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KLAUS & KINSKI, Canciones para mamíferos con moral y memoria

Más que amor: frenesí pop.

Foto: Blanca Galindo

 
 

ENTREVISTA (2012)

KLAUS & KINSKI Canciones para mamíferos con moral y memoria

La duda y el azar, la habanera y el soneto, el miedo y la culpa, el desempleo y el romance, La Oreja de Van Gogh y Manuel de Falla, los minibares y el Facebook, la pensión y la trepanación. En “Herreros y fatigas” (2012), el dúo murciano dilató nuevamente las fronteras del pop. Ellos prefieren hablar de música popular del siglo XX y, con tal amplitud de miras, siguen enriqueciendo el cancionero español. Nando Cruz escuchó sus argumentos.

Se les conoce como ese grupo de pop shoegazing que igual te cuela un bolero que una copla. Pero Klaus & Kinski, dúo murciano formado por Alejandro Martínez y Marina Gómez Carruthers, es algo más. En “Tu hoguera está ardiendo” (Jabalina, 2008), “Tierra, trágalos” (Jabalina, 2010) y “Herreros y fatigas” (Jabalina, 2012) no solo han abierto el campo estilístico más allá del pop-rock de raíz anglosajona. También las temáticas de sus canciones e incluso el lenguaje usado denotan un talento para regenerar el tan a menudo encorsetado pop made in Spain.

“Muchos grupos empiezan con un sonido y luego se dispersan. A nosotros nos pasa al revés. Empezamos con una música estilísticamente muy dispersa y con el tiempo hemos visto cosas que nos funcionan, que son reconocibles como nuestro estilo” (Alejandro Martínez)

Casi todo es culpa de Alejandro Martínez, profesor en una escuela de música a quien su novia, Marina Gómez Carruthers, define como un hombre bastante lineal: “Cuando discutimos, no se altera, y cuando está borracho, no se le nota”. De Marina, cantante y diseñadora de las portadas, dice Alejandro que siempre dramatiza: “Si diez personas dicen algo bueno de ella y una dice algo malo, se queda con lo malo. Y así no se puede vivir”. Él compone, produce y toca la mayoría de los instrumentos. Ella estudió diseño y moda “para trabajar en Inditex”, pero dando clases de confección en una escuela de arte ha visto que es “mucho más guay ser modista que ser diseñadora”. Él habla de música por los codos. Ella es una cotilla irremediable.

El proceso de trabajo en “Herreros y fatigas” vuelve a ser el mismo: encerrados en casa unos meses, salir con catorce canciones y empaquetarlas con un diseño similar. ¿Queríais variar algo? (Álex): Quizá hay menos diversidad. Muchos grupos empiezan con un sonido y luego se dispersan. A nosotros nos pasa al revés. Empezamos con una música estilísticamente muy dispersa y con el tiempo hemos visto cosas que nos funcionan, que son reconocibles como nuestro estilo. Y entonces sigues esa vía. Tampoco vas a obsesionarte con buscar géneros distintos. No hay ninguna obligación.

A mí también me parece menos variado. El arranque de “Tierra, trágalos” era muy dispar, pero en el de “Herreros y fatigas” hay una cierta continuidad. (Álex): Siempre es complicado, pero en nuestros discos cuesta mucho ordenar las canciones. Esta vez quería un inicio algo más lineal. Con las tres primeras canciones te puedes imaginar a un grupo electrónico, algo oscuro y con un punto shoegazing. Luego vienen las canciones más de género, luego hay otra parte más electrónica-pop-shoegazing y luego un final, más cuesta abajo, como en el anterior. En esto es similar a los otros discos porque obedece a impulsos similares. Pero qué más da. Tampoco hay que hacer una obra totalmente distinta y que parezca que nosotros hemos cambiado. Obviamente, no es tan distinto al resto.

 
KLAUS & KINSKI, Canciones para mamíferos con moral y memoria

“Cuando discutimos, no se altera, y cuando está borracho, no se le nota”, dice Marina de Álex.

Foto: Blanca Galindo

 

Marina, en 2010 decías que Alejandro se porta como un Phil Spector y te obliga a cantar siempre con voz de asmática. ¿Sigue así? (Marina): En realidad, no es muy mandón. Es más pesado: de insistir e insistir hasta que haces lo que él quiere. Desde el último disco tomé clases de canto y ahora controlo un poco más. No tanto para hacerlo mejor como para saber qué hago bien y qué hago mal. Ahora, por ejemplo, sé que Amaia Montero canta peor que la chica que la sustituye en La Oreja de Van Gogh. Bueno, eso es muy evidente, pero yo ahora sé decir por qué lo hace peor.

¿Y crees que tú cantas mejor que ellas? (Marina): Qué va. La nueva cantante de La Oreja de Van Gogh es muy ortodoxa: respira y vocaliza muy bien. En este disco yo he intentado abrir más la boca para vocalizar, terminar bien las palabras... Pero con la compresión que le mete Álex a las voces, se pierden muchos matices y el efecto es que sigo cantando igual de mal. A lo mejor es que no tengo una voz guay si canto bien y mola más cuando canto peor.

“La crisis es para todos y también hemos pasado nuestras dificultades. El día que Marina supo que tendría trabajo fue como una película de Frank Capra. Como James Stewart entrando en casa, colgando el sombrero y gritando: ‘Esta Navidad comeremos pavo’. Lo hemos pasado mal y eso sale cuando escribes” (Alejandro Martínez)

En algunas canciones las sílabas no cuadran con la métrica. (Marina): Efectivamente. Supongo que si las oye Chinarro le parecerán fatal porque él es muy purista con esto, pero a Álex le gustan así. Yo le propuse cambiar algún acento y lo aceptó, pero, en general, yo no aporto mucho. (Álex): Eso no es así. Marina me ha tirado muchas letras para atrás. Me decía: “Esto es una mierda”. Pero a veces le parece una mierda porque se le cruza al ensayarla, y cuando ya le sale bien, dice: “Pues no está tan mal”.

Eso de “en general, yo no aporto nada” sería un gran titular. (Marina): Bueno, yo le aporto la tranquilidad que él necesita para hacer sus cosas. Y mientras está en el estudio, yo miro la tele o estoy aburrida en el Facebook.

¿Te has planteado algún genero inédito en vuestra obra? (Álex): Parece que ya matamos el factor riesgo en los primeros discos. Y nos da miedo ser el grupo de “a ver qué meten ahora: les queda la cumbia y la guajira”. En este hay una habanera (“In The Goethe”). Pero el tema que se aleja más de los discos ortodoxos de pop-rock quizá sea “Sacrificio”. Me apetecía hacer algo cercano al flamenco, igual que en el anterior hice una copla... Y no es tan descabellado que nos acerquemos al flamenco desde el prisma de los músicos clásicos de principios del siglo XX como Manuel de Falla o Isaac Albéniz. Puede recordar al disco de La Argentinita donde cantaba poemas que musicó García Lorca; esos que ahora ha versionado Josephine Foster. (Marina): Con “Sacrificio” me podía lucir más y la ensayé durante un mes. Hay otras canciones con las que no me identifico o no me gustan y lo paso mal. Hay una, no recuerdo cuál es, para la que Álex hizo hasta tres letras.

Celebro que abunden las canciones sobre el momento en que vivimos. (Álex): La crisis es para todos y también hemos pasado nuestras dificultades. El día que Marina supo que tendría trabajo fue como una película de Frank Capra. Como James Stewart entrando en casa, colgando el sombrero y gritando: “Esta Navidad comeremos pavo”. Lo hemos pasado mal y eso sale cuando escribes. Qué te voy a contar...

 
KLAUS & KINSKI, Canciones para mamíferos con moral y memoria

“Bueno, ¡es que yo lo cuento todo! Odio los secretos. Los míos los cuento igual”, asegura Marina. Foto: Blanca Galindo

 

Todos sabemos cómo está el país, pero, justamente por eso, llama la atención que siga habiendo tantas canciones de pop sobre relaciones amorosas y tan pocas sobre relaciones laborales, por ejemplo. (Álex): Esto de hablar de amor en el pop es un poco convención. Yo también lo hago, pero a veces aburre. Tengo novia y la quiero, pero estar todo el rato ficcionando canciones de amor es un poco absurdo. Sería como un poeta clérigo de los que nunca habían conocido mujer y escribían sonetos de amor.

“A mí me gusta la furgoneta, los hoteles, los minibares... Pero no disfruto mucho el concierto. Me gusta ver a la gente que lo pasa bien, a la que no, lo que ocurre entre el público... Me gusta verlo desde ahí arriba, pero no me gusta ser el mono de feria que se exhibe. Y, sobre todo, me da mucho pudor que paguen por verme y puedan pasárselo mal. Muchas veces creo que no estoy a la altura” (Marina Gómez Carruthers)

Otro tema habitual en tus letras es la moral. Ya salía en “Ley y moral” y reaparece en “Daño cerebral”. (Álex): Esta canción se inspira en el caso documentado de un hombre que trabajó en los primeros ferrocarriles de Estados Unidos. Hubo una explosión y un trozo de tornillo le atravesó el cráneo. El hombre no murió, pero empezaron a detectar cambios en su comportamiento hasta que descubrieron que había perdido la capacidad de empatizar. Hablo de lo necesaria que es la empatía para el desarrollo social de la especie. Sin ella no podríamos vivir como mamíferos sociales, pero también planteo, con ironía, si no seríamos mucho más felices si nos extirparan esa parte de cerebro, si no tuviésemos ese sentimiento de culpa.

Marina, ¿sigues sin disfrutar los conciertos? (Marina): A mí me gusta la furgoneta, los hoteles, los minibares... Pero no disfruto mucho el concierto. Me gusta ver a la gente que lo pasa bien, a la que no, lo que ocurre entre el público... Me gusta verlo desde ahí arriba, pero no me gusta ser el mono de feria que se exhibe. Y, sobre todo, me da mucho pudor que paguen por verme y puedan pasárselo mal. Muchas veces creo que no estoy a la altura.

Tranquila, hoy el público ya no se queja de nada. (Marina): Ya, pero yo tengo sentido de la responsabilidad y lo paso mal. Cuando la gente paga, esto se convierte en una cosa seria. Quizá si me preocupara menos, lo haría mejor. O creería que lo hago mejor. Es todo un círculo vicioso.

Y sigues con el vicio de leer lo que dicen de ti en internet. (Marina): No puedo evitarlo. Soy curiosa y me gusta saber qué piensa la gente. También te mantiene pegada a la realidad. Pero preferiría que me afectara menos.

Entonces, ¿por qué lo cuentas? En los conciertos aireas comentarios que el público jamás habría conocido si no los explicases tú. (Marina): Lo hago para buscar complicidad con la gente; para mostrar que soy humana, que las cosas me afectan. El que va a verte a un concierto es un poco amigo tuyo y... Bueno, ¡es que yo lo cuento todo! Odio los secretos. Los míos los cuento igual.

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