Vale que es muy crítico con todo, pero sobre todo David es crítico consigo mismo. Durante la entrevista, viola todos los puntos de la promoción estándar. No es un problema de que vaya de difícil ni de atormentado (de hecho, no va de nada), sino de que, según asegura, es muy perfeccionista, “aunque luego no lo parezca”. “De verdad que no sé por qué saco el disco si yo creo que conozco a todos a los que le gusta lo mío. Podría acabar las canciones y enviárselas a los treinta fans que creo que tengo. No sé, a lo mejor resulta que al final saco el disco por ego, para ver si me hago con algún incauto más”.
Suele componer a menudo y le da mil vueltas a las canciones, incapaz de decidirse a terminarlas. Además de la emotividad, valora fundamentalmente la originalidad (“como oyente, me gusta que me sorprendan, y eso es lo que busco yo también”) y no repetirse, “aunque sé que es imposible, pero yo lo intento”, concluye.
El repertorio de “Maracaibo” tiene su base en unas canciones de hace varios años a las que añadió en el último momento algunas nuevas. Lo grabó en su casa de Sant Feliu de Llobregat y en el local-estudio de Beef. Tocó guitarras, baterías, teclados y bajos, y después le ayudaron algunos amigos en los elementos más complejos y en los coros porque asegura ser mal músico (“toco muchos instrumentos, pero no soy maestro de nada”) además de mal productor: “Es que yo no soy productor. Lo que hago con Ana es que ella viene con las canciones y la guitarra, ‘cleng cleng cleng’, y entonces yo le busco la cadencia, el instrumento y hago los arreglos; le puedo dar un sello distintivo, buscar los contrastes, pero del trabajo técnico no tengo ni puta idea. Yo detrás de la mesa estoy perdido”.
Ante ese panorama, a nadie le debe sorprender que sus discos suenen tan así mientras los de La Bien Querida suenan tan asá. Reconoce que “Maracaibo” podría estar arreglado como “Fiesta” (2011), pero que es más “cómodo” a su modo. “Para hacerlo en plan comercial, necesitaría medios y un buen presupuesto, tendría que contactar con gente de las discográficas para que lo pagaran, y eso me parece un coñazo. Además, habría que grabar las canciones varias veces, volverlas a pensar, y pensar una cosa que ya he hecho me da mucha pereza”.
DAVID FUMA PORROS
“Siempre fumo porros cuando me pongo a hacer música. Así es más fácil ser entusiasta, te conformas más fácilmente. Piensas: ‘Qué bueno soy, qué bien lo estoy haciendo’, y tiras adelante con la canción. Si no fumara porros, seguramente no haría música, estaría todo el rato con dudas. Por eso quizás mis discos son tan raros”.