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KING MIDAS SOUND, Entre tinieblas

Kevin Martin, Roger Robinson & Hitomi: vibración real.

 
 

ENTREVISTA (2010)

KING MIDAS SOUND Entre tinieblas

Por Pablo Gil

El británico Kevin Martin es un talento supremo de la electrónica avanzada concreta. God, Techno Animal, Ice y The Bug son propuestas firmadas por él que han colocado el listón muy alto. En 2009 se sacó de la manga una nueva aventura: King Midas Sound, una puesta al día del trip hop de los noventa con música urbana, cálida y nocturna; un grupo de ambient pop espectral y nocturno cuyo debut discográfico se coló por sorpresa entre los mejores discos del año. Pablo Gil entrevistó a Kevin Martin.

En nuestra imaginación colectiva, un Rey Midas es alguien poderoso y afortunado. Su capacidad sobrenatural de convertir en oro todo lo que toca nos parece un don extraordinario, ajeno al drama y la fatalidad que, en el mito griego, hacen de él un ser torturado que termina huyendo desesperadamente de todo y de todos. Resulta bastante significativo que el productor británico Kevin Martin eligiese esa figura para nombrar el último de sus proyectos, una colaboración con el poeta Roger Robinson y la vocalista e ilustradora Hitomi. “Me interesaba sobre todo el aspecto trágico de la historia”, explica por teléfono desde su estudio de Londres, más que su segundo hogar, el primero.

Para bien y para mal, Kevin Martin es hoy un Rey Midas de la electrónica británica. Ha convertido en oro la música que ha producido, con sus dos últimos discos considerados entre los mejores de los últimos años: en 2009 el debut de King Midas Sound, “Waiting For You...” (Hyperdub-Popstock!), y en 2008 el tercer álbum de The Bug, “London Zoo” (Ninja Tune). Y, como en la historia original, Martin sufre e intenta escapar de un regalo que se transforma en maldición. “Me siento muy orgulloso de ‘London Zoo’, pero a raíz de su éxito mucha gente, sobre todo de los medios de comunicación y la industria musical, intentó reducirme a un ser bidimensional”, explica. “Me presentó de un modo simplista, cuando tengo una personalidad muy amplia, con gustos y emociones muy eclécticos. Pero sentí que la gente solo se había quedado en el aspecto agresivo de The Bug. Me sentí muy frustrado”.

“No sé muy bien por qué pasó, realmente. No es que me haya hecho mayor, porque en realidad todavía me encanta la música contraria a los códigos generales de la canción, pero el caso es que me atraía el desafío de mezclar canciones convencionales con sonidos no convencionales, intentando encontrar un nuevo enfoque. Y, para ser honesto, por mi experiencia, debo decir que es más fácil hacer discos experimentales sin estructura que crear canciones con sonidos inusuales”
(Kevin Martin)

“Waiting For You...” fue por tanto, confiesa Martin, una reacción a “London Zoo” en muchos aspectos. El disco con mejor porcentaje de puntuación de 2008 según la web Metacritic fue descrito, en general, como la obra cumbre de su estilo poderoso y arrollador, una producción definida en términos de “sonidos asesinos” y de “ritmos capaces de estremecer el eje de rotación de la Tierra”. Dub, ragga y dancehall con un variado grupo de vocalistas invitados procedentes en su mayoría del grime y el dubstep, estilos de los que el propio músico es considerado influencia directa a través de sus grabaciones con Techno Animal, Ice y God. Frente a ese trabajo gigante en todos los aspectos, “Waiting For You...” presenta un sonido espartano opuesto, con las texturas claustrofóbicas y el dub reducidos de velocidad drásticamente. Es un disco de silencios bajo los que corren oscuros ríos subterráneos.

Todo comenzó hace cuatro años. “Entonces estaba intentando, estúpidamente, trabajar en tres álbumes a la vez”, explica con humor. “Uno era ‘London Zoo’, el otro era el de King Midas Sound y el tercero, uno como Ladybug. Durante aquel año me di cuenta de que haberlo intentado había sido un absoluto error. Estaba exhausto y encima no hacía justicia a ninguno de los tres discos, de manera que decidí concentrarme en terminar ‘London Zoo’ y después ya retomaría King Midas”. Pero cuando pudo recuperar el proyecto, ya no lo hizo desde cero. “Es que ‘London Zoo’ fue un disco muy, muy intenso y duro, que además hice mientras atravesaba una etapa personal igualmente intensa y dura, viviendo en unas condiciones realmente malas, con una relación personal pésima”.

Aunque pueda parecer mentira por la enorme diferencia de sonido entre ambos trabajos, “Waiting For You...” desarrolló un elemento presente en su predecesor. “‘London Zoo’ era el primer disco en el que abrazaba la composición de canciones con estructuras convencionales. Quería explorarlo mucho más y eso además me permitía romper con el estereotipo de tebeo del Bug agresivo y brutal”. Para un hombre, hoy cuarentón, que había pasado la mitad de su vida creando música contraria a la canción popular y sus normas, que es considerado capitoste del illbient y del hardcore digital, aquello fue todo un descubrimiento. “No sé muy bien por qué pasó, realmente. No es que me haya hecho mayor, porque en realidad todavía me encanta la música contraria a los códigos generales de la canción, pero el caso es que me atraía el desafío de mezclar canciones convencionales con sonidos no convencionales, intentando encontrar un nuevo enfoque. Y, para ser honesto, por mi experiencia, debo decir que es más fácil hacer discos experimentales sin estructura que crear canciones con sonidos inusuales”.

 
KING MIDAS SOUND, Entre tinieblas

“Todo el proyecto ha sido realmente muy orgánico”.

 

En esa empresa le secunda un amigo, un álter ego, que es Roger Robinson, poeta y artista de spoken word residente en Londres pero nacido en la isla de Trinidad. Robinson ya había colaborado con Martin en algunas canciones de Techno Animal y The Bug, pero ambos querían ampliar esa relación productor-vocalista en un álbum completo. Martin es consciente, además, de que necesitaba recuperar una relación creativa de igual a igual tras un proyecto muy ambicioso del que él era principal responsable con una multitud de colaboradores a los que dirigía. “Fue como volver a los tiempos de Techno Animal, cuando trabajaba con Justin Broadrick, una persona que era como mi hermano y con el que compartía muchos gustos”.

“Empezamos a trabajar con Roger recitando poesía y yo haciendo ritmos de 140 bpms, pero en una sesión de grabación él llegó y me puso una pista que había hecho solo, a capela, y me quedé absolutamente impresionado porque nunca le había oído cantar de ese modo. Fue un momento crucial. De repente me estaba descubriendo ese registro alto, que era bastante andrógino, y con unas melodías realmente preciosas, muy seductoras. Le dije: ‘Mira, Roger, olvídate por completo de esta idea de poesía y ritmo acelerado, quiero componer música para ese sonido, para esa textura’”.

“Quería hacer un disco que la gente pudiera escuchar con su pareja en la madrugada bajo una manta, o cuando se sienta sola y eche de menos la compañía de otra persona. Un disco nocturno, urbano y muy cálido. Le decía a Roger que cantara como si estuviera haciéndolo en el oído del oyente. Repetimos decenas, cientos de tomas. Si yo no sentía esa emoción en la voz, le decía que no estaba quedando bien”
(Kevin Martin)

“Todo el proyecto ha sido realmente muy orgánico”, continúa el experimentado productor. “No ha habido ninguna planificación cínica de carrera, simplemente ha sido algo que ha crecido desde nuestra amistad. Lo mismo sucedió con Hitomi. Ella ya había trabajado conmigo en Bug y un día escuchó una parte instrumental de King Midas con la que teníamos problemas, y empezó a cantar por encima de mi hombro para darme ideas en ese momento. Fue algo precioso, y le dije: ‘Deberías grabarlo’”. Así fue como Hitomi, de origen coreano-japonés, completó el retrato multiétnico londinense del grupo.

Encontrar un motivo central de las canciones también fue algo que apareció de un modo espontáneo. “Roger y yo discutimos bastante sobre ello. Decidimos que queríamos explorar el tema del amor en sus posibilidades positivas y en las negativas, solo para probar y examinar cuánto de extremo es como una entidad física, como una entidad mental... Lo hermoso y lo feo. Queríamos hacer un disco delicado y melódico en el que los fantasmas de las relaciones pudieran fluir y en el que estuvieran presentes los sueños de las relaciones por venir”. Obviamente, ambos se habían quedado sin pareja, y de los infinitos fragmentos de sus soledades surgieron las canciones, que han sido comparadas con los primeros discos de Massive Attack y Tricky. “Roger llegaba al estudio con el espíritu de un gran cantante de soul, muy dinámico y con una personalidad extrovertida, pero yo prefiero a los vocalistas introvertidos, y era lo que quería para algo como King Midas”, explica este metódico, obsesivo ingeniero de ambientes y planos de sonido. “Quería hacer un disco que la gente pudiera escuchar con su pareja en la madrugada bajo una manta, o cuando se sienta sola y eche de menos la compañía de otra persona. Un disco nocturno, urbano y muy cálido. Le decía a Roger que cantara como si estuviera haciéndolo en el oído del oyente. Repetimos decenas, cientos de tomas. Si yo no sentía esa emoción en la voz, le decía que no estaba quedando bien”.

Ese énfasis en lo emocional supone un nuevo desafío para Kevin Martin, asegura. “Yo estoy enganchado a la tecnología las veinticuatro horas del día, me paso el día en el estudio, pero ya desde Techno Animal el reto para mí es concentrar lo orgánico a través de lo inorgánico, encontrar el alma en la maquinaria. Soy una persona muy emocional, mucho”, añade. “Hay mucha gente a la que le incomoda la expresión de las emociones, y eso es algo que no me gusta de los ingleses, que suprimen sus emociones. A mí me gusta la gente emotiva, volcánica. Somos seres emocionales, es lo que nos hace humanos, lo que define a la humanidad”.

Obviamente, Kevin Martin (KM, igual que King Midas, no por casualidad) está encantado con “Waiting For You...”. Por eso tiene un nuevo mánager al que ha pedido poder actuar todo lo posible el resto del año. Eso sí, sin alejarse demasiado de su estudio: prepara remezclas de Beastie Boys y un disco de dub como The Bug junto a Adrian Sherwood. Incorregible, este Rey Midas.

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