonces había dado muestras de precocidad: “Aprendí a hablar con año y medio y a leer y a escribir con dos. Y con 14 experimenté un programa de media jornada en la universidad. Tenía mi propio alfabeto matemático”. Ya se sabe que a Kim le gusta adornarse, pero sus raíces musicales tienen nombre y apellido: “Rudolf Friml, rico autor de muchas de las canciones que popularizaron Jeanette MacDonald y Nelson Eddy. Mi madre se casó en segundas nupcias con su hijo. Y yo recibí de él esa educación”. Padres actores separados con enganches químicos, la experiencia como gigoló juvenil y, en ese contexto, el inevitable rock’n’roll: “Algo ajeno a la infraestructura de Hollywood, más bien de marginados y desvalidos. Desechos que decían: ‘Gritemos con guitarras y llevemos estúpidos cortes de pelo’. En 1957 se vivían tiempos dorados porque, además de la mafia, ‘hillbillies’ y negros propiciaban cosas. Elvis se fue a la mili y nos llegó el turno de ser los gilipollas del rock’n’roll”.

Enseguida, el hombre de las mil manos: llevaba los intereses de The Sleepwalkers (con Bruce Johnston y Phil Spector en sus filas) y encadenaba éxitos como compositor o productor, el primero con el dúo Skip & Flip de su amigo Skip Battin (militó en The Byrds en los setenta y firmaron temas conjuntos para el grupo). Y en un pispás, autosuficiencia: “La música me proporciona una renta de por vida desde los 23 o 24 años. Como sé, además, lo que es ser rico de familia, nunca me han interesado los lujos ni impresionar. Pretendo solo divertirme, no se trata de un trabajo, más bien es un deporte: hacer magia con la música y el cine”.

 
KIM FOWLEY, Famoso en la sombra

Fowley muestra al charlar la hiperactividad que se le supone: mánager y productor, compositor y cantante, DJ radiofónico y cineasta. Foto: Alfredo Arias

 

Y en los tiernos sesenta, dos fuertes: el dominio de los instrumentales (“así tengo hoy repercusión en China con el nombre de Kim Kim”) y la facilidad para las novelty songs, de contenido humorístico. “Yo soy gracioso, una ‘novelty’. Con ‘Alley Oop’ –del grupo fantasma ad hoc The Hollywood Argyles– fuimos número uno hasta en Nueva Zelanda y Dinamarca”. Y no solo con esa cancioncilla basada en una tira cómica de la época; el instrumental “Nut Rocker” arrasó también. “Puse juntas mi melodía y la de un fragmento del ‘Cascanueces’ de Tchaikovsky, cuyos derechos pertenecían al dominio público. Ahora es mi canción”. ¿Única picaresca? “Qué va. Si grabas a alguien y no te paga las facturas del estudio, quitas su voz y le das la música a otro, de forma que ya no es su canción. Lo seguimos haciendo”. A vueltas con el saqueo: “Todos roban. Frank Zappa, por ejemplo, lo hizo de Aaron Copland, John Cage... Para mí no se trataba de un genio –fueron amigos y Fowley colaboró sucintamente en su debut de 1966, “Freak Out!”–. Si acaso, un genio a la hora de ser Frank Zappa. ¿Has escuchado el disco que produjo para Grand Funk Railroad, tan improbable como el cruce de Lou Reed con Metallica? Aparentemente lo produjo, pero yo no lo oigo”.

“La música me proporciona una renta de por vida desde los 23 o 24 años. Como sé, además, lo que es ser rico de familia, nunca me han interesado los lujos ni impresionar. Pretendo solo divertirme, no se trata de un trabajo, más bien es un deporte: hacer magia con la música y el cine”

Nada más cruzar ese ecuador de los sesenta, Kim publicó un single emblema, “The Trip”, avanzadilla lisérgica, irónico en la letra. “Me burlaba de los débiles que recurrían a la droga. Yo nunca la he necesitado para disfrutar de la vida. Otros sí, y deben hacerlo si es lo que desean. Si te quieres joder, es tu elección”. Por entonces, también protagonizó la típica aventura inglesa: “Todos queríamos ir a ver lo que se cocía allí. Piensa que el nuevo mundo apenas tiene poso cultural. He vivido en treinta y nueve estados de la Unión y en veintidós países, Samoa y Finlandia entre ellos. Y tengo pasaporte irlandés, doble nacionalidad”. ¿Sus colaboraciones británicas? Entre otras, una canción a medias en “Matthew & Son” (1967), el estreno de Cat Stevens, y tareas de producción para los primigenios Soft Machine, “grandes hasta que se fue Daevid Allen del grupo”, sentencia Fowley.

En solitario, el californiano se lanzó en largo con “Love Is Alive And Well” (Tower, 1967), pero no puede presumir de ninguna obra maestra en ese formato –quizá sobresalga “International Heroes” (Capitol, 1973)–. “Mi mejor disco aún está por llegar. Y lo que más me importa ahora es amar a Snow Mercy –su pareja, que le está escuchando–. He sido famoso mucho tiempo, pero humano no tanto”. Este es el mismo tipo que se las tuvo tiesas con Sky Saxon cuando colaboró con The Seeds: “Acabo de participar en un documental sobre ellos. Sky me golpeó una vez en Las Vegas mientras yo me acordaba de su madre. Él está muerto y yo estoy aquí, así que en eso gano”. O el mismo que se atrevió a producir el retorno discográfico de Gene Vincent en 1969, “I’m Back And I’m Proud”: “Siempre llevaba una pistola en la bota izquierda. Era un tipo agradable salvo cuando se ponía morfina, entonces dejaba de serlo”. ¿Y Jonathan Richman? Kim produjo sesiones para los originales The Modern Lovers publicadas años después: “Se ha convertido en un viejo amargado. Él no ve lo suyo como cómico, piensa que es serio; por eso resulta gracioso. Ya sabes lo que dicen: ‘Morir es duro y la comedia más’”.

Y llega el tiempo para hablar de The Runaways, quizá su legado más célebre. Él las propició (había llevado a otra banda de mujeres a un breve éxito, The Murmaids) y representó a Joan Jett y compañía durante el esplendor del quinteto. “Eran The New York Dolls con vagina o los Beatles con pechos y haciendo música garagera”. Hace dos años se estrenó el biopic. “Mike Shannon, el actor que me encarna, está genial. Pero el guión es flojo. Se basa en el libro de la vocalista, Cherie Currie, que solo es divertido visto como diario de adolescencia de una ignorante”. Con Cherie por fin hizo las paces: “Me dijo que por primera vez en treinta años estaba lejos del alcohol y de las drogas, y que lo lamentaba si había herido mis sentimientos. Hay que comprar su libro”.


Marcado por la cámara

“Mi verdadera historia es que una especie de Dorothy Lamour se acostó con un remedo de Errol Flynn y de ahí nació un Boris Karloff. Menos guapo que ellos, pero mucho más inteligente. De hecho, mis padres eran actores de serie B sin ningún talento. Bueno, él –Douglas Fowley, con un papel en “Cantando bajo la lluvia”– sí lo poseía para conseguir trabajos, pero estaba enganchado al opio. Y ella –Shelby Payne, figurante en “El sueño eterno”– era en realidad lesbiana y dependiente del Valium. Cuando mi padre se marchó a la Segunda Guerra Mundial, mi madre me ingresó en un internado y se volvió a casar. Él me rescató al regreso, pero luego acabaría suicidándose. Y ella murió alcoholizada. A mi progenitor le debo mi primer papel en el cine: otro niño se puso enfermo y me recomendó sustituirlo por cien dólares”.

Bastantes años después, nuevas vinculaciones al séptimo arte: “Estuve de A&R en American International Pictures cuando producían las películas de Roger Corman. Incluso llegué a dirigir en algún momento la división musical. Y después aporté tres canciones a la banda sonora de ‘American Graffiti’ (1973). En el filme de George Lucas coincidió con su amigo y colega radiofónico ya fallecido Wolfman Jack, que tenía incluso papel. Otro DJ mítico de Los Ángeles, Rodney Bingenheimer, fue objeto en 2003 del documental “Mayor Of The Sunset Strip”, en el que Fowley contó con presencia considerable.

Poco después se le revolvió el gusanillo del cine, y recibió clases de marketing digital para ofrecer intransferibles cortos a través de internet (cuelga fragmentos y sigue rodando según le marque la respuesta del público). “Es la única manera. En Hollywood, la financiación consiste en ‘te damos dos millones de dólares y nos haces una peli de un zombi que se enamora de un cocodrilo, y luego a los dos se los come un vampiro’”.

En la tarea le ayuda Snow Mercy, cantante y cineasta en ciernes, autora de un corto con Kim y el sanatorio oncológico como ejes. Su amor arrancó, según ella, en una de las fiestas de él conocidas como Hollywood Sexual Underground: “Un cumpleaños de un amigo en el que seguimos una tradición. Yo me sentaba en la tarta y los invitados la comían directamente de mi trasero”.

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