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LEGS McNEIL, Fijación oral

A mediados de la década de los setenta, en Nueva York, Legs McNeil fue el fundador, junto al ilustrador John Holmstrom, de un fanzine denominado ‘Punk’.

 
 

ENTREVISTA (2009)

LEGS McNEIL Fijación oral

Cronista oficial del punk y del porno con sus suculentos libros basados en historiales orales que dan voz a protagonistas directos e indirectos, Legs McNeil es un testigo de excepción de un mundo cutre, también brillante, indefectiblemente plagado de bajas y desencantos. Eduardo Guillot conversó con él para explicar la génesis de “El otro Hollywood. Una historia oral y sin censurar de la industria del cine porno”.

Toda historia oficial tiene su reverso. O, al menos, su paralela versión secreta. Al mismo tiempo que en el cine norteamericano se operaba la revolución estética e ideológica que Peter Biskind se ha encargado de relatar en “Moteros tranquilos, toros salvajes” (Anagrama, 2004), surgía una nueva industria cinematográfica, la del porno. “Me di cuenta de que la historia del género era realmente interesante y de que nadie se había introducido seriamente en el tema”, comenta vía telefónica el norteamericano Legs McNeil (Connecticut, 1956) para explicar la génesis de “El otro Hollywood. Una historia oral y sin censurar de la industria del cine porno” (Es Pop, 2008), un libro escrito en colaboración con Jennifer Osborne y Peter Pavia, y publicado originalmente en 2005, que se adentra en los entresijos del cine para adultos hilvanando su historia a través de las declaraciones de sus protagonistas directos: mayoritariamente, actores y directores, pero también agentes de la ley y miembros del crimen organizado. “Todo el mundo colaboró sin problemas, desde la gente de la mafia hasta los agentes del FBI. Eso sí, muchos no quisieron hablar con nosotros hasta que supieron cuánto sabíamos ya. Entonces aceptaban sin problemas. Tenían claro que no les iban a hacer las mismas preguntas de siempre sobre la industria del porno. Fue divertido ir de unos a otros comprobando los hechos”.

Como en toda historia oral, McNeil y sus colaboradores se limitan a ordenar la ingente cantidad de material resultante de los centenares de entrevistas realizadas, poniendo al descubierto contradicciones y versiones dobles, pero sin intervenir de manera directa, aunque el autor tiene una opinión muy clara sobre el porno. “Como en cualquier otra disciplina, sean artículos de prensa, shows de televisión o bandas de rock’n’roll, el noventa y nueve por ciento es basura, pero hay un uno por ciento que realmente vale la pena. Si lo sitúas en el contexto actual, en que todo es bastante cutre, no creo que sea diferente de cualquier manifestación artística. Todo se hace por dinero y solo unos pocos, como John Stagliano o Rocco Siffredi, han convertido el porno en una forma de arte”.

“Fue un trabajo duro y complicado. Cuando lo estaba haciendo, nadie más pensó que fuera una buena iniciativa. Y mucha gente que no tenía ni idea me dijo que era un esfuerzo inútil, porque los punks no leen. Años después de su publicación, el libro sigue vendiéndose en todo el mundo. Pero, bueno, fue lo mismo que me dijeron sobre el porno, y lo hice de todos modos. No tenía que pedir permiso a nadie”

McNeil abordó la tarea que supone confeccionar un libro como “El otro Hollywood” sabiendo el terreno que pisaba. Años atrás, había utilizado el mismo método en “Por favor, mátame. La historia oral del punk” (publicado en España primero en 1999 por Celeste y después en 2007 por Discos Crudos, que volvieron a reimprimir el libro, en una edición corregida y mejorada; en 2008, Rockdelux lo escogió mejor libro pop del año), escrito junto a su novia, Gillian McCain“Fue un trabajo duro y complicado. Cuando lo estaba haciendo, nadie más pensó que fuera una buena iniciativa. Y mucha gente que no tenía ni idea me dijo que era un esfuerzo inútil, porque los punks no leen. Años después de su publicación –originalmente en 1996–, el libro sigue vendiéndose en todo el mundo. Pero, bueno, fue lo mismo que me dijeron sobre el porno, y lo hice de todos modos. No tenía que pedir permiso a nadie”.

En ambos casos era la persona idónea para afrontar una tarea de tal magnitud. A mediados de la década de los setenta, en Nueva York, McNeil había sido el fundador, junto al ilustrador John Holmstrom –busquen su firma en las portadas de los discos de Ramones “Rocket To Russia” (1977) y “Road To Ruin” (1978)–, de un fanzine denominado ‘Punk’, un término que terminaría englobando el movimiento musical surgido en torno a los clubs CBGB y Max’s Kansas City. “Fue una idea estúpida. No había revistas sobre los nuevos grupos porque no le interesaban a nadie. Por aquel entonces, se llamaba punks a los presidiarios que eran sodomizados por otros convictos, y a los grupos no les gustaba el término porque carecía de atractivo comercial”.

En cuanto a su relación personal con el porno, McNeil figura como guionista de “Public Affairs” (Tony English, 1998) y “Una madura insaciable” (“Still Insatiable”, Veronica Hart, 1999). “Era divertido escribir los guiones. Solo tenía que poner en el papel mis fantasías para que las hicieran otros. Quien me introdujo en ese mundo fue Jane Hamilton, que solía actuar en los años setenta y primeros ochenta bajo el seudónimo de Veronica Hart. Yo no quería abordar el porno como periodista, sino como uno más del gremio, porque sabía que todo el mundo estaba harto de los tipos que se dedican a husmear para hablar de sus aspectos más sórdidos. Eso no me interesaba”.

También existía un proyecto para llevar al cine “Por favor, mátame”, que habría dirigido Mary Harron (“I Shot Andy Warhol”, “American Psycho”), quien también vivió en primera persona los turbulentos años de esplendor de la escena rock del Bowery. “Se canceló. Nunca llegamos a ver el contrato. Que les jodan. Es un asunto desagradable. No volveré a escribir un guión para la gran industria en toda mi vida”.

Cuando mira hacia atrás, McNeil no siente nostalgia. “Añoro a los amigos que han muerto, que son la mayoría, pero no echo de menos aquella época, porque entonces estábamos todos en la ruina, nadie tenía un duro. Era todo muy cutre, vivíamos como vagabundos, aunque ahora parece que fuéramos creadores de tendencias. Lástima que tanta gente ya no esté entre nosotros. Cuando me puse a trabajar en ‘El otro Hollywood’, mi editor me dijo que no sería un best seller, pero que nunca dejaría de venderse. Tenía razón. Acaba de morir Marilyn Chambers, y mucha otra gente que aparece en el libro también ha fallecido, así que, en mi opinión, es un texto cada vez más valioso. Pasa lo mismo con el rock, y esa es la parte triste de hacer este tipo de libros: he visto morir a mucha gente de la escena punk y del mundo del porno de los setenta a quienes consideraba mis amigos”.

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