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KING MIDAS SOUND & FENNESZ, 3 + 1 = 1

Christian Fennesz, Kevin Martin, Kiki Hitomi y Roger Robinson. Foto: Òscar Giralt

 
 

ENTREVISTA (2016)

KING MIDAS SOUND & FENNESZ 3 + 1 = 1

Tras más de tres lustros de mutua y sincera admiración, Kevin Martin y Christian Fennesz unieron por fin sus caminos para dar vida a “Edition 1”, el primero de los cuatro discos colaborativos que Martin ha previsto para el proyecto King Midas Sound. La alianza fue tan fructífera que pareció que los cuatro llevasen media vida juntos y dejó el listón casi infranqueable para los protagonistas de los siguientes capítulos. Carles Novellas habló con ellos a su paso por Barcelona para presentar en directo el disco.


Viejos conocidos

Camerinos de CaixaForum Barcelona, 29 de enero. Tras una prueba de sonido de volumen atronador y fisicidad apabullante, Christian Fennesz bebe tranquilamente una infusión mientras escucha discutir a Roger Robinson y Kevin Martin sobre qué tipo de drogas (¿heroína?, ¿cocaína?) tomó John Coltrane en la grabación de “Ascension” (1966). Ambos acaban de hojear el número de enero de Rockdelux, con un artículo de Salvador Catalán sobre el jazzmen de Carolina del Norte incluido. La revista está ahora en manos de Kiki Hitomi (tercer miembro de King Midas Sound), sentada a la izquierda de Martin, algo más apartada de los otros tres hombres. El ambiente es sumamente relajado y la armonía entre los presentes se hace palpable incluso para un recién llegado como el entrevistador.

A los pocos minutos de entrar en materia, la sensación se confirma: es como si llevaran veinte años trabajando juntos y no solo unos meses. “Nos conocemos desde hace más de quince años”, cuenta el músico austríaco, reservado y antidivo total. “Siempre habíamos hablado sobre una posible colaboración, pero nunca parecía el momento propicio”. Martin, más vehemente y muy comunicativo, recoge el guante: “La primera vez que nos vimos fue en un concierto de God en Austria hace muchísimo tiempo. Enseguida nos dimos cuenta de que hablábamos el mismo idioma y de que nuestras ideas eran muy parecidas. En esto de la música suele ocurrir a menudo: acabas gravitando hacia personas que están en tu misma frecuencia de onda. Lo interesante es que, en todos estos años, mucha gente se ha ido quedando por el camino o directamente se ha vendido a las imposiciones de la industria, pero ese no es el caso de Christian, que se ha mantenido siempre activo y muy radical con cada uno de sus discos”.

“La primera vez que nos vimos fue en un concierto de God en Austria hace muchísimo tiempo. Enseguida nos dimos cuenta de que hablábamos el mismo idioma y de que nuestras ideas eran muy parecidas... Mucha gente se ha ido quedando por el camino o directamente se ha vendido a las imposiciones de la industria, pero ese no es el caso de Christian, que se ha mantenido siempre activo y muy radical con cada uno de sus discos”
(Kevin Martin)

Ambos recuerdan un festival en San Petersburgo, en el que también estaban presentes Robinson y Hitomi, como el siguiente paso en el camino que llevaría, años más tarde, a “Edition 1” (Ninja Tune-[PIAS] Iberia & Latin America, 2015). Aunque para el público quizá pueda resultar una alianza sorprendente, para ellos el encuentro era inevitable en algún momento u otro. Todo se aceleró cuando la mente incansable de Martin ideó el concepto de grabaciones colaborativas: por supuesto, Fennesz ya estaba en ese momento en el primer lugar de su lista de favoritos. “Cuando empiezas a colaborar con alguien, aunque tengas una idea más o menos clara de cuál es su paleta de sonidos, nunca sabes si va a funcionar. Siempre existe el riesgo de que se complique y salga mal. De hecho, pasa a menudo. Pero con este proyecto todos estamos asombrados de lo fluido y lo fácil que ha sido todo”. El productor londinense (detrás de proyectos tan agresivos y potentes como The Bug, Techno Animal, Ice o God) tiene fama de ser un personaje arisco y ultraexigente, pero a lo largo de la entrevista no para de lanzarle flores a su nuevo partenaire. Y no hay nada impostado en ello: se nota que lo admira de verdad.


Servicio postal

Escuchando los largos y plácidos desarrollos de “Edition 1” y viendo lo bien que se llevan entre ellos, uno se imagina a los cuatro protagonistas de la obra enfrascados durante largas horas en un estudio, probando sonidos, improvisando con sus instrumentos y tomando decisiones en la mesa de mezclas. Pues no. Todo lo contrario. Así es como lo cuentan, primero Fennesz: “Básicamente, en una primera fase, les mandé un montón de material por ‘mail’; cosas a medio hacer, demos, piezas bastante crudas en su mayoría. Y Kevin empezó a producir a partir de ahí”. Sigue Martin: “El primer paquete de sonidos que me llegó ya me entusiasmó. Tenía un extraño poder melancólico, y justamente la melancolía es una emoción que suele obsesionarnos de manera considerable a los que formamos King Midas Sound. Era material disonante y muy bello. Resultó perfecto para empezar a trabajar”. Sigue Robinson: “No hizo falta hablar mucho en el proceso, fue todo muy reactivo. Y, teniendo en cuenta nuestros estándares, también bastante rápido. Personalmente, no tuve que pelearme apenas con las canciones, porque las ideas ya estaban ahí: solo tuve que extraerlas y escribirlas”. Amplía Martin: “Existe esa sensación generalizada, totalmente errónea, de que los discos hechos a base de archivos remotos no son válidos o acaban saliendo mal, pero creo que eso no sucede si trabajas con alguien con quien tienes una buena sintonía”. Y cierra el círculo Fennesz, de nuevo: “Nunca terminamos de estar todos juntos en el estudio. Pero, realmente, tampoco importa tanto. No somos músicos de jazz improvisando, no es necesario estar en el mismo espacio para que funcione. Creo que, además, el hecho de que no nos viéramos durante ese proceso hace que ahora sea más divertido tocar juntos en directo”.

 
KING MIDAS SOUND & FENNESZ, 3 + 1 = 1

Alianza fructífera.

Foto: Òscar Giralt

 

Tras el sosiego, el vendaval

Ya que Fennesz lo ha mencionado, hablemos de los directos. En el origen de “Edition 1” no existía el propósito de llegar a plasmar las canciones en un escenario, así que el proceso de gestación del proyecto hay que dividirlo en dos partes: una, la del disco elaborado a partir de idas y venidas de carpetas-archivos-sonidos a través de red; y otra, más reciente, de traslación de esas composiciones al directo. Martin tiene claro que son dos fases muy diferenciadas y de resultados radicalmente distintos: “Que yo recuerde, nunca he querido que una banda suene igual en directo que en el disco. Mucha gente espera eso, pero yo siempre he buscado algo más en un concierto, una experiencia aparte. Nuestro directo, lógicamente, va en esa línea. Es muy orgánico y abierto, en el sentido de que se dan los espacios necesarios para que cada uno encuentre su propia manera de actuar cada noche”.

Pocos minutos después, en su pase en el ciclo DNIT, en el hall del museo barcelonés, el contraste quedaría más que claro: nada que ver la placidez general del álbum con el tsunami sónico del concierto, por momentos un rodillo de sonido que llevó al límite la tolerancia auditiva de los presentes. Robinson añade otro elemento más a la ecuación: “No usamos nunca un listado de temas previo, y de hecho hay bastante improvisación, sobre todo por parte de Christian con la guitarra”. “Para mí ha sido un reto cada vez que hemos tocado juntos”, asegura Fennesz, “y sigue siéndolo, aunque haya unas estructuras más definidas ahora que al principio. Así es como me gusta tocar, y creo que de esta forma la música se mantiene más fresca”.

“Lo que más nos marcó fue la situación por la que pasamos Roger y yo, ambos con nuestros hijos hospitalizados por diferentes razones, y sin tener nada claro si iban a poder superarlo. Esa fue realmente una experiencia terrorífica, que te cambia la vida. Cuando todo terminó, por suerte de forma feliz, la sensación de alivio y liberación fue total. En ese momento simplemente no parecía natural ni apetecía hacer un disco duro y agresivo, sino más bien todo lo contrario”
(Kevin Martin)

Para ellos, la dicotomía calma/ruido está más que superada, y de hecho tanto Martin como Fennesz reniegan abiertamente del volumen alto, la furia y el estrépito como sinónimos de radicalidad sonora. Fennesz habla directamente de “idea barata” y, para Martin, “‘Edition 1’ es un disco tan extremo como puede serlo uno de noise”. Pero, más allá de decisiones estéticas y aspectos técnicos, hay otra razón que explica ese tono reflexivo, emocional, casi místico del álbum. Y no es precisamente una razón menor.


La vida es misterio

Es Kevin Martin quien lo explica: “Justo antes de empezar a trabajar en el disco, vivimos cada uno de nosotros momentos muy extraños y bastante extremos a nivel personal. De entrada, los tres miembros de King Midas hemos sido padres prácticamente al mismo tiempo. Pero lo que más nos marcó fue la situación por la que pasamos Roger y yo, ambos con nuestros hijos hospitalizados por diferentes razones, y sin tener nada claro si iban a poder superarlo. Esa fue realmente una experiencia terrorífica, que te cambia la vida. Cuando todo terminó, por suerte de forma feliz, la sensación de alivio y liberación fue total. En ese momento simplemente no parecía natural ni apetecía hacer un disco duro y agresivo, sino más bien todo lo contrario”.

El trance por el que tuvieron que pasar Robinson y Martin, cada uno por su cuenta, explica por sí solo casi todo lo relacionado con el álbum, desde su discurrir orgánico y parsimonioso hasta el significado de títulos como “Loving Or Leaving” o “We Walk Together”, pasando por las constantes alusiones a la naturaleza y al elemento acuático, tanto en las letras como en los sonidos. Ahí están, por ejemplo, los impresionantes y fantasmagóricos catorce minutos de “Above Water”, o también la lluvia gris que llena la portada del LP. “Es cierto que es un disco muy climático y conectado con la naturaleza”, reconoce Martin. “Creo que, en parte, se debe a lo que tuvimos que vivir con nuestros respectivos hijos, pero también tienen que ver en ello cuestiones más mundanas, como el hecho de haber dejado Londres y vivir en una zona de Berlín bastante abierta, lejos del centro. En el momento en el que lo haces quizá no te das cuenta de eso, pero son detalles que influyen”.

Hacia el final de la conversación surge otro concepto fundamental, presente también de forma fehaciente en el título del primer tema del álbum: “Mysteries”. Luis Buñuel decía que el misterio es el elemento clave en cualquier obra de arte; y al recordarles la frase, todos los presentes parecen comulgar plenamente con ella. Incluso Kiki Hitomi, callada durante la entrevista, asiente convencida. Pero, como de costumbre, es Martin el que habla: “No creo que en la vida haya que encontrar respuestas; creo más bien que vivimos en un caos, y que lo que tenemos que hacer es aprender a navegar a través de ese caos. No hace falta saber para qué estamos aquí”. A lo que Fennesz apostilla: “Es absurdo tener que explicar lo que haces y cómo lo haces todo el tiempo. No tiene sentido. Si me preguntas cómo he conseguido hacer este sonido o este otro no voy a saber nunca cómo contestarte”. Tal para cual.

 

Los amigos de Fennesz

En un hipotético ranking de músicos contemporáneos con más colaboraciones a sus espaldas, Christian Fennesz ocuparía sin duda uno de los lugares de honor en el pódium. El vienés –quien, por cierto, acaba de publicar el álbum “Mahler Remix” (Touch, 2016; originalmente, solo en descarga digital en 2014), con versiones personales del compositor austríaco– ha trabajado con tantos artistas y músicos en sus veinte años de carrera que cuesta llevar la cuenta.

Ahí va una lista (incompleta) de nombres, que puede leerse al mismo tiempo como un “quién es quién” de la vanguardia sonora reciente: Peter Rehberg y Jim O’Rourke (con los que formó el trío Fenn O’Berg), Keith Rowe, Oren Ambarchi, Mark Linkous (de Sparklehorse), Otomo Yoshihide, Mika Vainio, Patrick Pulsinger, Stefan Goldmann y, por supuesto, Ryuichi Sakamoto, probablemente su socio más habitual y continuado en el tiempo. Modesto y elusivo, Fennesz comenta simplemente que “todas las colaboraciones son distintas” mientras Martin, con una jocosa risotada, pregunta divertido: “¿Sakamoto? ¿¿Quién es ese??”.

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