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LA ESTRELLA DE DAVID, El Nota

David y su estrella de la suerte. Foto: Lorena Dorta

 
 

ENTREVISTA (2011)

LA ESTRELLA DE DAVID El Nota

Por Pablo Gil

La Estrella de David es el proyecto más personal de David Rodríguez, quien formó parte de la primera generación de la escena indie con Bach Is Dead y Beef. También es el productor de La Bien Querida. Con La Estrella de David, el siempre impertinente pero entrañable Rodríguez se viste de cantautor sentimental. Pablo Gil, tragándose su orgullo, se prestó voluntario a hacerle de psicólogo aprovechando la edición de “Maracaibo” (2011), su segundo álbum.


PREÁMBULO

Presionar botón rojo de la grabadora. Primeras palabras: “No me gustan las entrevistas, es como dar explicaciones, no sé hacerlo, no sé si le interesa a alguien; como veo que es algo de una minoría, no entiendo el sentido. Si tienes muchos fans, tienes que decir tonterías, pero si no los tienes, ¿para qué coño? ¿A quién le importa? Todo esto me da un poco de vergüenza...”.


SE ABRE LA PUERTA Y...

“Con esto de cantar canciones de amor y en castellano lo que intento es llegar a las chicas, que son al final a las que realmente, como hombre, quiero gustar, más que a los críticos. Cuando empiezas, eres tonto y quieres gustar a los críticos, que es un sinsentido. Los críticos suelen ser personas muy aburridas, nunca estoy a gusto con ellos ni me gusta la labor que hacen”
(David Rodríguez)

Aparece un cráneo enteramente cubierto de pelo. Un auténtico montonazo de pelo. Pelambre, barba... y unas gafas. Y allá detrás, una mirada de golfo y de guasón. Se llama David Rodríguez, tiene 42 años y se pasea por la casa con calcetines, sin ninguna prisa, como un gato viejo, aunque la casa es claramente femenina, con las paredes pintadas con animales exóticos y cromatismos aventurados. Junto al gran sofá en el que La Bien Querida, su novia, se hizo las fotos promo de “Romancero” (2009), nos sentamos a hablar de su segundo disco editado bajo el jacarandoso alias artístico de La Estrella de David, “Maracaibo” (Canada, 2011). Con el mismo estilo desbaratado y naturalista de “La Estrella de David” (El Ejército Rojo, 2007), se muestra como un cantautor bizarro (en su traducción francesa y en su sentido RAE) en cancioncillas que susurran la tragicomedia de la vida y el romance.


ALGUNAS COSAS QUE DEBÉIS SABER ANTES DE NADA

“Con esto de cantar canciones de amor y en castellano lo que intento es llegar a las chicas, que son al final a las que realmente, como hombre, quiero gustar, más que a los críticos. Cuando empiezas, eres tonto y quieres gustar a los críticos, que es un sinsentido. Los críticos suelen ser personas muy aburridas, nunca estoy a gusto con ellos ni me gusta la labor que hacen. Han entrado en el rollo de la globalización y solo hablan de cuatro cosas, están acomodados; en las revistas siempre salen los mismos grupos y nunca son los que a mí me gustan. Por eso les tengo manía” (ríe).

“Yo lo hago lo mejor que puedo, no tengo conciencia de que sea algo raro, sino que me parece una cosa normal. Voy cantando, diciendo cositas con mis recursitos. Yo lo veo accesible, pero al parecer no lo es. Lo que pasa es que no me gusta encontrar una fórmula o un cliché y aplicarlo siempre, sino hacer cosas que no haya hecho antes, aunque en el fondo siempre haces la misma canción, porque el pop-rock es una cosa superidiota. Do-Fa-Sol o Mi-La-Re y luego ya depende de cómo lo vistas”.

“Mi principal intención con este disco es hacer una música más emocional y menos cerebral. Hay menos chistes. No hay nada visceral ni ninguna salida de tono, ni busco el puñetazo. Cuento momentos de la vida que me han marcado, que me han emocionado, y de ese modo espero emocionar a los demás”.

 
LA ESTRELLA DE DAVID, El Nota

 “Siempre fumo porros cuando me pongo a hacer música. Así es más fácil ser entusiasta, te conformas más fácilmente”, confiesa David. Foto: Lorena Dorta

 

DAVID ES UN ROMÁNTICO

“En general, ahora canto sobre el amor. Me da un poco de rabia, porque ya hay tantas canciones de amor que no creo que hagan falta más. La verdad es que me toca los cojones haber caído en este género en el que todo el mundo cae. No me gustaría hacer más, aunque no es algo que pueda controlar porque me salen y me salen. Bueno, es un género que está bien, pero me parece conformista haber caído en él. Espero que, al menos, alguna canción esté bien”.

“En el disco hay un tema que se titula ‘Anita’. Quedaría muy bien si dijera que está dedicado a Labienque, pero no es así, la hice antes de conocerla. Es una gran casualidad. Bueno, una chaladura, un chiste, en realidad, porque yo estaba componiendo y llegué al estribillo y me salió el nombre y la imagen de Anita, la mujer de Manolo Escobar, una alemana que vino aquí, se casó con él y han sido muy felices”.

“A mí me gusta mucho lo italiano. Richard Cocciante, Lucio Battisti, sobre todo las canciones de amor de Cocciante de los años setenta. El desgarro ese latino, también un poco farsante, de ‘te está diciendo te quiero pero en realidad lo que quiere es taladrarte hasta el fondo’. El disco combina ese espíritu con una música más o menos kraut, con las guitarras un poco frikis, esos teclados envolventes, algunos ritmos... Es Cocciante mezclado con Roedelius, que es el músico que al final siempre estoy escuchando”.


DAVID ES UN PERFECCIONISTA (Y UN MAESTRO DEL AUTOSABOTAJE)

“En el disco hay un tema que se titula ‘Anita’. Quedaría muy bien si dijera que está dedicado a Labienque, pero no es así, la hice antes de conocerla. Es una gran casualidad. Bueno, una chaladura...
Yo estaba componiendo
y llegué al estribillo y me salió el nombre y la imagen de Anita, la mujer de Manolo Escobar, una alemana que vino aquí,
se casó con él y han sido muy felices”

(David Rodríguez)

Vale que es muy crítico con todo, pero sobre todo David es crítico consigo mismo. Durante la entrevista, viola todos los puntos de la promoción estándar. No es un problema de que vaya de difícil ni de atormentado (de hecho, no va de nada), sino de que, según asegura, es muy perfeccionista, “aunque luego no lo parezca”. “De verdad que no sé por qué saco el disco si yo creo que conozco a todos a los que le gusta lo mío. Podría acabar las canciones y enviárselas a los treinta fans que creo que tengo. No sé, a lo mejor resulta que al final saco el disco por ego, para ver si me hago con algún incauto más”.

Suele componer a menudo y le da mil vueltas a las canciones, incapaz de decidirse a terminarlas. Además de la emotividad, valora fundamentalmente la originalidad (“como oyente, me gusta que me sorprendan, y eso es lo que busco yo también”) y no repetirse, “aunque sé que es imposible, pero yo lo intento”, concluye.

El repertorio de “Maracaibo” tiene su base en unas canciones de hace varios años a las que añadió en el último momento algunas nuevas. Lo grabó en su casa de Sant Feliu de Llobregat y en el local-estudio de Beef. Tocó guitarras, baterías, teclados y bajos, y después le ayudaron algunos amigos en los elementos más complejos y en los coros porque asegura ser mal músico (“toco muchos instrumentos, pero no soy maestro de nada”) además de mal productor: “Es que yo no soy productor. Lo que hago con Ana es que ella viene con las canciones y la guitarra, ‘cleng cleng cleng’, y entonces yo le busco la cadencia, el instrumento y hago los arreglos; le puedo dar un sello distintivo, buscar los contrastes, pero del trabajo técnico no tengo ni puta idea. Yo detrás de la mesa estoy perdido”.

Ante ese panorama, a nadie le debe sorprender que sus discos suenen tan así mientras los de La Bien Querida suenan tan asá. Reconoce que “Maracaibo” podría estar arreglado como “Fiesta” (2011), pero que es más “cómodo” a su modo. “Para hacerlo en plan comercial, necesitaría medios y un buen presupuesto, tendría que contactar con gente de las discográficas para que lo pagaran, y eso me parece un coñazo. Además, habría que grabar las canciones varias veces, volverlas a pensar, y pensar en una cosa que ya he hecho me da mucha pereza”.


DAVID FUMA PORROS

“Siempre fumo porros cuando me pongo a hacer música. Así es más fácil ser entusiasta, te conformas más fácilmente. Piensas: ‘Qué bueno soy, qué bien lo estoy haciendo’, y tiras adelante con la canción. Si no fumara porros, seguramente no haría música, estaría todo el rato con dudas. Por eso quizá mis discos son tan raros”.

 
LA ESTRELLA DE DAVID, El Nota

“Soy un perro, no hago nada, he dejado de trabajar y no hago más que vaguear”, se sincera David. Foto: Ana Fernández-Villaverde

 

DAVID ES UN CACHONDO (Y UN POCO GRANO EN EL CULO)

¿Eres un comediante? Un poco sí que lo soy, también por vergüenza. Me gusta quitarle hierro a lo que hago para que no se vea cómo soy. En este disco canto con más desgarro, pero al final en el título siempre le pongo un chiste para rebajar el tono.

¿Cuál es el chiste en “Maracaibo”? Es por una canción de La Unión, que es la favorita de un amigo, aunque es malísima. Una vez que estaba fumado pensé que Sant Feliu era igual que Maracaibo. No sé cómo llegué a ello, porque en realidad no se parecen en nada (ríe).

¿Por qué te decidiste a grabar el disco? En cierto modo el detonante fue el cabrón de Joe (Crepúsculo). Cuando iba a sacar “Nuevo ritmo”, los chicos de Canada le comentaron que querían sacar también uno mío, y él les dijo que yo no lo iba a hacer porque estaba acabado. ¡Vamos, no me toques los cojones! (ríe). Yo estaba dudando, pero entonces pensé: “Pues ahora te jodes y saco el disco”, también por llevar la contraria, que es una constante mía (ríe). Y a ver si suena la flauta y le gusta a más gente, y para que me vea mi padre.

“En cierto modo el detonante fue el cabrón de Joe (Crepúsculo). Cuando iba a sacar ‘Nuevo ritmo’, los chicos de Canada le comentaron que querían sacar también uno mío, y él les dijo que yo no lo iba a hacer porque estaba acabado. ¡Vamos, no me toques los cojones! Yo estaba dudando, pero entonces pensé: ‘Pues ahora te jodes y saco el disco’
(David Rodríguez)

¿Tu padre te ve? No, la verdad es que no (sonríe). Pero se lo dicen, “que ha salido en TV3”. Él en realidad no quería que me dedicara a la música. Es un hombre chapado a la antigua. Así se lo echo en cara, le puedo decir que hay gente que me ríe las gracias.


EPÍLOGO: UNOS CUANTOS TITULARES

“No tengo ni puta idea de la música de hoy. A veces pincho en enlaces de cosas que los periodistas nos venden como que son la polla y me suena tan a reciclaje que pierdo el interés”.

“Mis gustos musicales no han cambiado, estoy igual que en los noventa, con el krautrock”.

“Ser músico se ha convertido en una cosa superacomodaticia, con unas leyes de mercado y mil leches que nada tienen que ver con la música. Pudimos ser la avanzadilla social y ahora vamos a remolque de la sociedad”.

“Los premios Nobel y toda esa polla no suelen dárselos a comediantes. Me da rabia ver que se valora más la tragedia que el humor. A La Charanga del Tío Honorio nadie se la tomaba en serio, pero tenía unos arreglazos de la leche”.

“Soy un perro, no hago nada, he dejado de trabajar y no hago más que vaguear”.

“Cataluña me parece una paletada. Es una sociedad retrógrada y reaccionaria; España en general me lo parece, y el mundo cada vez más, pero Cataluña me da rabia porque es de donde soy. Se ha perdido el olor a fritanga y la vida en la calle; han sustituido la alegría de vivir por la alegría de ser de un sitio”.

“En Madrid y en Barcelona siempre ha habido un mundillo musical en el que se chupaban las pollas los unos a los otros y eso hacía que la gente se creyera alguien. Yo he vivido toda mi vida en Sant Feliu, nunca estuve metido en el chupapollismo”.

“Lo que me gusta de un grupo es no verle el truco, preguntarme: ‘¿Cómo coño lo hacen?’. En el pop-rock todo es engaño, pero no saber cómo te están engañando es la magia, la magia de cualquier cosa”.

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