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LA BIEN QUERIDA, El corazón es un cazador solitario

Poderes extraños con premeditación. Foto: Albert Mollón

 
 

ENTREVISTA (2015)

LA BIEN QUERIDA El corazón es un cazador solitario

Más que en ningún otro momento de su expresión artística, en el disco de La Bien Querida “Premeditación, nocturnidad y alevosía” (2015) confluyeron magistralmente la pintura y la música de Ana Fernández-Villaverde. El tríptico de un paisaje tenso dio paso al tecnopop y convirtió el álbum, suma de tres singles, en la obra más oscura del dúo formado por Ana y David Rodríguez. Elena Cabrera visitó la casa familiar de la pareja.

Qué barullo de turistas, mercaderes y madrileños ociosos hace hervir las calles peatonales alrededor de la Plaza Mayor. Qué extraño es habitar un lugar en el que todos parecen de paso. En el barrio, si se puede llamar así, donde viven Ana Fernández-Villaverde y David Rodríguez huele a bravas, pescao frito y yogur helado. Dentro de su portal hay un estanco. Sí, dentro. La madera de la escalera, contemporánea de Galdós, cruje al pisar los escalones. Al llegar arriba se abre lentamente una puerta. Aparece una mujer morena con una niña rubia montada en su cadera, a la manera en que las madres cargamos a nuestras hijas desde siempre. Aparece un hombre a su lado. “¡Cuánto tiempo!”, dice. Es imposible medir los años en su rostro, cubierto de pelo y de gafas.

La casa es hermosa, parece un misterio. Ana ha pintado las paredes con flora y con fauna. Y, además, sus cuadros cuelgan de los tabiques o se apoyan contra estos, en el suelo. Entre las pinturas, ahí están los bosques que forman el tríptico “Premeditación, nocturnidad y alevosía” (Elefant, 2015), último disco de La Bien Querida.


Premeditación

“No pensaba decir todo lo que siento”

“La diferencia que encuentro entre mis canciones y mis pinturas es que en las canciones escribo sobre el momento álgido de la batalla, cuando están ocurriendo las cosas y sobre sus emociones. En cambio, en la pintura es todo lo contrario, porque es muy pacífica y no pasa nada. En mis canciones escribo sobre el problema o sobre ese momento de rabia, de odio, de mucho amor, de mucho algo”
(Ana Fernández-Villaverde)

Mucho tiempo atrás, Ana Fernández-Villaverde había estudiado una estrategia para prolongar la vida pública de su cuarto disco. Las canciones se agruparían bajo tres conceptos y se publicarían en maxis de vinilo a lo largo de cinco meses: “Premeditación”, el 6 de octubre de 2014; “Nocturnidad”, el 6 de enero de 2015 y “Alevosía”, el 6 de marzo del mismo año, coincidiendo con la edición de la obra completa en CD. “‘Premeditación’ sería más pop, ‘Nocturnidad’ más oscuro y ‘Alevosía’ más épico”, recapitula Ana. Se sienta en un sofá de la estancia más grande y con más luz de la casa. Es su taller. En el centro hay una mesa de trabajo con óleos y pinceles. Hasta la grabadora llegan las voces del flujo callejero. Hay otra sala anexa a esta, separada por una puerta corredera a medio abrir. Desde estos sofás se ve que en su interior hay guitarras, amplis, teclados; la habitación de la música y la de la pintura están separadas, pero conectadas.

“En esta serie de paisajes”, explica Ana sobre las portadas del disco, “la diferencia que encuentro entre mis canciones y mis pinturas es que en las canciones escribo sobre el momento álgido de la batalla, cuando están ocurriendo las cosas y sobre sus emociones. En cambio, en la pintura es todo lo contrario, porque es muy pacífica y no pasa nada. Como Edward Hopper pintando esas escenas de personajes en bares y carreteras, todo tranquilo, después o antes de que hubiera ocurrido el problema. En mis canciones escribo sobre el problema o sobre ese momento de rabia, de odio, de mucho amor, de mucho algo”.

Ana ha pintado desde siempre, desde mucho antes de grabar su primera maqueta. Vive de la música y del arte, buscándose la vida, haciendo lo que sabe hacer. “Las dos disciplinas me sirven para encontrar la paz, para sacar fantasmas que tengo dentro, emociones que me atormentan. Las dos me sirven para intentar estar bien conmigo misma. Y con el resto, claro”. Apenas expone. Vende sus trabajos mediante sus contactos, manteniendo un perfil más bajo que en la música. También ha dibujado portadas para Extremoduro. “Es una vida muy inestable porque no sé qué haré dentro de tres meses, pero, al mismo tiempo, esta inestabilidad te pone las pilas. Tengo que estar todo el rato pensando qué hacer y tengo que salir adelante, por mí y por mi hija. Sufres, porque al ser autónomo se sufre, pero al mismo tiempo te mantiene viva”.

Antes de la música, Ana admite que escribía “cosas”, pero “nunca en forma de canciones”. Y, desde que empezó con ellas, no ha vuelto a escribir en ningún otro formato, ni le tira hacerlo. Algún día abrirá las cajas donde guarda la prehistoria de su poética y, de ahí, podrá salir otro disco u “otra cosa”. “Te vas haciendo mayor y te vas expresando de diferentes maneras”, reflexiona, “pero la esencia siempre está ahí y te das cuenta de que sigues teniendo esos problemas que te angustiaban de adolescente, porque cada uno es como es”.

 
LA BIEN QUERIDA, El corazón es un cazador solitario

“‘Premeditación’ sería más pop, ‘Nocturnidad’ más oscuro y ‘Alevosía’ más épico”, según Ana. Foto: Albert Mollón

 

Nocturnidad
“Si sobrevivo a esta noche / Por fin podré ver el norte”

En la primera canción de la fase nocturna del disco hay un tema titulado “Ojalá estuvieras muerto”. La letra dice “No puedo volver / Quiero descuartizarte / No podré olvidarte”. “Ahí se me fue un poco la pinza”, y refrenda la cantautora que, como dijo en otra entrevista, no cantará esa línea en directo. “No le hacía falta esa frase. Si ahora la tuviera que volver a grabar, no lo diría. Estéticamente no me gusta, no por lo que dice, sino por cómo lo canto. No es autocensura, si acaso una autocensura estética”. “Ojalá pudiera verte muerto / Ojalá pudiera descansar / Y mira que te quiero / Pero hay tantas cosas / Por las que odiarte”, canta Ana. “Esa canción habla de un amor muy fuerte convertido en frustración, que es lo que le ha pasado a muchas mujeres. Yo digo que escribo para las mujeres porque lo hago sobre situaciones que he podido vivir o que he visto de cerca. Es mi forma de desahogarme. Yo sé que a muchas mujeres les gustan estas canciones, porque sienten lo mismo que yo siento al hacerlas”.

“Yo digo que escribo para las mujeres porque lo hago sobre situaciones que he podido vivir o que he visto de cerca. Es mi forma de desahogarme. Yo sé que a muchas mujeres les gustan estas canciones, porque sienten lo mismo que yo siento al hacerlas”
(Ana Fernández-Villaverde)

Es muy difícil encontrar canciones pop que una mujer pueda escuchar sintiendo que lo que ahí se dice les atañe. La historia más común, mil veces repetida, es la del amor, odio o deseo del hombre hacia la mujer, objetualizada hasta el ridículo. La Bien Querida no es consciente del gran cambio que su música está produciendo en el relato del pop español, un giro en el que también se inscriben las canciones de Christina Rosenvinge, Lidia Damunt y Le Parody. No se trata solo de lo que dicen y cómo lo dicen. Es su presencia fuerte, radicalmente personal, conectada al feminismo, lo que empodera a otras mujeres a tomar el escenario. “Es algo que me han dicho algunos hombres”, admite Ana, porque quizá son ellos los que están más sensibles a este shock. “Ellas no notan el cambio. Notan que se sienten aliviadas, que van en el coche cantando y gritando las canciones y que les sirven para encontrar la paz”. Sabe, porque se lo han dicho, que sus canciones también gustan a los hombres. “Pero cuando yo escribo no pienso en los chicos, pienso más en la mujer”, admite. “Pienso en mí, lo primero, porque no estoy escribiendo para que guste. Pero como creo que soy una mujer igual que cualquier otra, creo que se identifican conmigo. Yo pienso que soy feminista, que escribo pensando en las mujeres, para aliviarlas y ayudarlas”.

“Me sentí bien querida al meterme en la música”, recuerda Ana, en mitad de una revisión sobre el sexismo en la cultura. “A mí alrededor, en la escena de música ‘underground’, no hay actitudes machistas, ni me he sentido nunca rechazada. En cambio, la pintura sí que es supermachista, porque las mujeres lo que hacen son manualidades y los artistas son los hombres, esto está clarísimo. Por un mural cobra muchísimo más un hombre que una mujer. En el día a día siempre hay actitudes machistas, micromachismos; por ello, habrá que educar a nuestros hijos para que eso no ocurra”.

 
LA BIEN QUERIDA, El corazón es un cazador solitario

“Es que en España no hay una cultura musical”, se lamenta.

Foto: Albert Mollón

 

Alevosía
“Aviones de combate, el rugido de un cañón”

La idea de Ana es que pocos artistas pueden sacar todo lo que llevan dentro, por motivos que van desde lo económico hasta lo social o lo familiar. Por supuesto, ella tampoco. Por eso, su vida consiste en arrancarse cosas desde las entrañas, por usar el tono épico que caracteriza la tercera parte del disco. Ana siempre está dándole vueltas en la cabeza a todo, pensando cosas diferentes, pero viviendo absolutamente en el presente. En el pasado se hundía al pensar de dónde venía y adónde iba. No conseguía manejar la angustia. Hoy lo ha conseguido gracias a la estabilidad emocional con su compañero musical David Rodríguez. Y ordenando la cabeza: qué tiene que hacer cada día, y hacerlo.

“Hay que tener una ilusión, aunque sea inalcanzable, porque por ese camino te vas a encontrar con cosas. Yo, cuando quiero pintar, me fijo primero en la realidad y luego en los grandes, en Velázquez o en gente así. No me fijo en los impresionistas... Me fijo en lo más bestia para intentar llegar, aunque sea un poquito, a lo mejor posible”
(Ana Fernández-Villaverde)

“Nosotros este año tenemos cinco o seis festivales pequeñitos, pero está mal la cosa, te ofrecen poco”, admite. “Hace poco nos ofrecían ir a un festival que montaba la Fnac de Málaga y solo nos pagaban el viaje y la estancia. ¡La Fnac! Te dicen ‘mira el año pasado qué bien nos fue’, y ves a grupos como Izal y te imaginas que tocaron con las mismas condiciones y no sé... Si tienes que pasar por ahí para que luego se hagan otras cosas... Si me lo dice Pepe López para ir a su casa, pues igual voy, toco gratis y es la mejor noche de mi vida, pero a la Fnac no”. La cantante pone sobre la mesa, espontáneamente, un tema que empieza a estar en boca de muchos: “Los músicos tenemos que hacer un sindicato. Hay muy buen rollo entre nosotros, pero tendríamos que organizarnos un poco para que no pasen cosas como ir a tocar gratis a un festival de una empresa como la Fnac, o que te pongan una marca por ahí o el logo de la cerveza por allá”.

David y su hija ven dibujos animados en la tele de una pequeña habitación. “¡Acabad ya!”, nos amenaza ella desde allí. Tiene su temperamento. A veces le grita a David “¡papá, baja la música!”. No lo sabe, pero es una afortunada. En un sistema educativo donde las escuelas municipales de música tienen matrículas prohibitivas y los niños y niñas de 3 años dan dos clases de religión y una de música, y esta desaparece por completo en Primaria, sus padres le ponen discos y van a tocar la guitarra a su guardería. “Es que en España no hay una cultura musical. En el colegio, ¿qué dan? ¡La flauta! ¿Qué hacen con la flauta? ¡La flauta dulce!”, ríe y llora a un tiempo. “La música, que es el arte más popular, acabará por ser una cosa elitista, de gafapasta”.

Esta bilbaína aprendió música “con la guitarra... por internet...”. Y se parte de risa. Pues sí, chicas, basta con tener internet y una guitarra de segunda mano. “Encontré un librito que ponía los acordes de las canciones que me gustaban. Y así empecé: sol, do, fa... Porque las canciones del pop, los grandes ‘hits’, solo tienen tres acordes”. Después de esta explicación tan punk, La Bien Querida matiza: “Me sabe mal llamarme a mí misma música. Yo soy cantautora, compongo mis canciones y las toco con la guitarra. Pero no soy música. Para mí, músico es David, que hace los arreglos y toca. La palabra música se me queda grande”. Este razonamiento no la hace poco ambiciosa. “Hay que tener una ilusión, aunque sea inalcanzable, porque por ese camino te vas a encontrar con cosas. Yo, cuando quiero pintar, me fijo primero en la realidad y luego en los grandes, en Velázquez o en gente así. No me fijo en los impresionistas... Me fijo en lo más bestia para intentar llegar, aunque sea un poquito, a lo mejor posible”.

 

DE LO ANDALUZ A LO ELECTRÓNICO

LA BIEN QUERIDA, El corazón es un cazador solitario

“Romancero”
(Elefant, 2009)

El álbum más próximo a la muy rulada primera maqueta de La Bien Querida contó con J de Los Planetas y Antonio Luque de Sr. Chinarro como padrinos. Musicalmente, de hecho, el disco se alimentaba mucho de los brebajes de estos artistas andaluces. Muy influido por géneros autóctonos, tanto melódica como líricamente, Ana Fernández-Villaverde sentaba en este primer trabajo las bases de su autoficción musical en la experiencia amorosa, para bien o para mal.

LA BIEN QUERIDA, El corazón es un cazador solitario

“Fiesta”
(Elefant, 2011)

La clásica presión del segundo disco pasó factura a la producción de “Fiesta”, donde David sufrió la locura transitoria de darle a cada canción un estilo diferente, heredando ciertas tonadillas el timbre de “Romancero” (“Noviembre” y “La muralla china”, ambas con sus palmas) y buscando en otras una originalidad en los arreglos que solo encuentran cuando apuestan por lo radical, como el paso de Semana Santa (“Monte de piedad”), el baladón “Monumentos en la luna” o la ranchera “Lunes de Pascua”.

 
LA BIEN QUERIDA, El corazón es un cazador solitario

“Ceremonia”
(Elefant, 2012)

Los defensores de “Romancero” mandaron de vuelta el carné de fans mientras que las adictas al synthpop brincamos de emoción con esta gran obra de bases electrónicas y acento tan puramente español, propio del registro bienqueridense. David Beef insufla a canciones perfectas esas secuencias kraut tan propias de su discografía –usa los mismos teclados que ya tocaba con Telefilme–, así como sus clásicas guitarras a lo New Order. Ana canta con un sexy desapego y el grupo se refunda con brillantez.

LA BIEN QUERIDA, El corazón es un cazador solitario

“Premeditación, nocturnidad y alevosía”
(Elefant, 2015)

Parecía difícil ir más allá de “Ceremonia”, pero, encontrada la veta adecuada, esta obra total de música más pintura más cine –incluyendo la trilogía de vídeos rodada por Juanma Carrillo– es una genial investigación en el lado más oscuro del grupo, influido por las brujerías de Salem y el minimal synth más apocalíptico. Siempre dentro del marco poético de Ana, que, en este caso, se expande hacia los sentimientos peligrosos.

 
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