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LAWRENCE, Balada de la calle del perrito caliente

El profeta del novelty rock.

Foto: Hartnett

 
 

ENTREVISTA (2012)

LAWRENCE Balada de la calle del perrito caliente

Lo mejor está por llegar. Lo asegura Lawrence, aquel chico sensible que guiara con mano firme una de las aventuras más completas e iconoclastas de la historia de la independencia discográfica británica: Felt, Denim, Go-Kart Mozart. Un plan milimetrado que completó su círculo con la edición del libro de fotos “Felt” (2012). Pero, como decíamos, la historia de Lawrence no terminó en los años ochenta. En realidad, no ha hecho más que empezar... Como demostró con la edición del álbum “On The Hot Dog Streets” (2012) de Go-Kart Mozart y con el filme “Lawrence Of Belgravia” (2011): “La mejor película de rock de la historia junto a ‘DiG!’ y ‘The Devil And Daniel Johnston’”, según le confesó el propio Lawrence a José Manuel Caturla en esta entrevista realizada en su apartamento de Londres.

Es una mañana fría en Londres. Se presiente la nieve. Hemos quedado en la salida de metro de Old Street. Lawrence tiene prisa porque no funciona la calefacción de su apartamento y está esperando al técnico. Allí nos dirigimos, pero antes nos conduce al pub de la esquina para aprovisionarnos de té caliente, fumar un cigarrillo y visitar el inodoro: “Si necesitáis ir al baño, aprovechad ahora”, sugiere educadamente con su acento cantarín. Una vez en casa se justifica, como si no conociéramos de sobra su inveterada aversión a los gérmenes, enseñándonos un cuarto de baño sin acabar: “Es imposible encontrar gente en Londres que venga a arreglar la casa. Ya ni del Este. Además, te quieren cobrar siempre un ojo de la cara”. El día anterior asistimos a la presentación oficial del libro de Felt en Rough Trade East. Lo acompañaban Martin Duffy, Phil King y Gary Ainge. Este último, fiel batería y miembro más duradero de su antigua banda, mostraba restos de pintura blanca en las manos. ¿Por qué no te ayuda Gary? “Ah, sí. Te fijaste... Es decorador, pero vive al otro lado de Londres y nunca puede venir. Siempre está ocupado. Además, no se puede confiar en él”. A Lawrence no le cuesta nada decir lo que siente. No a estas alturas de la película. En el curso de la entrevista, le regalo un recorte de “Horizontes interiores”, el mítico artículo sobre Felt escrito por Ignacio Julià en 1984 para ‘Rock Espezial’. Lee horrorizado su apellido paterno: “Me lo voy a cambiar legalmente. Cuando alguien me llame Hayward le enseñaré el pasaporte para demostrarle que no soy yo”, dice convencido. “No es lo suficiente ‘rock’n’roll’. Además, el cantante de Moody Blues se apellida igual”.


Un hombre en casa

“Me siento un poco como los artistas del Renacimiento, solo que ahora mi mecenas es el Estado. Lo peor es tener que aguantar las revisiones mensuales”

En el zaguán se apilan bien ordenados unos contenedores de plástico (“alemanes, muy conocidos”) donde guarda su colección de vinilos. Consiguió salvarlos de su etapa sin hogar gracias a Peter Astor y a la ayuda de un alma caritativa próxima al albergue donde le tocó refugiarse. Lawrence parece en forma, pero su físico ha sufrido una gran transformación. Casi la misma que experimentó su música tras disolver Felt hace ya más de veinte años. Exhibe una delgadez afilada propia de algunos exyonquis. Sus ojos se han hundido, pero se muestran vivaces y algo escudriñadores. Sin embargo, es muy atento y su disposición es la de charlar largo y tendido. Nos conduce directamente a una salita repleta de paquetes de cartón. Llama la atención el esqueleto de un sólido ropero de madera donde queda a la vista toda su ropa, cuidadosamente protegida con perchas y fundas de plástico, incluida la de su etapa en Felt (“ya no me la pongo”), algún teclado y ajadas revistas de todas las épocas en las que él aparece. Un pequeño póster de “Deep End” (1970), la película de culto de Jerzy Skolimowski con música de Can, cuelga de uno de los tabiques.

Lawrence se acomoda sobre una austera banqueta de madera, y los invitados, sobre un antiguo potro de gimnasia sin patas. Es el mismo apartamento que retrata Paul Kelly en la flamante película documental “Lawrence Of Belgravia”: “La mejor película de rock de la historia junto a ‘DiG!’ y “The Devil And Daniel Johnston’”. Quizá no le falte razón si consideramos las personalidades más excéntricas del ramo. Lawrence vive bajo la protección del gobierno británico, es decir, bajo mínimos. No tiene cocina ni frigorífico. En invierno saca la leche al balcón. Oficialmente chiflado (“mental”), el entrañable líder de Felt, Denim y ahora Go-Kart Mozart no tiene en realidad un pelo de tonto: “Me siento un poco como los artistas del Renacimiento, solo que ahora mi mecenas es el Estado. Lo peor es tener que aguantar las revisiones mensuales”. La vida le ha pasado por encima (fracaso comercial, desahucio, adicción, deterioro físico), pero a los 50 años esta versión rock (y heterosexual) de Quentin Crisp sigue fiel a sus principios: una vida dedicada al arte. Llegará un día en el que la buena música pop será valorada y respetada. Y entonces Lawrence brillará con luz cegadora.

 
LAWRENCE, Balada de la calle del perrito caliente

El hombre que pudo reinar.

Foto: Hartnett

 

De profundis

En el ínterin, nuestro incombustible héroe se esfuerza por sacar a la luz lo que en principio será el tercer y último capítulo de Go-Kart Mozart, el álbum “On The Hot Dog Streets” (2012). Un poco más tarde llegará un 10” de título “Mozart Mini-Mart” y, antes, el single “New World In The Morning”. Discos en los que ha estado trabajando los últimos siete años de su vida a base de favores y dilaciones. Lawrence quiere las cosas bien hechas. Su obsesión por el detalle le ha granjeado una bien ganada fama de maniático testarudo. En las sesiones de “Back In Denim” (Boy’s Own, 1992), el productor John Leckie lo acusó de estar más chalado que Syd Barrett, Phil Spector y John Lennon juntos. Como un Antonio López del pop de bajo presupuesto y mil capas de vida, Lawrence nos revela minucioso el diseño de la carpeta de su nuevo disco. Temas como “Retro-Glancing”, “Come On You Lot” o “Blowin’ In A Secular Breeze” suenan en su maltrecho reproductor portátil. El disco existe, y no solo en su mente.

Canciones pertenecientes a lo que él llama novelty rock: “En Inglaterra, las listas de éxitos están repletas de canciones estúpidas, sin sustancia pero muy pegadizas. Me gusta coger los aspectos novedosos de esas canciones y ponerles buenas letras. Es un poco difícil de explicar”. Letras irónicas, incluso amargas. Letras que hablan de su vida personal y de la vida en la metrópolis más de lo que trasciende a primera vista a juzgar por sus melodías saltarinas. Hay quien dice que se ha vuelto superficial. Con gesto serio: “El pop me ha decepcionado totalmente. El novelty rock es como una protesta. No es nada superficial. No creerías lo serios que son en realidad Denim y Go-Kart Mozart. Son una reacción a lo que la gente llama ‘música seria’. Mira por ejemplo a Joy Division y mira ahora a New Order y su declive, cada vez a peor. Yo quiero que la gente diga: ‘Mira a ese tipo, Lawrence; su carrera nunca me ha decepcionado. Aunque haya cambiado de estilo, sigue siendo único, la pasión está ahí todavía. Todavía cree al cien por cien’”.

“Casi todos mis contemporáneos han renunciado a la música. Se casan, buscan trabajos estables, tienen hijos. Ya no son artistas de verdad. Hacen un disco como el que se va de vacaciones. Es duro. No hay muchos de mi generación que todavía busquen la perfección y quieran ganarse la vida con ello. Un verdadero artista nunca haría eso”

Pienso en otro de sus héroes. ¿Qué me dices de Lou Reed? ¿Él también te ha decepcionado? “Fue una pena que reformara The Velvet Underground. Pero me gusta porque al menos todavía intenta hacer algo bueno, aunque ahora lo critiquen por lo de Metallica. Muchos de la vieja guardia están haciendo cosas interesantes, como Randy Newman o Paul Simon. Todavía luchan por ser artistas. No se han rendido. Los pintores siguen trabajando incluso con 90 años y nadie dice nada. David Hockney acaba de producir alguna de sus mejores obras. Le dan premios, lo felicitan. Con los músicos no pasa igual”. ¿Cuál crees que es el motivo? “El rock’n’roll es un fenómeno nuevo. Empezó en los años cincuenta, mientras que la pintura tiene siglos de historia. La gente asocia el rock a la juventud y la adolescencia. Pero cambiará a medida que haya más gente mayor en esto. Casi todos mis contemporáneos han renunciado a la música. Se casan, buscan trabajos estables, tienen hijos. Ya no son artistas de verdad. Hacen un disco como el que se va de vacaciones. Es duro. No hay muchos de mi generación que todavía busquen la perfección y quieran ganarse la vida con ello. Un verdadero artista nunca haría eso”.


Pensionistas en éxtasis

Lawrence es genial dando titulares. Su cabeza es un hervidero de ideas (si algo no le falta es tiempo), a menudo con la ironía como inspiración. También sabe reírse de sí mismo. Como eso de que será la primera estrella del pop “pensionista”: “Es algo que no se ha explicado bien. Lo que quería decir es que seré el primer pensionista ‘pop star’ que no ha hecho dinero. Mick Jagger también es pensionista. Todos los Rolling Stones lo son. Hay muchos. Bowie... La diferencia es que yo, si tengo que ir a un plató de televisión, voy en autobús porque no tengo dinero para el taxi. Hay una canción de Mott The Hoople, ‘All The Way From Memphis’, con la que me identifico mucho. Dice: ‘Eres como una estrella, pero todavía estás en el paro’”.

Sin embargo, la mayor parte de los grandes discos de rock surgen durante los primeros años creativos de sus autores: “Un artista verdadero lucha por crear la perfección, pero con cada disco sientes que no lo has conseguido. Sé que a medida que envejeces, mejoras. Los jóvenes creen que es al revés, que vas cuesta abajo. Pero si haces bien tu trabajo, solo puedes mejorar. Me considero un gran fan de la música, pero veo que mucha gente que me gustaba ha perdido su musa, casi la razón para seguir. Los observo, aprendo de ellos y me digo: nunca seré así”.

 
LAWRENCE, Balada de la calle del perrito caliente

La resistencia de un verdadero artista. Foto: Shane Deegan

 

El hit del verano

La tarde avanza y el potro donde descansan mis reales empieza a trotar. Lawrence, sin embargo, parece más animado que nunca. Otra de sus obsesiones de siempre es la fama. Uno de los momentos álgidos de la película de Kelly es cuando su protagonista confiesa: “Muchos famosos dicen que todavía cogen el metro para no perder el contacto con la realidad. ¡No me jodas! No veo qué hay de excitante en todas esas caras largas camino del trabajo. Yo quiero ir en limusina”. Pero lo que Lawrence quiere realmente es vivir de la música, de su vocación. Y yo me lo creo: “Si fuera comercialmente aceptable, podría conseguir más dinero y sería libre de hacer cosas diferentes. Haría discos mucho más rápido y mejores al poder permitirme buenos estudios y contratar a los músicos más capacitados”. La lógica es aplastante, pero entonces, ¿qué falla? Con Denim tuviste una oportunidad de oro en los años noventa: “El problema con Boy's Own fue que no promocionaron el disco lo suficiente. Pensaron que ‘Back In Denim’ era un disco ‘underground’. Yo les decía que no, que era música pop para la radio, pero no lo entendieron. Lo mismo pasó con Echo Records. Ya en EMI, el destino se interpuso en el camino...”. La edición de “Summer Smash”, el single de éxito que los directivos de EMI le pedían, coincidió con el accidente mortal de Lady Di en agosto de 1997. Una fatal coincidencia semántica y una discográfica mojigata. El single fue retirado antes de salir a la venta: “No sabemos si finalmente Denim hubiesen tenido éxito. Fueron como un bello coche deportivo diseñado para oxidarse en un garaje”.

“No espero salir en la radio de máxima audiencia, ¿sabes? No es esa la cuestión. Todavía quiero ser famoso, pero eso es algo para el futuro. Sé que no voy a estar en las listas de éxitos, pero obviamente quiero que todo el mundo compre el disco”

 

Go-Kart Mozart es la versión más libre y experimental de un género del que se considera único representante: “Toda mi vida había querido fichar por EMI. Pero cuando me echaron no podía dejarlo, era demasiado joven. Entonces pensé en hacer algo diferente, sin el estrés de hacer ‘hits’. Por eso digo que Go-Kart Mozart es la ‘primera banda de caras B’ de la historia. Algo temporal, como unas vacaciones. Cuando el grupo termine, me pondré de nuevo en marcha”, asegura con su característica risita aspirada y burlona. Sin embargo, a pesar de “estar de vacaciones”, se las ha apañado para publicar por ahora dos grandes discos: “En ellos todavía existe la misma cantidad de atención y detalle. Solo ha cambiado la forma de aproximarme a la música. No espero salir en la radio de máxima audiencia, ¿sabes? No es esa la cuestión. Todavía quiero ser famoso, pero eso es algo para el futuro. Sé que no voy a estar en las listas de éxitos, pero obviamente quiero que todo el mundo compre el disco”.

Seguimos hablando de Felt y de Maurice Deebank, su compañero de grupo en los primeros tiempos (“me odia porque digo cosas horribles de él en las revistas, aunque también cosas positivas: tiene un gran talento, pero lo ha desaprovechado”), del futuro de la música pop (“melódica, sin duda, pero también electrónica, negra e instrumental”), de lo estéril que es ser negativos (“sigue habiendo muy buena música nueva y quienes se quejan de que no es así es porque no buscan como lo hacían en su juventud”), de “Video Games” de Lana del Rey (“la mejor canción de la década”). Volvemos al pub de la esquina. Vamos al baño. No hemos comido, pero nos pedimos otra taza de té. Continuamos con Almodóvar y McNamara, Momus, Martyn Bates, El Generalísimo y las películas de adolescentes. Se despide sin contacto físico. Está nevando.

 

SELECTO VIAJE A LA ILUMINACIÓN

LAWRENCE, Balada de la calle del perrito caliente

Desde 1979, Lawrence ha estado al frente de tres proyectos discográficos sucesivos delicadamente concebidos. Diez álbumes con Felt, tres con Denim y otros tres (por ahora) con Go-Kart Mozart. Fuera del tiempo, adelantándose al mismo o adaptándose forzosamente a él, de forma respectiva, el músico de Birmingham ha sabido mantener una singular coherencia a lo largo de su longeva existencia artística. Hemos seleccionado cinco, pero quizás podrían haber sido otros. Indie pop, glitter rock, novelty rock. File under “Lawrence”.

LAWRENCE, Balada de la calle del perrito caliente

FELT
“The Splendour Of Fear”
(Cherry Red, 1984)

Como en toda su etapa en Cherry Red, el segundo álbum de Felt estuvo dominado por los arabescos del guitarrista Maurice Deebank. Temas largos y sin embargo austeros que buscan la luz. Las letras de Lawrence comienzan a abandonar la abstracción, pero su voz aún está madurando. Atemporal, extático y acorde con la idea de sacar LPs “reflexivos” de treinta minutos dejando los singles para las canciones más pop. “The Stagnant Pool” es poesía pura.

 
LAWRENCE, Balada de la calle del perrito caliente

FELT
“Let The Snakes Crinkle Their Heads To Death”
(Creation, 1986)

El cambio a Creation coincidió con la marcha de Deebank y la consolidación del teclista Martin Duffy como nuevo bastión musical con formación clásica. “Let The Snakes Crinkle Their Heads To Death” representa mejor que “Forever Breathes The Lonely Word” (1986) el paso hacia una nueva fase más clara y original en la que el resto de músicos tendrían su espacio. Minimalista (dura diecinueve minutos), melancólico e instrumental.

LAWRENCE, Balada de la calle del perrito caliente

FELT
“Me And A Monkey On The Moon”
(él, 1989)

El mejor trabajo de Lawrence como compositor confesional y director de músicos en Felt: una idea en constante progreso ya en su bello epílogo. Todos los temas transmiten sensación de sprint final. El álbum se beneficia de la guitarra de John Mohan (ex-Servants) y de la eterna inspiración y versatilidad de Duffy. La portada, a cargo como casi siempre del propio Lawrence (Shanghai Packaging Co.), es ya todo un clásico de la psicodelia pop. Anacronía confesional en la era de Stone Roses y Happy Mondays.

 
LAWRENCE, Balada de la calle del perrito caliente

DENIM
“Denim On Ice”
(Echo, 1996)

Después del heterodoxo “Back In Denim” (1992) llegaría la biblia del novelty rock. Inabarcable (un doble álbum con dieciocho temas), excéntrico (“Grandad’s False Teeth”), desternillante (“Synthesizers In The Rain”), pop vérité (“Job Centre”) y hasta premonitorio (“Glue & Smack”). Un exceso incomprendido y brillante. Sin duda, su obra maestra, aunque únicamente fuera porque Lawrence hizo lo que le dio la gana sin restricciones presupuestarias. Aspirante a rey del britpop, pronto sería desalojado sin contemplaciones.

LAWRENCE, Balada de la calle del perrito caliente

GO-KART MOZART
“Tearing Up The Album Chart”
(West Midlands, 2005)

Mientras esperamos el “advenimiento” del nuevo álbum de Lawrence para el que no ha escatimado medios, “mis mejores canciones”, podemos disfrutar de “Tearing Up The Album Chart”, mucho más que un montón de caras B. El muy pícaro sabe quitarse la presión, pero “City Centre”, “Transgressions”, “Fuzzy Duck” o “Glorious Chorus” te harán estremecer con la risa y la emoción de las mejores caras A del noventa y nueve por ciento de los mortales.

 

  

 
LAWRENCE, Balada de la calle del perrito caliente
 

Diez es un número solitario

Si “Lawrence Of Belgravia” es para su protagonista la mejor película rock de la historia, para el foto-libro “Felt” (2012) tampoco ha escatimado elogios. La edición es una auténtica maravilla. Limitada a mil copias de elegante tapa dura, todas ellas autografiadas por su ideólogo, con excelentes calidades en papel y color, la publicación propone a lo largo de sus 177 páginas la historia en imágenes, en gran parte inéditas, de una banda imaginada por Lawrence como una obra de arte, una narración con principio y final que cubre toda la década de los ochenta. Él lo asegura y creerlo no cuesta nada a juzgar por el resultado. La música evolucionaba con cada disco. Sus portadas, también. Lógicamente, las fotografías promocionales del grupo constituyeron una parte fundamental. Lawrence estudiaba cada plano, el entorno, la ropa, los ángulos, los peinados. No estaba permitido sonreír. Se quedaba con todos los negativos.

Como un director de cine sin cámara, Lawrence consiguió con tesón y visión dar coherencia y fundamento a su plan estético. Destacan en la edición sus listas de películas, libros, canciones y discos favoritos, una por cada año de la década, así como los pies de página escritos sin nostalgia y genuino sentido del humor por el propio Lorenzo. Los ochenta pueden mirar aquí bien alto. Otro diez.

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