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LA BUENA VIDA, En mi jardín

Pedro San Martín, en primer plano. Foto: Alicia Aguilera

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 189)

LA BUENA VIDA En mi jardín

En homenaje al desaparecido Pedro San Martín (1971-2011), recuperamos este artículo de Laura Sales sobre La Buena Vida que fue motivo de portada del Rockdelux 189 (octubre 2001). El grupo donostiarra acababa de publicar “Hallelujah!”, su quinto álbum, después de entregar obras de la envergadura de “Soidemersol” (1997). Fue el momento de su despegue gracias a canciones hoy emblemáticas como “Qué nos va a pasar”. La Buena Vida celebraban cada nuevo paso adelante como una cuadratura del círculo de la melancolía. A su manera, de otra manera, parecían estar diciendo lo estupendo que es estar contento, ser positivo. Como era Pedro, siempre optimista.

La primera pregunta que surge al descubrir el laberinto amoroso imaginado por Javier Aramburu para la portada del quinto disco de La Buena Vida, “Hallelujah!” (Siesta, 2001), es: ¿será imposible llegar a la salida? O, al menos, ¿va a resultar demasiado costoso? Afortunadamente, no se tarda mucho en alcanzar el grito triunfal que nos espera al otro lado. Aleluya. Tomando un agua mineral sin gas en un entrañable bar barcelonés con sofás de escay llamado Don Pancho –y desde ahora conocido como Ohcnapnod, en homenaje al restaurante popular madrileño que daba nombre a “Soidemersol” (Siesta-Mercury-PolyGram, 97)–, me preparo para que Irantzu Valencia (voz), Pedro San Martín (bajo) y Javier Sánchez (guitarra) me descubran los entresijos de ese laberinto y me expliquen el entusiasmo que les despierta. Lo que no me espero que Javier me diga es: “Creemos que hay cosas en este disco que tienen un aire un poco espiritual. Un día, viendo letras de algunas canciones, ‘Ventura’ y alguna así, y al ver que habíamos encontrado algo que no es la piedra filosofal, aunque a nosotros nos sirve, dijimos: ‘Espiritual, aleluya…’. No vas a titular un disco ‘¡Qué bien!’. Puedes hacerlo, pero nosotros no”. No, ahora ya no.

Igual nosotros pasamos una primera etapa de ‘quiero hacer, quiero hacer…’ hasta que llegamos a ‘Soidemersol’. Y después igual estábamos buscando otra cosa, algo paralelo o diferente. Y en este disco creemos que hemos dado en el clavo. Nos manejamos bien con sonidos de orquesta y con sonidos clásicos acústicos, en cuanto a pianos, guitarras y una batería, y este tipo de canciones, que dan mucha importancia a la melodía y los arreglos”
(Pedro San Martín)

Me llega la voz lejana (de 1993, concretamente) de Mikel entonando: “Es estupendo estar contento”; La Buena Vida han cambiado mucho desde entonces y “Hallelujah!”demuestra su satisfacción con otro sonido y otro punto de vista en los textos. Para Irantzu, “es un disco que puede tener una lectura muy mística. Es totalmente interpretable, pero yo, en el primer momento, cuando escuché ‘Ventura’, dije: ‘Se abre otro camino’”. Según explica Pedro, esa canción trata de “un fusilamiento. La persona que van a fusilar pide perdón al Señor, se arrepiente. Sin embargo, estoy convencido de que la idea principal no es una ejecución, sino alguien que se confiesa ante sí mismo y ante Dios. De lo que trata la canción es de ese otro plano, que no es el habitual, el cotidiano”. Javier precisa: “Yo creo que el disco va más bien por ver el sitio que ocupa cada uno, estar a gusto contigo, encontrar no sé qué. Estoy pensando en ‘Qué nos va a pasar’, que habla de ‘ya sé cómo está todo y tengo que ir hacia adelante’. En algunas canciones se parte de un caso concreto y en otras no”. ¿Y el sabor de la gloria de Vini, vidi, vinci” (sic)? “Es la canción espiritual por excelencia del disco”, dice Pedro. Para Javier, “la conclusión a la que nosotros llegamos después de todas las canciones. El triunfo del amor. Yo creo que más contento no se puede estar”.

Musicalmente, La Buena Vida también tienen de qué alegrarse. “De pie sobre un planeta que late confundido”, como dicen en “Vini, vidi, vinci”, no les cuesta hablar de “liberación”, de “encontrar nuestro sitio”, de “encontrar estudios en los que estabas muy a gusto”, de dar con un arreglista de confianza, Joserra Senperena, responsable de los pianos en “Soidemersol”. (Javier): “El título refleja el típico momento de la grabación, cuando todo está saliendo como tú quieres”. (Pedro): “Hay épocas de grupos o artistas en que están buscando o pensando: ‘Quiero hacer esto’. Igual nosotros pasamos una primera etapa de ‘quiero hacer, quiero hacer…’ hasta que llegamos a ‘Soidemersol’. Y después igual estábamos buscando otra cosa, algo paralelo o diferente. Y en este disco creemos que hemos dado en el clavo. Nos manejamos bien con sonidos de orquesta y con sonidos clásicos acústicos, en cuanto a pianos, guitarras y una batería, y este tipo de canciones, que dan mucha importancia a la melodía y los arreglos”.

Pero esto parece que ya hacía tiempo que lo dominabais. (Javier): Desde fuera puede ser una cosa muy evidente, pero dentro quizá no lo sea tanto. Y en cuanto a textos, hablar de cosas cotidianas... dirás que en el primer LP ya lo hacíamos, aunque para nosotros no estaba tan claro. En “Panorama” probamos muchas cosas que venían precedidas de todas las canciones que han aparecido en “Eureka”. Me refiero a cosas electrónicas.

 
LA BUENA VIDA, En mi jardín

Rockdelux 189 (Octubre 2001)

Foto: Alicia Aguilera

Diseño: Rafamateo

 

Y es cierto que la electrónica siempre ha sido un terreno pantanoso para La Buena Vida. Recluida en los EPs “Magnesia” (Siesta, 1995) y “Eureka” (Siesta, 2000), tan solo salpicó ligeramente “Panorama” (Siesta, 1999) y, según confiesan, la grabación les dejó con ganas de tirar las máquinas por la ventana. (Javier): “Estuvo muy bien, nos aburrió un pelo y ya está. Hacer más de cuatro canciones electrónicas es un poco aburrido”. (Irantzu): “Porque no somos muy electrónicos. A veces nos apetece, teniendo tiempo y sin ningún tipo de presión. Sin embargo, el LP era un concepto y ahí, la verdad, no entraba la electrónica” .

Tal vez “Hallelujah!” sea un concepto, pero lejano a la complicación y a la artificialidad de “Panorama”. En el nuevo disco se han esforzado, según ellos, por “buscar la frescura y no variar el concepto original de la canción”. (Javier): “Sabíamos que no queríamos hacer otro ‘Panorama’. Creemos que nuestro campo de acción, el tipo de canciones más conveniente, el que más fácil nos sale, es más directo. Si hemos hecho una canción con la guitarra, pues le ponemos bajo, guitarra, batería y los arreglos. En vez de estar mil años en el estudio, es todo mucho más sencillo. Si no, puede darse el caso de que se desvirtúe la cosa”. Hay puntos de “Hallelujah!” en que se aprecia esa inmediatez, tal vez próxima a los primeros discos del grupo, aunque ellos vean aquella época con una enorme distancia. (Pedro): “Me gustan todos los discos, pero hay algunos que es verdad que están más viejos: el primero y el segundo”. ¿Podría este proceso de composición más directo llevarles a prescindir de la orquesta o esta forma parte ya del concepto de La Buena Vida? (Javier): “Desde el primer single que grabamos, a nosotros nos habría gustado utilizar las orquestas de Dusty Springfield, Love y la Motown. Lo que pasa es que todo el mundo sabe que no puedes grabar porque no hay dinero”.

“¿A ti qué te gustaría como grupo?: grabar un disco por treinta millones, disponer de un millón de cosas, que la compañía te apoyara hasta arriba. ¿Y qué le gustaría a la compañía?: un disco maravilloso por cinco pesetas. Hay una escala de cero a diez y ellos nos han apoyado mogollón en este disco. Es un disco caro”
(Pedro San Martín)

Precisamente fue el fichaje por PolyGram lo que les permitió financiar “Soidemersol”, aunque, como es habitual, la promoción no fue suficiente: “No nos enteramos del paso por la multinacional”, dice Pedro. Hoy están a gusto donde están, aunque a la hora de actuar en directo haya que ajustarse el cinturón y solo puedan permitirse llevar, como comenta Javier, “una orquesta de treinta músicos…”. “… Metida en dos pistas”, apostilla Pedro. “Siesta –continúa Javier– se ha dado cuenta de que se pueden hacer discos así y que la cosa vaya bien. ‘Hallelujah!’ con Siesta, perfecto, mucho mejor que con cualquier otra”. (Pedro): “¿A ti qué te gustaría como grupo?: grabar un disco por treinta millones, disponer de un millón de cosas, que la compañía te apoyara hasta arriba. ¿Y qué le gustaría a la compañía?: un disco maravilloso por cinco pesetas. Hay una escala de cero a diez y ellos nos han apoyado mogollón en este disco. Es un disco caro”.

Pero, aun con el presupuesto en la mano y la orquesta asegurada, lo principal era encontrar el arreglo perfecto. Entre lo que prometía el EP “Magnesia” y no llegó a dar estaban aquellos vientos del “Move On Up” de Curtis Mayfield que se insinuaban en “A pesar de todo” y que podrían haberlos convertido en otros Lambchop (bueno, tal vez). Pero La Buena Vida finalmente se decantaron por arreglos de pop clásico con matices distintos en cada disco: acompañamiento de la voz en “Soidemersol”, mayor protagonismo instrumental en “Panorama”. (Javier): “Nos gusta ese concepto muy clásico, muy de acompañamiento: Neil Young, Georges Moustaki, Marvin Gaye… Lo importante es lo que dicen y el tono con que lo dicen. Ayuda mucho. Ese es el tipo de orquesta que nos gusta que acompañe y que a veces llegue más allá de lo que las palabras quieren decir”. ¿Y los arreglos de “Hallelujah!”? Un punto intermedio: “No se parecen en nada a los de ‘Panorama’ y quizá se acerquen más a los de ‘Soidemersol’. Yo creo que en este disco están bastante presentes las orquestas del ‘Harvest’ de Neil Young. Y es verdad que estábamos escuchando bastante música de principios de los setenta, como Tim Buckley, algunos cantautores...”. (Pedro):“Y yo, Joni Mitchell. Tiene otros discos que no me dicen nada, pero ‘Court And Spark’ es brutal”.

Renuncio a imaginarme “Los vientos” cantada por Joni Mitchell: sería otro mundo, ajeno al efecto de pereza y relajación que induce la dulcificación de la voz de Irantzu a partir de “Soidemersol”, al parecer un cambio hacia tonos más graves por razones de comodidad vocal: “Nos dimos cuenta tarde de que realmente el tono en que yo estaba cómoda no era el tono en que había estado cantando en los dos primeros discos”. Añade Pedro: “Y, después, nosotros mismos, al hacer las canciones, ya hemos bajado el tono”. Concluye Javier: “Claro, la máquina se va engrasando con el uso”.

 

LA VIDA POR DELANTE

LA BUENA VIDA, En mi jardín

“La Buena Vida”
(Siesta, 1993)

 Los seis muchachos de San Sebastián ya habían generado una considerable expectación con su EP de debut –“Historia de un verano” (Siesta, 92)– cuando dejaron caer su primer LP en el seno de una escena estatal atareada con grupos ruidosos que se escudaban en el inglés para ocultar su timidez. Como sus conciudadanos Aventuras de Kirlian, La Buena Vida cantaban en castellano y mostraban una actitud insólita en el momento: desenfado, ingenuidad y ligereza frente al desafío y la confrontación del noise; la mayoría de críticas les llovieron por ese mismo atrevimiento y no se tardó en incluirlos en la etiqueta Donosti Sound, junto a Le Mans, Family, Daily Planet o El Joven Bryan. Sin embargo, eran un grupo de pop, pop de voces suaves, punteos de guitarra y baterías saltarinas, aunque poco incisivas, cierto encanto naïf (que se exageró), con los clásicos de los sesenta y el pop inglés de mediados de los ochenta como puntos de referencia. De “Antesdeayer” a la primera versión de “En bicicleta”, en su primer disco La Buena Vida ya eran un grupo con buenas canciones llenas de matices, cosa que nunca llegaron a ver quienes les criticaban por la vertiente más ingenua y festiva del grupo, plasmada en la emblemática “Bar-comedor” (“prometo ser bueno, prometo ser mejor para quedarme a escuchar a los Love”).

LA BUENA VIDA, En mi jardín

“La Buena Vida”
(Siesta, 1994)

Su segundo LP se llama también “La Buena Vida”, pero acabó adoptando el título de la canción que lo abre (“Los mejores momentos”) para evitar las confusiones, en un momento de creciente popularidad del grupo. En el interior no hay duda del cambio: el grupo suena más compacto y consigue una fantástica colección de canciones que sirve de culminación de la primera etapa del grupo. Con una mayor instrumentación y la tímida incorporación de una pequeña sección de cuerda, su segundo LP sin duda proporcionó los mejores momentos del pop de aquellos años, con un aire más sesenta, más clásico y menos juvenil que su primer largo, y melodías que hoy siguen sonando frescas e inolvidables: “Los mejores momentos”, la atmósfera de intimidad que se crea en “En hora buena” (“solo quiero cogerle la mano y hablar, hablar sin pensar”) y “Por vez primera” o el precioso diálogo de las voces de Irantzu y Mikel en “Cada día y cada día más”. Al mismo tiempo, La Buena Vida adquirían prestigio internacional e iban situando al sello Siesta como punto de referencia. Y mi madre (poco versada en los ciclos de reciclaje cultural) entró una tarde en mi habitación y me dijo frunciendo el ceño: “Pero esta música que escuchas es muy antigua, ¿no?”. Pues sí y no; es pop, mamá.

 
LA BUENA VIDA, En mi jardín

“Soidemersol”
(Siesta-Mercury-PolyGram, 1997)

La Buena Vida a lo grande. Tras el pop electrónico y bailable del EP “Magnesia” (Siesta, 95), más de uno tuvo que restregarse los ojos ante una producción espectacular que dejaba atrás las miniaturas de un grupo de pop en busca de grandes canciones con clarísima vocación de clásicos. Con el fichaje por la multinacional PolyGram y el consiguiente refuerzo presupuestario, logran grabar con una orquesta y contar con la ayuda en los arreglos del francés Louis Philippe. Como recuerda Javier, “la idea era hacer canciones como para una chica con una orquesta detrás”, lo que originó una preciosa combinación entre el protagonismo de la melodía y un clima de placidez general, más medios tiempos, una nueva suavidad vocal y diversidad de influencias (bossa nova, Burt Bacharach, The Beatles, guiños a melodías clásicas de Vivaldi a Satie) plasmadas en infinidad de matices: el acompañamiento de piano del casi estándar “En voz baja”, el aire de cabaret con letra portuaria de “¡Adiós muchachos!”, el enigmático final de “Respirando en el mundo”, el potencial comercial de “Pacífico”, las cuerdas de “Matinée”. Con mejores letras de creciente amargura, llegan a nuevas cimas de su repertorio, como las magníficas “Buenas cosas mal dispuestas” y “Desde hoy en adelante”, aunque en realidad es difícil encontrar un momento anodino. Si Siesta no hubiera tenido nada que ver con este disco, sería otro “clásico oculto” de su catálogo de reediciones.

LA BUENA VIDA, En mi jardín

“Panorama”
(Siesta, 1999)

En un clima de mayor pesadumbre que en cualquiera de sus otros discos, “Panorama” se abre con un rechazo rotundo, “odio el mundo entero de principio a fin”, y casi no recupera la esperanza más que en una única nota: “Surquemos el cielo entero”. Tal vez la incorporación de bases electrónicas en canciones como “Guillermine” y “Despedida” desvía la atención hacia el ritmo, descuidando la melodía y la riqueza de Soidemersol”. Con la colaboración de Iñaki de Lucas en los arreglos, retoman la orquesta, pero en un ángulo distinto: los solos instrumentales ocupan el desarrollo de la canción (“Arroz amargo”, “Tormenta en la mañana de la vida”) hasta el punto de que aparecen nada menos que tres instrumentales, uno más en la edición en vinilo (con dos canciones más que el CD). Aumenta el número de canciones cantadas a dúo por Irantzu y Mikel, y se aprecia cierta falta de fuerza en algunas letras, en la interpretación y en la inspiración de las melodías, con medios tiempos que parecen alargarse más de lo suficiente. Con todo, el disco esconde momentos tan intensos como “El largo adiós” y claroscuros marcados por la melancolía, la acritud y el abandono. Como dicen en el tema oculto “Todo se tambalea”: “Todas las imprecisiones fruto de mi indecisión son tan mías que les tengo simpatía”.

 
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