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LEE RANALDO, El tercer nombre

“En realidad no le pedía nada a la música que iba surgiendo, tan solo me dejaba sorprender y llevar por el momento”. Foto: Kelly Jeffrey

 
 

PORTADA ROCKDELUX (RDL 314)

LEE RANALDO El tercer nombre

Lee Ranaldo es uno de los vértices de ese cubo de Rubik todavía sin resolver que fueron Sonic Youth y “Between The Times And The Tides” (2012), su notable disco de pop-rock aprovechando el parón (finalmente, definitivo) del grupo norteamericano. Jesús Llorente lo entrevistó. Este reportaje, que incluye la selección de cinco claves de su discografía, fue motivo de portada en el Rockdelux 314 (febrero 2013).

Desde su primer lanzamiento en solitario, “From Here To Infinity” (Blast First-SST, 1987), Lee Ranaldo, a punto de cumplir 57 años, ha seguido una trayectoria laberíntica y llena de atajos hasta llegar a “Between The Times And The Tides” (Matador-Popstock!, 2012). Unas semanas antes de su presencia en el festival Tanned Tin –donde realizará una actuación en formato acústico y otra con banda al completo, incluyendo a Steve Shelley–, hablamos con él sobre su proyecto en solitario y su largo proceso de gestación.

En plan medio jocoso, se comenta que el título de tu disco (“Between The Times And The Tides”) hace referencia a este período de descanso –lo que la prensa llama “un hiato”– que se está tomando Sonic Youth. ¿Es una referencia real? En realidad, no. Sonic Youth no se encontraba en ninguna encrucijada cuando estaba haciendo el disco; simplemente no trabajábamos en nada concreto, cada uno de nosotros estaba con sus proyectos en solitario. Había pasado tanto tiempo desde el último álbum del grupo –“The Eternal” (2009)– que empezaba a echar de menos la labor de implicarme en el formato tradicional de las canciones. No hay demasiada historia con el título. En realidad, es una frase de uno de los temas, “Xtina As I Knew Her”. Y me gusta la idea que implica, el toma y daca, estar a medias entre los tiempos modernos y la historia, entre la sociedad de la información de alta velocidad y tecnología puntera y el lento desarrollo del mundo natural, o cualquier dicotomía en la que puedas pensar. Me gusta la poesía que contiene y, en general, me siento atrapado, porque todos lo estamos, entre los límites del presente actual y el tiempo histórico, el pasado y el futuro. Terminé teniendo un montón de posibles títulos hasta acabar decidiéndome, como en tantos otros aspectos del disco, por seguir la regla, y eso es algo que agradezco a Allen Ginsberg, de que lo primero que se te venga a la cabeza será lo mejor, y me dejé llevar por la intuición.

“Sonic Youth no se encontraba en ninguna encrucijada cuando estaba haciendo el disco; simplemente no trabajábamos en nada concreto, cada uno de nosotros estaba con sus proyectos en solitario. Había pasado tanto tiempo desde el último álbum del grupo que empezaba a echar de menos la labor de implicarme en el formato tradicional de las canciones”

Lo que sí has mencionado es que debido a que Sonic Youth se encuentran en un momento, digamos, complicado desde la noticia de la separación de Kim Gordon y Thurston Moore, has podido encontrar el tiempo suficiente para dejar que estas canciones reposen y se desarrollen... El parón de Sonic Youth me permitió pensar seriamente en grabar el disco. Todo pasó de forma muy gradual y natural. En la primavera de 2010 me invitaron a hacer un concierto acústico en el sur de Francia. Mientras me preparaba para el show surgió la canción “Lost”, así, de la nada, y de mi guitarra, claro (risas). Dos semanas más tarde, abrí la actuación con ella y, tal cual, todo empezó a fluir. Durante el verano trabajé en unas maquetas, sentándome con mis guitarras acústicas y grabando lo que iba surgiendo, y trabajando con diferentes armonías. Me producía un gran asombro el puro placer que obtenía de algo tan simple. Siempre he sido un amante de la guitarra acústica: es un instrumento muy hermoso y he escrito material para Sonic Youth de ese modo. Aunque el sonido sea diferente, empleo los mismos parámetros básicos que con la eléctrica, aunque ahora estaba mucho más interesado en las tonalidades y las progresiones de acordes que en lo... sónico. En realidad no le pedía nada a la música que iba surgiendo, tan solo me dejaba sorprender y llevar por el momento.

Te prometo no hacer muchas más preguntas sobre Sonic Youth, tan solo un par más... No te preocupes, el grupo sigue vivo; cuando volvamos a ensayar y grabar juntos no será como una de esas reuniones de mierda que tanto abundan ahora.

¿Te has sentido alguna vez como el George Harrison del grupo? Al formar parte de Sonic Youth durante treinta años, todos los aspectos del proceso de composición de las canciones han sido modelados para mí a través de la experiencia de componer juntos. No quería que se acercasen al sonido típico de Sonic Youth. La mayor diferencia ha sido el proceso. Las canciones de Sonic Youth, las mejores, son verdaderamente un esfuerzo colectivo, no algo que uno de nosotros lleva al local como un producto final, sino algo que todos vamos construyendo al ensayar. Con el álbum en solitario yo iba escribiendo en soledad, sin nadie que aportase música u opinión, recopilando los temas, dirigiéndolos desde el principio. Me honra la alusión a George Harrison. Me encantan los Beatles y casi todo lo que ha hecho cada uno de ellos por separado.

 
LEE RANALDO, El tercer nombre

Rockdelux 314 (Febrero 2013)
Foto: Cara Stricker
Diseño: Nacho Antolín

 

Tú mismo has mencionado que también el trabajo de algunos cantautores, como Leonard Cohen, Joni Mitchell o incluso Cat Power, te han servido de inspiración. Me atraen mucho los grupos con múltiples cantantes como The Beatles, The Dead, CSN&Y... un panteón en el que me gustaría incluir a Sonic Youth; así que siempre he sido feliz formando parte de algo así. Pero también me han interesado los discos más, digamos, personales, de cantautor. Mientras escribía las nuevas canciones pensaba en Joni Mitchell, Leonard Cohen, Chan Marshall, Bill Callahan y, por supuesto, Neil Young y Bob Dylan, por nombrar unos pocos. El tipo de discos con los que crecí en la era de los cantautores, a los que valoraba por tener una voz personal, por ser solistas. Siempre he querido hacer un álbum de ese tipo, sabía que había algo así dentro de mí. Una mezcla de lo nuevo y de lo viejo, de lo actual y de los sesenta y setenta. Y, desde luego, las diferentes afinaciones en las guitarras le deben mucho a gente como John Fahey, Leo Kottke, Jorma Kaukonen, David Crosby, Joni, Neil Young y Stephen Stills, Keith Richards, Reverend Gary Davis, Tom Verlaine...

“Me atraen mucho los grupos con múltiples cantantes como The Beatles, The Dead, CSN&Y... un panteón en el que me gustaría incluir a Sonic Youth; así que siempre he sido feliz formando parte de algo así. Pero también me han interesado los discos más, digamos, personales, de cantautor. Mientras escribía las nuevas canciones pensaba en Joni Mitchell, Leonard Cohen, Chan Marshall, Bill Callahan y, por supuesto, Neil Young y Bob Dylan, por nombrar unos pocos”

Hace poco le hacía la misma pregunta a Lou Barlow: ¿Qué es lo que más aprecias cuando escuchas a un cantautor en 2013? ¿Carisma? ¿Toda la originalidad de la que sea capaz? ¿Te fijas sobre todo en las letras? Se trata de un estado, una situación en la que solo están el cantante y la canción, y no tanto de una escena o estilo; es un proceso insondable en el que ciertas composiciones se diría que te tienden sus brazos y provocan algún tipo de reacción dentro de ti, la clase de cosa que te hace querer escucharlas una y otra vez, le habla a tu yo interior. El pasado verano me sucedió con “Call Me Maybe”, de Carly Rae Jepsen.

Tengo la impresión de que has disfrutado mucho cantando tus propios temas. ¿Te habías imaginado como el líder de un grupo? Nunca me he sentido incómodo cantando. Me encanta hacerlo, ya sea como voz principal o haciendo armónicos. Es un placer, y mi voz no está nada mal. No me ha importado hacerlo con cuentagotas en Sonic Youth, que casi siempre ha sido un foro para los puntos de vista de Kim y Thurston, más que mío en muchos sentidos. Es mucho más sencillo cantar un set completo que centrarse solo en un par de canciones durante un concierto, como pasaba con Sonic Youth; es mucho más natural desarrollar un sentido de continuidad y que se imponga tu impronta.

Con tu pasado haciendo música experimental, colaboraciones con creadores de vanguardia o directamente como compositor de avant-jazz, pero también como autor de clásicos como “Eric’s Trip”, “Mote” o “Skip Tracer”, ¿por qué has tardado tanto tiempo en completar un disco de rock clásico en solitario? Ha sido un poco por suerte, un poco por accidente. Antes nunca parecía encontrar el momento adecuado y, finalmente, cuando tuve tantas noches y tantas tardes libres y sin compromisos mediáticos o profesionales, todo empezó a fluir. Era como encender un cigarrillo con la colilla del anterior. ¿Quizá una premonición sobre los inminentes cambios que iban a darse en Sonic Youth? No lo sé, es posible.

Como artista has sido testigo de diferentes escenas musicales en décadas distintas, desde los años ochenta hasta la actualidad. ¿En qué diferenciarías tu relación con la música como forma de arte durante los últimos cuarenta años y su reflejo en la industria? El dinero invertido en la industria musical durante la década de los noventa lo cambió todo. Fue un paso de lo personal a lo comercial en muchos sentidos, pero el “underground” siempre se mantuvo, a veces vivo, a veces sin hacer mucho ruido, como Ana Frank ocultándose de los nazis, en un lugar seguro. Hoy día la gente parece feliz con la calidad relativamente pobre de los MP3s, un fenómeno que vuelve locos a los puristas, pero es lo que hay. ¿Devalúa eso la música? Bueno, quizá haya perdido parte del misterio que tenía cuando yo era adolescente, pero una buena canción es siempre una buena canción, y el formato es irrelevante. En mi caso yo quería hacer un disco de CANCIONES, donde todo fuese importante: los créditos, la portada, el título, los estribillos. La forma y el fondo unidos en algo mayor que la suma de sus partes. En el pasado he publicado alguna vez algún diario en formato libro, y considero “Between The Times And The Tides” algo similar: el testimonio de lo que hago y siento durante un tiempo determinado. Son mis tiempos también.

 
LEE RANALDO, El tercer nombre

“No te preocupes, el grupo sigue vivo; cuando volvamos a ensayar y grabar juntos no será como una de esas reuniones de mierda que tanto abundan ahora”.

Foto: Kelly Jeffrey

 

¿Ha influido mucho tu labor como productor en el sonido de “Between The Times And The Tides”? Más que influir, ha ayudado. En muchos sentidos, siempre me pongo el “traje de productor” tanto como el “traje de músico”, sobre todo cuando llega el momento de tomar decisiones respecto a las partes que ha tocado cada instrumentista y nos preparamos para la mezcla. Mi experiencia coproduciendo todos los discos de Sonic Youth ha sido crucial en el sonido de este disco en solitario. Es como si las canciones volviesen al útero materno, porque todas surgieron en ese formato, desnudo, embrionario, sencillo, y soy tanto la madre como el cirujano (risas).

Háblame de Xtina, la protagonista de la canción “Xtina As I Knew Her”... ¿Se trata de Christina Rosenvinge? En realidad, se trata de otra Christina, alguien cuyo recuerdo no logro enterrar del todo y aparece como fantasma del pasado, el presente y el futuro.

“En un momento dado, me puse a cortar y pegar frases de poemas para incorporarlas a letras de canciones, pero finalmente decidí que las canciones eran tan personales que requerían letras personales, así que al final me decidí a empezar de cero con dichos textos y dejar las ideas usadas en poemas como algo independiente”

Otra conexión española fue Enrique Morente. ¿Teníais más planes con él que no han podido llevarse a cabo tras su fallecimiento? Ya le echamos mucho de menos, tuvimos muchas vivencias comunes y emocionantes. Lo pasamos muy bien cuando se unió a Steven y a mí en la inauguración de la exposición sobre Sonic Youth en Madrid en 2010. Muchas veces tengo la sensación de no entender del todo su arte, pero me afecta de múltiples formas y admiro el espíritu que aportó al flamenco, siempre explorando, siempre buscando nuevos sonidos. Ojalá Sonic Youth tenga la oportunidad de hacer una versión en estudio de la pieza en la que colaboramos con él en Granada.

Hace poco has dicho que, para ti, muchas letras surgen de poemas, y que luego esos poemas se alimentan de las letras, y que son una influencia mutua. ¿Podrías hablarnos un poco más sobre el proceso y las conexiones en la escritura de canciones y poesía? Después del libro “Road Movies” (1994; Acuarela, 2003) he estado experimentando con imaginería más surrealista, pescando palabras y frases de mensajes de “spam” y creando poemas espontáneos a partir de ellos. Son fragmentarios y misteriosos y exploran nuevas formas. Hay una editorial que está preparando un compendio de mis poesías completas, y se supone que se publicará, de momento únicamente en inglés, a finales de este año.

¿La poesía es algo que haces esporádicamente, o te dedicas con disciplina? Normalmente trabajo directamente en poemas o en canciones, y sé desde el origen en qué va a derivar cada cosa, pero a veces extraigo versos y los incorporo a canciones, y viceversa. Se trata de lenguaje, de jugar con las palabras, intentar hallar un significado o varios, y la influencia entre ambas formas de escritura funciona a muchos niveles. En un momento dado, me puse a cortar y pegar frases de poemas para incorporarlas a letras de canciones, pero finalmente decidí que las canciones eran tan personales que requerían letras personales, así que al final me decidí a empezar de cero con dichos textos y dejar las ideas usadas en poemas como algo independiente.

Finalmente, quería que me nombrases a tus cinco guitarristas favoritos de todos los tiempos y a cinco poetas... Tom Verlaine, Jerry Garcia, Joni Mitchell, Neil Young, John Fahey. Y, sin que estén en orden de importancia, Sylvia Plath, Raymond Carver, Ted Berrigan, Allen Ginsberg y CAConrad.

 

CINCO CLAVES DE SU DISCOGRAFÍA

LEE RANALDO, El tercer nombre

Un señor digno, elegante y discreto. El George Harrison de Sonic Youth, el guitarrista que ha colocado pocas canciones en la singladura grupal de los Youth; normalmente, un corte por disco, o dos, pero siempre en un segundo término respecto a la pareja estelar formada por Thuston Moore y Kim Gordon, quienes, habitualmente, se han llevado casi todo el protagonismo. Aun así, hay temas básicos de Sonic Youth firmados y cantados por él: por ejemplo, el fundamental “Eric’s Trip”. “Yo soy una persona fácil”, dijo una vez sin arrogancia Lee Ranaldo. Queremos rock stars así. Aquí, cinco muestras de su discografía en solitario.

LEE RANALDO, El tercer nombre

“Scriptures Of The Golden Eternity”
(Father Yod, 1993)

Editado en vinilo en 1993 (y dos años después en CD en Drunken Fish), contiene material que data de hasta cinco años atrás. Aquí nos encontramos con tres temas sin título de entre diez y veintitrés minutos, con Ranaldo a cargo de un entramado de guitarras, loops y unas pinceladas vocales aquí y allá. Todo grabado en directo durante dos actuaciones en Nueva York, hábilmente disfrazado de improvisación y luego revestido en estudio por medio de un miasma de trucos, ruidos y sonidos que te hacen pensar, de forma muy evidente, en Glenn Branca.

 
LEE RANALDO, El tercer nombre

“East Jesus. Some Recordings 1981-1991”
(Atavistic, 1995)

El elegido número 33 entre la lista de los cien mejores guitarristas de todos los tiempos realizada por la revista ‘Rolling Stone’ nos entregaba aquí una colección de piezas grabadas entre 1981 y 1991, muchas de ellas recuperadas de recopilatorios descatalogados, singles de vinilo y diverso material inédito. Destacan el emocionante recitado de “The Bridge”, la intensidad sónica de “Live Co # 1” y la lírica lánguida y crepuscular de una “Deva, Spain (Fragments)” que, de hecho, también existe en forma de poema, negro sobre blanco.

LEE RANALDO, El tercer nombre

“Amarillo Ramp (For Robert Smithson)”
(Starlight Furniture, 1998)

En la ciudad texana de Amarillo (que en origen se llamaba –referencia musical al canto– Oneida) hay una escultura de Robert Smithson llamada Amarillo Ramp, que fue la portada y la inspiración para su quinto trabajo en solitario. Una elevación circular que, en muchos sentidos, es la clave para entender esta media hora de capas de guitarra buscando a tientas un clímax, una cima que parece imposible. Al revés que muchos de sus discos –que son perfectos para un viaje imaginario o real–, aquí se trasmite una sensación de permanencia, no lejos de Philip Glass o John Fahey.

 
LEE RANALDO, El tercer nombre

“Maelstrom From Drift”
(Three Lobed, 2008)

El único volumen de poemas de Lee Ranaldo publicado en castellano lleva por título “Road Movies” y bien podría ser el acompañamiento perfecto para un trayecto por esta especie de banda sonora distorsionada y hermosa. Documentos aislacionistas, latidos industriales del campo y la ciudad, lirismo incómodo en el que confluyen pasajes y paisajes. Algunas ocasiones clavamos la rodilla en ellos. Otras, nos tumbamos y dejamos que la tierra lata a nuestro ritmo. Un grito, un aullido, una campana de vacío en el quizá mejor trabajo de Ranaldo antes de virar hacia el pop-rock.

LEE RANALDO, El tercer nombre

“Between The Times And The Tides”
(Matador, 2012)

Con el precedente de haber firmado únicamente una canción por álbum de Sonic Youth entre 2000 y 2006, pero con un patrimonio tan ilustre como “Karen Revisited”, “Wish Fulfillment”, “Skip Tracer”, “Mote” y, sobre todo, “Eric’s Trip”, Lee Ranaldo da un paso adelante y un golpe sobre la mesa. Rebajando la tensión y la distorsión, sí, pero entregando cuarenta y ocho minutos donde su voz suena vulnerable y emotiva y se adentra en territorios de un clasicismo pop-rock y hasta folk –puede llegar a recordar tanto a R.E.M. como a Buffalo Tom– que desarma.

 
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